La “obra social” de la ban­ca usu­re­ra- Patxi Zamo­ra

Un esta­do con millo­nes de vivien­das vacías y miles de per­so­nas desahu­cia­das, median­te leyes ter­cer­mun­dis­tas que favo­re­cen a la delin­cuen­cia espe­cu­la­ti­va, es insos­te­ni­ble. La usu­ra del siglo XXI mere­ce que movi­mien­tos socia­les, sin­di­ca­les, polí­ti­cos y la ciu­da­da­nía se impli­quen para com­ba­tir­la.

1‑Pareja con hijos y tra­ba­jo esta­ble fir­ma un cré­di­to con enti­dad ban­ca­ria para, pre­via tasa­ción, la com­pra de vivien­da; para ello la hipo­te­ca y la ava­la con la de otros fami­lia­res. Tras años pagan­do pun­tual­men­te, la pare­ja que­da en el paro, como con­se­cuen­cia de la cri­sis, y no pue­de seguir abo­nan­do los reci­bos. Acu­de al ban­co y le plan­tea una mora­to­ria o bien la entre­ga (dación en pago) de la vivien­da. Tam­bién le ofre­ce a la enti­dad la pro­pie­dad de la vivien­da y que ésta se la real­qui­le a pre­cio de mer­ca­do. La res­pues­ta es nega­ti­va para cual­quie­ra de las posi­bi­li­da­des y se le comu­ni­ca que, en caso de impa­go, será desahu­cia­da, sus fami­lia­res ava­lis­tas tam­bién y man­ten­drá la deu­da de por vida. Por su par­te el ban­co subas­ta­rá la vivien­da (con la nue­va moda­li­dad exprés, a tra­vés de las nota­rías, podría auto subas­tár­se­la por un pre­cio ridícu­lo y reven­der­la por lo que esti­me). Así habrá cobra­do miles de euros de la hipo­te­ca duran­te años, se lucra­rá en la ven­ta tras el desahu­cio, apro­pia­rá de la vivien­da ava­la­do­ra y man­ten­drá la deu­da de sus clien­tes.

2‑Las cons­truc­to­ras más impor­tan­tes han con­se­gui­do no pocos con­tra­tos millo­na­rios gra­cias a sobor­nos a los polí­ti­cos. ¿Alguien ha vis­to a sus eje­cu­ti­vos, que en defi­ni­ti­va fue­ron los que inci­ta­ron a delin­quir y entre­ga­ron la mor­di­da, acu­dir a los juz­ga­dos a decla­rar como impu­tados? Los ban­que­ros Iba­rra y Botín, reco­no­cien­do implí­ci­ta­men­te su deli­to, des­cui­do según ellos, han teni­do que pagar millo­nes de euros por impues­tos de can­ti­da­des astro­nó­mi­cas eva­di­das al fis­co. Habrá quien me acu­se de dema­go­gia, pero la reali­dad es toda­vía mucho más cru­da. La hipo­cre­sía y el des­ca­ro del sis­te­ma y sus delin­cuen­tes de guan­te blan­co pasean su impu­ni­dad ante las tra­ge­dias que se están vivien­do. No hay esta­do de dere­cho cuan­do exis­te una jus­ti­cia para los pobres (aho­ra les lla­man “de esca­sos recur­sos”) y otra para los pró­ce­res de la nación. Y como decía San Agus­tín, “un país que no tie­ne Jus­ti­cia equi­va­le a una ban­da de ladro­nes”. Con la ley actual en la mano resul­ta evi­den­te que la vivien­da no es un dere­cho sino un pro­duc­to espe­cu­la­ti­vo. A las mis­mas enti­da­des ban­ca­rias que reci­ben miles de millo­nes de ayu­das públi­cas y que finan­cian gene­ro­sa­men­te la visi­ta del Papa, ONGs o, como Ban­ca Cívi­ca, reco­gen ali­men­tos para nece­si­ta­dos, no les tiem­bla el pul­so para dejar en la calle a fami­lias sin ingre­sos por la pér­di­da de sus pues­tos de tra­ba­jo.

Des­de el comien­zo de la cri­sis en 2007, en Eus­kal Herria se han lle­va­do a cabo unas 7400 eje­cu­cio­nes hipo­te­ca­rias, la mitad por la fuer­za, dejan­do, en cada una de ellas, a una fami­lia sin casa y otra casa des­ha­bi­ta­da. En el esta­do espa­ñol 70 mil pier­den su vivien­da cada año. ¿Nadie se va a plan­tear que esto no ocu­rre por­que sí, que tie­ne unas cau­sas y que habrá que dar solu­cio­nes? La cau­sa no es otra que la deri­va finan­cie­ra del capi­ta­lis­mo que ya estu­dia­ra Car­los Marx, toda­vía tan vigen­te en sus aná­li­sis. Una eco­no­mía de casino lega­li­za­da al ser­vi­cio de gangs­ters que son adu­la­dos por reyes y gober­nan­tes pres­tos a seguir sus direc­tri­ces y su ejem­plo. Entre 1997 y 2007 el cos­te de la vivien­da libre se tri­pli­có arti­fi­cial­men­te al mis­mo tiem­po que no exis­te en el mun­do esta­do con tan­tas vivien­das vacías (6 millo­nes según el INE). Los años del “todo urba­ni­za­ble” y los cré­di­tos fáci­les para el nego­cio de la ven­ta de hipo­te­cas en la Bol­sa (una locu­ra tram­po­sa, jugar con las hipo­te­cas como si ya estu­vie­ran cobra­das) han deri­va­do en la mayor cri­sis eco­nó­mi­ca cono­ci­da, agu­di­za­da por los inde­cen­tes suel­dos y die­tas de eje­cu­ti­vos de ban­cos y cons­truc­to­ras y car­gos públi­cos que, jun­to a los divi­den­dos a los espe­cu­la­do­res se jala­ron todos los bene­fi­cios del boom. Las gran­des plus­va­lías del sue­lo han ido a parar a manos de unos pocos. Entre 2002 y 2005 el seg­men­to del 10% más rico incre­men­tó su patri­mo­nio un 50%, mien­tras la mayo­ría per­día poder adqui­si­ti­vo real. Diver­sos exper­tos recla­ma­ron al gobierno en 2007 que adqui­rie­ra par­te de las vivien­das y crea­ra un par­que públi­co de alqui­ler. En otros paí­ses que sufrie­ron simi­la­res cir­cuns­tan­cias, las enti­da­des finan­cie­ras pusie­ron en el mer­ca­do (ven­ta y alqui­ler) ese stock de vivien­das a unos pre­cios mode­ra­dos y les die­ron sali­da. Asu­mie­ron unas pér­di­das, pero les per­mi­tió vol­ver a fun­cio­nar. En el rei­no bor­bó­ni­co pre­ten­den sub­sa­nar las deu­das pro­vo­ca­das por esos acti­vos inmo­bi­lia­rios “tóxi­cos” solo con las ayu­das públi­cas a las enti­da­des finan­cie­ras, que con­ti­núan repar­tien­do divi­den­dos.

Fren­te a estos abu­sos nacen las PAH (pla­ta­for­mas de afec­ta­dos por las hipo­te­cas), asam­bleas autó­no­mas que pre­ten­den apor­tar­les defen­sa jurí­di­ca y apo­yo, nego­cian­do con los ban­cos e inten­tan­do fre­nar los desahu­cios con plan­tes y reocu­pa­cio­nes. Ade­más las PAH impul­san una ILP (Ini­cia­ti­va Legis­la­ti­va Popu­lar) que reco­ja la dación en pago (liqui­da­ción de la deu­da hipo­te­ca­ria una vez entre­ga­das las lla­ves) y una mora­to­ria para los desahu­cios. Está en manos de la pre­sión social poner fin a este sin­sen­ti­do que per­mi­te a los usu­re­ros del siglo XXI acu­mu­lar vivien­das enve­ne­nan­do el pro­ble­ma de la bur­bu­ja inmo­bi­lia­ria. La ley debe orien­tar­se hacia el bien­es­tar social, a luchar con­tra la espe­cu­la­ción y a pro­te­ger el arren­da­mien­to como fór­mu­la para el futu­ro. Por­que las raí­ces del «pro­pie­ta­ris­mo» y la aler­gia al alqui­ler hay que bus­car­las des­de la pri­me­ra ley del sue­lo de 1956 ‑el fran­quis­mo enten­dió que un país de pro­pie­ta­rios era mucho menos sus­cep­ti­ble de derro­car al régi­men que un país de inqui­li­nos- que hizo extra­or­di­na­ria­men­te ren­ta­ble la ven­ta de vivien­da y muy poco atrac­ti­vo el alqui­ler.

El poder del com­ple­jo inmo­bi­lia­rio finan­cie­ro pare­ce inven­ci­ble. Pero la pacien­cia de la ciu­da­da­nía tie­ne un lími­te y expe­rien­cias como las PAH han pues­to en mar­cha una lucha jus­ta, con pro­pues­tas lle­nas de sen­ti­do común que van a sumar cada día nue­vas soli­da­ri­da­des. Un esta­do con millo­nes de vivien­das vacías y miles de per­so­nas desahu­cia­das, median­te leyes ter­cer­mun­dis­tas que favo­re­cen a la delin­cuen­cia espe­cu­la­ti­va, es insos­te­ni­ble. La usu­ra del siglo XXI mere­ce que movi­mien­tos socia­les, sin­di­ca­les, polí­ti­cos y la ciu­da­da­nía se impli­quen para com­ba­tir­la.

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