El ver­te­de­ro polí­ti­co vas­co- agin­teahaus­ten

En mate­ria polí­ti­ca, el opti­mis­ta es un hom­bre incons­tan­te y aun peli­gro­so, por­que no advier­te los gran­des obs­tácu­los que pre­sen­tan sus pla­nes.

Para él, éstos pare­cen poseer una fuer­za pro­pia que los con­du­ce a su rea­li­za­ción con tan­ta mayor faci­li­dad — cree— pues­to que están des­ti­na­dos a pro­du­cir más gen­te feliz. Con fre­cuen­cia, está con­ven­ci­do que algu­nas peque­ñas refor­mas efec­tua­das en la estruc­tu­ra polí­ti­ca y sobre todo en el gobierno per­so­nal, bas­ta­rían para orien­tar el movi­mien­to social, y ate­nuar lo que el mun­do de hoy ofre­ce de más atroz a las almas sen­si­bles. Des­de que sus ami­gos están en el poder, mani­fies­ta que es pre­ci­so dejar pasar las cosas, no apre­su­rar­se dema­sia­do y saber con­ten­tar­se con lo que les sugie­re su bue­na volun­tad. No es siem­pre el inte­rés sola­men­te el que le dic­ta esas pala­bras satis­fe­chas, como se ha creí­do tan­tas veces: el inte­rés está fuer­te­men­te apo­ya­do por el amor pro­pio y por las ilu­sio­nes de una cha­ta filo­so­fía. El opti­mis­ta pasa, con una evi­den­te faci­li­dad, de la cóle­ra revo­lu­cio­na­ria al paci­fis­mo social más ridícu­lo. Si el opti­mis­ta tie­ne un tem­pe­ra­men­to exal­ta­do y, si por des­di­cha, se halla arma­do de un gran poder que le per­mi­te rea­li­zar el ideal que se ha for­ja­do, pue­de con­du­cir a su país a las peo­res catás­tro­fes. No tar­da mucho en reco­no­cer, en efec­to, que las trans­for­ma­cio­nes socia­les no se rea­li­zan con la sen­ci­llez que había ima­gi­na­do. Cul­pa de sus sin­sa­bo­res a sus con­tem­po­rá­neos, en vez de expli­car la mar­cha de las cosas por las nece­si­da­des his­tó­ri­cas. Se sien­te dis­pues­to a hacer des­apa­re­cer a las gen­tes cuya mala volun­tad le pare­ce peli­gro­sa para la feli­ci­dad de todos.”

G. Sorel, “Refle­xio­nes sobre la vio­len­cia”

En los últi­mos tiem­pos, va subien­do el tono del deba­te del tra­ta­mien­to de los resi­duos en la CAV y de la ya céle­bre reco­gi­da ‘puer­ta a puer­ta’ (PaP), toman­do una inusi­ta­da cen­tra­li­dad en el gri­te­río pre­elec­to­ral. Y en polí­ti­ca, mejor no creer en las casua­li­da­des… Obvia­men­te, tan­to PSE como PNV iban a apro­ve­char cual­quier oca­sión para el des­gas­te par­la­men­ta­rio hacia la Dipu­tación gui­puz­coa­na gober­na­da por Bil­du, con una opo­si­ción en blo­que a la que se suma el PP. Pero sería dema­sia­do fácil dejar caer todo el peso de la cues­tión en la sim­ple polí­ti­ca de fren­tes. Hemos oído últi­ma­men­te que el polí­ti­co es el terreno don­de el Esta­do espa­ñol es más débil fren­te a la Izquier­da Aber­tza­le. Sea lo que sea lo que quie­ra decir esto, es en la ver­tien­te elec­to­ral y espe­cial­men­te guber­na­men­tal don­de se está libran­do otra par­te de la bata­lla, la de la hege­mo­nía del aber­tza­lis­mo, en pug­na con el PNV. Por­que la irrup­ción elec­to­ral de Bil­du no es más que el pis­to­le­ta­zo de sali­da en esa dispu­ta, la cual se deci­de real­men­te en la actua­ción ins­ti­tu­cio­nal pos­te­rior. Y pre­ci­sa­men­te es en las artes de gobierno, don­de los jel­tza­les están ata­can­do más a la IA, la cual ha mor­di­do el anzue­lo intro­du­cién­do­se de lleno en esa carre­ra de ver quién es más efi­cien­te en la admi­nis­tra­ción públi­ca, para ganar el sillón de la lehen­da­ka­ritza.

Entre ges­to­res anda el jue­go

En el espec­tácu­lo polí­ti­co, como esce­ni­fi­ca­ción de la com­pe­ti­ción entre par­ti­dos, can­di­da­tos y pro­gra­mas, que bus­can satis­fa­cer a las masas de votan­tes, ofre­cien­do un pro­duc­to atrac­ti­vo, creí­ble, cen­tra­do, lo más posi­ble­men­te asép­ti­co, poco con­flic­ti­vo y trau­má­ti­co, es don­de entra un tema que podría pare­cer tan secun­da­rio como el de los resi­duos. Insis­tir en la neu­tra­li­dad de la ges­tión no hace sino con­fir­mar que es pura ideo­lo­gía. Pre­ten­der ganar en ese terreno en el que la polí­ti­ca que­da redu­ci­da a cri­te­rios téc­ni­cos, supo­ne auto­má­ti­ca­men­te subir­se al carro de los polí­ti­cos y espe­cia­lis­tas inter­cam­bia­bles, sinies­tra­men­te igua­les, apre­cián­do­se sólo una leve dife­ren­cia de envol­to­rio entre ellos. Ven­der ges­tión pura y dura, con argu­men­tos tan aplas­tan­tes como que ya se hace en la UE o que el minis­tro espa­ñol ala­ba ese mode­lo, no es más que reve­lar­se y rei­vin­di­car­se ya sin com­ple­jos como un par­ti­do de orden. El vete­rano PNV afron­ta ries­gos al apos­tar por solu­cio­nes tan sus­cep­ti­bles de opo­si­ción popu­lar, y más en Gipuz­koa, como la inci­ne­ra­do­ra. Pero eso no les preo­cu­pa dema­sia­do y saben andar con cau­te­la, ya que lo que se está jugan­do aquí es el lide­raz­go del país. De hecho, si no hubie­ra sido Bil­du quien hubie­ra rei­vin­di­ca­do el puer­ta a puer­ta, serían ellos quie­nes lo habrían pro­mo­cio­na­do. Saben per­fec­ta­men­te que pue­den adop­tar el papel que quie­ran e ins­tru­men­ta­li­zar dis­tin­tos mode­los maquia­vé­li­ca­men­te para lue­go uti­li­zar­lo como arma arro­ja­di­za con­tra el opo­nen­te. Glo­bal­men­te tie­nen todas las que ganar: nadie mejor que ellos pue­de adop­tar esa fal­sa mode­ra­ción y cen­tris­mo que exi­ge la ges­tión. Y es que, cono­cen al capi­ta­lis­mo vas­co como si lo hubie­ran pari­do. ¿Quién va a ofre­cer mejo­res solu­cio­nes, más efi­cien­tes, mejo­res mane­ras de ocul­tar los tra­pos sucios, que ellos? Por­que el día en que la IA sea capaz de sus­ti­tuir al PNV en la tarea de admi­nis­trar el capi­ta­lis­mo vas­con­ga­do, lo habrá con­se­gui­do a base de reem­pla­zar­lo, es decir, de no dife­ren­ciar­se real­men­te de él y adop­tar en defi­ni­ti­va su papel.

La Escan­di­na­via del Can­tá­bri­co

A nadie se le esca­pa que en luga­res como Cata­lun­ya, pero tam­bién la CAV, se mira mucho a Euro­pa en la imple­men­ta­ción de nue­vas polí­ti­cas. De hecho esto ha sido ban­de­ra de la bur­gue­sía vas­con­ga­da encar­na­da en el PNV, que como van­guar­dia moder­ni­za­do­ra y euro­pei­zan­te mira por enci­ma del hom­bro a la vie­ja Espa­ña cañí, para lue­go con­fir­mar que ha sido y es un pilar de la bur­gue­sía espa­ño­la y su Esta­do. El asun­to toma mayor dra­ma­tis­mo cuan­do es des­de el pre­ten­di­do inde­pen­den­tis­mo revo­lu­cio­na­rio des­de don­de se nos argu­men­ta en con­tra del caci­quis­mo espa­ñol, del chan­chu­lleo, del impe­rio del hor­mi­gón y las cons­truc­to­ras, del “Espa­ña es nues­tra rui­na”… para hacer­nos ver la luz de la Euro­pa moder­na, cívi­ca, la de las polí­ti­cas ver­des y sus empre­sas homo­lo­ga­das. Decía Arza­lluz que los del puño y alto que­rían hacer de Eus­ka­di la Alba­nia del Can­tá­bri­co. Nada más lejos de la reali­dad, cuan­do el hori­zon­te inde­pen­den­tis­ta hoy va apa­re­ja­do a una nove­do­sa alter­na­ti­va socio­eco­nó­mi­ca que no es más que la enési­ma reedi­ción del Esta­do social a la escan­di­na­va, de lo que siem­pre había­mos cono­ci­do como social­de­mo­cra­cia, con los tin­tes ver­des que exi­gen hoy los tiem­pos. Y es que con­ven­cer con los mis­mos argu­men­tos al que sólo quie­re ser gober­na­do sin sobre­sal­tos, y a aquel que no tie­ne otro hori­zon­te que la trans­for­ma­ción radi­cal de la socie­dad, es difí­cil que de bue­nos resul­ta­dos. No se pue­de ganar al cen­tro y la radi­ca­li­dad al mis­mo tiem­po.

Alter­na­ti­vas y maxi­ma­lis­mos

Se sue­le decir que es muy fácil cri­ti­car des­de la barre­ra. Pue­de ser. Pero no lo es menos que des­au­to­ri­zar a su vez al crí­ti­co, ya sea lla­mán­do­le maxi­ma­lis­ta, , ale­ja­do de la reali­dad, “cuan­to peor mejor”, “todo o nada”, fal­to de alter­na­ti­vas, o inclu­so acu­sán­do­le de hacer el jue­go al enemi­go, por no comul­gar con rue­das de molino que exi­ge la admi­nis­tra­ción de la noci­vi­dad. No que­da pues espa­cio para la crí­ti­ca. La exi­gen­cia para ofre­cer alter­na­ti­vas y prag­ma­tis­mo recuer­dan a las que exi­gen hoy por ejem­plo los pro­mo­to­res del TAV. La impo­si­ción se basa en la “nece­si­dad” de dichos pro­yec­tos y en la ridi­cu­li­za­ción del opo­si­tor utó­pi­co. Así como en el auto­con­ven­ci­mien­to de la via­bi­li­dad a lar­go pla­zo de nues­tro modo de vida, median­te cier­tos peque­ños cam­bios que no son sino una hui­da hacia delan­te. Ante las con­se­cuen­cias del capi­ta­lis­mo, sólo que­da ya el deli­cio­so hedor de la ges­tión. Pero la crí­ti­ca no va ya hacia la clá­si­ca acu­sa­ción de refor­mis­moeta­pis­mo por dar solu­cio­nes par­cia­les. Ni siquie­ra a que­dar­nos en que esas polí­ti­cas ver­des sean un mero par­cheo insu­fi­cien­te. Sino que ade­más de que se está limi­tan­do la acción a dar una sali­da a las exter­na­li­da­des nega­ti­vas del sis­te­ma sin intro­du­cir una crí­ti­ca radi­cal del con­jun­to, es el pro­yec­to del capi­ta­lis­mo hoy el que exi­ge esos cam­bios y que los pro­mo­cio­na. Por­que ade­más del idea­lis­mo de pre­ten­der orien­tar en cla­ve rup­tu­ris­ta ele­men­tos que no cues­tio­nan el capi­ta­lis­mo, esos mis­mos ele­men­tos no tie­nen en este caso nada de alter­na­ti­vos, y son ya cla­ve para esta últi­ma recon­ver­sión sis­té­mi­ca, como nece­si­dad impe­rio­sa.

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