[Video] El capi­ta­lis­mo y el impe­ria­lis­mo pue­den ser derro­ta­dos. En 1917 fue­ron derro­ta­dos. Ani­ver­sa­rio de la revo­lu­ción bolchevique

El impe­ria­lis­mo y las cla­ses domi­nan­tes pue­den ser derro­ca­dos.-Has­ta antes de la Revo­lu­ción de Octu­bre, todos los cam­bios polí­ti­cos que se habían suce­di­do en el mun­do no eran sino la sus­ti­tu­ción de una cla­se domi­nan­te por otra, es decir las gran­des masas lucha­ban y ponían los muer­tos, pero eran otros, una mino­ría pri­vi­le­gia­da la que se hacía con el poder. Fue con la Revo­lu­ción de Octu­bre, que por pri­me­ra vez en la his­to­ria de la huma­ni­dad las masas pobres: prin­ci­pal­men­te obre­ros, cam­pe­si­nos e inte­lec­tua­les demo­crá­ti­cos, con­quis­ta­ron cabal­men­te el poder en Rusia y esta­ble­cie­ron un gobierno socia­lis­ta, la dic­ta­du­ra del proletariado.

Con su accio­nar, los comu­nis­tas y revo­lu­cio­na­rios rusos al man­do de millo­nes de tra­ba­ja­do­res demos­tra­ron en los hechos y duran­te varias déca­das, que el impe­ria­lis­mo y las cla­ses domi­nan­tes no son tan pode­ro­sos como apa­ren­tan y que con una correc­ta ideo­lo­gía y un inten­so tra­ba­jo revo­lu­cio­na­rio de masas, pue­den ser derro­ca­dos. De ésta mane­ra la huma­ni­dad ente­ra ingre­só a una nue­va épo­ca defi­ni­da por los bol­che­vi­ques como “la del impe­ria­lis­mo y las revo­lu­cio­nes pro­le­ta­rias”. El ejem­plo revo­lu­cio­na­rio de los bol­che­vi­ques y el pue­blo ruso ha ins­pi­ra­do a gran­dio­sos pro­ce­sos y luchas revo­lu­cio­na­rias en todo el mun­do sien­do los más nota­bles: la Revo­lu­ción Chi­na de 1949 y las Gue­rras Popu­la­res que actual­men­te se desa­rro­llan en la India, Perú, Fili­pi­nas y Turquía.

El tra­ba­jo de masas.-La expe­rien­cia de los bol­che­vi­ques en este tema es enor­me, pero nos limi­ta­re­mos a expo­ner unos bre­ves pun­tos que son de gran uti­li­dad para el tra­ba­jo del Par­ti­do con las masas: a) Hacer de la pren­sa cen­tral del Par­ti­do una valio­sa herra­mien­ta para orga­ni­zar, poli­ti­zar, pro­pa­gan­di­zar y agi­tar a las masas; b) Ya sea que se tra­te de la eta­pa demo­crá­ti­ca de la revo­lu­ción o de la eta­pa socia­lis­ta, el Par­ti­do debe con­tar con un pro­gra­ma polí­ti­co que le per­mi­ta dejar cla­ra­men­te esta­ble­ci­do entre el pro­le­ta­ria­do y el pue­blo cual es el tipo de Esta­do y de Gobierno que pro­po­ne, a fin de dar­le una ban­de­ra de lucha estra­té­gi­ca a las masas y evi­tar que el fas­cis­mo nos aís­le; c) Invo­lu­crar­se y pro­mo­ver las luchas del pue­blo. En la medi­da de lo posi­ble los comu­nis­tas debe­mos ir allí don­de las masas estén luchan­do y dar­les nues­tros apo­yo y pun­tos de vis­ta; y orga­ni­zar y diri­gir luchas de nue­vo tipo; d) Com­bi­nar ade­cua­da­men­te la lucha rei­vin­di­ca­ti­va con la lucha polí­ti­ca: está cla­ro que la pura lucha rei­vin­di­ca­ti­va dege­ne­ra en eco­no­mi­cis­mo y gre­mia­lis­mo; pero a su vez la lucha estric­ta­men­te polí­ti­ca no per­mi­te, gene­ral­men­te, aglu­ti­nar ade­cua­da­men­te a las masas. En vir­tud de lo cual se debe com­bi­nar ade­cua­da­men­te y siem­pre la lucha por rei­vin­di­ca­cio­nes inme­dia­tas como el sala­rio, el agua, la comi­da, una carre­te­ra, etc., con la lucha polí­ti­ca en con­tra del fas­cis­mo, con­tra las gue­rras impe­ria­lis­tas, por la alian­za obre­ro-cam­pe­si­na con­tra bur­gue­ses y terra­te­nien­tes, etc.; y, e) Los comu­nis­tas tene­mos que ser quie­nes pren­de­mos a las masas en la lucha de cla­ses, esto quie­re decir que no pode­mos ser jamás con­ci­lia­do­res con los enemi­gos de cla­se, sino que debe­mos ir a las asam­bleas y luchas del pue­blo a agi­tar las aguas, a demos­trar la real natu­ra­le­za de cla­se de los gobier­nos, a sem­brar odio de cla­se entre explo­ta­do­res y explo­ta­dos. No olvi­dar nun­ca que los comu­nis­tas y revo­lu­cio­na­rios tra­ba­ja­mos para poner al des­nu­do todas las con­tra­dic­cio­nes de cla­se y no para tapar­las, tra­ba­ja­mos para agu­di­zar la lucha de cla­ses y no para amor­ti­guar­la, tra­ba­ja­mos para incen­diar este vie­jo sis­te­ma de opre­sión y no para ser bom­be­ros de la revolución.

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