Los vio­len­tos africanos

Des­pués de haber­les for­za­do a dar expli­ca­cio­nes, las auto­ri­da­des espa­ño­las y los cuer­pos de segu­ri­dad fron­te­ri­zos de Ceu­ta, han admi­ti­do el uso de mate­rial anti­dis­tur­bios, balas de goma, balas de fogueo y gases, con­tra un gru­po de inmi­gran­tes. Según sus decla­ra­cio­nes, por mos­trar acti­tu­des violentas.

inmigrantes (1)

Cla­ro. Gen­te que huye de sus paí­ses por la ham­bru­na, fal­ta de pers­pec­ti­vas o por per­se­cu­cio­nes polí­ti­cas y situa­cio­nes de gue­rra, de esa gue­rra que igual se rea­li­za con sofis­ti­ca­das armas que te matan a dis­tan­cia o aque­llas otras afi­la­das que cer­ce­nan miem­bros has­ta dejar los cuer­pos irre­co­no­ci­bles y las almas soli­ta­rias, vagan­do sobre todas nues­tras con­cien­cias. Gen­te que se des­pla­za miles de kiló­me­tros bus­can­do una opor­tu­ni­dad para vivir. Gen­te a la que les lle­gan los ecos de una socie­dad opu­len­ta, que aún en la peor de las coyun­tu­ras eco­nó­mi­cas, polí­ti­cas y socia­les, gozan de gri­fos para el agua, inclu­so la calien­te, de tele­vi­sio­nes de plas­ma, de una cier­ta liber­tad para decir lo que les ven­ga en gana o reu­nir­se para luchar con­tra los desa­fíos de las dic­ta­du­ras euro­peas, que fin­gen ser demo­cra­cias. Com­pa­ra­dos estos pára­mos socia­les con la agres­te des­di­cha abso­lu­ta de su vida, les pare­cen un edén. El edén que pro­cla­ma­mos median­te las nove­do­sas y pudien­tes mar­cas inter­na­cio­na­les, las empre­sa­ria­les y las nacio­na­les, como Coca Cola o Espa­ña o Ende­sa, todas esas que pro­cla­man a los cua­tro vien­tos que son el sos­tén y la proa del pro­gre­so, aun­que tal pro­gre­so sólo bene­fi­cie a cua­tro canallas.

Debe ser por eso, por la acu­mu­la­ción de kiló­me­tros de huí­da, por el anhe­lo de encon­trar paz y sus­ten­to, que una vez enfren­ta­dos a una sofis­ti­ca­da cen­tu­ria de hom­bres bien per­tre­cha­dos, con órde­nes pre­ci­sas de impe­dir un solo paso ade­lan­te, a un pal­mo de su sue­ño, estos parias, tal vez extre­mis­tas simu­la­dos e iti­ne­ran­tes, como pocos, se mues­tran “espe­cial­men­te vio­len­tos”. Yo qui­sie­ra ver a nues­tro reli­gio­so minis­tro del inte­rior, huyen­do de cual­quier situa­ción de vida o muer­te, des­pués de atra­ve­sar desier­tos, pobla­dos y ciu­da­des, ase­dia­do por el frío, el calor, el ham­bre y la nece­si­dad. Car­ga­do de titu­la­cio­nes aca­dé­mi­cas, sabien­do que deja atrás mujer, hijos, padres y ances­tros, corrien­do has­ta dejar los pul­mo­nes exhaus­tos sobre la are­na de la pla­ya, a unos cen­tí­me­tros de la cos­ta espa­ño­la. Pidien­do, por cari­dad tere­sia­na que, pues­to que lo nece­si­ta peren­to­ria­men­te, lo dejen pasar. A esos rígi­dos cum­pli­do­res de la ley, ves­ti­dos de kevlar.

Pero no les bas­ta con la agre­sión físi­ca. Ponen puer­tas al cam­po, ver­jas cada día más altas, tram­pas des­ga­rra­do­ras y cor­tan­tes, cáma­ras de infra­rro­jos infra­hu­ma­nas, cor­ne­tín y vise­ra. Déja­los que lle­guen sin fuer­zas, aca­lam­bra­dos sus múscu­los, que ya si eso con las balas de goma y todo aque­llo de que dis­pon­ga­mos, les dare­mos el últi­mo empujón.

De momen­to tre­ce per­so­nas de piel oscu­ra y des­hi­dra­ta­da no dirán ni mu. Ya no se tra­ta de negar­les auxi­lio, sino de hun­dir­los en la mar has­ta que exha­len la últi­ma boca­na­da de espe­ran­za. Lue­go apa­re­cen como del­fi­nes vara­dos, entre rocas, alam­bra­das y are­na y lle­gan los gol­pes de pecho de toda una socie­dad que per­mi­te con su voto y su acti­tud que gen­te de esta cala­ña nos guíe. Mar­ca Espa­ña. Ver­gon­zo­sa, ase­si­na, Mar­ca Apén­di­ce Euro­peo, ya saben… la del rap­to, la desea­da, la caro­lin­gia Euro­pa de la que tan­to nos pode­mos sen­tir orgullosos.

Si a Dios no se le vio el pelo en Ausch­witz, en las pla­yas ceu­tíes el bra­zo inco­rrup­to de San­ta Tere­sa bien que tira­ba de gati­llo. A los super­vi­vien­tes esto no les intere­sa. Lo que deses­pe­ra­da­men­te quie­ren es lle­gar. Y lle­ga­rán. Pasa­rán sobre las cuchi­llas ace­ra­das, sobre las are­nas y las aguas. Sobre nues­tras men­guan­tes con­cien­cias las muje­res y los hom­bres nece­si­ta­dos lle­ga­rán y lucha­ran por su futu­ro más que noso­tros, mejor y con dig­ni­dad. La huma­ni­dad dicen que lle­gó des­de el Sur, ten­dre­mos que apren­der a apre­tar los dien­tes como ellos si que­re­mos lle­gar a algu­na par­te, a dig­ni­fi­car con la lucha este anfi­tea­tro con for­ma de par­la­men­to y actos dictatoriales.

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