¿Cómo enfren­tar con éxi­to la bata­lla de las ideas?- Aitor Saiz de Lashe­ras

Que­re­mos for­mar­nos como per­so­nas com­ple­tas y sanas, for­mar­nos como mili­tan­tes capa­ces de uti­li­zar la dia­léc­ti­ca como cien­cia, arte y arma

Los pro­ble­mas que sufre el pue­blo tra­ba­ja­dor vas­co bajo la dic­ta­du­ra de la bur­gue­sía y la opre­sión nacio­nal son pro­ble­mas colec­ti­vos, agu­di­za­dos por esta nue­va ofen­si­va del capi­ta­lis­mo-impe­ria­lis­mo. Las solu­cio­nes que sur­jan fru­to de nues­tras luchas tam­bién serán colec­ti­vas y no olvi­da­rán que esos pro­ble­mas nos afec­tan como indi­vi­duos, como per­so­nas con nom­bres, vida e his­to­rias pro­pias, todas igual­men­te dife­ren­tes. Nues­tra res­pues­ta a la pre­gun­ta de cómo afron­tar con éxi­to la bata­lla de las ideas, aun­que clá­si­ca y obvia, sigue sien­do: más y mejor orga­ni­za­ción, más y mayor for­ma­ción.

Par­ti­mos de una situa­ción en la que nues­tros lazos de depen­den­cia con este sis­te­ma son muy fuer­tes y nos man­tie­nen some­ti­dos y alie­na­dos. Son lazos indi­vi­dua­les y colec­ti­vos y ya es hora de ir aflo­ján­do­los, rom­pién­do­los. No sólo nos refe­ri­mos a los evi­den­tes lazos mate­ria­les que nos aho­gan cada vez más, tam­bién a las cade­nas de oro de las con­duc­tas, creen­cias y valo­res bur­gue­ses con los que nos alie­na­mos en mayor o menor medi­da, inclui­dos los sec­to­res más cons­cien­tes y mejor orga­ni­za­dos del pue­blo tra­ba­ja­dor vas­co.

En estas cade­nas de oro, inclui­mos los con­cep­tos de edu­ca­ción y cul­tu­ra, tal y como los inte­rio­ri­za­mos y vivi­mos des­de las cla­ses some­ti­das de Eus­kal Herria. De ahí se entien­de que, en lo refe­ren­te a la for­ma­ción de las per­so­nas más com­pro­me­ti­das con las luchas de este pue­blo, siga­mos ancla­dos a vie­jos para­dig­mas de acu­mu­la­ción de datos (en el tener). Datos sumi­nis­tra­dos en for­ma de infor­mes y con­fe­ren­cias don­de el «alumno» asu­me de for­ma más o menos pasi­va la recep­ción de la infor­ma­ción, sumi­nis­tra­da por una «auto­ri­dad en la mate­ria», que muchas veces ni siquie­ra es un buen comu­ni­ca­dor. Esto suce­de en la mejor de las situa­cio­nes, en el caso de que ya exis­ta algu­na for­ma­ción más allá del ritual anual o de la publi­ca­ción pun­tual para cubrir el expe­dien­te.

Con esta valo­ra­ción no nega­mos el extra­or­di­na­rio baga­je de la mili­tan­cia en com­pro­mi­so, expe­rien­cia, cono­ci­mien­tos orga­ni­za­ti­vos, intui­ti­vos… sim­ple­men­te apun­ta­mos un vacío y sub­ra­ya­mos un área de mejo­ras evi­den­tes, sobre todo a nivel de orga­ni­za­cio­nes.

Pro­po­ne­mos aunar esfuer­zos para cam­biar de para­dig­ma for­ma­ti­vo. Que­re­mos for­mar­nos como per­so­nas com­ple­tas y sanas (en el ser), for­mar­nos como mili­tan­tes capa­ces de uti­li­zar la dia­léc­ti­ca como cien­cia, arte y arma. Que­re­mos tener las herra­mien­tas y las des­tre­zas para encon­trar por noso­tros mis­mos los datos que nos sean úti­les, dis­tin­guir­los de las mani­pu­la­cio­nes, com­pren­der­los, ana­li­zar­los, orga­ni­zar­los e inte­grar­los con lo que sabe­mos. Que­re­mos apren­der a escu­char­nos y a argu­men­tar, a hablar delan­te del pue­blo, a desa­rro­llar un pen­sa­mien­to crí­ti­co y crea­ti­vo radi­cal, que vaya a la raíz de los pro­ble­mas y nos per­mi­ta la capa­ci­dad y agi­li­dad de inci­dir de aba­jo a arri­ba. Que­re­mos hacer reali­dad todo este tra­ba­jo de la mane­ra más sen­ci­lla y efi­caz. Y que­re­mos hacer­lo en colec­ti­vo.

Exis­te un teso­ro de expe­rien­cias, meto­do­lo­gías, teo­rías y viven­cias en la tra­di­ción revo­lu­cio­na­ria mar­xis­ta, for­ja­da por las luchas de los que nos pre­ce­die­ron y nos acom­pa­ñan. Ade­más de explo­rar los últi­mos avan­ces en peda­go­gía y desa­rro­llo del poten­cial humano, pode­mos apren­der de esa tra­di­ción viva, tra­yen­do a nues­tro aquí y aho­ra, median­te la pra­xis, todo aque­llo que nos sir­va para afian­zar un pro­ce­so de libe­ra­ción real: la inde­pen­den­cia y el socia­lis­mo para Eus­kal Herria, como un paso más hacia la socie­dad sin cla­ses y el comu­nis­mo.

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