Delin­cuen­cia, vio­len­cia y mafias- Nar­ci­so Isa Con­de

Ni es igual ni es lo mis­mo.

La vio­len­cia jus­ta e injus­ta, revo­lu­cio­na­ria o reac­cio­na­ria, no equi­va­len nece­sa­ria­men­te a delin­cuen­cia.

Los Esta­dos, la domi­na­ción de cla­se, la coer­ción legal, la repre­sión guber­na­men­tal… asu­men la vio­len­cia con dife­ren­tes inten­si­da­des.

El machis­mo, el racis­mo, el adul­to-cen­tris­mo, el eco­ci­dio, la xeno­fo­bia, la homo­fo­nía, la dis­cri­mi­na­ción religiosa…son violentas/​os aun sin ser mafiosas/​os.

Las gue­rras son extre­ma­da­men­te vio­len­tas sin que muchas de ellas ten­gan que ver con el gangs­te­ris­mo.

Las mafias sí que son vio­len­tas por esen­cia.

No hay que con­fun­dir las cosas, pese al inte­rés de sec­to­res de poder en que así sea. Como no hay que esfu­mar o igua­lar los ran­gos de la delin­cuen­cia para ocul­tar sus res­pon­sa­bles mayo­res y pena­li­zar solo a los meno­res.

Cier­to que la inse­gu­ri­dad ciu­da­da­na esta ago­bian­do al país y pro­vo­can­do su jus­ti­fi­ca­da con­de­na en estra­tos socia­les muy dis­tin­tos y diver­sos del ser social domi­ni­cano.

Pero hay que ser jus­to al esta­ble­cer la cul­pa mayor y tra­tar las cau­sas que empu­jan a los res­pon­sa­bles meno­res.

Este es un Esta­do vio­len­to en muchos aspec­tos y delin­cuen­te en alto gra­do. Den­tro de él y sus gobier­nos ambas ver­tien­tes se mez­clan.

Este es un nar­co-esta­do y una socie­dad don­de abun­dan com­po­nen­tes del poder empre­sa­rial, pre­si­den­cial, mili­tar, poli­cial, ecle­siás­ti­co… aso­cia­dos a prác­ti­cas delic­ti­vas de alto vue­lo. Otros son pro­tec­to­res o cóm­pli­ces por omi­sión o por mie­do.

La gran delin­cuen­cia común en este país esta aso­cia­da a la gran delin­cuen­cia de Esta­do inclui­da la nar­co-corrup­ción y el sica­ria­to.

Aquí hay sica­rios civi­les y sica­rios mili­ta­res, orga­ni­za­cio­nes mafio­sas de la socie­dad civil y esta­men­tos gans­te­ri­les de “cla­se polí­ti­ca” y el fun­cio­na­ra­do.

El poder delin­cuen­te (con el man­to de impu­ni­dad que ins­ti­tu­cio­nal­men­te con­for­ma a nivel judi­cial, cuer­pos de per­se­cu­ción, par­ti­do­cra­cia, órga­nos de gobierno…) es el máxi­mo res­pon­sa­ble de la inse­gu­ri­dad ciu­da­da­na y del auge de la delin­cuen­cia a todos los nive­les. Inclu­so, actuan­do como gene­ra­dor pobre­za, crea el cal­do de cul­ti­vo del rate­ris­mo y la delin­cuen­cia menor.

Por eso no bas­ta decir­le “¡no a la vio­len­cia delin­cuen­cia!” Hay que poner­le nom­bres y ape­lli­dos a sus prin­ci­pa­les res­pon­sa­bles y a las estruc­tu­ras e ins­ti­tu­cio­nes gans­te­ri­za­das. Aco­rra­lar­las y echar­las al basu­re­ro.

No espe­ra­mos que de ella ema­nen las solu­cio­nes. La socie­dad debe apo­de­rar­se de sus capa­ci­da­des para ir a la raíz de ese gran pro­ble­ma y supe­rar­lo de cua­jo.

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