[Videos] Alí Pri­me­ra en el recuer­do de Sil­vio Rodrí­guez

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“Esta can­ción es una can­ción de rebel­día, de reafir­ma­ción, se la quie­ro dedi­car a un ami­go, a un gran can­tor vene­zo­lano que físi­ca­men­te nos dejó pero sus can­cio­nes mara­vi­llo­sas toda­vía están con noso­tros, bre­gan­do y luchan­do: Alí Pri­me­ra… un gran necio.”

El tro­va­dor tal vez se fijó en el cla­ro de la luna que esa noche de mayo cobi­ja­ba a los pobla­do­res de Lut­ga­rid­ta, el barrio haba­ne­ro des­de el que dedi­có su recuer­do a Alí, Padre Can­tor de Vene­zue­la, sal­va­do, entre úni­cos e impa­res, por la gra­ti­tud de un pue­blo nada man­so que rei­vin­di­ca amo­ro­sa­men­te su memo­ria y su lega­do.

Des­pués de esa dedi­ca­to­ria Sil­vio Rodrí­guez entró de lleno, con una emo­ción par­ti­cu­lar, en su tema, El Necio: Yo no sé lo que es el destino/​cami­nan­do fui lo que fui…

De tro­va­dor a tro­va­dor, Sil­vio había esco­gi­do exac­ta­men­te el tema pre­ci­so: … a la zur­da, más que dies­tro…

Sería lue­go de aquél baño de ter­nu­ra sobre una zona sin agua que Sil­vio ofre­ce­ría a esta perio­dis­ta sus pala­bras. Y en una casa del barrio, de Lut­gar­di­ta, en un ambien­te de humil­dad cón­sono con lo que ven­dría comen­zó el vai­vén de los recuer­dos.

Cuatro de Alí PrimeraCua­tro de Alí Pri­me­ra. Deta­lle

Sil­vio habla de Alí

“Yo cono­cí a Alí en Ber­lín en 1972. Él esta­ba allá por el par­ti­do (Par­ti­do Comu­nis­ta de Vene­zue­la) y esta­ba estu­dian­do. En medio de un tre­men­do frío, y has­ta nie­ve se dio en febre­ro el Fes­ti­val de la Can­ción Polí­ti­ca que hacía la Juven­tud Libre Ale­ma­na. Era la pri­me­ra vez que yo salía, que iba a Euro­pa. Ahí esta­ba Alí. Allí lo cono­cí. Era un fes­ti­val lleno de par­ti­ci­pan­tes de Asia, de Áfri­ca, de ira­quíes, de la Euro­pa pro­fun­da tam­bién, hún­ga­ros,… y de pron­to encon­trar un vene­zo­lano allí fue refres­can­te”.

No le cues­ta mucho a la memo­ria de Sil­vio seguir evo­can­do y recuer­da, hacien­do un movi­mien­to con sus manos, la carac­te­rís­ti­ca cabe­lle­ra del fal­co­niano en Ale­ma­nia.

“Dis­cu­tía­mos mucho. Dis­cu­tía­mos muchí­si­mo, pero nos lle­vá­ba­mos muy bien. Nos que­ría­mos mucho. Nos hici­mos ami­gos a par­tir de ese momen­to. Yo no lo cono­cía. Empe­cé a escu­char sus can­cio­nes allí y ya des­pués me empe­za­ron a lle­gar por dis­tin­tas vías, y me di cuen­ta de que era un can­tor impor­tan­te”.

Sil­vio acen­túa: “Era muy dis­cu­ti­dor Alí. Era san­gre siem­pre hir­vien­do. Muy radi­cal, y ade­más, él siem­pre asu­mió que su can­ción era agi­ta­ti­va”

-Sí, siem­pre se reco­no­ció como un Can­tor de Barri­ca­da

“Total­men­te: De barri­ca­da. Él es el can­tor de barri­ca­da por exce­len­cia que yo haya cono­ci­do en mi vida. He cono­ci­do a otros, sin lugar a dudas, pero así, que lo lle­va­ra así en el corazón…él asu­mía la can­ción de esa mane­ra y lo plan­tea­ba, plan­tea­ba que la can­ción era para movi­li­zar. Él lo decía: mi can­ción es una can­ción de barri­ca­da”.

-Aho­ra, cuan­do fuis­te a Vene­zue­la ¿logras­te cons­ta­tar o veri­fi­car el por qué de esa pasión de Alí?

La pre­gun­ta sur­gía por­que ya Sil­vio me había hecho saber que hace muchos años can­tó dece­nas de veces en Mara­cai­bo, la zona del petró­leo; tam­bién en la fron­te­ra nor­te con Colom­bia y has­ta en San Fer­nan­do de Apu­re, don­de inclu­so cono­ció al Indio Figue­re­do. “Apu­re no era una zona por la que pasa­ba mucha gen­te en aque­llos tiem­pos”, había dicho.

“Bueno, vi, estu­ve algu­nas veces en los cerros y sí, me di cuen­ta de que Alí can­ta­ba así por los des­po­seí­dos vene­zo­la­nos, por­que la gen­te pasa­ba mucho tra­ba­jo; él era como una voz, no te voy a decir de la mar­gi­na­li­dad, pero sí de la par­te más sufri­da y más doli­da por lo menos del pue­blo urbano. No sé cómo fun­cio­na­ría lo que él hacía en zonas más agres­tes, en los lla­nos, en otros luga­res, pero al menos urba­na­men­te él me pare­cía que era una voz muy urba­na, que tenía que ver con lo que pasa­ba en los cerros, en las calles”.

Mana­gua y Cara­cas

La defen­sa de lo pro­pio, de las reali­da­des de cada pue­blo aso­cian­do la mili­tan­cia a la tarea de rei­vin­di­car ese bien intan­gi­ble, no ren­ta­ble y de con­cien­cia que es la cul­tu­ra cuan­do se des­pren­de del some­ti­mien­to lle­vó a los dos tro­va­do­res por dife­ren­tes paí­ses. Vol­ve­rían a encon­trar­se en Nica­ra­gua en el II Fes­ti­val de la Nue­va Can­ción Lati­no­ame­ri­ca­na (18 al 24 de abril de 1983). Habían trans­cu­rri­do 11 años.

-Uste­des se con­si­guen nue­va­men­te en Mana­gua…

“Coin­ci­di­mos en Mana­gua en el fes­ti­val de 1983. Esta­ba muy, muy afec­tuo­so. Yo no sé si le pasa­ba algo, pero lo recuer­do por­que me lla­mó mucho la aten­ción”.

Fue ese el Fes­ti­val don­de Alí ento­nó “El som­bre­ro azul”

El recuer­do cam­bia enton­ces de ciu­dad.

“Des­pués de eso nos vimos en el Tea­tro Nacio­nal, en Cara­cas. No recuer­do si yo esta­ba con Noel (Nico­la) o con Pablo (Mila­nés). Yo esta­ba con otro com­pa­ñe­ro y me acuer­do que estu­vo allá atrás en el came­rino y me dijo: te trai­go este rega­lo. Y me tra­jo el cua­tro”.

Le digo enton­ces a Sil­vio que para noso­tros Alí es el Padre Can­tor, la refe­ren­cia, que cuan­do no se habla­ba de Bolí­var él habla­ba, que cuan­do no se habla­ba de revo­lu­ción él habla­ba, que cuan­do no se defen­día a Cuba él la defen­día. Sil­vio res­pon­de con músi­ca:

“Qué lin­da la can­ción aque­lla que él hace del niño y Bolí­var, un niño que habla con Bolí­var”

-Él decía mucho que esta­ba entre la rabia y la ter­nu­ra

“Segu­ro. Es que todas esas rabias salen de un pro­fun­do sen­ti­mien­to de amor. La rabia es una reac­ción a los gran­des sen­ti­mien­tos de soli­da­ri­dad. Y en este caso salía de un ser emi­nen­te­men­te soli­da­rio, y yo creo que esa ter­nu­ra sub­ya­cía detrás de esa mane­ra rabio­sa”.

De repen­te: “Siem­pre he oído decir de que hay sos­pe­chas de que le arre­gla­ron el carro ¿no?

Sil­vio se refe­ría al fatí­di­co 16 de febre­ro de 1985…

Manos en el cuatro de Alí Primera.

-Venía del estu­dio de gra­ba­ción… El dis­co lo ter­mi­nó su her­mano José Mon­te­cano

“Creo que yo lo cono­cí. Can­ta­mos jun­tos con Lilia algu­na vez, una de las últi­mas veces que fui a Vene­zue­la. Él estu­vo. Yo cono­cí a los hijos, pero cuan­do eran chi­qui­tos. Había una hem­bri­ta tam­bién, una niña. Cono­cí tam­bién a Sol en algún momen­to, me pare­ce que en casa de Lilia”…

El tiem­po apre­mia y el camino de retorno de Lut­gar­di­ta al cen­tro haba­ne­ro es lar­go. Le entre­go a Sil­vio como obse­quio un par de libros don­de se reco­gen la obra musi­cal y la expre­sión ideo­ló­gi­ca de Alí. Sil­vio dedi­ca un afi­che:

“Al pue­blo de Fal­cón, cuna de Alí Pri­me­ra, can­tor inmor­tal de los pue­blos lati­no­ame­ri­ca­nos”

Y lue­go, cora­zón y gui­ta­rra en mano, Sil­vio Rodrí­guez, antes de salir del barrio sol­tó aquél “Gra­cias por acor­dar­se de mí” que sonó inmen­so, como el tama­ño de la noche.

P.D. Al otro día pudi­mos ver el cua­tro de Alí, la letra de Alí Pri­me­ra sobre la made­ra de aquél ins­tru­men­to que Sil­vio Rodrí­guez guar­da y pre­ser­va celo­sa­men­te, como noso­tros, pue­blo, pre­ser­va­mos la memo­ria de quien nos ense­ñó con ese cua­tro que la Patria es el Hom­bre.

[email protected]​cantv.​net

@lildelvalle


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