Tur­quía se crece

El pri­mer minis­tro tur­co Recep Tay­yip Erdoğan ha reac­ti­va­do la polí­ti­ca exte­rior de su país. Actual­men­te de gira por varios paí­ses ára­bes, en las últi­mas sema­nas Erdoğan había ele­va­do el tono con­tra su anti­guo alia­do Israel, a pro­pó­si­to del blo­queo de Gaza y el ata­que al buque tur­co Mavi Mar­ma­ra el año pasa­do. Tras la publi­ca­ción del Infor­me Palmer/​Uribe, muy com­pla­cien­te con la polí­ti­ca israe­lí, Tur­quía expul­só al emba­ja­dor de Israel y sus­pen­dió la coope­ra­ción mili­tar. De esta mane­ra pare­ce haber ter­mi­na­do con el doble jue­go que siguió al ata­que con­tra la pri­me­ra flo­ti­lla de la liber­tad, en el que una retó­ri­ca infla­ma­da no impe­día la pre­ser­va­ción de cana­les sote­rra­dos de cooperación.

Pero duran­te el pri­mer semes­tre de 2011 el terre­mo­to ára­be que se pro­du­jo en sus inme­dia­cio­nes cam­bió las tor­nas. El Esta­do tur­co deci­dió ocu­par con carác­ter pre­fe­ren­cial el vacío polí­ti­co que Esta­dos Uni­dos en el Medio Orien­te, y la Unión Euro­pea en el Medi­te­rrá­neo, están dejan­do, espe­cial­men­te tras la caí­da de pie­zas cla­ve como Ben Ali y sobre todo de Hos­ni Muba­rak. «El Medi­te­rrá­neo no es un lugar des­co­no­ci­do para noso­tros. A par­tir de aho­ra se verán con­ti­nua­men­te nues­tros bar­cos (mili­ta­res)», advir­tió Erdoğan a Israel (y, por exten­sión, a la UE y a EEUU) hace una sema­na, en una espe­cie de ver­sión local de la doc­tri­na Mon­roe. Tam­bién lla­mó a capí­tu­lo al gobierno sirio de Bashar el Assad, a quien exi­gió que detu­vie­ra la repre­sión de las revuel­tas que están pro­vo­can­do un éxo­do de refu­gia­dos hacia Tur­quía. No es el úni­co Esta­do hiper­ac­ti­vo. Qatar hace uso de su «poder blan­do» mediá­ti­co y finan­cie­ro y jue­ga un papel muy des­ta­ca­do en un lugar rela­ti­va­men­te ale­ja­do como es Libia, en cuya gue­rra Tur­quía tam­bién ter­mi­nó por hacer acto de pre­sen­cia. Y Ara­bia Sau­dí toda­vía tra­ta de apa­gar los fue­gos de su peri­fe­ria (Baréin, Yemen) por la vía mili­tar. Pero es Tur­quía, país miem­bro de la OTAN, la que ha ido más lejos en su explo­ra­ción de una vía autó­no­ma, al enfren­tar­se abier­ta­men­te con ese «niño mima­do» (Erdoğan dixit) que es Israel. Al mos­trar múscu­lo, el pri­mer minis­tro con­si­gue ade­más poner prie­tas las filas de un ejér­ci­to cuya cúpu­la había dimi­ti­do en blo­que a fina­les de julio, ganan­do el lar­go pul­so que enfren­ta­ba al par­ti­do isla­mis­ta gober­nan­te y el ejér­ci­to que se auto­pro­cla­ma­ba garan­te de la heren­cia de Atatürk.

El subi­dón tur­co es tam­bién eco­nó­mi­co. Mien­tras la Unión Euro­pea se hace el hara kiri eco­nó­mi­co, Tur­quía se con­vier­te en la eco­no­mía euro­pea ‑o euro­asiá­ti­ca, si lo pre­fie­ren- que más cre­ce (10, 2 % en los seis pri­me­ros meses de 2011), impul­sa­da prin­ci­pal­men­te por la inver­sión pri­va­da y el con­su­mo interno. En lo que va de año, más que Chi­na. Pero a dife­ren­cia de ésta, Tur­quía tie­ne el talón de aqui­les de un ele­va­do défi­cit en la balan­za por cuen­ta corrien­te (9,5 % del PIB) y una bur­bu­ja inmo­bi­lia­ria reca­len­ta­da en par­te por capi­ta­les que huye­ron de otros lados y que podrían vol­ver a des­pla­zar­se. A su vez, empre­sas tur­cas invier­ten en sus veci­nos Gre­cia y Ruma­nía, gra­ve­men­te afec­ta­dos por la cri­sis finan­cie­ra. Los con­glo­me­ra­dos empre­sa­ria­les tur­cos incre­men­ta­ron en los últi­mos años sus inver­sio­nes en el extran­je­ro: los flu­jos anua­les de inver­sión pasa­ron de mil millo­nes de dóla­res en 2005 a 2.6 mil millo­nes en 2008, para lue­go des­cen­der en 2009 con la cri­sis financiera.

El actual lide­raz­go tur­co está dis­pues­to a seguir un camino simi­liar al que empren­dió Bra­sil en Suda­mé­ri­ca. De ahí que visi­te pre­ci­sa­men­te los paí­ses ára­bes más afec­ta­dos por las revuel­tas de 2011: Egip­to, Túnez y Libia. El gobierno de Erdoğan tra­ta de influir y expor­tar su ver­sión del isla­mis­mo. Pero a dife­ren­cia de Bra­sil, Tur­quía no pro­mue­ve una estruc­tu­ra como Una­sur (man­tie­ne sus aspi­ra­cio­nes euro­peas), no dis­po­ne de un arma eco­nó­mi­ca como Petro­bras, y el AKP tam­po­co es el Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res. Pero geo­po­lí­ti­ca­men­te no es lo mis­mo ver­se como un país peri­fé­ri­co euro­peo, nin­gu­nea­do y que nego­cia un capí­tu­lo tras otro sin saber si el lan­gui­de­cien­te eje fran­co-ale­mán le dará algún día el plá­cet, que como el cen­tro de una región que conec­ta con varios mun­dos por vía flu­vial y marí­ti­ma (la ver­sión ingle­sa del dia­rio Hürri­yet con­tie­ne una sec­ción dedi­ca­da a los paí­ses de su entorno y lo divi­de así: Éufra­tes, Amu Der­ya, Danu­bio, Vol­ga, Kura-Aras). En el exal­ta­do dis­cur­so que pro­nun­ció tras su aplas­tan­te vic­to­ria en las elec­cio­nes de junio, Erdoğan declaró

«Créan­me, Sara­je­vo hoy ganó tan­to como Estan­bul, Bei­rut ganó tan­to como Izmir, Damas­co ganó tan­to como Anka­ra, Rama­llah, Nablús, Jenín, Cis­jor­da­nia, Jeru­sa­lén gana­ron tan­to como Diyar­ba­kir.»

Que haya com­pa­ra­do las ciu­da­des pales­ti­nas ocu­pa­das con una ciu­dad de mayo­ría kur­da, «libre», no es ino­cen­te. Y debe­ría invi­tar a la pru­den­cia a los pales­ti­nos que valo­ran posi­ti­va­men­te el pro­gre­si­vo ais­la­mien­to israe­lí. El ejér­ci­to tur­co pro­si­gue su gue­rra con­tra el PKK kur­do, den­tro y fue­ra del país, y la cues­tión kur­da dis­ta de haber­se resuel­to. Tur­quía no es el pri­mer Esta­do que enar­bo­la la cau­sa pales­ti­na en fun­ción de sus pro­pios intere­ses estra­té­gi­cos. Pero no es menos cier­to que de momen­to ha abier­to, al menos, una vía de esca­pe don­de antes solo había calle­jo­nes sin salida.

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