[Video] Calle 13 en los ojos diver­sos de Amé­ri­ca Latina

calle-13-rene-perezLos ojos más tris­tes que he vis­to en la vida los dibu­jó alguien sobre un muro más o menos gran­de. Se los vi en la cara a una indí­ge­na de bebé en los bra­zos, en Lati­noa­mé­ri­ca, el nue­vo video que fil­mó la agru­pa­ción puer­to­rri­que­ña Calle 13.

Has­ta ese momen­to había pre­fe­ri­do a Ade­le y a Flo­ren­ce. Por­que al soul y al indie rock los cono­cí, aun­que tar­de, a tiem­po. Y se me cru­za­ron en el camino con tur­bu­len­cia, como se me apa­re­cen las cosas esenciales.

Pero Ade­le y Flo­ren­ce y Anas­ta­cia (mucho más ave­za­da, vete­ra­na y rei­na del sprock) nun­ca fue­ron capa­ces de estru­jar­me el cora­zón. Escu­cha­dos todos los dis­cos y vis­tos todos los clips juro que no fue­ron capa­ces de sacar­me una lágri­ma. Lo más subli­me de mí. Lo más sala­do pero lo más sublime.

Debe ser por­que las euro­peas no tie­nen nada par­ti­cu­lar en los ojos. Tam­po­co las esta­dou­ni­den­ses (excep­to las ben­di­tas diop­trías de Anas­ta­cia) En cam­bio, los ojos del niño indí­ge­na en Lati­noa­mé­ri­ca, hun­di­dos a medias en un río sel­vá­ti­co, son dese­me­jan­tes. Tie­nen al con­ti­nen­te en las órbi­tas y bajo las cuen­cas sere­nas, que­jum­bro­sas casi, cobi­jan su des­tino. A su vez los de las ancia­nas lati­nas, de expre­sión sufri­da. Ine­quí­vo­ca. Y a su vez los de los hom­bres lati­nos. Y a su vez los ojos que alum­bran los ros­tros de las muje­res lati­nas (que no vaci­lan) Que miran a la cáma­ra y dicen “Aquí esta­mos de pie” y “Aquí se res­pi­ra lucha”.

Calle 13 tam­bién nació de la Pacha­ma­ma. Están com­pro­me­ti­dos has­ta la últi­ma fibra. Aun­que ni Resi­den­te ni Visi­tan­te sean des­cen­dien­tes direc­tos de ayma­ras, que­chuas o cual­quier otra etnia agri­cul­to­ra. Puer­to Rico les due­le. Los ojos de Puer­to Rico son los del con­ti­nen­te ente­ro. Son unos ojos espec­tra­les que evo­can fol­clor, extra­ñas iri­dis­cen­cias. Lo más puro y natu­ral. Eso es. Lo más puro y natural.

La van­guar­dia es el cor­pus de Calle 13 por­que la van­guar­dia solo nace de la aven­tu­ra. Y la aven­tu­ra les sale de la boca como a Nos­tra­da­mus las pre­dic­cio­nes pas­mo­sas. Como de la boca y los ojos de Alan Silli­toe (y de la plu­ma) bro­ta­ron las denun­cias más increí­bles del siglo XX inglés. Más increí­bles aún que las de los demás jóve­nes airados.

Lati­noa­mé­ri­ca tie­ne den­tro lo que Galeano lla­mó las venas abier­tas. Una metá­fo­ra temi­ble. Todas las arru­gas en los ros­tros que he vis­to has­ta aho­ra (poco tiem­po, muchas arru­gas) Las mar­cas que tie­nen sobre las manos diez hom­bres que empu­jan un camión de heno. Y las de un sie­te­me­sino que gatea des­nu­do sobre las are­nas de la pla­ya. El jugo de la tie­rra. Una naran­ja. Una ancia­na que aprie­ta entre las manos el retra­to del hijo muer­to. La Ope­ra­ción Cón­dor. Lati­noa­mé­ri­ca es una efi­gie tre­me­bun­da. El fres­co de la tie­rra de las len­guas roman­ces. La Patria Grande.

La patria de los héroes secre­tos más que de los héroes públicos.

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