Las colo­nias del siglo XXI- Mar­cha

Mal­vi­nas podría ser la pun­ta de lan­za para la dis­cu­sión se su situa­ción. Dón­de están y cómo fun­cio­nan las colo­nias moder­nas de la Coro­na.

De los 16 encla­ves colo­nia­les que aún per­sis­ten en el mun­do, 11 están bajo la órbi­ta del Rei­no Uni­do, inclui­das nues­tras Islas Mal­vi­nas. Para los bri­tá­ni­cos se tra­ta de “terri­to­rios de ultra­mar”; según la ONU son “terri­to­rios no autó­no­mos” y están en el cen­tro del deba­te del Comi­té de Des­co­lo­ni­za­ción, crea­do para resol­ver los casos de estos “paí­ses sin gobierno pro­pio”, como los defi­ne el artícu­lo 73 de la Car­ta de las Nacio­nes Uni­das en 1946. Ade­más de Mal­vi­nas, el Rei­no Uni­do admi­nis­tra la eco­no­mía y las rela­cio­nes inter­na­cio­na­les de Angui­la, a 240 km de Puer­to Rico; Ber­mu­das, en el Atlán­ti­co Nor­te; Gibral­tar, en la penín­su­la Ibé­ri­ca; Islas Cai­mán, al noroes­te de Jamai­ca; Islas Tur­cas y Cai­cos, al nor­te de Hai­tí; Pit­cairn, en la Poli­ne­sia; Islas Vír­ge­nes Bri­tá­ni­cas, al este de Puer­to Rico; Mon­tse­rrat, al sudes­te de Puer­to Rico; San­ta Ele­na, isla al oes­te de la cos­ta afri­ca­na, y Toke­lau, en el Océano Pací­fi­co Sur.

En la mayo­ría de los casos se tra­ta de peque­ños archi­pié­la­gos o islas que jun­tas no lle­gan a sumar 350.000 habi­tan­tes pero que han dado de que hablar en la his­to­ria recien­te de la poten­cia colo­nial. Sin repre­sen­ta­ción par­la­men­ta­ria, pero con un gober­na­dor ele­gi­do por “Su Majes­tad”, estos encla­ves colo­nia­les bri­tá­ni­cos no apor­tan gran­des recur­sos eco­nó­mi­cos ‑al con­tra­rio, en muchos casos se con­vier­ten en un gas­to para la corona‑, pero sí se han reve­la­do como estra­té­gi­cos para nego­ciar con otras poten­cias ‑Esta­dos Uni­dos obtu­vo el arrien­do de par­tes de terri­to­rios de Ber­mu­da y de las Islas Tur­cas y Cai­cos para cons­truir bases mili­ta­res estra­té­gi­cas en el Caribe‑, y sie­te de ellos son con­si­de­ra­dos como paraí­sos fis­ca­les según la Orga­ni­za­ción para la Coope­ra­ción y el Desa­rro­llo Eco­nó­mi­co (OCDE). En la mayo­ría de los casos, el mode­lo polí­ti­co per­mi­te un cogo­bierno entre un pri­mer minis­tro, ele­gi­do por el voto de los habi­tan­tes de la colo­nia, y un gober­na­dor impues­to por el Rei­no Uni­do. Sin embar­go, en varias oca­sio­nes este sis­te­ma ha fra­ca­sa­do y la balan­za se incli­nó hacia el lado de los intere­ses bri­tá­ni­cos.

Cari­be, entre nar­co­trá­fi­co y paraí­sos fis­ca­les

En 1985 la noti­cia del arres­to de Nor­man Saun­ders, pri­mer minis­tro de las Islas Tur­cas y Cai­cos y su minis­tro de Desa­rro­llo, Staf­ford Mis­sick, gene­ró fuer­tes reper­cu­sio­nes en el Rei­no Uni­do. En Mia­mi se lo acu­só de reci­bir 30.000 dóla­res de agen­tes encu­bier­tos esta­dou­ni­den­ses para que las islas se con­vir­tie­ran en lugar de trán­si­to de los avio­nes que trans­por­ta­ban cocaí­na des­de Colom­bia hacia Esta­dos Uni­dos. Fue el pun­to de par­ti­da para una serie de inves­ti­ga­cio­nes que demos­tra­ron que las islas se con­vir­tie­ron en uno de los prin­ci­pa­les pun­tos para el trans­por­te del nar­co­trá­fi­co cen­tro­ame­ri­cano. Bajo el man­da­to del ex gober­na­dor Mar­tin Bour­ke, en los años ’90 se inten­si­fi­có el rol de la isla en el comer­cio de dro­gas y el laxis­mo con que las auto­ri­da­des enfren­ta­ron el pro­ble­ma, cau­san­do la irri­ta­ción de la coro­na ‑el excén­tri­co Bour­ke lle­gó a dar todos los deta­lles a la revis­ta bri­tá­ni­ca Offsho­re Finan­ce Annual admi­tien­do no tener nin­gún plan para con­tra­rres­tar el deli­to-. En esos mis­mo años, el gobierno com­par­ti­do entre el gober­na­dor y un pri­mer minis­tro ele­gi­do en elec­cio­nes, lle­gó a hun­dir los bar­cos de inmi­gran­tes hai­tia­nos que se acer­ca­ban a las cos­tas de las islas.

Sin embar­go, el prin­ci­pal atrac­ti­vo de las Islas Tur­cas y Cai­cos es el extre­ma­da­men­te per­mi­si­vo sis­te­ma tri­bu­ta­rio, que las con­vir­tie­ron en una de las sedes favo­ri­tas de dece­nas de miles de empre­sas offsho­re. Con sie­te ban­cos para una pobla­ción de 15.000 habi­tan­tes, las Islas Tur­cas y Cai­cos han pro­fun­di­za­do en los últi­mos años su ten­den­cia a hos­pe­dar todo tipo de nego­cios. A par­tir de una serie de denun­cias de corrup­ción que envol­vie­ron al ex pri­mer minis­tro Michael Misick, el Rei­no Uni­do dic­tó una reso­lu­ción que sus­pen­dió la par­ti­ci­pa­ción de los isle­ños en el gobierno de la colo­nia y tras­la­dó todo el poder al gober­na­dor ele­gi­do por la rei­na. Esta acti­tud pro­vo­có la preo­cu­pa­ción de los paí­ses agru­pa­dos en la Comu­ni­dad del Cari­be (CARICOM), que ade­más de denun­ciar el “inten­to de reco­lo­ni­za­ción de las islas”, advir­tie­ron acer­ca de que “a impo­si­ción del gobierno direc­to con­tra­vie­ne total­men­te el desa­rro­llo de las prác­ti­cas de buen gobierno, inclui­da la mejo­ra de la ges­tión fis­cal y admi­nis­tra­ti­va, en las Islas Tur­cas y Cai­cos”.

Algo muy pare­ci­do es lo que pasa hoy en las Islas Cai­man, otro encla­ve colo­nial bri­tá­ni­co que está en la cima del lis­ta­do de paraí­sos fis­ca­les jun­to con Sui­za y Luxem­bur­go. De los más de 270 ban­cos acti­vos en las islas, sólo 19 están habi­li­ta­dos para ope­rar en las finan­zas inter­nas. El res­to están dedi­ca­dos a ofre­cer ser­vi­cios a empre­sas y par­ti­cu­la­res extran­je­ros. A tra­vés de una serie de refor­mas en la legis­la­ción de la isla, a par­tir de la com­pro­ba­ción de casos de lava­do de dine­ro y finan­cia­ción del nar­co­trá­fi­co, el Rei­no Uni­do pro­mo­vió la cir­cu­la­ción de la infor­ma­ción fis­cal de las islas hacia Lon­dres, estan­do cons­tan­te­men­te al tan­to de los gran­des movi­mien­tos finan­cie­ros que allí ocu­rren.

A la lis­ta de encla­ves colo­nia­les del Rei­no Uni­do con­si­de­ra­dos como paraí­sos fis­ca­les, se le suman Angui­la, Ber­mu­das, Gibral­tar, las Islas Vír­ge­nes Bri­tá­ni­cas y Mon­tse­rrat.

Resis­ten­cias

Las recien­tes pre­sen­ta­cio­nes argen­ti­nas en diver­sos foros inter­na­cio­na­les acer­ca de la sobe­ra­nía de las Islas Mal­vi­nas, reavi­va­ron la dis­cu­sión acer­ca de la des­co­lo­ni­za­ción de los terri­to­rios sobre los cua­les Gran Bre­ta­ña tie­ne inje­ren­cia direc­ta. Sin embar­go, son muy pocos los luga­res don­de haya una real dispu­ta acer­ca de la sobe­ra­nía, o exis­tan movi­mien­tos que recla­men la inde­pen­den­cia. La estra­te­gia de la coro­na se basa en pro­cla­mar­se como sim­ple admi­nis­tra­do­ra de los intere­ses eco­nó­mi­cos de sus colo­nias, dejan­do a los resi­den­tes cier­to mar­gen de liber­tad polí­ti­ca.

Así como en 1982, el Rei­no Uni­do plan­teó la nece­si­dad de recu­pe­rar las Mal­vi­nas a tra­vés de la inter­ven­ción mili­tar, las fuer­zas arma­das bri­tá­ni­cas inter­vi­nie­ron para aplas­tar los inten­tos de inde­pen­den­cia en otras colo­nias. En Angui­la, en 1969, los para­caí­dis­tas ingle­ses sofo­ca­ron la rebe­lión sur­gi­da a par­tir de un refe­rén­dum que decla­ró a la isla inde­pen­dien­te. Dos años más tar­de se impu­so una cons­ti­tu­ción que otor­ga­ba cier­ta auto­no­mía a la isla pero la man­te­nía bajo el domi­nio bri­tá­ni­co.

En las Ber­mu­das, en 1973, el gober­na­dor Richard Shar­ples y su ayu­dan­te de cam­po fue­ron ase­si­na­dos por acti­vis­tas del Black Beret Cadre, un gru­po vin­cu­la­do a los movi­mien­tos del Black Power que se desa­rro­lla­ron en los años ’70 en el Cari­be y Nor­te­amé­ri­ca. En su decla­ra­ción, el prin­ci­pal acu­sa­do del ase­si­na­to, Ers­ki­ne Durrant «Buck» Burrows, ase­gu­ró que el obje­ti­vo era “bus­car que la pobla­ción, los negros en par­ti­cu­lar, tomen con­cien­cia de la mal­dad y la per­ver­si­dad del sis­te­ma colo­nial en la isla. En segun­do lugar, el moti­vo era mos­trar que estos colo­nos son per­so­nas comu­nes como noso­tros que comen, duer­men y mue­ren como cual­quier otra per­so­na y que no nece­si­ta­mos vivir en el mie­do y el temor”. Sin embar­go en 1995 el 75% de la pobla­ción votó en con­tra de la inde­pen­den­cia en un refe­ren­dum cons­ti­tui­do ad hoc.

Jun­to con Mal­vi­nas, Gibral­tar es qui­zás el úni­co terri­to­rio que hoy vive una real dispu­ta por la sobe­ra­nía. El esta­do espa­ñol recla­ma a Gran Bre­ta­ña la tenen­cia del Peñón situa­do en la pun­ta más aus­tral de la Penín­su­la Ibé­ri­ca, aun­que las nego­cia­cio­nes, en este momen­to, han lle­ga­do a un pun­to muer­to.

En este con­tex­to, la dispu­ta por la sobe­ra­nía de las Islas Mal­vi­nas se con­vier­te en el prin­ci­pal esce­na­rio en que se lle­va a cabo la bata­lla por la des­co­lo­ni­za­ción. Las islas son qui­zás el úni­co encla­ve colo­nial bri­tá­ni­co con posi­bi­li­da­des de desa­rro­llo des­li­ga­do del turis­mo y la espe­cu­la­ción finan­cie­ra. La pes­ca, la gana­de­ría y la recien­te posi­bi­li­dad de extraer petró­leo de las cos­tas de las Mal­vi­nas las con­vier­ten en la colo­nia más codi­cia­da de las 11 que hoy sigue man­te­nien­do el Rei­no Uni­do. De sos­te­ner­se la dispu­ta en los ámbi­tos inter­na­cio­na­les, la reso­lu­ción podría sen­tar un pre­ce­den­te his­tó­ri­co para el res­to, una posi­bi­li­dad que la coro­na no pare­ce que­rer tran­si­tar.

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