La últi­ma juga­da de EB com­pli­ca el futu­ro – Iña­ki Iriondo

Ezker Batua, unas siglas en abier­ta des­com­po­si­ción, divi­di­das en fami­lias irre- con­ci­lia­bles y con una vía de agua inta­po­na­ble en su hono­ra­bi­li­dad y cre­di­bi­li­dad, ha cam­bia­do el mapa ins­ti­tu­cio­nal pre­vi­si­ble de Eus­kal Herria en el últi­mo momen­to. Cuan­do Bil­du anun­ció que daría sus votos a Xabier Agi­rre y el coor­di­na­dor gene­ral de EB, Mikel Ara­na, acla­ró que su for­ma­ción no pro­pi­cia­ría el acce­so al poder del PP ni por acti­va ni por pasi­va, se dio por hecho que el PNV man­ten­dría la Dipu­tación de Araba.

Sin embar­go, unos diri­gen­tes más preo­cu­pa­dos de sus intere­ses par­ti­cu­la­res que por hacer un aná­li­sis glo­bal de futu­ro de país, se pusie­ron la «izquier­da» por mon­te­ra y deci­die­ron rom­per con la lógi­ca. Según su pro­pia ver­sión, en lugar de acep­tar lo que ofre­cía el PNV, pre­fi­rie­ron dejar «gra­tis» la Dipu­tación en manos del PP.

Lue­go se supo que había tam­bién car­gos y dine­ros de por medio, aun­que no se cono­ce aún si los de Anto­nio Basa­goi­ti paga­ron pre­cio en su inten­ción de hacer «lo posi­ble y lo impo­si­ble» por acce­der al poder.

El caso es que, en este momen­to, cada ins­ti­tu­ción de Hego Eus­kal Herria está diri­gi­da por un par­ti­do dis­tin­to. En Nafa­rroa, el Gobierno está en manos de UPN, con el PSN como apén­di­ce, y la situa­ción en Iru­ñea es muy pare­ja; en Biz­kaia la Dipu­tación y la alcal­día de Bil­bo corres­pon­den al PNV; Ara­ba y su capi­tal están bajo el poder del PP; Gipuz­koa está pre­si­di­da por Bil­du; mien­tras que el Eje­cu­ti­vo de Lakua tie­ne la sigla del PSE. A esto se le suma que muchos de esos gobier­nos son mino­ri­ta­rios, lo que obli­ga no sólo a acuer­dos entre dife­ren­tes, sino inclu­so entre antagónicos.

Des­con­cier­to fiscal

Ade­más de los pro­ble­mas evi­den­tes que pue­de cau­sar esta ato­mi­za­ción, hay un par de cues­tio­nes estra­té­gi­cas que en este momen­to se pre­sen­tan como más difí­ci­les de abor­dar que hace una semana.

Una de estas cues­tio­nes es la de la refor­ma de la fis­ca­li­dad a la bús­que­da de una mayor jus­ti­cia recau­da­to­ria y dis­tri­bu­ti­va. El PNV de Ara­ba, en sus nego­cia­cio­nes con EB, había dado algu­nos pasos en este sen­ti­do, des­de la con­vic­ción de que si reedi­ta­ba man­da­to en la Dipu­tación no iba a tener más reme­dio que abor­dar la cues­tión. Hace unos meses, Xabier Agi­rre ya plan­teó la nece­si­dad de deba­tir sobre la cues­tión, en pará­me­tros dis­tin­tos a los que plan­tea, por ejem­plo, el PNV de Biz­kaia. Ade­más, el ABB con­tem­pla­ba que la pre­sión de Bil­du des­de Gipuz­koa y del PSE des­de el Gobierno de Lakua obli­ga­rían a mover­se. Jun­to a esto, mane­ja­ba la pre­vi­sión de que la Hacien­da espa­ño­la res­ta­ble­ce­rá pró­xi­ma­men­te el Impues­to de Patrimonio.

Todo esto hacía que en el con­jun­to de la CAV exis­tie­ra una corre­la­ción de fuer­zas favo­ra­ble a abor­dar refor­mas fis­ca­les des­de una pers­pec­ti­va que podría cali­fi­car­se de «pro­gre­sis­ta» y ven­cer las reti­cen­cias que ya vie­ne mos­tran­do la Dipu­tación de José Luis Bilbao.

Sin embar­go, la ocu­rren­cia de EB de votar su pro­pio «pro­gra­ma de izquier­das» ‑ade­más de la cola­bo­ra­ción del PSE- han hecho que acce­da a la Dipu­tación de Ara­ba un Javier de Andrés que des­de su dis­cur­so de inves­ti­du­ra ya acla­ró que sus inten­cio­nes en mate­ria fis­cal no pasan ni por subir tipos a la ren­tas más altas ni por «espan­tar» a las empre­sas modi­fi­can­do el Impues­to de Sociedades.

Habrá que ver lo que da de sí la anun­cia­da reu­nión del lehen­da­ka­ri, Patxi López, con las tres dipu­tacio­nes fora­les a cele­brar en los pró­xi­mos días para hablar de la cues­tión de la fis­ca­li­dad y tra­tar de hacer­la «más jus­ta, soli­da­ria y equi­ta­ti­va», pero a prio­ri se obser­va que las opcio­nes más «libe­ra­les» se han vis­to refor­za­das en los órga­nos de coordinación.

Nor­ma­li­za­ción política

Otro de los ejes de futu­ro es el de la nor­ma­li­za­ción polí­ti­ca y la aper­tu­ra de un nue­vo tiem­po en Eus­kal Herria. Los pasos que se den des­de aquí son impor­tan­tes pero sería bene­fi­cio­so para todos que el Esta­do fue­ra acom­pa­ñán­do­los también.

Si la situa­ción del Ebro para aba­jo no da un vuel­co en los pró­xi­mos meses ‑un mila­gro que pare­ce supe­rar inclu­so los pode­res del repu­tado Alfre­do Pérez Rubal­ca­ba- cabe pen­sar razo­na­ble­men­te que el pró­xi­mo Gobierno espa­ñol esta­rá en manos del PP; y las apues­tas se cen­tra­rán en si Mariano Rajoy alcan­za­rá o no la mayo­ría absoluta.

En esas con­di­cio­nes, habría sido impor­tan­te que el mayor núme­ro de ins­ti­tu­cio­nes vas­cas estu­vie­ra en manos de for­ma- cio­nes que apues­tan por la nor­ma­li­za­ción, la lega­li­za­ción de todos los par­ti­dos, el res­pe­to a los dere­chos de las pre­sas y pre­sos y el reco­no­ci­mien­to del dere­cho a deci­dir. A la vis­ta de la situa­ción de Nafa­rroa, con­ve­nía por tan­to que al menos las dipu­tacio­nes de la CAV se situa­rán en esa pers­pec­ti­va, a la espe­ra de que unas futu­ras elec­cio­nes auto­nó­mi­cas tam­bién die­ran paso a un gobierno aber­tza­le en Aju­ria Enea.

Y en este con­tex­to, de nue­vo, la juga­da de EB de Ara­ba ofre­ce al futu­ro gobierno espa­ñol del PP (y de las FAES) un pun­to de des­com­pre­sión en tie­rra vas­ca. Y lo hace, ade­más, en el momen­to en el que en Ara­ba el voto aber­tza­le supera en tér­mi­nos abso­lu­tos al unionista.

No es que las dipu­tacio­nes sean por sí mis­mas una pun­ta de lan­za de un movi­mien­to por la nor­ma­li­za­ción polí­ti­ca, pero en una coyun­tu­ra de ofen­si­va por la recu­pe­ra­ción de dere­chos, pue­den ser­vir para aunar y sumar fuerzas.

Y pese a que el PP de la CAV da mues­tras de estar en pará­me­tros más civi­li­za­dos que los dic­ta­dos que ema­nan de la Calle Géno­va y, sobre todo de la Fun­da­ción Faes que pre­si­de José María Aznar, nada hace pre­ver que Javier de Andrés pue­da ser un agen­te de cam­bio en este terreno.

La situa­ción del PNV

A par­tir de que el jue­ves per­die­ra la Dipu­tación de Ara­ba, el PNV se encuen­tran en su cota de poder ins­ti­tu­cio­nal más baja des­de 1979. Exclui­do de Aju­ria Enea, entre las gran­des ins­ti­tu­cio­nes solo cuen­ta con la Dipu­tación de Biz­kaia y la alcal­día de Bil­bo. Bien es cier­to que hace cua­tro años pudo ocu­rrir­le lo mis­mo, pues tam­po­co ganó ni en Ara­ba ni en Gipuz­koa, pero enton­ces se le pusie­ron a favor los con­di­cio­nan­tes tác­ti­cos para encon­trar apo­yos y el fac­tor suer­te que esta vez han juga­do en su contra.

El PNV debe afron­tar has­ta fin de año un pro­ce­so de reno­va­ción del EBB que todo indi­ca que será tran­qui­lo, pues­to que pare­ce que Iñi­go Urku­llu está dis­pues­to a dar esta­bi­li­dad a los equi­li­brios inter­nos pac­ta­dos hace cua­tro años. Lo que que­da por ver es si los movi­mien­tos regio­na­les que algu­nos pare­cen estar intere­sa­dos en agi­tar en Gipuz­koa y en Ara­ba no aca­ban tenien­do reper­cu­sio­nes en Sabin Etxea.

A la hora de repar­tir cul­pas, los medios unio­nis­tas se ceban en Jose­ba Egi­bar e Iña­ki Gere­na­ba­rre­na, pre­si­den­tes del GBB y del ABB res­pec­ti­va­men­te. Pero hay otros obser­va­do­res a los que no se les esca­pa que la mayor pér­di­da de peso ins­ti­tu­cio­nal del par­ti­do se ha dado, pre­ci­sa­men­te, bajo el man­da­to de Iñi­go Urku­llu y con una pra­xis polí­ti­ca que vie­ne de los tiem­pos de Josu Jon Imaz.

Al PNV, ade­más, le ha sur­gi­do un com­pe­ti­dor de fuer­za des­co­no­ci­da has­ta el momen­to en el cam­po del aber­tza­lis­mo, Bil­du, que se pre­sen­ta inclu­so como una ame­na­za real a la hege­mo­nía jeltzale.

La caí­da del PSE

El vier­nes, a rebu­fo toda­vía de lo ocu­rri­do en Ara­ba, el secre­ta­rio gene­ral de Orga­ni­za­ción del PSE, Alfon­so Gil, empla­zó al PNV, «empe­zan­do por Iñi­go Urku­llu», a lle­var a cabo una «una refle­xión a fon­do» sobre su «pér­di­da de poder ins­ti­tu­cio­nal», cau­sa­da por «una acción polí­ti­ca basa­da en el resen­ti­mien­to» y en el «aco­so y derri­bo al Gobierno vasco».

A la vis­ta de sus resul­ta­dos del 22‑M, y con la hui­da de casi la ter­ce­ra par­te de sus votos, no es pre­ci­sa­men­te el PSE quién pue­de tra­tar de dar lec­cio­nes a nadie. Per­di­das las alcal­días de Gas­teiz y la de Donos­tia (esta últi­ma de for­ma espe­cial­men­te dolo­ro­sa), la úni­ca gran ins­ti­tu­ción que le que­da es el Gobierno de Lakua. Evi­den­te­men­te, no es poco, pues es la mayor de todas en cuan­to a com­pe­ten­cias y pre­su­pues­to, pero a nadie se le ocul­ta que, a estas altu­ras, da la impre­sión de que el Eje­cu­ti­vo de Patxi López tie­ne fecha de cadu­ci­dad en las pró­xi­mas elec­cio­nes autonómicas.

Cabe recor­dar que, pese a los dis­cur­sos de López ani­man­do a sus altos car­gos a vol­ver a conec­tar «con la mayo­ría del país», esa mayo­ría nun­ca estu­vo con el PSE. No ganó las pasa­das elec­cio­nes auto­nó­mi­cas. Si pudo lle­gar a Aju­ria Enea fue por la tram­pa que supo­ne la ile­ga­li­za­ción de un sec­tor polí­ti­co, y por los con­di­cio­nan­tes de la ley elec­to­ral, que dio más esca­ños al pac­to que tenía menos votos.

En el nue­vo esce­na­rio polí­ti­co abier­to tras la lega­li­za­ción de Bil­du, y a la espe­ra de que se repon­gan dere­chos polí­ti­cos y civi­les con la futu­ra lega­li­za­ción de Sor­tu, no entra en las pre­vi­sio­nes lógi­cas que PSE y PP pue­dan vol­ver a sumar mayo­ría abso­lu­ta en el Par­la­men­to de Gas­teiz. Así que si Patxi López aspi­ra a vol­ver al Gobierno, la úni­ca fór­mu­la posi­ble es que lo haga como vice­lehen­da­ka­ri de un jeltzale.

Lec­ción en Nafarroa

Otra de las con­se­cuen­cias de la recom­po­si­ción del mapa ins­ti­tu­cio­nal tras las pasa­das elec­cio­nes ha sido la nove­dad de un gobierno de coa­li­ción en Nafa­rroa, don­de UPN ha vuel­to a echar mano del PSN, pero esta vez lo ha inclui­do en el repar­to de consejerías.

El movi­mien­to ha ser­vi­do para que quie­nes toda­vía con­ser­va­ban la espe­ran­za de que este PSN pue­de ser un agen­te de cam­bio en el esce­na­rio polí­ti­co nava­rro la aban­do­nen definitivamente.

Ara­lar, por ejem­plo, ya ha anun­cia­do el ini­cio de un aná­li­sis interno para explo­rar otras rutas que per­mi­tan lle­gar al cam­bio sin el PSN. Es cier­to que el camino no es fácil, pero es mucho más prac­ti­co afron­tar un reto duro que enga­ñar­se pen­san­do que hay ata­jos don­de sólo cre­ce la maleza.

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