El lar­go camino de las muje­res afga­nas

Más de diez años des­pués de la caí­da del régi­men tali­bán, toda­vía per­du­ran leyes machis­tas en el país asiá­ti­co.

Duran­te el nefas­to régi­men talibán,de 1996 a 2001, uno de los colec­ti­vos que más sufrió la bru­tal repre­sión de los faná­ti­cos reli­gio­sos fue el de las muje­res. El Gobierno del mulá Omar cer­ce­nó todos sus dere­chos fun­da­men­ta­les, con­vir­tién­do­las en ciu­da­da­nas de ter­ce­ra. Las prohi­bió tra­ba­jar, cerró las escue­las de niñas, las obli­ga­ba a salir de casa acom­pa­ña­das por un varón de su fami­lia y lapi­dó públi­ca­men­te a las acu­sa­das de adul­te­rio o pros­ti­tu­ción. Lle­vó has­ta el últi­mo extre­mo el popu­lar dicho pas­tún: «Todas las muje­res son des­pre­cia­bles, inclui-das tu madre y tu her­ma­na».
Una déca­da de cam­bio ha ser­vi­do para que empie­cen a notar­se peque­ños avan­ces en lo que se refie­re a los dere­chos de las muje­res. En el Par­la­men­to, en las escue­las, en la Admi­nis­tra­ción Públi­ca e, inclu­so, en el Ejér­ci­to, la mujer ha ido recu­pe­ran­do los pues­tos de rele­van­cia que tenía antes de la lle­ga­da del régi­men tali­bán. Pero el camino aún es lar­go. «Afga­nis­tán sigue sien­do un país machis­ta; los cam­bios no son sufi­cien­tes. Actual­men­te, si una mujer pasa una noche fue­ra de casa, se la con­si­de­ra una adúl­te­ra y es encar­ce­la­da», expli­ca Móni­ca Ber­na­bé, pre­si­den­ta de la Aso­cia­ción por los Dere­chos Huma­nos en Afga­nis­tán y que lle­va 12 años luchan­do por los dere­chos de las muje­res en este país. «Ade­más, siguen exis­tien­do matri­mo­nios con­cer­ta­dos don­de las niñas son obli­ga­das a casar­se con hom­bres que les tri­pli­can la edad. Que­da un lar­go camino por delan­te», aña­de.
«El pro­ble­ma no sub­ya­ce en el bur­ka; hay que ir más allá», decla­ra una acti­vis­ta
Uno de los mayo­res avan­ces con­se­gui­dos ha sido la posi­bi­li­dad de fun­dar aso­cia­cio­nes de muje­res des­de las que luchar. «Es cier­to que la situa­ción ha mejo­ra­do, pero ese cam­bio es sólo per­cep­ti­ble en las gran­des ciu­da­des. En las zonas rura­les, las muje­res afga­nas siguen sin tener unos dere­chos que están reco­gi­dos en la Cons­ti­tu­ción», afir­ma Sohai­la, acti­vis­ta de Afghan Wome­n’s Net­work, aso­cia­ción de muje­res que englo­ba a 60 agru­pa­cio­nes en todo el país.
«Las afga­nas aún tene­mos un lar­go camino por reco­rrer para con­se­guir equi­pa­rar­nos a los hom­bres. Segui­mos some­ti­das a su yugo, por eso deben erra­di­car­se algu­nas leyes machis­tas», sen­ten­cia Sohai­la. «Des­de Occi­den­te se tie­ne una visión equi­vo­ca­da de la situa­ción de la mujer afga­na», con­ti­núa. «El pro­ble­ma no sub­ya­ce en el bur­ka; hay que ir más allá, com­pren­der que el actual Gobierno pro­mul­gó una ley que per­mi­tía a los chií­tas abu­sar de su espo­sa si esta se nega­ba a tener rela­cio­nes sexua­les, ley que final­men­te tuvo que dero­gar por la pre­sión inter­na­cio­nal. Esa es la cla­se de leyes que tra­ta­mos de erra­di­car», espe­ci­fi­ca la acti­vis­ta. «Y, si un hom­bre es con­de­na­do a una pena de pri­sión, pue­de con­do­nar­la obli­gan­do a su mujer a cum­plir­la por él», deta­lla, indig­na­da.
Otra de las que­jas recu­rren­tes de las aso­cia­cio­nes es la actual com­po­si­ción del par­la­men­to. «Un par­la­men­to que da cobi­jo a cri­mi­na­les de gue­rra no pue­de ser capaz de legis­lar a favor de las muje­res. Así es impo­si­ble que se avan­ce», denun­cia Ber­na­bé.

Pre­ca­rie­dad en el rural

Las leyes son uno de los prin­ci­pa­les pro­ble­mas a los que tie­nen que enfren­tar­se las afga­nas. Sólo el 11% de los jue­ces ha estu­dia­do Dere­cho. El res­to son mulás o auto­ri­da­des reli­gio­sas que uti­li­zan el Corán como sanc­ta­sanc­tó­rum a la hora de impar­tir jus­ti­cia. En la mayo­ría de los casos, se pos­tu­lan a favor del hom­bre; un han­di­cap para toda mujer que quie­ra recla­mar jus­ti­cia. A eso hay que aña­dir que sólo en las gran­des ciu­da­des del país exis­ten juz­ga­dos.
Sólo el 11% de los jue­ces sabe Dere­cho. El res­to impar­te jus­ti­cia con el Corán
En las gran­des urbes, el cam­bio es más que evi­den­te. Muje­res maqui­lla­das bajo los hiyab. Niñas acu­dien­do a la escue­la. Muje­res mani­fes­tán­do­se por las calles para cele­brar el Día Inter­na­cio­nal de la Mujer Tra­ba­ja­do­ra. Un cam­bio pal­pa­ble y espec­ta­cu­lar. Pero no todo el país ha evo­lu­cio­na­do igual. «En muchas zonas rura­les, la mujer no tie­ne ni la posi­bi­li­dad de acu­dir a un hos­pi­tal a dar a luz», comen­ta Sohai­la. Los datos corro­bo­ran sus pala­bras. Afga­nis­tán osten-ta el tris­te récord de mor­ta­li­dad materno-infan­til más alta del mun­do. Según datos de la ONU, por cada 100. 000 naci­dos, falle­cen 6.500 madres.
En cuan­to a edu­ca­ción, des­de 2002 se con­si­guió un aumen­to nota­ble en el núme­ro de matri­cu­la­cio­nes en las escue­las feme­ni­nas: de unas 5.000 duran­te la épo­ca tali­bán a los 2,4 millo­nes de niñas matri­cu­la­das hoy. Pero estos datos se han estan­ca­do en las últi­mas fechas. «La pobre­za, la inse­gu­ri­dad, la fal­ta de pro­fe­so­ras y unas escue­las mal equi­pa­das están minan­do la edu­ca­ción de las niñas», afir­ma Ash­ley Jack­son, res­pon­sa­ble del infor­me de Inter­món Mucho en Jue­go. La edu­ca­ción de las niñas en Afga­nis­tán.
En algu­nas pro­vin­cias, ade­más, menos de un 10% de las niñas asis­ten a la escue­la, mien­tras que tres cuar­tas par­tes de las que viven en Kabul sí lo hacen. Algu­nas deben cami­nar más de tres horas para ir al cole­gio más cer­cano. «En las zonas rura­les no es tra­di­ción que las niñas acu­dan al cole­gio. Muchas son casa­das con ape­nas 12 años para que la fami­lia pue­da reci­bir una dote de entre 2500 y 3000 dóla­res. Son una impor­tan­te fuen­te de ingre­sos», lamen­ta Sohai­la.

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