«El gri­to» más caro de la his­to­ria del arte

Momento de la subasta de la obra de Munch en la casa Sotheby's de Nueva York.
El grito
La subas­ta de El Gri­to de Edvard Munch con­gre­gó el miér­co­les tal aglo­me­ra­ción de gen­te que el sis­te­ma on line de Sotheb­y’s se colap­só varias veces. Sin embar­go, los pos­to­res ‑tan­to en la sede de Nue­va York como por telé­fono- no nece­si­ta­ron más que unos pocos minutos.Poco antes de las ocho de la tar­de la sala de Sotheb­y’s de Nue­va York que­dó en com­ple­to silen­cio para dar ini­cio a la puja por El Gri­to. Empe­za­ron inter­vi­nien­do sie­te com­pra­do­res en un inter­cam­bio de cifras de vér­ti­go que ter­mi­nó redu­ci­do a una bata­lla entre dos per­so­nas anó­ni­mas a tra­vés del telé­fono. Doce minu­tos más tar­de la obra fue adju­di­ca­da a un pre­cio de mar­ti­llo de 107 millo­nes de dóla­res, una cifra que con las corres­pon­dien­tes comi­sio­nes que­dó final­men­te en 119,9 millo­nes de dóla­res (91 millo­nes de euros). Nue­vo récord mun­dial.

Has­ta aho­ra, el récord de la obra de arte más cara ven­di­da jamás en una subas­ta corres­pon­día al Des­nu­do, hojas ver­des y bus­to, de Pablo Picas­so, que recau­dó 106,5 millo­nes de dóla­res hace dos años. No obs­tan­te, en 2006 el No. 5, 1948, de Pollock, y Ade­le Bloch-Bauer I, de Klimt, se ven­die­ron por 140 y 135 millo­nes de dóla­res, res­pec­ti­va­men­te.

El Gri­to del norue­go Munch tenía un valor esti­ma­do de 80 millo­nes de dóla­res, y jus­to cuan­do se alcan­zó esa can­ti­dad se detu­vie­ron las pujas. Has­ta que el subas­ta­dor jefe de Sotheb­y’s, Tobias Meyer, con­si­guió ani­mar a otros dos pos­to­res. «Esto no ha sido todo», dijo enton­ces el ale­mán. Y no lo fue. El mazo sonó cuan­do se alcan­za­ron los 107 millo­nes de dóla­res. «Un día his­tó­ri­co», dijo Meyer.

En el mer­ca­do del arte todo pare­ce posi­ble, y el subas­ta­dor jefe, visi­ble­men­te ali­via­do, espe­tó son­rien­te al pos­tor tele­fó­ni­co un I love you. Aun­que tan­to amor no sor­pren­de, pues el des­co­no­ci­do com­pra­dor sol­ta­rá casi 13 millo­nes de dóla­res como comi­sión para Sotheb­y’s.

De momen­to, se des­co­no­ce el nom­bre del com­pra­dor ‑el cua­dro podría haber sido adqui­ri­do por el emi­ra­to de Catar‑, pero sí se sabe quién era el ven­de­dor: la obra per­te­ne­cía a Pet­ter Olsen, cuyo padre fue una vez vecino de Edvard Munch. En 2013, con moti­vo del 150 ani­ver­sa­rio del pin­tor norue­go, un edi­fi­cio de los Olsen alber­ga­rá un nue­vo museo en honor a Munch.

«Aho­ra espe­ro que tam­bién noso­tros en Norue­ga poda­mos admi­nis­trar mejor la heren­cia de Munch», dijo su here­de­ra Eli­sa­beth Munch-Elling­sen. Y es que, en reali­dad, no se subas­tó El Gri­to, sino un Gri­to, una de las cua­tro ver­sio­nes exis­ten­tes. Las otras tres cuel­gan en las pare­des de museos norue­gos.

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