Rio+20: sumi­sión al poder finan­cie­ro- Ale­jan­dro Nadal

La Con­fe­ren­cia de Nacio­nes Uni­das sobre Desa­rro­llo Sus­ten­ta­ble (CNSD), mejor cono­ci­da como Rio+20, vino y se fue. Pudo haber sido un acto impor­tan­te. En lugar de ello, esta­ble­ció un nue­vo están­dar en cómo hacer­se irre­le­van­te. La rece­ta es sen­ci­lla: pre­ten­da usted que nun­ca ha oído hablar de la cri­sis glo­bal.

El docu­men­to final de la UNCSD no men­cio­na ni una sola vez la cri­sis eco­nó­mi­ca y finan­cie­ra glo­bal. Poco impor­ta que la cri­sis ya se ha con­ver­ti­do en la Segun­da Gran Depre­sión. De algu­na mane­ra, los fun­cio­na­rios del Pro­gra­ma de Nacio­nes Uni­das sobre Medio Ambien­te (PNUMA) con­si­de­ra­ron que ese tema no era rele­van­te en una con­fe­ren­cia sobre sus­ten­ta­bi­li­dad.

El PNUMA bus­có sacar ade­lan­te su ini­cia­ti­va sobre la eco­no­mía ver­de. En el infor­me pre­sen­ta­do en Río se le defi­ne como una eco­no­mía en la que aumen­ta el bien­es­tar, dis­mi­nu­ye la pobre­za y mejo­ra el medio ambien­te. Se tra­ta­ría de una eco­no­mía social­men­te inclu­yen­te, con bajas emi­sio­nes de gases inver­na­de­ro y gran efi­cien­cia en el uso y mane­jo de recur­sos.

Para tran­si­tar hacia una eco­no­mía ver­de se nece­si­ta inver­tir el 2 por cien­to del PIB mun­dial (anual­men­te entre 2010 – 2050) en 10 sec­to­res cla­ve. Es una can­ti­dad impor­tan­te. ¿Dón­de se pue­den encon­trar esos recur­sos? El PNUMA res­pon­de sin rubor: en el sec­tor finan­cie­ro. Según esta agen­cia el sec­tor finan­cie­ro tie­ne a su dis­po­si­ción una mon­ta­ña de recur­sos y cada vez está más intere­sa­do en una car­te­ra de inver­sio­nes que mini­mi­za el cos­to ambien­tal y social, al mis­mo tiem­po que capi­ta­li­za con tec­no­lo­gías ver­des.

La amis­tad del PNUMA con el sec­tor finan­cie­ro se con­fir­ma cuan­do se men­cio­nan los mer­ca­dos e ins­tru­men­tos que aho­ra esta­rían del lado de la jus­ti­cia y la salud ambien­tal: bonos ver­des, bonos de car­bono, REDD+, y acti­vos de «pro­pie­dad ver­de», etc. Ahí está: la finan­cia­ri­za­ción de la natu­ra­le­za. Nun­ca se le ocu­rrió a los fun­cio­na­rios del PNUMA que el desa­rro­llo de estos «mer­ca­dos nove­do­sos» pro­vie­ne de la bús­que­da de espa­cios de ren­ta­bi­li­dad en un mun­do en el que la eco­no­mía real per­ma­ne­ce estan­ca­da.

El PNUMA en Río ha bus­ca­do tapar el sol con un dedo. Ha que­ri­do igno­rar el hecho de que el sec­tor finan­cie­ro es el epi­cen­tro de la cri­sis glo­bal. El colap­so de la eco­no­mía mun­dial se man­tie­ne en bue­na por­que la opa­ci­dad de las ope­ra­cio­nes finan­cie­ras ace­le­ró el con­ta­gio al prin­ci­pio y aho­ra impi­de reac­ti­var el mer­ca­do inter­ban­ca­rio.

Tie­ne razón el PNUMA: el sec­tor finan­cie­ro ha cre­ci­do mucho en los últi­mos vein­te años. Pero ¿no se les ocu­rre que eso es pre­ci­sa­men­te un signo de la pato­lo­gía de la eco­no­mía glo­bal? El estan­ca­mien­to de los sala­rios des­de hace tres déca­das expli­ca el cre­cien­te endeu­da­mien­to de las fami­lias. La deman­da agre­ga­da estu­vo impul­sa­da por el endeu­da­mien­to y eso, a su vez, expli­ca cómo se lle­vó a cabo un pro­ce­so de redis­tri­bu­ción de la rique­za de los más pobres a los más ricos. Ins­tru­men­tos como las tar­je­tas de cré­di­to, los prés­ta­mos para estu­dian­tes o para auto­mó­vi­les fue­ron ver­da­de­ras aspi­ra­do­ras para suc­cio­nar recur­sos de los hoga­res y lle­var­los a los ban­cos.

Uno de los fac­to­res que expli­ca la expan­sión del sec­tor finan­cie­ro es su incli­na­ción a intro­du­cir inno­va­cio­nes que hicie­ron las ope­ra­cio­nes del sec­tor más opa­cas, dis­fra­za­ron ries­gos, aumen­ta­ron la pro­pen­sión a la vola­ti­li­dad e incre­men­ta­ron los nive­les de apa­lan­ca­mien­to. La bur­sa­ti­li­za­ción con­vir­tió a muchas ope­ra­cio­nes en zona veda­da para los regu­la­do­res y agen­cias de super­vi­sión. La auto­rre­gu­la­ción sólo pro­por­cio­nó la ilu­sión de que se esta­ba hacien­do algo para fre­nar abu­sos.

Un pun­to fun­da­men­tal que el PNUMA no pue­de enten­der: una pro­por­ción sig­ni­fi­ca­ti­va de la mon­ta­ña de «recur­sos» en manos del sec­tor finan­cie­ro es rique­za con­ta­ble. Pro­vie­ne de un típi­co pro­ce­so de infla­ción de acti­vos, o si se pre­fie­re, de una bur­bu­ja. La cri­sis es la for­ma en la que se des­tru­ye ese patri­mo­nio que sólo exis­te en la con­ta­bi­li­dad. Para ana­lis­tas como Nou­riel Rou­bi­ni o Dean Baker, al pro­ce­so defla­cio­na­rio aún le fal­ta mucho para com­ple­tar su tarea.

Es más, una par­te de esos recur­sos finan­cie­ros pro­vie­ne de las ope­ra­cio­nes de crea­ción mone­ta­ria de los ban­cos. Por ejem­plo, con sus prés­ta­mos los ban­cos de la Unión Euro­pea han crea­do billo­nes de euros de la nada, o como dicen, ex nihi­lo. Y sólo una frac­ción minús­cu­la de esos cré­di­tos estu­vo res­pal­da­da por depó­si­tos. El glo­bo gigan­te toda­vía está des­in­flán­do­se.

El PNUMA debe­ría estu­diar con serie­dad la rela­ción entre los sec­to­res finan­cie­ro y real de la eco­no­mía. Los cana­les de trans­mi­sión entre estos sec­to­res son crí­ti­cos para el man­te­ni­mien­to de la esta­bi­li­dad macro­eco­nó­mi­ca. En nues­tros tiem­pos las ope­ra­cio­nes en el sec­tor finan­cie­ro han pro­pa­ga­do y ampli­fi­ca­do la tur­bu­len­cia y han pues­to de rodi­llas a la eco­no­mía real. Caray, has­ta una orga­ni­za­ción tan con­ser­va­do­ra como el Comi­té de super­vi­sión de ban­cos de Basi­lea (depen­dien­te del Ban­co de pagos inter­na­cio­na­les) se preo­cu­pa por estos temas. ¿Por qué los fun­cio­na­rios del PNUMA no pue­den hacer lo mis­mo?

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