¿Somos lo que deci­di­mos ser? (a, Win­nie Madi­ki­ze­la)- Mai­té Campillo

Deten­ción sig­ni­fi­ca aquel gol­pe a media­no­che cuan­do todo lo de tu alre­de­dor está en silen­cio. Sig­ni­fi­ca todas aque­llas cega­do­ras antor­chas que res­plan­de­cen simul­tá­nea­men­te en todas las ven­ta­nas de la casa antes de que abran la puer­ta de una patada


Muje­res que caminan

No es fácil, pero tam­po­co imposible

Cuan­do Man­de­la ya había renun­cia­do a la lucha arma­da y pro­cla­ma­ba la nego­cia­ción polí­ti­ca, su com­pa­ñe­ra por enton­ces, Win­nie, tenía en mar­cha su pro­pio equi­po de fút­bol: “El Man­de­la Foot­ball Club”, que nada tenía que ver con la prác­ti­ca del depor­te sino con la lucha de gue­rri­llas. Una par­te amplia de la pobla­ción abo­ri­gen se iden­ti­fi­ca­ba, de algu­na for­ma vene­ra­ba a Win­nie. Que lejos de que­dar­se en casa lagri­mean­do por su com­pa­ñe­ro pre­so, ini­cia una estra­te­gia de lucha direc­ta, dón­de ella mis­ma sufre la cru­da y san­grien­ta repre­sión, de un gobierno de blan­cos psicópatas.


Cam­po de batalla

El quin­to infierno agonizaba

Se ave­ci­nan nue­vos triun­fos para el líder. La his­to­ria que se había empe­za­do a for­jar sobre dicho cam­po de lucha, empe­zó a for­mar par­te de un fin en sí tras su sali­da de la cár­cel. Win­nie y Man­de­la, se sepa­ran. La tras­cen­den­cia mani­fes­tó deca­den­cia, puri­ta con­tra­dic­ción, para nada supera­ción. Un nue­vo Man­de­la, bien fran­quea­do, salía tras el por­tón blin­da­do. Otro tipo de líder lide­ra­do por los pode­res fác­ti­cos inter­na­cio­na­les, sur­ge de súbi­to como de un rabo de nube ines­pe­ra­do. Otra his­to­ria se venía pre­pa­ran­do. Se empie­za a dar som­bra cons­cien­te al can­to de la resis­ten­cia que carac­te­ri­za­ra Sowe­to, mar­can­do anta­gó­ni­ca­men­te un antes y des­pués a la lucha de inde­pen­den­cia. Que para nada tenía que ver ni modo de ella, a la super­vi­ven­cia del aro­ma de las flo­res de amor y fue­go, la rebel­día que­dó apla­za­da. Y, la unión de la pare­ja lle­gó a su fin. El cuer­po de Win­nie, ins­tan­tá­nea­men­te, for­ma par­te de ese meta­fó­ri­co jarro de agua fría no expor­ta­ble ni creí­ble para la cris­ta­li­za­ción de las nego­cia­cio­nes que de for­ma “secre­ta”, se vinie­ron dan­do a tra­vés del lar­go “secues­tro carcelario”.


Nue­vas bases

Empe­za­ron a for­mar par­te de otras vías ajenas

Un nue­vo engen­dro con for­ma de vida aje­na a los prin­ci­pios que le habían uni­do a Win­nie y a su pue­blo, mar­có y deli­mi­tó cam­pos anta­gó­ni­cos entre la pare­ja. Y la her­mo­sa flor de otros tiem­pos don­de la lucha direc­ta per­fu­ma­ba a revo­lu­ción, ya no mata­ba de amor aquél gran­du­llón que en otro tiem­po esti­mu­la­ra su pro­pia vida, a la lucha por la libe­ra­ción de la patria, con­cep­to de huma­ni­dad más allá de un lími­te geo­grá­fi­co, que arre­ba­tó fron­te­ras huma­nas en alar­de de vic­to­rias. Win­nie dejó de ser la musa que deter­mi­na­ra el tra­jín de sus días y entra a for­mar par­te del pasa­do, el que crea­ra al líder. Ambos se habían for­ja­do en la lucha direc­ta. Ambos año­ra­ron jun­tos una patria de hom­bres y muje­res libe­ra­das del yugo impe­rial de la colo­nia. Fre­cuen­cia insu­mi­sa que dis­tor­sio­na­ba las nue­vas exi­gen­cias del líder, al que Win­nie ya recri­mi­na­ra como extre­ma­da­men­te blan­do con los blan­cos en el país de los negros.


El poder de psi­có­pa­tas del colono blanco

(Repre­sión, mar­gi­na­ción, impo­si­ción, expropiación…)

Seguía for­ta­le­cién­do­se como pan de cada día. Win­nie no vio con bue­nos ojos que Man­de­la, acce­die­ra a reci­bir el pre­mio Nobel de la Paz con el últi­mo pre­si­den­te del apartheid Fre­de­rik de Klerk, ni que no se apro­ve­cha­sen las con­di­cio­nes obje­ti­vas y sub­je­ti­vas para una revo­lu­ción social. Pero una de las últi­mas lágri­mas de la fuen­te que ema­nó la lucha de dere­chos, (gota a gota pen­sa­da y suda­da a fuer­za de gol­pes, cade­na his­tó­ri­ca, entre bor­bo­to­nes huma­nos de san­gre en cade­na), fue que el blan­co racis­ta, cri­mi­nal, explo­ta­dor y usur­pa­dor de los vie­nes aje­nos siguie­ra a sus anchas ya con Man­de­la, como pan­to­mi­ma del poder polí­ti­co-eco­nó­mi­co con las trans­na­cio­na­les yan­quis, ingle­sas, holan­de­sas, alemanas…

La menu­da, bella y tier­na flor, se con­ver­tía en pesa­di­lla. Y es que la her­mo­sa Win­nie, se había casa­do dema­sia­do joven e ino­cen­te. Atrás, el Man­de­la con muchos más años de expe­rien­cia, pero aún rabio­so de juven­tud, com­ba­ti­vo, capaz de desa­fiar. Sí, atrás, muy atrás ya el gran­du­llón que pre­ten­dió cam­biar la his­to­ria de su país y mos­trar al mun­do otra reali­dad don­de la dig­ni­dad del negro tuvie­ra cabi­da y auto­ri­dad omni­po­ten­te en el tras­cur­so de sus días. Gus­tos y aro­mas toma­ron nue­vos cau­ces y ave­ni­das. El iti­ne­ra­rio mar­ca­do sobre la gran calle rom­pe con la inter­na­cio­nal comu­nis­ta, con los liber­ta­rios del mun­do, unidos.

Nue­vos esce­na­rios se abren en la vida del líder. Nue­vas gua­ri­das ani­dan sus alas ya intere­sa­das, entre los que deter­mi­nan los geno­ci­dios huma­nos y la ham­bru­na en el mun­do. Aquél casa­mien­to entre ambos que “ape­ni­tas pudo mate­ria­li­zar”, en cuan­to a ese tipo de amor y rela­jo pla­cen­te­ro, que se desea en un momen­to dado cuan­do el amor aflo­ra y la espe­ran­za rever­de­ce. Lo jus­to, poco más, como para caer emba­ra­za­da de dos hijas. Pron­to lle­gó la cár­cel. Los 27 lar­gos años de espe­ra se tra­ga­ron gran par­te de su juven­tud y con ella muchos de sus sue­ños. Pron­to empe­za­ron a ver­se tras grue­sos vidrios don­de el olor de las rosas fres­cas que­bra­ban ante la fal­ta de oxí­geno. Su tac­to no pudo apun­ta­lar una espe­ran­za, la res­pi­ra­ción no pene­tra­ba, mucho menos tras­pa­sar los muros por­que esta­ba prohi­bi­do. Amor y lucha se fue acos­tum­bran­do a la mira­da difu­sa a tra­vés de los sucios cris­ta­les y voces dis­tor­sio­na­das. Tras los vidrios fríos, auri­cu­la­res con­tro­la­dos e inti­mi­da­do­res por repre­si­vos, arti­cu­la­dos para minar la conciencia.


Pero Win­nie no dejó la lucha

Ni se que­dó en casa llo­ran­do jun­to a sus hijas

Win­nie tomó una gran con­cien­cia de cla­se, que la per­mi­tió luchar de la mano volun­ta­ria del estí­mu­lo per­ma­nen­te des­de su con­di­ción de mujer, mar­gi­na­da y des­pre­cia­da por su pro­pio color de piel, en el mis­mo cen­tro de las entra­ñas de su tierra.

De Win­nie, dijo su hija Zenani:

Win­nie, flor de revue­lo, sím­bo­lo, guía libe­ra­do­ra, mujer cla­ra­men­te antim­pe­ria­lis­ta. Líder del movi­mien­to anti- apartheid mien­tras Man­de­la y sus com­pa­ñe­ros estu­vie­ron en la cár­cel. Luchó impla­ca­ble el día a día, has­ta ganar­se no sólo las sim­pa­tías de la inmen­sa pobla­ción negra. Tras­pa­só barro­tes, demo­lió fron­te­ras, atra­ve­só océa­nos y lle­gó a crear una red inter­na­cio­nal de soli­da­ri­dad de miles de antim­pe­ria­lis­tas por el mun­do. Su gran ofen­sa fue luchar, siem­pre luchar, la libe­ra­ción de cla­se no se nego­cia con el sica­rio de las gue­rras. Win­nie ade­más de inte­li­gen­te, fue bue­na pro­pa­gan­dis­ta y mejor agi­ta­do­ra, sus pala­bras revo­lo­tea­ban cual luciér­na­gas apun­ta­lan­do las contradicciones:

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¿Se acuer­dan del auto-aten­ta­do del grin­go en Torres Gemelas?

Los medios fun­da­men­tal­men­te lo que más lamen­ta­ban, era el derri­bo de sus torres, ya que la mayo­ría de sus blan­cos mis­te­rio­sa­men­te ese día no fue­ron a tra­ba­jar. Pero cla­ro, el pre­mio Novel se lo die­ron a su mari­do, y al ase­sino blan­qui­to Fre­de­rik de Klerk, para com­pen­sar… ¿Cómo se lo iban a dar a una mujer, que pre­fe­ría hacer una revo­lu­ción antes que pac­tar, per­dón, arro­di­llar­se ante el criminal?

En 1976, Win­nie escribe:

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Sowe­to

Maña­na del miér­co­les 16 de junio de 1976

20. 000 estu­dian­tes de Sowe­to mar­cha­ron en pro­tes­ta por la orden del gobierno de que todos los esco­la­res debían apren­der el afrikáans,

des­fi­lan­do con la ale­gría que les carac­te­ri­za, entu­sias­mo y cán­ti­cos empe­za­ron a mar­car aque­lla jor­na­da de lucha que pre­ten­día la exi­gen­cia del res­pe­to a su dig­ni­dad. Fue­ron abor­da­dos por la poli­cía y el ejér­ci­to. Que no dudó en la dis­per­sión a gol­pe de fue­go de fusi­les y pis­to­las. Murie­ron niños y jóve­nes, dis­pa­ros por la espal­da, acri­bi­lla­dos, y la pro­tes­ta, se exten­dió revo­lo­tean­do cual ave migra­to­ria por la patria negra. Se que­ma­ron comi­sa­rías y edi­fi­cios del gobierno colono de impo­si­ción, cer­ve­ce­rías, y las escue­las, fue­ron boi­co­tea­das en todo el país. La repre­sión se incre­men­tó. Sowe­to entró a for­mar par­te de “el quin­to infierno”. Don­de la dure­za huma­na de los blan­cos impe­ra a base del cri­men de Esta­do apo­ya­do inter­na­cio­nal­men­te, entre lla­mas y tor­na­dos de odio y furia “blan­ca”. Nun­ca se sabrá cuan­tas per­so­nas fue­ron asesinadas:

El Ins­ti­tu­to de Rela­cio­nes Racia­les cal­cu­ló unos 700 muer­tos, y unos mil qui­nien­tos heri­dos, mayo­ría niños. Infor­mes pos­te­rio­res cal­cu­la­ron en muchí­si­mos más los asesinados.

La his­te­ria del blan­co paten­ti­zó el impe­rio. Y el colono se pro­cla­ma una vez más due­ño de la patria negra:

Se con­de­na­ron a unas 15. 000 per­so­nas, mayo­ría meno­res de 18 años.

A par­tir de estos suce­sos muchos jóve­nes salie­ron del país para inte­grar­se a gue­rri­llas que com­ba­tían el apartheid. Sowe­to fue el embrión, el cam­po de bata­lla, de una lar­ga lucha con­tra la degra­da­ción psi­có­pa­ta del blan­co capi­ta­lis­ta, que aún sigue domi­nan­do Sudáfrica.

Agos­to de 1976

Win­nie, pasa a ser la pri­sio­ne­ra nº 4275

Repre­sen­tó un pilar de for­ta­le­za para las pre­sas polí­ti­cas, por su cora­je, con­cien­cia, ade­más de coherencia:

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Win­nie había sido asal­ta­da en mayo de 1969, jun­to a una vein­te­na de hom­bres y muje­res gue­rri­lle­ros, con­tes­ta­ta­rios de un sis­te­ma negre­ro, geno­ci­da. Dete­ni­dos al ama­ne­cer en todo el país según Acta del Terro­ris­mo. 491 días dete­ni­da, y la mayor par­te inco­mu­ni­ca­da. Se les acu­sa según el, “Acta de Supre­sión del Comu­nis­mo”, de fomen­tar los obje­ti­vos de una orga­ni­za­ción ile­gal. El Esta­do ale­gó que la acu­sa­da actuó de común acuer­do con un pro­pó­si­to de res­ta­ble­cer el ANC, sabien­do que su obje­ti­vo final es el de un vio­len­to derro­ca­mien­to de Estado.

El Esta­do reti­ró todos los car­gos, y en el 70, fue­ron absuel­tos, pero cuan­do iban a salir del juz­ga­do, les vol­vie­ron a dete­ner acu­sa­dos de los mis­mos cargos.

Me detu­vie­ron el 12 de mayo de 1969:

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PD.

Sowe­to se agi­tó entre el cre­púscu­lo des­per­ta­dor de alas, entre estruen­dos y aulli­dos de con­mo­ción, y de entre las lla­mas, se sacu­dió con ahín­co de la sar­na del colono. Desa­fió san­gui­jue­las y mos­tró camino, había mucho en jue­go. Un futu­ro de lucha afir­mó Win­nie, mien­tras sos­te­nía en sus manos la for­mu­la mági­ca, con­tra la pes­te polí­ti­ca que demo­crá­ti­ca­men­te asfi­xia­ba a los hijos de la patria negra inva­dien­do, muti­lan­do, vio­lan­do, fomen­tan­do el robo y el ase­si­na­to. Era una mujer, una gue­rri­lle­ra des­bo­ca­da de dere­chos que agi­tó llu­vias a favor de los vien­tos. Win­nie encar­nó al vien­to y arras­tró cose­chas a favor, engra­na­je de cien­cia que tosió sobre nues­tras hue­llas mos­trán­do­nos sus ansias de liber­tad. El capi­ta­lis­mo colono es anta­gó­ni­co, nos dijo. Y,

mos­tró al mun­do las coor­de­na­das para la hora del triun­fo, no la oímos. Tam­po­co oímos la hon­ra­dez de su cla­se ni el orgu­llo de su lucha, lau­rel de dignidad:

¡Hay que atraparles!

Mani­fes­tó en su la lucha con­tra el apartheid:

¡Las redes están dispuestas!

Y no cap­ta­mos su avi­so. El negro qui­so libe­rar­se del plo­mo del blan­co colono, de su paraí­so en el cie­lo, y del peso de sus leyes e ins­ti­tu­cio­nes peni­ten­cia­rias. Tam­bién de sus fies­tas bajo las plan­tas de la Sudá­fri­ca ham­brien­ta y de su bur­la con­tra la ley de la natu­ra­le­za, no sen­ti­mos su mur­mu­llo. Los niños nece­si­ta­ban jugar y luchar con sus padres, entre ellos, para que nin­gún “bolí­gra­fo mági­co”, se pre­sen­te a apun­ta­lar sus puer­tas. Segui­mos sin enten­der­lo, sin valo­rar que jugar y luchar, van uni­dos con­tra el ais­la­mien­to que enca­jo­na a una edad, don­de correr y sal­tar libres VITALIZA LA INTELIGENCIA.

La ley del colono sigue per­pe­tua­do la escla­vi­tud y con ella la sumi­sión. Cien­tos, miles de muje­res se ven doble­ga­das, es la ley del capi­ta­lis­mo. En ella es que andu­vie­ron pre­pa­ran­do otros mol­des de tran­si­ción, de pro­me­sas de espe­ran­za y futu­ro incier­to. Y la per­pe­tui­dad del colono tomó lega­li­dad. Nego­cia­ron en ella la des­igual­dad. Lega­li­dad que les asien­ta, como el sio­nis­mo en Pales­ti­na, sin que se con­tem­ple la ocu­pa­ción. Sin que se con­tem­ple el saqueo como una impo­si­ción, sólo com­par­ti­da por un puña­do de ladi­llas abo­rí­ge­nes, bajo la cau­te­la del impe­rio colonial.


No se muy bien que pasó con Win­nie tras su separación…

Segu­ra­men­te tras el ascen­so al poder polí­ti­co de Man­de­la (a la tran­si­ción), ella no se sin­tie­ra cómo­da vien­do como los “blan­cos” seguían osten­tan­do el poder eco­nó­mi­co y los tra­ba­ja­do­res negros seguían sin alcan­zar las rique­zas terre­na­les, por las que duran­te tan­tos años habían lucha­do. Mien­tras el amo blan­co, a tra­vés de sus tem­plos de ado­ra­ción, les siguen dicien­do que espe­ren el paraí­so en el otro mundo.


Mai­té Cam­pi­llo (actriz y direc­to­ra de teatro)

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