Diá­lo­go de paz en Colom­bia – Vic­to­ria de las FARC, derro­ta del gobierno- Edi­to­rial de O Diario

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La fir­ma de un pro­to­co­lo ines­pe­ra­do en La Haba­na entre repre­sen­tan­tes de las FARC y el gobierno colom­biano para abrir un diá­lo­go por la paz levan­tó una ola de comen­ta­rios contradictorios.

Influ­yen­tes medios de comu­ni­ca­ción euro­peos iden­ti­fi­ca­ron el even­to como una vic­to­ria para el gobierno de Juan Manuel San­tos. Esta con­clu­sión pone de mani­fies­to la igno­ran­cia de la reali­dad colom­bia­na. En reali­dad, las FARC logra­ron una gran vic­to­ria política.

El ini­cio de las con­ver­sa­cio­nes con el gobierno actual, que podrían lle­var al fin del con­flic­to colom­biano, se for­mu­ló en agos­to de 2011 por el coman­dan­te en jefe de las FARC, Alfon­so Cano. Tres meses más tar­de cayó luchan­do duran­te una gran ofen­si­va del Ejér­ci­to. El pre­si­den­te San­tos dijo enton­ces que la alter­na­ti­va a ele­gir por las FARC era entre “el sepul­cro y la cárcel”.

El nue­vo coman­dan­te en jefe, Timo­león Jimé­nez, Timo­chen­ko, reite­ró sin embar­go el deseo de paz de las FARC, hacien­do hin­ca­pié en que no había una solu­ción mili­tar a un con­flic­to que ha dura­do medio siglo.

En los últi­mos meses una serie de ofen­si­vas de las FARC-EP infli­gió nume­ro­sas bajas al ejér­ci­to, sacu­di­do tam­bién por escán­da­los que invo­lu­cran a los gene­ra­les en el trá­fi­co de dro­gas. El res­pon­sa­ble de Segu­ri­dad fue inclu­si­ve extra­di­ta­do a EE.UU.

Una encues­ta recien­te mos­tró que el 74% de los colom­bia­nos está a favor de un diá­lo­go de paz con las FARC. En las Fuer­zas Arma­das (más de 400.000 hom­bres), los gene­ra­les ultra que toda­vía creen en una “solu­ción mili­tar” son aho­ra una mino­ría. Ni las sie­te nue­vas bases esta­dou­ni­den­ses, ni los heli­puer­tos en la sel­va, ni los avio­nes y dis­po­si­ti­vos elec­tró­ni­cos que iden­ti­fi­can a los cam­pa­men­tos de las FARC con pre­ci­sión, han impe­di­do a la gue­rri­lla adop­tar nue­vas tác­ti­cas fle­xi­bles que les han garan­ti­za­do la super­vi­ven­cia de sus colum­nas móvi­les en todos los frentes.

La pre­sión de las masas – el Movi­mien­to Colom­bia­nos y Colom­bia­nas por la Paz y el éxi­to de la Mar­cha Patrió­ti­ca – expre­sa cla­ra­men­te la con­de­na de la gue­rra por el pue­blo y su deseo de paz. Esta acti­tud fue deci­si­va para el súbi­to cam­bio en la posi­ción del pre­si­den­te Santos.

Es sig­ni­fi­ca­ti­vo que su her­mano, Enri­que San­tos, haya sido desig­na­do miem­bro de la dele­ga­ción ofi­cial, enca­be­za­da por el minis­tro de Medio Ambien­te, que nego­ció en La Haba­na el ini­cio de los diá­lo­gos de paz, patro­ci­na­dos por Vene­zue­la, Norue­ga y Cuba. Cua­tro coman­dan­tes des­ta­ca­dos se unie­ron a la dele­ga­ción de las FARC-EP: Mau­ri­cio (el Medi­co), Rodri­go Gran­da, Mar­cos Calar­cá y Andrés Paris.

Ayer, en Bogo­tá, el pre­si­den­te San­tos dijo en un bre­ve comu­ni­ca­do que su obje­ti­vo aho­ra es lograr la paz y que el diá­lo­go con las FARC con­ti­nua­rá en Oslo en octu­bre, para des­pués regre­sar a La Haba­na. La noti­cia fue reci­bi­da con júbi­lo por el pue­blo colom­biano y con dis­gus­to por Washington.

Los sec­to­res de la oli­gar­quía ultra cri­ti­ca­ron con dure­za al pre­si­den­te, hacien­do hin­ca­pié en que la aper­tu­ra de nego­cia­cio­nes de paz con las FARC en la prác­ti­ca sig­ni­fi­ca que el gobierno de Bogo­tá reco­no­ce el esta­tus de beli­ge­ran­te a una orga­ni­za­ción a la que días antes se cla­si­fi­ca­ba como “cri­mi­nal” y a sus líde­res como “ase­si­nos”, con la cabe­za a pre­mio por millo­nes de dólares.

El ex pre­si­den­te Álva­ro Uri­be ata­có per­so­nal­men­te a San­tos, acu­sán­do­lo de dia­lo­gar con un “gru­po de terro­ris­tas”. De Washing­ton tam­bién lle­gan las crí­ti­cas. Todo indi­ca que la admi­nis­tra­ción Oba­ma tra­ta­rá de impe­dir el éxi­to de las con­ver­sa­cio­nes de paz.

Vale la pena recor­dar que en 1998 se creó en el depar­ta­men­to de Caque­tá una zona des­mi­li­ta­ri­za­da ‑equi­va­len­te a la mitad de Por­tu­gal- con­tro­la­da por las FARC-EP. El pre­si­den­te Andrés Pas­tra­na se reu­nió allí con Manuel Maru­lan­da, y des­pués de lar­gas nego­cia­cio­nes, el gobierno había casi apro­ba­do una pla­ta­for­ma polí­ti­ca que impli­ca­ría cam­bios socia­les y polí­ti­cos revo­lu­cio­na­rios. Pero cedió a la pre­sión de EE.UU. y en 2002 rom­pió el diá­lo­go, inva­dió y ocu­pó la zona desmilitarizada.

El desa­rro­llo de la situa­ción crea­da por la actual aper­tu­ra del diá­lo­go es impre­de­ci­ble. Pero está cla­ro que las FARC-EP logra­ron una gran vic­to­ria. Por sí mis­mo, el ini­cio del diá­lo­go con las FARC como fuer­za beli­ge­ran­te con­fi­gu­ra una derro­ta inocul­ta­ble del gobierno. Entie­rra el mito calum­nio­so que las pre­sen­ta­ba como una orga­ni­za­ción terro­ris­ta y tra­fi­can­te de drogas.

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