Sán­chez Gor­di­llo y la dig­ni­dad rebel­de del pue­blo anda­luz- Luis Mar­tín-Cabre­ra

En 1943 Gerald Bre­nan, autor de la pri­me­ra mono­gra­fía de la Gue­rra Civil escri­ta des­de una pers­pec­ti­va no fran­quis­ta, seña­la­ba en torno a la situa­ción del cam­po anda­luz [1]: “ Cuan­to más de cer­ca se exa­mi­na la situa­ción en esta zona de lati­fun­dios, más terri­ble y repug­nan­te se la encuen­tra. Has­ta la gue­rra de 1914 – 1918, los terra­te­nien­tes explo­ta­ban en gene­ral los cor­ti­jos por su cuen­ta a tra­vés de sus encar­ga­dos. Cul­ti­va­ban la mejor tie­rra y deja­ban el res­to en bal­dío. Los labrie­gos ham­brien­tos que inten­ta­ban arar aquí o allá eran apa­lea­dos por la guar­dia civil” [p.78] . Sobre las con­di­cio­nes de vida de los jor­na­le­ros en los cor­ti­jos a la altu­ra de los años 30, Bre­nan dice que gana­ban ente 3 y 3,50 pese­tas por jor­na­das de ocho horas bajo el terri­ble sol del cam­po anda­luz y con­cluía, “como no hay peque­ñas explo­ta­cio­nes en que pue­dan tra­ba­jar, ni par­ce­la­ción, y ni siquie­ra dis­po­nen de un peque­ño cua­dro de huer­ta jun­to a sus casas, por no hablar ya del soco­rro por par­te del Esta­do o de la Igle­sia, mori­rían real­men­te de ham­bre en ese tiem­po, de no ser por el cré­di­to que les abren las tien­das. Con todo y eso, viven en un esta­do de des­nu­tri­ción cró­ni­ca, y los falle­ci­mien­tos por tal cau­sa, que alcan­zan altas cifras en toda la penín­su­la, son aquí toda­vía más fre­cuen­tes” [p.p. 78 – 79].

En el año 2008, el antro­pó­lo­go sevi­llano Ángel del Río me lle­vó a la aldea cor­do­be­sa de Fuen­te Pal­me­ra, en ple­na tie­rra de ban­do­le­ros, para entre­vis­tar a Fran­cis­ca Ada­me. Fran­cis­ca Ada­me es hija y her­ma­na de pre­sos del canal del Bajo Gua­dal­qui­vir (hoy dig­na­men­te rebau­ti­za­do como “Canal de los pre­sos” gra­cias entre otros a los des­ve­los del pro­pio Ángel del río). Allí pude por pri­me­ra vez en mi vida enten­der que el ham­bre no es una cifra ni una abs­trac­ción, es una reali­dad mate­rial que te roba la dig­ni­dad y te arra­sa como ser humano. Mien­tras Fran­cis­ca nos rela­ta­ba los por­me­no­res de la lucha en los cam­pos de con­cen­tra­ción y las cár­ce­les del fran­quis­mo, entre poe­mas y can­cio­nes com­pues­tos por ella mis­ma para no olvi­dar, pude sen­tir y tocar con la pun­ta de los dedos el ham­bre de un pue­blo, el anda­luz, explo­ta­do y opri­mi­do secu­lar­men­te has­ta lími­tes into­le­ra­bles. Allí –debo con­fe­sar con cier­to rubor — me des­po­je de mis últi­mos pre­jui­cios y este­reo­ti­pos sobre un pue­blo al que el res­to de Espa­ña sigue acu­san­do, con­tra toda evi­den­cia, de hol­ga­za­ne­ría y pere­za, a pesar de ser noso­tros los que segui­mos vivien­do sobre sus hom­bros y sobre el sudor de su tra­ba­jo.

Y aho­ra, jus­to cuan­do casi nos había­mos creí­do la fan­ta­sía esa neo­li­be­ral del final de la his­to­ria, cuan­do la “mar­ca Espa­ña” y los triun­fos de la selec­ción espa­ño­la nos habían con­ven­ci­do de que éra­mos euro­peos y moder­nos, es decir, nor­ma­les, Juan Manuel Sán­chez Gor­di­llo y los jor­na­le­ros del SAT (Sin­di­ca­to Anda­luz de Tra­ba­ja­do­res) nos des­pier­tan de una sies­ta de déca­das de sue­ños fra­ca­sa­dos y deli­rios de gran­de­za con imá­ge­nes que creía­mos ya para siem­pre abo­li­das de nues­tra memo­ria: jor­na­le­ros ocu­pan­do fin­cas bal­días en las manos muer­tas del ejér­ci­to y expro­pian­do comi­da de los super­mer­ca­dos para paliar el ham­bre de aque­llas fami­lias en las que ya no entra un solo euro. No esta­mos en 1914, ni en los años 30, ni tam­po­co en los años de la “reden­ción de penas” para aque­llas ove­jas rojas des­ca­rria­das de la abyec­ta déca­da de los 40, esta­mos en el 2012 y, sin embar­go, vuel­ve el ham­bre, por­que en el fon­do nun­ca se fue. Como en “La car­ta roba­da”, el cuen­to de Poe, el ham­bre, la nece­si­dad, los mileu­ris­tas, el des­em­pleo, las tie­rras sin cul­ti­var, las tone­la­das de comi­da en la basu­ra del Mer­ca­do­na, la opu­len­cia des­me­su­ra­da de los due­ños de Espa­ña, esta­ban ahí , Sán­chez Gor­di­llo y los jor­na­le­ros del SAT lo sabían muy bien. La car­ta y el futu­ro roba­do se hacen visi­bles aho­ra por­que están en todas par­tes, los medios no pue­den tapar el sol con un dedo, los jor­na­le­ros tie­nen la pala­bra y la razón his­tó­ri­ca.

A lo lar­go de estos últi­mos 10 años de cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co des­me­su­ra­do a la som­bra del ladri­llo hemos habla­do mucho y con razón de la memo­ria his­tó­ri­ca, pero casi siem­pre lo hemos hecho –y me inclu­yo en la crí­ti­ca — como si la memo­ria fue­ra asun­to de un pasa­do remo­to o algo que sólo tuvie­ra una rela­ción muy tenue con el pre­sen­te, una for­ma nece­sa­ria de repa­ra­ción, un cerrar las heri­das para sutu­rar nues­tra mal­tre­cha demo­cra­cia libe­ral. Lo real­men­te nove­do­so en la pra­xis y en el dis­cur­so de Juan Manuel Sán­chez Gor­di­llo –no por casua­li­dad pro­fe­sor de his­to­ria antes de polí­ti­co y líder sin­di­cal — es que en sus pala­bras y en sus accio­nes la memo­ria se hace car­ne y mate­ria, ya no vie­ne a refor­zar la “cali­dad de la demo­cra­cia” sino a cons­ta­tar su radi­cal vacia­mien­to de sen­ti­do, pues no hay teo­ría polí­ti­ca que pue­da hacer com­pa­ti­bles el ham­bre y la demo­cra­cia. En la voz de Sán­chez Gor­di­llo el pasa­do de la lucha jor­na­le­ra en el cam­po anda­luz ya no es un obje­to abs­trac­to de inves­ti­ga­ción y aná­li­sis, sino una reali­dad pre­sen­te que actua­li­za tan­to las for­mas de opre­sión del pasa­do como las estra­te­gias de lucha y resis­ten­cia. En lugar de hablar con nos­tal­gia de las expro­pia­cio­nes de tie­rra de los cam­pe­si­nos anar­quis­tas de los años 30, los jor­na­le­ros del SAT no han deja­do de ocu­par tie­rras bal­días des­de el año 76, en lugar de acep­tar el lava­do de cara de la dere­cha fran­quis­ta duran­te la tran­si­ción, los jor­na­le­ros denun­cian la per­pe­tua­ción de las mis­mas estruc­tu­ras de opre­sión y explo­ta­ción sali­das de la dic­ta­du­ra.

En este sen­ti­do, cuan­do Sán­chez Gor­di­llo dice que el Minis­tro del inte­rior, Jor­ge Fer­nán­dez Díaz, es un señor con acti­tu­des que recuer­dan al fran­quis­mo, no lo hace para pro­vo­car, ni cae en la hipér­bo­le, sino que más bien se atie­ne con mili­mé­tri­ca pre­ci­sión his­tó­ri­ca a la tra­yec­to­ria y las actua­cio­nes del señor minis­tro. Fer­nán­dez Díaz no sólo es hijo de un mili­tar fran­quis­ta, pro­ba­ble­men­te miem­bro nume­ra­rio del Opus y autor de fra­ses como “vivi­mos en una socie­dad don­de el peca­do ori­gi­nal está en esta­do quí­mi­ca­men­te puro” o “en el siglo XIX, el mar­xis­mo y el ateis­mo qui­tan ya a dios y colo­can en el cen­tro al hom­bre y final­men­te Satán se colo­ca­rá en el lugar del hom­bre” [2], sino que ade­más sus decla­ra­cio­nes y actua­cio­nes vul­ne­ran el prin­ci­pio fun­da­men­tal de la sepa­ra­ción de pode­res. Un minis­tro, es decir, un miem­bro del eje­cu­ti­vo, no pue­de actuar como juez ni inci­tar actua­cio­nes judi­cia­les, a no ser que igno­re los lími­tes de su poder o crea en el “esta­do de excep­ción”, es decir, en la estruc­tu­ra polí­ti­ca de una dic­ta­du­ra o de una “demo­cra­cia” con pode­res omní­mo­dos y abso­lu­tis­tas. De todas mane­ras, ya se sabe que la gen­te del Opus no lee a Mon­tes­quieu ni le intere­sa ese sin­dios de la sepa­ra­ción de pode­res.

Las jus­tas denun­cias de Sán­chez Gor­di­llo a la vul­ne­ra­ción de la sepa­ra­ción de pode­res son un rega­lo, por­que hacen visi­bles de mane­ra pal­ma­ria la per­sis­ten­cia de la lucha de cla­ses, des­ha­cen el con­sen­so des­po­li­ti­za­dor de la demo­cra­cia de baja inten­si­dad en la que vivi­mos y lo sus­ti­tu­yen por un cam­po de fuer­zas que recu­pe­ra los anta­go­nis­mos socia­les como com­pás y orien­ta­ción de la lucha por la jus­ti­cia social. La mis­ma sema­na que los jor­na­le­ros del cam­po irrum­pen en Mer­ca­do­na y Carre­four, los perió­di­cos anun­cian que Aman­cio Orte­ga, el señor de Zara, es uno de los hom­bres más ricos del mun­do; Rato y Camps en su casa, los jor­na­le­ros del SAT en los juz­ga­dos; ham­bre en la calle, comi­da de los super­mer­ca­dos en los cubos de basu­ra para pre­ser­var las plus­va­lías de los due­ños del nego­cio. A la vis­ta de todo el mun­do están las con­tra­dic­cio­nes, nadie pue­de que­rer­se igno­ran­te.

Sán­chez Gor­di­llo y los jor­na­le­ros del SAT nos han dado una lec­ción de dig­ni­dad rebel­de, de cohe­ren­cia polí­ti­ca y de memo­ria his­tó­ri­ca, el sur vuel­ve a mar­car el camino de la lucha por la libe­ra­ción de un país que ha per­di­do su sobe­ra­nía y de un pue­blo pos­tra­do y aco­rra­la­do por ladro­nes de guan­te blan­co, polí­ti­cos corrup­tos y unos mer­ca­dos finan­cie­ros que tie­nen cara, nom­bre y ape­lli­dos. Pre­ci­sa­men­te por eso inten­ta­ran per­se­guir­los, encar­ce­lar­los, aten­tar con­tra ellos, son un ejem­plo dema­sia­do peli­gro­so. Izquier­da Uni­da ha mos­tra­do un apo­yo mati­za­do, “apo­yo al fon­do, pero no a las for­mas” dice Die­go Bal­de­ras, mien­tras que Alber­to Gar­zón (una de las pocas voces razo­na­bles en todo esto de la esta­fa-cri­sis) ha apo­ya­do la acción de los jor­na­le­ros, pero ha aña­di­do que son ile­ga­les. Enri­que San­tia­go ha ido un poco más lejos y ha afir­ma­do, espe­re­mos que así sea, que “ Izquier­da Uni­da va a apo­yar y defen­der polí­ti­ca­men­te al SAT y a cual­quier otro colec­ti­vo que pon­ga en evi­den­cia la pri­va­ción de dere­chos fun­da­men­ta­les de las per­so­nas y tra­ba­je para garan­ti­zar los dere­chos vul­ne­ra­dos, recor­dán­do­nos así que la Cons­ti­tu­ción en vigor esta­ble­ce que la pro­pie­dad pri­va­da siem­pre esta­rá some­ti­da al inte­rés gene­ral” [3] .

Pero tal vez no sea sufi­cien­te, en nom­bre de lo que hemos sido his­tó­ri­ca­men­te y de lo que pode­mos ser como comu­nis­tas, socia­lis­tas, anar­quis­tas, revo­lu­cio­na­rios o sim­ple­men­te como pue­blo, como las y los de aba­jo, tene­mos que ser capa­ces de decir que no esta­mos dis­pues­tos a que los jor­na­le­ros pasen un minu­to de su vida en una pri­sión, tene­mos que ser capa­ces de auto­in­cul­par­nos por millo­nes si tal infa­mia suce­de. Des­de aquí me ofrez­co des­de ya como auto­in­cul­pa­do en nom­bre de una memo­ria que no pue­de ser ya nun­ca más obje­to de museo o de pura espe­cu­la­ción inte­lec­tual.

Notas:

[1] Gerald Bre­nan. El Labe­rin­to Espa­ñol. Ante­ce­den­tes socia­les y polí­ti­cos de la Gue­rra Civil . Paris: Edi­cio­nes del Rue­do Ibé­ri­co, 1963.

[2] http://​www​.dia​go​nal​pe​rio​di​co​.net/​E​l​-​M​i​n​i​s​t​e​r​i​o​-​d​e​-​I​n​t​e​r​i​o​r​-​r​e​c​u​p​e​r​a​.​h​tml

[3] http://​www​.rebe​lion​.org/​n​o​t​i​c​i​a​.​p​h​p​?​i​d​=​1​5​4​390

* Para Ángel del Río, por todo. Y para Car­los de los San­tos, Joa­quín Flo­ri­do Berro­cal, Mari­sa Fil­gue­ras, Mar­ta Cruz Sojo y todos los com­pa­ñe­ros y com­pa­ñe­ras de El Viso, Dos Her­ma­nas y Sevi­lla.

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