Ostias y des­obe­dien­cia- Borro­ka Garaia

herri-borroka

Recuer­do que en el con­tex­to de una situa­ción de posi­ble con­flic­to, como cual­quier borro­ka egu­na clá­si­co y alea­to­rio o todas esas mani­fes­ta­cio­nes loca­les, nor­mal­men­te a las 8 y no comu­ni­ca­das, en las que las car­gas poli­cia­les iban a caer sí o sí, solía tener con­ver­sa­cio­nes más o menos diver­ti­das con un ami­go, diga­mos no muy alto de esta­tu­ra, que se ponía lite­ral­men­te malo de la ten­sión pre­via pero que no se per­día nin­gu­na. Yo le expli­ca­ba mi “teo­ría del tama­ño”. Una teo­ría par­ti­cu­lar que con­te­nía una ecua­ción mate­má­ti­ca según la cual, las pro­ba­bi­li­da­des de ser acer­ta­do por las boca­chas o las porras tie­nen rela­ción con la esta­tu­ra y gro­sor de la per­so­na, y que en un espa­cio deter­mi­na­do sus pro­ba­bi­li­da­des de ser acer­ta­do eran nimias. Que las porras de tra­zar un arco se estre­lla­rían con­tra cabe­zas más ele­va­das que la suya y que casi ten­drían que dis­pa­rar hacia el sue­lo para acer­tar­le y tenien­do en cuen­ta que casi siem­pre apun­tan a dar, esta­ba a sal­vo. Otro ami­go, éste más sar­cás­ti­co aun, tenía otra teo­ría. Decía que don­de más segu­ro se está y don­de tu inte­gri­dad peli­gra menos en un con­tex­to de vio­len­cia poli­cial en movi­li­za­cio­nes es detrás de una capu­cha. El caso es que estas teo­rías y otras más rebus­ca­das aun, tenían sus vacíos y todos aca­bá­ba­mos reci­bien­do, pero al menos se hacían más lle­va­de­ras las espe­ras a esos fuer­tes soni­dos hue­cos carac­te­rís­ti­cos que dan ini­cio a cual­quier car­ga poli­cial de las miles y miles que han sem­bra­do de odio nues­tro pue­blo. No es sen­ci­llo en nin­gún caso enfren­tar­se a la vio­len­cia del esta­do y mucho menos a pie de calle.

En cam­bio, de las deten­cio­nes pro­vo­ca­das de insu­mi­sos guar­do un sen­ti­mien­to con­tra­dic­to­rio. No me gus­ta­ba nada acu­dir a ellas aun­que estu­ve en unas cuan­tas y algu­nas fue­ron durí­si­mas. Era un sen­ti­mien­to raro. A un mili­tan­te anti-mili­ta­ris­ta con el que no com­par­tía muchas cosas pero que nos unía la calle, le solía decir que no veía casi tan­ta vio­len­cia ni en “nues­tras manis” del rollo. El decía que el obje­ti­vo era que el esta­do mues­tre su vio­len­cia y cuan­to más des­car­na­da sea mejor. Y yo pre­gun­ta­ba ¿Enton­ces estás a favor de una estra­te­gia vio­len­ta? y me con­tes­ta­ba que sí. Pero cla­ro, solo de un lado. El obje­ti­vo no era evi­tar la vio­len­cia sino mos­trar­la lo más cla­ra posi­ble, ace­le­rar las con­tra­dic­cio­nes del sis­te­ma qui­tán­do­le la care­ta y ganan­do adhe­sión social. Una estra­te­gia vio­len­ta casi en espi­ral de lucha gue­rri­lle­ra clá­si­ca pero sus­ti­tu­yen­do las armas por des­obe­dien­cia civil. Las porras, las agre­sio­nes, los empu­jo­nes, arras­trar a las per­so­nas, se con­ver­tían en ele­men­tos indis­pen­sa­bles de esas bata­llas que bus­ca­ban sacar a relu­cir lite­ral­men­te la vio­len­cia estruc­tu­ral desa­fian­do sin con­tem­pla­cio­nes a la bestia.

Y es que sin entrar en deba­tes de efi­ca­cia y de ejem­plos his­tó­ri­cos que podrían dar para lar­go y que real­men­te no se incli­nan mucho, al menos a nivel inte­gral, hacia las pos­tu­ras que me expli­ca­ba mi ami­go insu­mi­so, siem­pre he guar­da­do un gran res­pe­to y admi­ra­ción por esa actitud.

Un comen­ta­rio de un lec­tor del blog lo resu­mía muy bien;

Si quie­res jugar a la no-vio­len­cia gandhia­na más te vale enten­der­la bien (…). Por­que la no-vio­len­cia no es sumi­sión sino con­fron­ta­ción y des­obe­dien­cia con­ti­nua sin el uso de la fuer­za físi­ca (por par­te del ban­do des­obe­dien­te cla­ro, los opre­so­res sí que la usa­rán). No-vio­len­cia no es some­ter­se al dic­ta­do del opre­sor sino des­obe­de­cer­lo, sabo­tear­lo y hacer­lo inapli­ca­ble, pre­pa­rán­do­se cla­ro está para ser repri­mi­dos con toda la vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal. No-vio­len­cia no es ren­dir­se, aban­do­nar la con­fron­ta­ción para ver si el opre­sor te deja un nicho en el que jugar a la revo­lu­ción no revo­lu­cio­na­ria, la demo­cra­cia no par­ti­ci­pa­ti­va y la nación sin sobe­ra­nía. La sobe­ra­nía se ejer­ce de for­ma fir­me y con­ti­nua o se renuncia.

En resu­men, se podría decir que la des­obe­dien­cia civil requie­re un nivel de lucha y de enfren­ta­mien­to simi­lar a otros tipos de lucha. Y por lo tan­to gene­ran­do repre­sión para poder apla­car­la. Esto se tra­du­ce en nue­vos pre­sos, más vio­len­cia en las calles, ten­sio­na­mien­to social y muchos otros fac­to­res que van aso­cia­dos al con­flic­to. La des­obe­dien­cia civil no es un camino de rosas, sino que lle­va­da a un alto nivel de ener­gía pue­de tener con­se­cuen­cias de un nivel de dure­za cer­ca­na a otros tipos de lucha.

No son un mis­te­rio las difi­cul­ta­des exis­ten­tes para poner en efec­ti­vo una lucha de este tipo. Y la pri­me­ra de ellas es el con­flic­to de intere­ses entre los que quie­ren redu­cir la con­fron­ta­ción a algo ideo­ló­gi­co y elec­to­ral fren­te a los que entien­den que la insu­mi­sión y des­obe­dien­cia son herra­mien­tas de lucha para que­brar el muro de la impo­si­ción del esta­do y están enmar­ca­das en la lucha por abrir­se paso hacia un sis­te­ma que deje atrás los ras­gos anti-demo­crá­ti­cos de los esta­dos que nos opri­men en el camino a la eman­ci­pa­ción nacio­nal y social vas­ca. Unas for­mas de lucha, que si bien en Eus­kal Herria han sido emplea­das con dife­ren­te inten­si­dad a lo lar­go del pro­ce­so de libe­ra­ción, es pro­ba­ble que no haya exis­ti­do aún un aná­li­sis tác­ti­co, estra­té­gi­co de cala­do y a lar­go pla­zo para acti­var una estra­te­gia per­ma­nen­te y sos­te­ni­da en el tiem­po con las nece­si­da­des orga­ni­za­ti­vas y de infra­es­truc­tu­ra, inclu­so meto­do­ló­gi­cas ‚que requie­re tal reto.

La pre­gun­ta es: ¿Hay ganas y volun­tad popu­lar para lle­var­lo hacia ade­lan­te?. No había más que ver la deter­mi­na­ción y acti­tud de los que se movi­li­za­ron en Donos­tia el otro día para arro­par a los mili­tan­tes que en un valien­te acto de des­obe­dien­cia civil se enca­de­na­ron pese a que iban a ser secues­tra­dos. Otros ejem­plos como el martxo­ko iraul­tza, o algu­nos aspec­tos de la lucha social tam­bién han sido tes­ti­gos de que exis­ten las condiciones.

Que­da por tan­to loca­li­zar dón­de está el blo­queo que impi­de des­atar las ener­gías en toda su exten­sión, las incom­pa­ti­bi­li­da­des que crean neu­tra­li­za­ción en el movi­mien­to popu­lar y juve­nil, y que real­men­te la juven­tud revo­lu­cio­na­ria vas­ca sea autó­no­ma y que ade­más lo parez­ca. Y para ello es impor­tan­te que el fren­te ins­ti­tu­cio­nal, de tomar par­te en la lucha popu­lar sea un igual y esté subor­di­na­do a esa lucha y no parez­ca que sea lo con­tra­rio. Por­que aun­que las cosas no sean, si lo pare­cen pue­den crear el mis­mo efecto.

Otro tema para­le­lo es el muro popu­lar anti-repre­si­vo que pre­ci­sa­men­te des­de una pers­pec­ti­va des­obe­dien­te para­dó­ji­ca­men­te se refor­za­rá a tra­vés de la lucha que gene­ra­rá más represión.

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