Sobre la nue­va ley del abor­to: cla­se, géne­ro y domi­na­ción- Red Roja

Tras la apro­ba­ción el pasa­do día 20 de la últi­ma refor­ma de la “ley del abor­to” (Ley de Pro­tec­ción de la Vida del Con­ce­bi­do y de los Dere­chos de la Mujer Emba­ra­za­da) por el gobierno del Par­ti­do Popu­lar, es nece­sa­rio ana­li­zar los dis­tin­tos intere­ses a los que res­pon­de dicha ley, tan­to como las evi­den­tes y terri­bles reper­cu­sio­nes que esta ten­drá en la salud y sobe­ra­nía sobre sus pro­pios cuer­pos de las muje­res del Esta­do espa­ñol. Aun­que como siem­pre ha sido, por el carác­ter cla­sis­ta de toda legis­la­ción capi­ta­lis­ta, esta intro­mi­sión en cuer­pos y volun­ta­des la sufri­rán prin­ci­pal­men­te las muje­res del pue­blo tra­ba­ja­dor, que son quie­nes sufri­rán la inca­pa­ci­dad eco­nó­mi­ca para via­jar al extran­je­ro a abortar.

Una par­te impor­tan­te a tener en cuen­ta y denun­ciar es la mate­ria­li­za­ción legis­la­ti­va de una rei­vin­di­ca­ción tan insis­ti­da por la Igle­sia cató­li­ca, lo cual evi­den­cia la vigen­cia de la estre­cha vin­cu­la­ción entre la Igle­sia y el Esta­do. Si bien esta rela­ción siem­pre ha sido una cons­tan­te en la arti­cu­la­ción del poder esta­tal espa­ñol, en los últi­mos años la pre­sen­cia de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal está notan­do un impor­tan­te cre­ci­mien­to en sus dis­tin­tas mani­fes­ta­cio­nes hege­mo­nis­tas a tra­vés de decla­ra­cio­nes, gran­des even­tos de masas, cam­pa­ñas publi­ci­ta­rias de todo tipo y crea­ción de medios de pro­pa­gan­da y comunicación.

Este aumen­to de la pre­sen­cia de la Igle­sia cató­li­ca en el pano­ra­ma polí­ti­co actual, debe plan­tear la reade­cua­ción del peso de la mis­ma, en tan­to que actor polí­ti­co con impor­tan­tes intere­ses eco­nó­mi­cos, en el actual mar­co de coyun­tu­ra. No se tra­ta de valo­rar a la Igle­sia cató­li­ca como la ins­ti­tu­cio­na­li­za­ción de la con­tra­dic­ción prin­ci­pal del momen­to por enci­ma de las polí­ti­cas esta­ta­les diri­gi­das al pago de la deu­da y todos los recor­tes socia­les que pro­du­ce, sino de no minus­va­lo­rar su capa­ci­dad inje­ren­cis­ta en la polí­ti­ca del país, ade­más de denun­ciar las rela­cio­nes lega­les ‑vía Con­cor­da­tos- en las que sus­ten­tan su capa­ci­dad de actuación.

En lo estric­ta­men­te tocan­te a la apli­ca­ción de la nue­va ley, lo pri­me­ro que cabe des­ta­car es la supre­sión del dere­cho a deci­dir de la mujer sobre su pro­pio cuer­po. Este dere­cho se tras­pa­sa a los médi­cos que valo­ra­rán el supues­to de gra­ve peli­gro para la vida o salud físi­ca o psí­qui­ca de la mujer; o el supues­to de vio­la­ción, que se valo­ra­rá por vía judi­cial. Ambos supues­tos son los úni­cos en que no será deli­to la inte­rrup­ción volun­ta­ria del emba­ra­zo, y, que evi­den­te­men­te, que­dan muy lejos de pro­du­cir­se en una situa­ción pro­du­ci­da por la volun­tad de la mujer, y tam­bién muy lejos de pro­du­cir­se en un mar­co legal que ten­ga en cuen­ta a la mujer como per­so­na sobe­ra­na, libre y capaz de deci­dir. De igual mane­ra que con las muje­res meno­res de 18 años, que nece­si­ta­rán el con­sen­ti­mien­to de los padres o tuto­res para deci­dir lo que pasa con sus cuerpos.

Otro aspec­to rese­ña­ble, y que supo­ne un gra­ví­si­mo vol­ver atrás en la apli­ca­ción de la cien­cia de la inte­rrup­ción volun­ta­ria del emba­ra­zo, es la ile­ga­li­za­ción del abor­to por ries­go de ano­ma­lías gra­ves en el feto. Si aten­de­mos a los últi­mos datos sobre el tema publi­ca­dos por el INE, en el 2011, el 2.73% de los abor­tos rea­li­za­dos de un total de algo más de 118.000 fue por estas cau­sas. Esto supo­nen más de 3000 abor­tos que con la nue­va legis­la­ción, y suma­do a la gran can­ti­dad de recor­tes en ayu­das socia­les, sig­ni­fi­ca­rían una situa­ción real­men­te com­pli­ca­da para muchí­si­mas familias.

Para ter­mi­nar, es nece­sa­rio denun­ciar la incohe­ren­cia del doble jue­go que supo­ne la cre­cien­te inca­pa­ci­dad impues­ta a ejer­cer el dere­cho a la mater­ni­dad a tra­vés de la cons­tan­te apli­ca­ción de medi­das pre­ca­ri­za­do­ras del tra­ba­jo o los recor­tes en ayu­das, con­vir­tien­do la mater­ni­dad desea­da, pla­ni­fi­ca­da y dis­fru­ta­da, en un pri­vi­le­gio de cla­se, a la par que se pro­mue­ve la san­ción del abor­to y se recor­ta en edu­ca­ción (ahí va tam­bién, por supues­to, la edu­ca­ción sexual). Esta cons­tan­te no es ni mucho menos nue­va, pero por la cre­cien­te pro­fun­di­za­ción de las con­tra­dic­cio­nes en el actual perio­do de cri­sis del capi­ta­lis­mo, este fac­tor, así como cual­quier otro que impli­que la repro­duc­ción y desa­rro­llo de la vida equi­li­bra­da y con dig­ni­dad, se ven ata­ca­dos por la lógi­ca de la acu­mu­la­ción y el bene­fi­cio de las mino­rías expo­ta­do­ras capitalistas.

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