Senlhei­ro y Bal­tar: Dos pesos y dos medi­das- Mau­ri­cio Castro

No ten­go rela­ción per­so­nal con el joven más recien­te­men­te dete­ni­do bajo la mediá­tii­ca y poli­cial acu­sa­ción de «terro­ris­mo». Tam­po­co voy a entrar a deba­tir sobre el deba­ti­ble dere­cho del Esta­do al mono­po­lio de la vio­len­cia, aún que no pue­da dejar de denun­ciar los tan evi­den­tes como abun­dan­tes exce­sos vio­len­tos de las fuer­zas poli­cia­les a su servicio.

Pre­ten­do úni­ca­men­te, delan­te de la recien­te deten­ción y lin­cha­mien­to mediá­ti­co de un vecino de Ames, cono­ci­do por su acti­vis­mo social e inde­pen­den­tis­ta, cum­plir con el deber de denu­ciar el con­tras­te que un hecho como ese se refle­ja en rela­ción a los nume­ro­sos casos de corrup­ción polí­ti­ca y eco­nó­mi­ca que dia­ria­men­te -¡y no exa­ge­ro! – lle­nan las pági­nas de los medios de comu­ni­ca­ción de este país.

Es por eso que en el títu­lo que enca­be­za estas líneas he colo­ca­do los nom­bres de Senlhei­ro y de Bal­tar. A quien me acu­se de hacer dema­go­gia por com­pa­rar dos casos tan dife­ren­tes, res­pon­de des­de este ins­tan­te que si, son dife­ren­tes, pero tam­bién indi­ca­ti­vos de las con­tra­dic­cio­nes que atra­vie­sa el deca­den­te sis­te­ma actual.

El pri­me­ro, Hadriám Mos­que­ra, Senlhei­ro, repre­sen­ta un cre­cien­te núme­ro de gale­gas y gale­gos que en los últi­mos años están sien­do perió­di­ca­men­te dete­ni­dos y encar­ce­la­dos de mane­ra ful­mi­nan­te. No sólo eso: es cos­tum­bre incluir un pro­to­co­lo con­tra ellos que inclu­ye meses o años de pri­sión pre­ven­ti­va a cien­tos de qui­ló­me­tros de dis­tan­cia de sus luga­res de resi­den­cia, a veces con veja­cio­nes y malos tra­tos inclui­dos, a la espe­ra de jui­cio por acu­sa­cio­nes que a menu­do no que­dan más que en humo.

El segun­do, José Luis Bal­tar, repre­sen­ta en estos días esa legión de aco­mo­da­dos polí­ti­cos y millo­na­rios ban­que­ros acu­sa­dos, impu­tados, con­de­na­dos, e indul­ta­dos, cuya cuen­ta sin fin es difí­cil de hacer, tan­to por su núme­ro como por lo que roba­ron o des­via­ron para las cuen­tas de sus par­ti­dos, y que hacen par­te del con­sen­so de un régi­men cada vez más visi­ble­men­te podri­do y antidemocrático.

Los rigo­res de la pri­sión, del ais­la­mien­to e inclu­si­ve de la dis­per­sión, impues­tos por una legis­la­ción per­ver­sa y par­cial, son apli­ca­dos con­tra quien el sis­te­ma con­si­de­ra sus enemi­gos, entre los cua­les nun­ca se encuen­tran esos polí­ti­cos corrup­tos, los ban­que­ros ni otros gran­des delin­cuen­tes económicos.

Estos a pesar de las con­tras­ta­das redes de finan­cia­ción irre­gu­lar que ali­men­tan los prin­ci­pa­les par­ti­dos, de las gran­des ope­ra­cio­nes finan­cie­ras de enga­ño masi­vo a dece­nas de miles de fami­lias gale­gas, y del hun­di­mien­to de todo un sis­te­ma eco­nó­mi­co basa­do en la espe­cu­la­ción y en el robo gene­ra­li­za­do. Nin­guno de los pro­ta­go­nis­tas y res­pon­sa­bles de todo esto está en pri­sión y algu­nos de ellos has­ta fue­ron pre­mia­dos en su día con las Meda­llas Cas­te­lao, el máxi­mo reco­no­ci­mien­to ins­ti­tu­cio­nal de la Gali­za autonómica.

No sé si Senlhei­ro y las res­tan­tes pre­sas y pre­sos pre­ven­ti­vos por moti­vos polí­ti­cos come­tie­ron algu­na infrac­ción o deli­to con­tra el actual orde­na­mien­to jurí­di­co. Si ten­go la cer­te­za de que todas ellas son per­so­nas hon­ra­das, con un com­pro­mi­so comu­ni­ta­rio con­tras­ta­do y aje­nas a cual­quier lucro o inte­rés per­so­nal que no sea con­tri­buir a la cons­truc­ción de una socie­dad mejor. Por eso no mere­cen la apli­ca­ción de una legis­la­ción tan injus­ta como des­pro­por­cio­na­da, que sólo cae sobre los más débi­les y nun­ca sobre los más fuertes.

Trans­mi­ti­da por unos medios de comu­ni­ca­ción secues­tra­dos por el poder polí­ti­co y eco­nó­mi­co, asis­ti­mos en estos días a una into­le­ra­ble repre­sen­ta­ción de la pro­fun­da y dis­cri­mi­na­to­ria des­igual­dad en que este sis­te­ma se sus­ten­ta. No pode­mos asis­tir calla­dos, por­que no que­re­mos ser cóm­pli­ces. Debe­mos denun­ciar la impu­ni­dad con que en este régi­men se apli­can dos pesos y dos medi­das en el ejer­ci­cio del mono­po­lio de la vio­len­cia por par­te del Estado.

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