El Con­gre­so de las figu­ras de cera- Anto­nio Alva­rez-Solis

Ha deja­do de exis­tir el Con­gre­so espa­ñol de los Dipu­tados para con­ver­tir­se en algo pare­ci­do a un Museo de los Dipu­tados de Cera. Los deba­tes serán inú­ti­les para la crea­ción polí­ti­ca, que ven­drá deter­mi­na­da por una dic­ta­du­ra cons­ti­tu­cio­nal. El mejor sím­bo­lo de todo ello pue­de encon­trar­se en la asis­ten­cia de José María Aznar, que repre­sen­ta a la ultra­de­re­cha del PP, al pri­mer comi­té de su par­ti­do tras las elec­cio­nes. Aznar va a fijar, creo, los lími­tes a un supues­to y tími­do libe­ra­lis­mo de Rajoy. La épo­ca va a ser acre. A Ale­ma­nia, que es la pro­ta­go­nis­ta de esta épo­ca, no le intere­sa Espa­ña como nación sino como herra­mien­ta para afir­mar su domi­na­ción eco­nó­mi­ca. Ale­ma­nia nece­si­ta colo­nias para man­te­ner su pro­duc­ción y el comer­cio corres­pon­dien­te. De ello van a ente­rar­se pron­to los espa­ño­les que deci­die­ron la vic­to­ria abso­lu­ta del Par­ti­do Popu­lar.

La fecha del 20N será recor­da­da de algu­na for­ma como el triun­fo reac­cio­na­rio en las elec­cio­nes que abrie­ron la puer­ta a Gil Robles y Cal­vo Sote­lo en 1933. De aque­llas elec­cio­nes sur­gió la plan­ta car­ní­vo­ra de la gue­rra del 36, que des­tru­yó una Repú­bli­ca en cuya Cons­ti­tu­ción figu­ra­ba la fra­se espe­ran­za­do­ra: «Espa­ña es una Repú­bli­ca demo­crá­ti­ca de tra­ba­ja­do­res de toda cla­se». Hoy la dere­cha ya no nece­si­ta embra­zar arma algu­na para aplas­tar cual­quier espe­ran­za popu­lar de rena­ci­mien­to. Se limi­ta­rá a apli­car la gua­da­ña euro­pea que mane­jan la can­ci­ller Mer­kel y el pre­si­den­te Sar­kozy y a apro­ve­char la tie­rra que­ma­da por los socia­lis­tas.

De momen­to y como avan­ce de lo que espe­ra a los espa­ño­les que han iza­do su ban­de­ra de com­ba­te por la sagra­da uni­dad espa­ño­la -¡Madrid está en peli­gro; acu­da­mos a sal­var­le!- con­ta­mos con la pri­me­ra media afir­ma­ción de Rajoy de pro­ce­der a la refor­ma de la Cons­ti­tu­ción para dejar ata­do y bien ata­do el futu­ro dere­chis­ta de Espa­ña. Dos cosas, al menos, van a ser talla­das a cin­cel en la Cons­ti­tu­ción: unos prin­ci­pios sobre los posi­bles lími­tes ope­ra­ti­vos de los Gobier­nos en el terreno eco­nó­mi­co ‑que es lo mis­mo que decir en el terreno social- y unas barre­ras para con­te­ner las espe­ran­zas de liber­tad de vas­cos y cata­la­nes. Para lo pri­me­ro va a con­tar con el poder de la Ban­ca espa­ño­la y extran­je­ra, es decir con toda la estruc­tu­ra de la domi­na­ción inter­na­cio­nal. Para lo segun­do podría tener inclu­so el apo­yo de fuer­zas auto­de­no­mi­na­das nacio­na­lis­tas, tal, en Cata­lun­ya, por ejem­plo, Con­ver­gen­cia i Unió.

Si los «popu­la­res» no hubie­ran alcan­za­do la rotun­da mayo­ría abso­lu­ta que tie­nen en las manos nada se hubie­ra opues­to a ver a Durán Llei­da en un minis­te­rio madri­le­ño, como un peque­ño Cam­bó. Pero Aznar vigi­la­rá para que no suce­da esta manio­bra que podría cons­ti­tuir, bajo capa de un gene­ro­so pro­pó­si­to, un pro­fun­do que­bran­ta­mien­to del nacio­na­lis­mo cata­lán. Aznar aspi­ra a una gober­na­ción rotun­da y glo­rio­sa. Ante el cogo­llo inter­na­cio­nal en que se ha intro­du­ci­do nece­si­ta que la ofren­da sea sober­bia.

Empe­za­rá, pues, la labor pro­fun­da de este Gobierno con una refor­ma cons­ti­tu­cio­nal. Median­te ella asun­tos de carác­ter cir­cuns­tan­cial, o sea varia­bles de con­te­ni­do, por impor­tan­tes que sean, como la redac­ción del Pre­su­pues­to, serán ahor­ma­dos por un man­da­to de la Cons­ti­tu­ción que pro­du­ci­rá dos nota­bles efec­tos: impo­ner res­tric­cio­nes a la jus­ti­cia social sin dar mayor expli­ca­ción a la ciu­da­da­nía y sos­la­yar la res­pon­sa­bi­li­dad del Gabi­ne­te sub spe­cie de que está obli­ga­do por el man­da­to de la Car­ta Mag­na. La refor­ma cons­ti­tu­cio­nal equi­val­drá en este sen­ti­do a un para­dó­ji­co revol­ving median­te el cual el Eje­cu­ti­vo impo­ne un prin­ci­pio que impe­di­rá al Eje­cu­ti­vo aten­der a las peti­cio­nes de la calle. Curio­sa inmu­ni­dad polí­ti­ca.

Este man­da­to exi­gi­rá asi­mis­mo una soli­da­ri­dad ‑el tér­mino es suma­men­te peli­gro­so de acuer­do con el empleo que se le dé- de las diver­sas admi­nis­tra­cio­nes, entre ellas las de Cata­lun­ya y Eus­ka­di, que verán des­truí­da cual­quier pre­ten­sión de ela­bo­rar una polí­ti­ca pro­pia de carác­ter eco­nó­mi­co-social, con lo que los Esta­tu­tos o regí­me­nes espe­cia­les en estas nacio­nes pasa­rán a ser nor­mas de segun­do orden encar­ga­das de una pura acción sub­si­dia­ria. El Sr. Rajoy ya apun­ta hacia ese obje­ti­vo cuan­do de sus con­sul­tas polí­ti­cas con las diver­sas repre­sen­ta­cio­nes par­la­men­ta­rias ha eli­mi­na­do a Amaiur pese a tener gru­po par­la­men­ta­rio pro­pio con sie­te dipu­tados. Esta eli­mi­na­ción des­ve­la, como en una preo­cu­pan­te radio­gra­fía, el esti­lo polí­ti­co que impe­ra­rá en este cua­trie­nio, en el que el Par­la­men­to, si la reali­dad no pudre antes la manio­bra, se limi­ta­rá a actuar como Cáma­ra de regis­tro, que es la fun­ción que rea­li­za­ban las Cor­tes Espa­ño­las del Extin­to.

De todas for­mas hay algo muy impor­tan­te que no podrá aco­me­ter el nue­vo jefe del Gobierno espa­ñol: la res­tau­ra­ción de un míni­mo bien­es­tar social. La des­truc­ción inter­na de la Ban­ca, con exten­sión a todos los bra­zos finan­cie­ros, exi­gi­rá que los Gobier­nos sigan inyec­tan­do dine­ro a rau­da­les a una estruc­tu­ra que está radi­cal­men­te aís­la­da de la eco­no­mía real. La máqui­na ban­ca­ria es cla­ra­men­te espe­cu­la­ti­va y sabe que su pro­yec­ción a la eco­no­mía de las cosas, tal como fun­cio­na, pue­de resul­tar­le rui­no­sa. La pro­duc­ción en el mar­co del neo­ca­pi­ta­lis­mo ha entra­do en varias con­tra­dic­cio­nes que pue­den resu­mir­se en un pano­ra­ma en que cada vez menos agen­tes pue­den pro­du­cir más cosas de las que la socie­dad actual pue­de con­su­mir. Esto afec­ta a las posi­bi­li­da­des de la pro­duc­ción, inclu­yen­do de modo lla­ma­ti­vo la pro­duc­ción de bie­nes de capi­tal. O lo que es igual, la socie­dad de con­su­mo está enfla­que­cien­do a pasos agi­gan­ta­dos, con lo que el empleo pier­de elas­ti­ci­dad y se empo­bre­ce. El reme­dio de todo esto ya no con­sis­te en mani­pu­lar cier­tos resor­tes finan­cie­ros sino en cam­biar de mode­lo de socie­dad. Como es obvio no es pre­ci­sa­men­te el Sr. Rajoy, al fren­te del Par­ti­do Popu­lar, el que pue­da pro­ta­go­ni­zar una empre­sa seme­jan­te. De ser así, quo vadis, domi­ne?.

Y que­da por desollar el rabo del toro. Las elec­cio­nes que aca­ban de rea­li­zar­se demues­tran con cla­ri­dad, entre otras cosas impor­tan­tes, que la pre­sen­cia sobe­ra­nis­ta por par­te de las nacio­nes ama­ni­lla­das por el Esta­do espa­ñol ha cobra­do una pre­sen­cia en el Par­la­men­to de Madrid que irá cre­cien­do rápi­da­men­te, espe­cial­men­te la pre­sen­cia de Eus­kal Herria, de no pro­ce­der­se con­tra ellas al mar­gen de toda regla demo­crá­ti­ca y median­te un ata­que bru­tal a sus liber­ta­des.

Aho­ra bien ¿es posi­ble pro­ce­der con bru­ta­li­dad ante la volun­tad de auto­de­ter­mi­na­ción en una Euro­pa que todos los días hace su ora­ción demo­crá­ti­ca ante las masas y ha pro­ce­di­do al reco­no­ci­mien­to de la inde­pen­den­cia de una serie de nacio­nes? ¿Qué argu­men­to se va a emplear por el Sr. Rajoy y los suyos para prohi­bir a los vas­cos la con­sul­ta sobre sí mis­mos? Espa­ña no pue­de seguir sien­do una poten­cia peque­ño-colo­nial como si no hubie­ra sali­do del siglo XIX. Sobre todo cuan­do es ella mis­ma la que está colo­ni­za­da escan­da­lo­sa­men­te por sus esta­dos veci­nos más pode­ro­sos.

Espa­ña no pue­de disi­mu­lar su sumi­sión redu­cien­do a sumi­sión a nacio­nes lar­ga­men­te opri­mi­das en su inte­rior.

Curio­sa­men­te cuan­do las ban­de­ras pobla­ban el fron­tis de la sede del PP en la calle Géno­va de Madrid, para cele­brar la aplas­tan­te vic­to­ria «popu­lar», las pan­car­tas que se agi­ta­ban y los esló­ga­nes que se corea­ban no eran de espe­ran­za en la mejo­ra eco­nó­mi­ca o social sino que se refe­rían a la gran­de­za de la uni­dad espa­ño­la fren­te a quie­nes pre­ten­den recu­pe­rar su pro­pia patria. ¡Ah, juven­tud rica y vacía de toda razón inte­lec­tual­men­te reco­no­ci­ble! No esta­ban allí los para­dos para recor­dar su mise­ria, ni los peque­ños empre­sa­rios des­truí­dos, ni los pen­sio­nis­tas ate­rra­dos; esta­ban allí la gen­te bien o, mejor aún, los hijos de la gen­te bien que aca­ba­ba de ganar unas elec­cio­nes rega­la­das por los socia­lis­tas ¡País cie­go…!

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