Azku­na: No- Mikel Ari­za­le­ta

Eres hom­bre de atril, de fra­se rotun­da, de amatxu de Bego­ña, de amis­tad con aplau­so, de pal­co y vitri­na. Pero tie­nes un gran pun­to débil: cuan­do alguien te dice no y te cri­ti­ca. Eres peno­so en el cuer­po a cuer­po con el enemi­go, con el rival, con quien te dice no y levan­ta la mano. Te revuel­ves y pier­des altu­ra, tu argu­men­to se vuel­ve insul­to y acu­sa­ción. Tu diá­lo­go es monó­lo­go. Eres alcal­de de micró­fono en mano, alta­vo­ces y puer­tas cerra­das. Eres pasa­do, prie­to, ceñu­do. No tie­nes juven­tud en el cuer­po, pero ade­más care­ces de esa madu­rez len­ta y repo­sa­da, ama­sa­da con acuer­dos con otros cre­dos, con otras eda­des, con otros vien­tos. Y eso, a tu edad, se tie­ne o ya pasó.

Hacer apo­lo­gía de la ertzain­tza, de tu actua­ción, defen­sa del acto judi­cial, acu­sa­ción de quien defien­de otro talan­te en este tema de kukutza es más des­crip­ción tuya pro­pia que rela­to de hechos. Fui uno de los 4000, de los 5000, de los 6000… que estu­vi­mos allí. Un barrio arro­pan­do a su gaz­tetxe, a una for­ma de hacer cul­tu­ra con savia nue­va. Un futu­ro que ama­ne­ce. Tú no estu­vis­te por­que eres oca­so y pues­ta de sol. Eso tú no entien­des por­que ya no pue­des enten­der. Como tam­po­co pue­des enten­der que es una bes­tia­li­dad que la poli­cía dis­pa­re pelo­ta­zos a boca­ja­rro, que eso es un cri­men, una bes­tia­li­dad de Edad Media. Como es cri­men e impu­ni­dad que sean anó­ni­mos, que cami­nen sin nom­bre, sin iden­ti­fi­ca­ción, ampa­ra­dos por la negru­ra de vues­tro bra­zo y vues­tra jus­ti­cia.

¡Azku­na, de ver­dad, es una ver­güen­za que seas alcal­de del Botxo, de Bil­bao! Agur

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