Jugue­tes rotos- Borro­ka Garaia

Estos días pasa­dos he teni­do la opor­tu­ni­dad de hablar en pro­fun­di­dad con unos cuan­tos ami­gos que más o menos han teni­do mi mis­mo per­fil polí­ti­co. El común deno­mi­na­dor que he per­ci­bi­do ha sido una fal­ta de ilu­sión, cier­to des­ape­go por la “polí­ti­ca”, resig­na­ción ante los hechos con­su­ma­dos y una preo­cu­pa­ción cla­ra en cuan­to a las nue­vas gene­ra­cio­nes que pue­dan acer­car­se a la pelea por la difi­cul­tad que pue­dan tener de encon­trar refe­ren­tes inclu­so a nivel local. El caso no es que estos com­pa­ñe­ros hayan sido nun­ca espe­cial­men­te pesi­mis­tas sino todo lo con­tra­rio y ade­más en momen­tos cuan­do ser opti­mis­ta tenía un cos­te apre­cia­ble.

No creo que sean anéc­do­tas ni que por casua­li­da­des geo­grá­fi­cas esté suce­dien­do sino que podría­mos hablar de algo gene­ra­li­za­do en toda Eus­kal Herria. Y sobre todo en sec­to­res don­de la lla­ma de la lucha esta­ba muy bien pren­di­da y que han tira­do ade­lan­te pue­blos y barrios a base de una mili­tan­cia sis­te­má­ti­ca y deci­di­da.

No me gus­ta hacer aná­li­sis en pun­tos muer­tos ya que gene­ral­men­te la foto pue­de salir dis­tor­sio­na­da por dife­ren­tes moti­vos sino lo que habría que mirar es la ten­den­cia. Y la ten­den­cia es que esas pers­pec­ti­vas y sen­ti­mien­tos se van refor­zan­do con el paso del tiem­po en sen­ti­do nega­ti­vo.

No es agra­da­ble hin­car el dien­te a este tema por­que las con­clu­sio­nes que se pue­den sacar cho­can con el nivel de moral nece­sa­rio e impres­cin­di­ble que se nece­si­ta para enfren­tar­se a los retos que están delan­te. Pero en algún momen­to ten­drá que ser tra­ta­do en pro­fun­di­dad ya que de no hacer­lo, de no ir a la raíz de los sín­to­mas, no se podrá curar una enfer­me­dad que en mi opi­nión pone en peli­gro el sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co de la izquier­da aber­tza­le.

Ante esta enfer­me­dad, que en mi opi­nión es evi­den­te su exis­ten­cia, los antí­do­tos vis­tos has­ta el momen­to se han redu­ci­do a dos tipos de tera­pias de shock total­men­te opues­tas entre ellas. Por un lado la del “todo va bien” que en sí mis­mo sería la nega­ción de la pro­pia enfer­me­dad, sobre todo a base de tiri­tas elec­to­ra­les que cubren la heri­da pero que no la sanan, y la del “todo va mal”, que se per­mi­te el lujo de echar cons­tan­te­men­te sal en la heri­da. Obvia­men­te nin­gu­na de las dos está dan­do resul­ta­do. Y entre el “todo va bien” y “el todo va mal” no que­da mucho espa­cio más que para entrar en un esta­do de pasi­vi­dad a ver­las venir y “a ver que pasa”.

Sobra decir que la ver­da­de­ra ener­gía y “secre­to” de la izquier­da aber­tza­le resí­dia en los barrios, pue­blos y ciu­da­des, y que si se va per­dien­do el “punch” ahí, sien­do sus­ti­tui­do por titu­la­res de pren­sa o macro-polí­ti­ca, qui­zás apa­ren­te­men­te abar­que­mos mucho pero de tan­to abar­car al final no que­de poten­cia para apre­tar.

Un jugue­te es algo muy boni­to, sin embar­go un jugue­te roto se refie­re al obje­to que ha per­di­do su fun­ción y que ya no posee valor. Reva­lo­ri­zar lo ya casi inú­til aún cuan­do es nece­sa­rio es una tarea ardua. Sobre todo lo es cuan­do los valo­res y las coor­de­na­das del empu­je que han pro­vo­ca­do esa des­ga­na y fal­ta de ilu­sión no se ponen en entre­di­cho. Aun así, la reali­dad es tozu­da y las nece­si­da­des aflo­ran mas pron­to que tar­de y lle­gan tan pron­to que ya se hace tar­de. El pro­ble­ma con­sis­te que cuan­do cada vez se hacen más evi­den­tes esas nece­si­da­des, nos damos cuen­ta que los pla­nos de la cons­truc­ción no la tenían en cuen­ta. Por lo que, o se hace un re-dise­ño de los pla­nos o tene­mos sal y flo­res para rato con una infec­ción que se va a enquis­tar. Esta­mos a tiem­po.

La re-con­fi­gu­ra­ción del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio socia­lis­ta vas­co del MLNV y la crea­ción de un movi­mien­to de acción direc­ta en cla­ves des­obe­dien­tes que pue­da rom­per el pano­ra­ma de cier­ta iner­cia actual pue­de que sean dos de las cla­ves que jun­to al res­to de las fuer­zas de la uni­dad popu­lar de la izquier­da aber­tza­le (que ten­drá que ser lo más amplia y fuer­te posi­ble con la apor­ta­ción de todos) y jun­to a los alia­dos que inci­den a favor de la libe­ra­ción nacio­nal y social pue­dan abrir nue­vas bre­chas. Aumen­tan­do pro­gre­si­va­men­te el cau­dal elec­to­ral y la masa crí­ti­ca, y acti­ván­do­la como fuer­za social de cho­que. Fuer­za sin la cual nin­gún pro­ce­so demo­crá­ti­co podrá lle­gar a buen puer­to y mucho menos dar el sal­to hacia un pro­ce­so de cam­bios radi­ca­les nece­sa­rios en el camino hacia el esta­do socia­lis­ta vas­co.

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