Don Juan Chá­vez, la sabi­du­ría del maes­tro

IMG_3154

“Somos los indios que somos, somos pue­blos, somos indios. Que­re­mos seguir sien­do los indios que somos; que­re­mos seguir sien­do los pue­blos que somos; que­re­mos seguir hablan­do la len­gua que nos habla­mos; que­re­mos seguir pen­san­do la pala­bra que pen­sa­mos; que­re­mos seguir soñan­do los sue­ños que soña­mos; que­re­mos seguir aman­do los amo­res que nos damos; que­re­mos ser ya lo que somos; que­re­mos ya nues­tro lugar; que­re­mos ya nues­tra his­to­ria, que­re­mos ya la ver­dad”.

Juan Chá­vez Alon­so en el Con­gre­so de la Unión. 2001

El movi­mien­to indí­ge­na y los zapa­tis­tas

La inva­sión que sufren nues­tros pue­blos, nacio­nes y tri­bus indí­ge­nas en nues­tro país, pero tam­bién en Amé­ri­ca, no ha ter­mi­na­do des­pués de 515 años. En ese tiem­po por la explo­ta­ción de los bos­ques y sel­vas, de las made­ras pre­cio­sas y de todo lo que sig­ni­fi­ca­ba ganan­cias iba a dar a la coro­na espa­ño­la; aho­ra las inva­sio­nes, los saqueos, la sobre­ex­plo­ta­ción de los recur­sos natu­ra­les, de las aguas, mine­ra­les, otra vez de los bos­ques o de las sel­vas, pues va en manos de los empre­sa­rios, de los pres­ta­nom­bres, de los capi­ta­lis­tas pues.

La con­cep­ción his­tó­ri­ca de la rela­ción de los pue­blos indí­ge­nas con la Madre Tie­rra hace que los pue­blos sigan resis­tien­do con­tra las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les; con­tra la polí­ti­ca glo­ba­li­za­do­ra que aten­ta con­tra las cul­tu­ras y con­tra la natu­ra­le­za ‑y con la cual los pue­blos enri­que­ci­dos se han con­ver­ti­do en poten­cias béli­cas-; con­tra el poder polí­ti­co y el poder eco­nó­mi­co.

El movi­mien­to zapa­tis­ta no sólo abre el camino o la espe­ran­za del pre­sen­te o del futu­ro, no sólo de los mexi­ca­nos y mexi­ca­nas, sino para los pue­blos del mun­do. El Ya Bas­ta nos dio una señal de espe­ran­za no sólo a los mexi­ca­nos sino a los hom­bres y muje­res, jóve­nes, niños o ancia­nos de otros pue­blos del mun­do.

Sabe­mos luchar y lucha­mos des­de aba­jo, espe­ra­mos que con encuen­tros como éste(Encuentro de Pue­blos Indí­ge­nas de Amé­ri­ca) poda­mos plan­tear for­mas nue­vas, ya que no nece­si­ta­mos legis­la­cio­nes nacio­na­les e inter­na­cio­na­les de los malos gobier­nos que sólo for­ta­le­cen el mode­lo neo­li­be­ral capi­ta­lis­ta y que no saben reco­no­cer y res­pe­tar la autonomí­a que nues­tros pue­blos veni­mos ejer­cien­do, como un dere­cho his­tó­ri­co que de por sí­ nos corres­pon­de des­de siem­pre: nues­tro dere­cho a la libre deter­mi­na­ción y autonomí­a, al igual que nues­tras tie­rras y terri­to­rio, no se ven­den ni están suje­tas a nego­cia­ción. Es nece­sa­rio for­ta­le­cer las luchas de nues­tros pue­blos con nues­tras vidas, como la vida mis­ma de nues­tra madre tie­rra.

Los indí­ge­nas solos pues no vamos a ir más allá si no es con todos los her­ma­nos de los otros pue­blos del mun­do. La recons­truc­ción, la recons­ti­tu­ción de un nue­vo mun­do está en las manos de cada uno de nues­tros hom­bres y muje­res dig­nos de todos los pue­blos.

Auto­no­mías

Nun­ca nos han reco­no­ci­do. Nues­tro dere­cho ha que­da­do suel­to siem­pre y fue un espa­cio pro­pio que los gobier­nos apro­ve­cha­ron para saquear nues­tros recur­sos natu­ra­les en for­ma des­pia­da­da, lo que afec­tó pro­fun­da­men­te y en muchos casos des­apa­re­ció diver­sas espe­cies de ani­ma­les y plan­tas. Al no incluir nues­tros dere­chos man­tu­vie­ron a nues­tros pue­blos en una situa­ción de mar­gi­na­ción, olvi­do, aban­dono, des­cui­do, que sig­ni­fi­có la impo­si­ción de una cul­tu­ra dis­tin­ta, y con­se­cuen­te­men­te la des­apa­ri­ción de más de cien cul­tu­ras de más de 200 que exis­tían. Hoy sobre­vi­ven en una situa­ción de resis­ten­cia unas 56 cul­tu­ras nacio­na­les que nos que­dan.

Nues­tras leyes en los pue­blos indios, nacio­nes y tri­bus son más gran­des que las leyes men­ti­ro­sas o trai­do­ras de los Con­gre­sos de la Unión, de las Cáma­ras de dipu­tados o de sena­do­res de este país o de los legis­la­do­res de cual­quier par­te del mun­do. Las leyes de los pue­blos indí­ge­nas se res­pe­tan, son sagra­das, por­que en la con­cep­ción de los pue­blos indios le per­te­ne­ce­mos a nues­tra Madre Tie­rra y el aire es sagra­do, por eso no se pue­de ven­der, y el agua es sagra­da. Se ha demos­tra­do tam­bién con una lucha de resis­ten­cia, con una for­ma pro­pia de vida, a tra­vés de la defen­sa de los terri­to­rios que segui­mos pose­yen­do des­de antes de la épo­ca colo­nial, des­de antes de 1492; los terri­to­rios siguen pobla­dos, siguen jun­tos con los pue­blos indí­ge­nas, con las nacio­nes, con las tri­bus.

Lo que hoy vivi­mos (la Mar­cha del Color de la Tie­rra) es un puen­te, una alter­na­ti­va en la que vamos a encon­trar los cami­nos y los espa­cios den­tro del mar­co cons­ti­tu­cio­nal que nos per­mi­tan impul­sar nues­tro pro­pio pro­yec­to alter­na­ti­vo, polí­ti­co, his­tó­ri­co y eco­nó­mi­co: nues­tro pro­pio pro­yec­to edu­ca­ti­vo, de pro­duc­ción, de salud, de comu­ni­ca­ción, de apro­ve­cha­mien­to de nues­tros recur­sos, de fomen­to, y de la recons­truc­ción de nues­tras comu­ni­da­des, la recons­ti­tu­ción de nues­tros pue­blos. Hacer un esfuer­zo de recons­ti­tu­ción de nues­tro entorno a par­tir de los cono­ci­mien­tos his­tó­ri­cos, cul­tu­ra­les, que tie­nen un con­te­ni­do muy pro­fun­do, eco­ló­gi­co, en la visión de los pro­pios pue­blos indí­ge­nas.

Si se alcan­za el reco­no­ci­mien­to de los dere­chos y cul­tu­ra de los pue­blos indí­ge­nas, esta­ría­mos for­ta­le­cien­do las bases sóli­das de la sobe­ra­nía nacio­nal mis­ma, se for­ta­le­ce­ría la nación, se for­ta­le­ce­rán las estruc­tu­ras de la Cons­ti­tu­ción y se podría garan­ti­zar el correc­to apro­ve­cha­mien­to de los recur­sos, sobre una base sóli­da en la que no que­den suel­tos algu­nos espa­cios del mar­co cons­ti­tu­cio­nal como para que las trans­na­cio­na­les sigan hacien­do y des­ha­cien­do sobre los recur­sos estra­té­gi­cos del país.

Los pue­blos indí­ge­nas

Los pue­blos indí­ge­nas no sur­gen aho­ri­ta sino que siem­pre han esta­do allí, des­de mucho tiem­po antes del 12 de octu­bre de 1492. Estos pue­blos indí­ge­nas his­tó­ri­ca­men­te, a tra­vés de la memo­ria his­tó­ri­ca, fue­ron emi­nen­te­men­te muy res­pe­tuo­sos del eco­sis­te­ma. Siem­pre vivie­ron en un com­ple­to res­pe­to con el entorno, entre el hom­bre y la natu­ra­le­za.

Las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les capi­ta­lis­tas pre­ten­den aca­bar con nues­tros pue­blos, que ter­mi­ne­mos des­alen­tán­do­nos, des­ani­mán­do­nos y final­men­te opte­mos por ven­der la tie­rra y dejar nues­tros terri­to­rios y nues­tros pue­blos. Así como vemos que el gobierno en vez de apo­yar a los pue­blos indí­ge­nas cada vez más nos olvi­dan, cada vez el saqueo de nues­tras made­ras es más y cada vez es el empre­sa­rio el que se lle­va las ganan­cias, y cada vez la pobre­za de noso­tros con­ti­núa igual, o se agra­va o es peor.

El Maíz

El maíz es nues­tra san­gre, el maíz es nues­tra vida, es el niño, la niña maíz. Es el joven, la joven maíz, es la her­ma­na, el her­mano maíz, es el padre y la madre maíz, es la abue­la y es el abue­lo maíz. Somos pues los hom­bres de maíz que igual que la huma­ni­dad son de todos los colo­res de la tie­rra, por­que nos naci­mos de la tie­rra de todos los colo­res que somos. Está repre­sen­ta­do en cada uno de los colo­res del mun­do.

La tie­rra

En la con­cep­ción del indí­ge­na, a la tie­rra se le con­si­de­ra sagra­da, se le con­si­de­ra como la madre de la cual los pue­blos, el ser humano mis­mo tie­ne su ori­gen. Por tan­to, hay esa rela­ción his­tó­ri­ca de res­pe­to mutuo de todo lo que sur­ge de la tie­rra: las plan­tas, los ani­ma­les, las aguas, los vien­tos, los cami­nos, lo que sem­bra­mos, las semi­llas y el cerro, los gran­des valles. Siem­pre se vivió en armo­nía, siem­pre hubo moti­vos de fies­ta: cuan­do llo­vía, cuan­do gra­ni­za­ba, cuan­do hacia vien­to, cuan­do no llo­vía, cuan­do tenía­mos que arar la tie­rra, cuan­do tenía­mos que sem­brar las semi­llas, cuan­do tenía­mos que cul­ti­var, cuan­do tenía­mos que cose­char, cuan­do tene­mos que ali­men­tar­nos. Esa rela­ción en la memo­ria his­tó­ri­ca siem­pre ha exis­ti­do.

El repar­to agra­rio, que teó­ri­ca­men­te se pudo enten­der así para quie­nes así lo quie­ran, en reali­dad jamás se hizo, por lo menos en la cues­tión indí­ge­na. En los terri­to­rios de los pue­blos, nacio­nes o tri­bus indí­ge­nas se sem­bra­ron los eji­dos ‑favo­re­cien­do en muchos de los casos a “peque­ños pro­pie­ta­rios” camu­fla­jea­dos, que eran lati­fun­dis­tas o mexi­ca­nos soli­ci­tan­tes de tie­rras y que los cons­ti­tu­ye­ron como eji­da­ta­rios en los terri­to­rios de los pue­blos indí­ge­nas- y no se reco­no­cie­ron los dere­chos que plas­ma­ba el artícu­lo 27 cons­ti­tu­cio­nal del cons­ti­tu­yen­te de 1910 – 17, don­de esta­ble­cía que los bie­nes comu­na­les que de hecho o por dere­cho guar­da­ran el esta­do comu­nal, debían con­fir­mar­se y titu­lar­se a favor de los pue­blos indí­ge­nas.

En el 92 Car­los Sali­nas de Gor­ta­ri, al refor­mar el artícu­lo 27 cons­ti­tu­cio­nal no sólo afec­ta a las comu­ni­da­des, nacio­nes, tri­bus y pue­blos indí­ge­nas, sino que trai­cio­na al pue­blo de Méxi­co por­que vul­ne­ra la sobe­ra­nía nacio­nal y abre las con­di­cio­nes para la fir­ma del Tra­ta­do de Libre Comer­cio (TLC), el ALCA, el Plan Pue­bla Pana­má, el Plan Andino o el Plan Colom­bia. Se vie­nen como torren­tes que res­pon­den todos a los intere­ses del capi­ta­lis­mo, de las gran­des trans­na­cio­na­les, de los gran­des gru­pos finan­cie­ros, y se con­su­ma la trai­ción. Se trai­cio­na a la Revo­lu­ción Mexi­ca­na, al pue­blo de Méxi­co, y se aca­ban las espe­ran­zas de este país, de esta nues­tra patria, de este nues­tro Méxi­co. Pen­sa­ban echar a andar el TLC en enero del 94. Fue jus­ta­men­te cuan­do la dig­ni­dad zapa­tis­ta le decla­ra el Ya Bas­ta al mal gobierno del trai­dor Sali­nas.

Los paí­ses ricos, si siguen sor­dos, cie­gos, sin sen­tir, sin sen­ti­do, sin cora­zón, pues están des­tru­yen­do no sólo a los pue­blos del mun­do sino que se están des­tru­yen­do por­que aten­tan con­tra la huma­ni­dad mis­ma, el mun­do mis­mo, por el exce­so de con­ta­mi­na­ción de las gran­des indus­trias.

El sis­te­ma polí­ti­co actual

Del mar­co legal que pudié­ra­mos pen­sar como una espe­ran­za de jus­ti­cia en la Cons­ti­tu­ción, ya no hay nada. Des­tru­ye­ron la Cons­ti­tu­ción, aho­ra las leyes todo le favo­re­cen al pode­ro­so, al rico, al que tie­ne el poder polí­ti­co; aho­ra las leyes no favo­re­cen a nadie de los tra­ba­ja­do­res, del pue­blo de Méxi­co, ni a las comu­ni­da­des, ni a nues­tros pue­blos indí­ge­nas: a nadie, todo está orien­ta­do a for­ta­le­cer ganan­cias a los empre­sa­rios, a los capi­ta­lis­tas, y para el tra­ba­ja­dor pura pobre­za, puro dolor, pura deses­pe­ra­ción, puro sufri­mien­to y, sobre todo, no hay futu­ro para los jóve­nes o para los niños en esas con­di­cio­nes.

Un mun­do don­de que­pan muchos mun­dos

La con­se­cuen­cia de la deses­pe­ra­ción de las poten­cias por seguir impo­nien­do sus polí­ti­cas hege­mó­ni­cas eco­nó­mi­cas es que siguen con el signo del etno­ci­dio, del eco­ci­dio, del geno­ci­dio. Esto nos lle­va a refle­xio­nar a todos los hom­bres y muje­res dig­nos de todos los pue­blos del mun­do; refle­xio­nar y bus­car acuer­dos y con­sen­sos para asu­mir una posi­ción dig­na que nos per­mi­ta man­te­ner un equi­li­brio de res­pe­to entre nues­tros pue­blos y la natu­ra­le­za mis­ma.

Tene­mos que pen­sar en la recons­truc­ción no sólo de un nue­vo país o un nue­vo pue­blo, sino de un nue­vo mun­do, más jus­to, más jus­ti­cia demo­crá­ti­ca, y que nos per­mi­ta seguir coexis­tien­do entre los pue­blos del mun­do pero en un mar­co de equi­li­brio de los eco­sis­te­mas, de res­pe­to con cali­dad huma­na, con la natu­ra­le­za mis­ma.

Para eso tene­mos que aca­bar con el capi­ta­lis­mo, con el mode­lo neo­li­be­ral capi­ta­lis­ta, y con todos los ten­tácu­los de ese mons­truo: ese pul­po que el Ban­co Mun­dial (BM), el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI), el Ban­co Inter­ame­ri­cano de Desa­rro­llo (BID), la Orga­ni­za­ción Mun­dial de Comer­cio (OMC) y todas las trans­na­cio­na­les que des­tru­yen a la Madre Tie­rra y de paso van con­tra la huma­ni­dad, con­tra la vida. Todo lo quie­ren, no se sacian, van por todo.

Los salu­da­mos con nues­tro cora­zón. Igual les pedi­mos que a los cora­zo­nes de todos los her­ma­nos de estos pue­blos que no nos aban­do­nen, no nos dejen. Que los cora­zo­nes de uste­des, de noso­tros, pues siga­mos cami­nan­do y cami­nan­do. Tene­mos que seguir cami­nan­do.

Igual les pedi­mos que no se olvi­den de los her­ma­nos zapa­tis­tas, sigan con ellos, sigan pla­ti­can­do, sigan com­par­tien­do en sus cora­zo­nes, que noso­tros tam­bién igual esta­mos en una mis­ma fami­lia.

(Estos pen­sa­mien­tos de don Juan Chá­vez fue­ron obte­ni­dos y edi­ta­dos de su par­ti­ci­pa­ción en el Con­gre­so de la Unión, duran­te la Mar­cha del Color de la Tie­rra; de algu­nas de sus apa­ri­cio­nes públi­cas ante los pue­blos rará­mu­ri, seri y yaqui duran­te la gira de la Comi­sión Sex­ta del EZLN; en entre­vis­ta con la Con­fe­de­ra­ción Gene­ral del Tra­ba­jo (CGT) de Espa­ña; y en el fes­ti­val de la Dig­na Rabia de diciem­bre de 2008. Reco­pi­la­ción de Ada­zahi­ra Chá­vez)

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *