La tie­rra y sus raíces

Javier Karmy Bol­ton | mapuex​press​.net

En home­na­je y recuer­do de Matías Valen­tín Catri­leo Que­za­da, estu­dian­te mapu­che ase­si­na­do por impac­tos de pro­yec­ti­les mien­tras par­ti­ci­pa­ba en una toma de un fun­do agrí­co­la en enero de 2008 en un enfren­ta­mien­to con per­so­nal del Gru­po de Ope­ra­cio­nes Poli­cia­les Espe­cia­les (GOPE) de Cara­bi­ne­ros de Chi­le. Herriak ez du barkatuko.

El sol

tierra_raicesEn un lugar cual­quie­ra del mun­do lle­ga­ron en bus per­so­nas dis­pues­tas a levan­tar un cam­pa­men­to sobre la tie­rra. Pocos minu­tos des­pués lle­gó otro más. Al rato uno más y des­pue­si­to otro bus más des­de los cua­les baja­ron lonas y palos para levan­tar car­pas. Con la made­ra que había pren­die­ron el fue­go ele­men­tal para pasar el frío que cuan­do se va el sol en ese lugar del mun­do la tem­pe­ra­tu­ra se acer­ca a los cero grados.

Uno al lado del otro se acom­pa­ña­ron. Sabían que enfren­ta­ban a una gran fuer­za mili­tar de ese Esta­do cual­quie­ra. Tenían mie­do pero tam­bién la cer­te­za de que esta­ban sobre la tie­rra de sus ances­tros que antes era un bien común. Eso fue lo que los hizo levan­tar 22 tien­das de cam­pa­ña izan­do doce­nas de ban­de­ras de colo­res y car­te­les ani­man­do la acción. Con gene­ra­do­res eléc­tri­cos logra­ron trans­mi­tir al mun­do el peque­ño gran triun­fo. Des­de ese peque­ño y frá­gil tro­zo del uni­ver­so el sol espe­ran­zó a quie­nes viven en la mis­ma tie­rra bajo la repre­sión coti­dia­na, a los que no pue­den regre­sar, a los refu­gia­dos y a un sin­nú­me­ro de per­so­nas que siguen des­pa­rra­ma­das sin tierra.

Los 250 acam­pan­tes dije­ron: “vamos a defen­der la tie­rra por­que está ame­na­za­da”. La ame­na­za sobre ese tro­zo del Pla­ne­ta Tie­rra es la inten­ción de otro Esta­do cual­quie­ra de cons­truir una ciu­dad en un terri­to­rio que no le per­te­ne­ce y que pri­va­ría a un pue­blo entero.

Los acam­pan­tes pasa­ron la pri­me­ra noche en la Puer­ta del Sol, el nue­vo pue­blo que levan­ta­ron para com­par­tir la tie­rra. Soña­ban que en un tiem­po más su gen­te pudie­ra exten­der nue­vas raí­ces que se cru­za­ran con las anti­guas que aún laten bajo la tie­rra. La noche la pasa­ron can­tan­do, con­ver­san­do y miran­do las estre­llas que titi­lan azul con el pol­vo de tie­rra que cru­za el tiem­po. Sabían que esa acción iba a subir el auto­es­ti­ma a quie­nes nacie­ron en la ocu­pa­ción o refu­gia­dos en cual­quier otro peda­zo de tie­rra lejos de la de sus padres o abue­los. La Puer­ta del Sol se abre ilu­mi­nan­do la cla­ri­dad de que solo es posi­ble vivir sobre la tierra.

El cie­lo

matiasEn otro lugar del mun­do un joven de 23 años corre entre coli­gües sobre­vo­lan­do el pas­to, atra­ve­san­do el mie­do. Sabe que es jus­to lo que hace por­que, ade­más de estu­diar agro­no­mía, hace tiem­po que asis­te a reunio­nes don­de escu­cha su his­to­ria en voz de sus más anti­guos. Así com­pren­dió que la tie­rra des­de hace un tiem­po tenía due­ño, pero que antes sim­ple­men­te vivían sobre ella, la com­par­tían y tro­ca­ban lo que cose­cha­ban. Tam­bién pedían por el bien­es­tar de todos. La cone­xión con el cie­lo, el aire, la tie­rra, el agua y el fue­go era lo que les per­mi­tía vivir.

En este tro­zo de tie­rra este joven corre entre res­pi­ra­cio­nes, sudo­res y pal­pi­ta­res jun­to a dos com­pa­ñe­ros más. El obje­ti­vo es cru­zar un llano de 200 metros de tie­rra has­ta don­de hay un mon­tícu­lo des­de don­de podrán sal­tar una zan­ja para sal­var­se de las balas con que los per­si­guen des­de el otro lado de la coli­güe­ra. Son balas de un Esta­do cual­quie­ra en un lugar cual­quie­ra. Corren y corren, se miran entre ellos, cru­zan pocas pala­bras, no hay tiem­po… El cam­po está abier­to como el cie­lo, las balas pasan zum­ban­do los tím­pa­nos y dejan una hue­lla inde­le­ble en el espa­cio infinito.

Al sen­tir la res­pi­ra­ción del joven que corre bus­can­do refu­gio un coli­güe detu­vo una bala. Otro tam­bién lo inten­tó, pero no pudo y la bala con­ti­nuó avan­zan­do por el aire has­ta que entró por la espal­da a este joven de cual­quier lugar del mun­do, quien cayó bajo el cie­lo del uni­ver­so aún res­pi­ran­do… sobre la tie­rra. Sus com­pa­ñe­ros lo levan­ta­ron ‑él aún recuer­da estos momen­tos- y lo acer­ca­ron a la zan­ja. Solo tenía que sal­tar y cru­zar­la, pero ahí cae y se enre­da en el agua.

La tie­rra

“Bab al Shams” en ára­be sig­ni­fi­ca Puer­ta del Sol y con ella se ilu­mi­na la espe­ran­za de un pue­blo que ha per­di­do la tie­rra en 65 años. Aún que­dan algu­nas pie­dras que sir­ven para resis­tir, tam­bién para levan­tar cam­pa­men­tos y regar los oli­vos en medio del desier­to, pero tam­bién son memo­ria vivien­te de la ocu­pa­ción de este Esta­do cualquiera.

En Bab Al Shams sabían que la jus­ti­cia esta­ba del lado de la tie­rra. Inclu­so así lo dic­ta­mi­na­ron los tri­bu­na­les. Pero el Esta­do cual­quie­ra blo­queó todos los acce­sos a la zona y en vez de lla­mar a ese tro­zo de tie­rra Puer­ta del Sol le lla­mó “Zona Mili­tar Cerra­da”. Con eso pre­ten­día impe­dir reunio­nes, pero como los acam­pan­tes esta­ban ya reu­ni­dos des­de el día ante­rior, el Esta­do cual­quie­ra, lue­go de insis­ten­tes adver­ten­cias mili­ta­res, pro­ce­dió a des­alo­jar­los con bom­bas de soni­do y lacri­mó­ge­nas. Des­de los habi­tan­tes de la Puer­ta del Sol can­ta­ban en ára­be “con alma, con san­gre, vamos a pro­te­ger nues­tra tierra”.

El agua

Tras la muer­te del joven de 23 años en el otro lugar del mun­do entre vol­ca­nes y arau­ca­rias su cuer­po ya sin res­pi­ra­ción se con­vier­te en aire, en agua, en sol y en tie­rra. Matías era su nom­bre, quien se levan­tó con la sali­da del nue­vo día para ser raíz, his­to­ria y resistencia.

Tiem­po des­pués, la jus­ti­cia de este Esta­do cual­quie­ra deter­mi­nó que la bala dis­pa­ra­da en con­tra del joven había sido “vio­len­cia inne­ce­sa­ria con resul­ta­do de muer­te”, pero quien la lan­zó sigue ampa­ra­do en su ins­ti­tu­ción con armas bajo su con­trol. Pro­ba­ble­men­te no sea juz­ga­do por la jus­ti­cia que se dilu­ye sobre la tie­rra, mas qui­zás nun­ca pue­da cami­nar tran­qui­lo por algu­nos tro­zos de tie­rra don­de cre­cen las raí­ces de los oli­vos y las araucarias.

Don­de murió Matías cre­ce el tron­co don­de hoy nue­vas fami­lias extien­den sus his­to­rias. Por­que este joven que se res­pi­ra en lo pro­fun­do de la tie­rra vive en el llano don­de pasó fugaz­men­te un día corrien­do para recu­pe­rar la tie­rra y con ella, su his­to­ria. Así flo­re­ce ese tro­zo de tie­rra entre coli­gües, ani­ma­les, semi­llas y niños que en mapu­dun­gún escu­chan que Matías pasó un día volan­do para sem­brar el futuro.

La raíz

Lue­go de des­te­rrar uno a uno a los habi­tan­tes de la Puer­ta del Sol, los mili­ta­res res­guar­da­ron la Zona Mili­tar Cerra­da y lle­va­ron a los acam­pan­tes a un pues­to de con­trol del Esta­do cual­quie­ra. Extra­ña­men­te no los encar­cer­la­ron como era supo­ni­ble. Eso per­mi­tió que los reci­bie­ran cien­tos de miles con aplau­sos sobre pie­dras, ilu­sio­nes sobre resis­ten­cia y mucha más espe­ran­za sobre los oli­vos que se empi­nan hacia el sol.

El des­tie­rro de la Puer­ta del Sol mul­ti­pli­có a los 250 en miles dis­pues­tos a vol­ver. Y así lo hicie­ron dos días des­pués. Mien­tras los uni­for­ma­dos del Esta­do cual­quie­ra res­guar­da­ron el tro­zo de tie­rra deno­mi­na­do Zona Mili­tar Cerra­da, los acam­pan­tes de la his­tó­ri­ca Puer­ta del Sol inten­tan regresar.

La Puer­ta del Sol bri­lla en el cie­lo infi­ni­to tan­to como en los cora­zo­nes de todo un pue­blo que resis­te por la tie­rra que flo­ta en el uni­ver­so infi­ni­to. Des­de la Puer­ta del Sol se ilu­mi­na el alma de todo un pue­blo con la espe­ran­za de res­guar­dar las raí­ces del oli­vo, madre de la resistencia.

Los mili­ta­res del Esta­do cual­quie­ra aún bus­can la semi­lla que La Puer­ta del Sol lan­zó a las pro­fun­di­da­des de la tie­rra. Es el alma de un pue­blo que res­pi­ra dig­ni­dad cuan­do ve que sus oli­vos siguen creciendo.

Los mili­ta­res del Esta­do cual­quie­ra bus­can qué hacer con el ver­bo Matías que en cada esqui­na un mur­mu­llo lo trans­for­ma en semi­lla. Ellos saben que en cual­quier momen­to pue­de germinar.

+ Recru­de­ce la vio­len­cia esta­tal en el Wall­ma­pu hacia el Pue­blo Mapuche

+ Utzi bakean Maputxe herria!

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