Ote­gi en la cár­cel: Bil­du, el camino – Manuel F. Trillo

No intere­san los argu­men­tos polí­ti­cos ‑por­que no son jurí­di­cos- de la juez Muri­llo y de sus acom­pa­ñan­tes, pues ya sabe­mos que esta seño­ra tie­ne algún que otro des­liz con la bebi­da. Pero esto que pue­de pare­cer un argu­men­to «ad per­so­nam», no lo es, pero es impre­sen­ta­ble que alguien se pre­sen­te en el anda­mio en con­di­cio­nes nada reco­men­da­bles. El alba­ñil se cae, la juez dic­ta sentencia.

No intere­sa esa fra­seo­lo­gía taber­na­ria a la que tan acos­tum­bra­dos nos tie­ne la juez. Ni su esca­sa capa­ci­dad lite­ra­ria. No intere­sa que se inven­ten deli­tos eso es pro­pio de un Esta­do Fas­cis­ta- y que se creen, ad hoc, para deter­mi­na­dos reos (recor­de­mos las pala­bras de aquél que fue minis­tro de Jus­ti­cia, un tal Agui­lar que aho­ra anda por Euro­pa, crea­re­mos un deli­to para que no sal­ga de la cár­cel) una con­fi­gu­ra­ción delic­ti­va y unos enca­jes pena­les sufi­cien­tes para man­te­ner­los en pri­sión. Cuan­do el Esta­do Fas­cis­ta Ita­liano encar­ce­ló a Grams­ci, éste no había come­ti­do deli­to alguno, pero el Duce gri­tó: tene­mos que impe­dir que esa men­te pien­se. Y Grams­ci escri­bió una de las obras glo­rio­sas del siglo XX (Los cua­der­nos de la cár­cel). Aho­ra, un tri­bu­nal que mero­dea por los jar­di­nes del fas­cis­mo dic­ta una sen­ten­cia bru­tal con­tra per­so­nas que no han come­ti­do deli­to obje­ti­vo alguno, sub­je­ti­vo sí, cla­ro, tam­bién los juz­ga­do­res, y yo mis­mo, pues a la pos­tre entrar en ese ámbi­to de la sub­je­ti­vi­dad es como entrar en el pen­sa­mien­to de Dios y sus inten­cio­nes. Se apli­ca, dicho que­da, el Dere­cho Penal del Enemi­go sin amba­ges, sin care­ta, a cara de perro, por­que ese Tri­bu­nal de Tres con la juez del vino al fren­te, sabe que corren tiem­pos a su favor, a favor del fas­cis­mo en Espa­ña, Euro­pa y en las Quim­bam­bas. Por eso se atre­ven a tra­tar a la Jus­ti­cia como si fue­ra una ramera.

No intere­sa nada el tex­to de la sen­ten­cia. Es un bodrio jurí­di­co. No sopor­ta el menor aná­li­sis de un alumno de Penal en cual­quier Facul­tad de Dere­cho. Por eso entrar a disec­cio­nar algo que ya de entra­da sabe­mos que está podre, que par­te de supo­si­cio­nes, de inven­cio­nes, de figu­ra­cio­nes y pos­tu­la­dos que no tie­nen el menor sopor­te fac­tual, es como si qui­sié­ra­mos saber si ese ángel tie­ne sexo. El des­pre­cio y el asco sur­gen cuan­do se ven sen­ten­cias redac­ta­das de este modo. La ver­güen­za de los cole­gas en el apa­ra­to judi­cial. El recha­zo de quien tie­ne dos dedos de frente.

Ote­gi y sus com­pa­ñe­ros están en la cár­cel por deli­tos inven­ta­dos. Con ello los fas­cis­tas que aún hay en la judi­ca­tu­ra pre­ten­den que se vuel­va al perío­do ante­rior en que el enfren­ta­mien­to era arma­do, sabien­do que en ese com­ba­te siem­pre gana­rían. Pre­ten­dían la derro­ta mili­tar y la derro­ta polí­ti­ca. No han con­se­gui­do nin­gu­na. Y para col­mo han sido derro­ta­dos en el cam­po polí­ti­co. El pro­yec­to de esto sí que se pue­de acu­sar a Ote­gi y com­pa­ñe­ro- de desar­me polí­ti­co de la extre­ma dere­cha espa­ño­lis­ta en Eus­kal Herria es un éxi­to des­de el mis­mo día del encar­ce­la­mien­to. Antes de ser dete­ni­dos, el pro­yec­to cua­tro horas antes- ya esta­ba en la calle, tam­bién esta­ba en el Minis­te­rio de la Gober­na­ción (Inte­rior), y la orden fue tajan­te: hay que impe­dir que esa men­te pien­se (la men­te no era un suje­to indi­vi­dual, sino un suje­to colec­ti­vo), allá fue la Guar­dia Civil. Han pasa­do más de 700 días, y aque­lla men­te ha sido con­de­na­da a dece­nas de años de prisión.

Que nadie aban­do­ne este camino, por­que vamos a ganar. Dicho que­dó, Bil­du es el camino. El camino tie­ne cur­vas peli­gro­sas, y una de ellas es esta estram­bó­ti­ca sen­ten­cia. Se pue­de sen­tir mucha rabia, mucha indig­na­ción, pero quie­nes están en la cár­cel saben que su tra­ba­jo es reco­no­ci­do y valo­ra­do por la izquier­da de Eus­kal Herria. No hay temor a pasar diez o trein­ta años más detrás del muro, por­que el obje­ti­vo es ven­cer a la ultra­de­re­cha espa­ño­lis­ta en el país. No quie­ro yo dis­traer el asun­to prin­ci­pal la sentencia‑, pero hace pocos días el fas­cis­mo mos­tró aquí en Anda­lu­cía su cara más negra con la deten­ción de Die­go Caña­me­ro, o en Bar­ce­lo­na con la deten­ción de diri­gen­tes sin­di­ca­les. Los datos son abru­ma­do­res. No es sólo aun­que es la pun­ta de lan­za- el caso de Eus­kal Herria, es el caso de todo el Esta­do y de toda Euro­pa. No per­da­mos la perspectiva.

Diez años de cár­cel son 3.650 días. En ese tiem­po quien pre­si­dió el tri­bu­nal sen­ten­cia­dor esta­rá por razón bio­ló­gi­ca apar­ta­da de todo, y eso siem­pre será un ali­vio. Cuan­do sal­gan de la cár­cel los con­de­na­dos, al Esta­do Espa­ñol no lo reco­no­ce­rá ni su madre. Tiem­po al tiem­po. Sobre todo por­que el camino que no hay que aban­do­nar no se abandonará.

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