La pro­gre­sía y el movi­mien­to 15-M- Car­los Tai­bo

En algún momen­to he seña­la­do que en tér­mi­nos gene­ra­les las gen­tes de la izquier­da tra­di­cio­nal se han por­ta­do decen­te­men­te en rela­ción con el movi­mien­to 15‑M: han par­ti­ci­pa­do en las asam­bleas, han rehui­do las iden­ti­fi­ca­cio­nes par­ti­da­rias y se han per­ca­ta­do del sig­ni­fi­ca­do de lo que esta­ba ocu­rrien­do. Lo ante­rior es ver­dad aun cuan­do no hayan fal­ta­do en algu­nos luga­res pro­ble­mas que cali­fi­ca­ré de meno­res –inten­tos, por ejem­plo, de mani­pu­la­ción y con­trol– y aun cuan­do algún res­pon­sa­ble polí­ti­co –así, el can­di­da­to de IU a la alcal­día de Madrid, Ángel Pérez, o el otro­ra máxi­mo diri­gen­te de Esque­rra, Josep-Lluís Carod-Rovi­ra– haya rea­li­za­do decla­ra­cio­nes impre­sen­ta­bles.

Si la izquier­da tra­di­cio­nal ha esta­do gené­ri­ca­men­te a la altu­ra de las cir­cuns­tan­cias, cabe pre­gun­tar­se de quién no pue­de decir­se otro tan­to. Me olvi­da­ré aho­ra de la ruin­dad ingen­te que rodea a los sin­di­ca­tos mayo­ri­ta­rios; qué lla­ma­ti­vo pare­ce que haya sido el movi­mien­to 15‑M el que haya con­vo­ca­do el pasa­do día 19 las mani­fes­ta­cio­nes con­tra el Pac­to del Euro, mien­tras las cúpu­las de CCOO y UGT guar­da­ban silen­cio. Me intere­sa pres­tar aten­ción, antes bien, a un gru­po humano cuya con­duc­ta ante los hechos de las últi­mas sema­nas mere­ce más de un comen­ta­rio. Hablo de esa cons­te­la­ción pro­gre­sis­ta de la que for­man par­te un buen puña­do de estre­llas de la inte­lec­tua­li­dad y de las artes.
Lo pri­me­ro que me pro­du­ce sor­pre­sa es el hecho de que estas gen­tes no duden en uti­li­zar, para iden­ti­fi­car­se, la eti­que­ta de pro­gre­sis­tas. Pocos tér­mi­nos hay más gas­ta­dos que éste. Gas­ta­dos, en pri­mer lugar, por la retó­ri­ca vacua que ha emplea­do en los últi­mos dece­nios el par­ti­do que sigue diri­gien­do el Gobierno espa­ñol. ¿Cómo es posi­ble que quie­nes en estas horas afir­man que quie­ren rom­per ama­rras con todo lo que sig­ni­fi­ca ese par­ti­do no duden en seguir emplean­do un cali­fi­ca­ti­vo tan dela­ta­dor? Siem­pre cer­ca de estruc­tu­ras de poder, nues­tros pro­gre­sis­tas se han adhe­ri­do en el pasa­do a todas las mise­rias ima­gi­na­bles. ¿Alguien ha olvi­da­do, por cier­to, la lis­ta de par­ti­da­rios del Tra­ta­do Cons­ti­tu­cio­nal de la Unión Euro­pea –sur­ti­dor prin­ci­pal de la mier­da que hoy arras­tra­mos– que pro­mo­vió la SGAE en diciem­bre de 2004? No pare­ce, en un terreno pró­xi­mo, que estas gen­tes se hayan des­mar­ca­do con­vin­cen­te­men­te de sus intere­ses per­so­na­les, en un esce­na­rio en el que no menu­dean las noti­cias que den cuen­ta de cómo han reco­no­ci­do públi­ca­men­te sus erro­res del pasa­do. Mien­tras, por un lado, nun­ca han pisa­do un cen­tro social oku­pa­do –para algo están los oro­pe­les del Círcu­lo de Bellas Artes madri­le­ño – , por el otro han man­te­ni­do has­ta hace bien poco –aca­so algu­nos la man­tie­nen toda­vía– una rela­ción muy cáli­da con esos dos com­ba­ti­vos sin­di­ca­tos que he men­cio­na­do unas líneas más arri­ba. Hablo de gen­tes, en fin, que se auto­atri­bu­yen la con­cien­cia de la izquier­da y que esti­man que no podría­mos pasar sin el soco­rro de sus decla­ra­cio­nes y mani­fies­tos.

Ten­go la fir­me con­vic­ción de que los inte­lec­tua­les y artis­tas pro­gre­sis­tas arras­tran pro­ble­mas gra­ves en mate­ria de com­pren­sión de lo que ocu­rre entre noso­tros. En su dis­cur­so lo suyo es que se denun­cie lo que está en la epi­der­mis mien­tras se esqui­van las cues­tio­nes de fon­do. Si la corrup­ción y la pre­ca­rie­dad for­man par­te de la pri­me­ra, el capi­ta­lis­mo y la supe­di­ta­ción del poder polí­ti­co a sus reglas viven entre las segun­das. La úni­ca res­pues­ta posi­ble y con­se­cuen­te –así lo han enten­di­do amplí­si­mos sec­to­res del movi­mien­to 15‑M– asu­me la for­ma de la con­tes­ta­ción fran­ca del capi­ta­lis­mo des­de pers­pec­ti­vas anti­pro­duc­ti­vis­tas, anti­pa­triar­ca­les e inter­na­cio­na­lis­tas. Seme­jan­te pro­yec­to casa mal, dicho sea de paso, con la obse­sión de nues­tros inte­lec­tua­les y artis­tas por los par­ti­dos y las elec­cio­nes. ¿Cuál no será al res­pec­to la últi­ma idea bri­llan­te que esta­rán ilu­mi­nan­do en lo que se refie­re a mara­vi­llo­sos fren­tes en los que con­flu­yan algu­nos de los pri­me­ros? ¿Y qué líde­res nos pro­pon­drán aho­ra? ¿Habrá alguno que no hue­la a lo mis­mo de siem­pre, al desig­nio de reu­nir a la izquier­da clau­di­can­te bajo ban­de­ras apa­ren­te­men­te nue­vas? Qué sig­ni­fi­ca­ti­vo resul­ta que muchos de quié­nes hace bien poco le reían las gra­cias al PSOE se sien­tan hoy trai­cio­na­dos. ¡Vaya que han tar­da­do tiem­po en tomar nota de la reali­dad! Lo de Izquier­da Uni­da, entre tan­to, no pare­ce con­ven­cer­les, aca­so por­que en el mal­tre­cho pro­yec­to de la refun­da­ción no se les reser­va­ba el lugar que espe­ra­ban, aca­so por­que siguen pen­san­do que es pre­fe­ri­ble ser cola de león que cabe­za de ratón.
Mayor relie­ve que todo lo ante­rior corres­pon­de, sin embar­go, a un hecho: nues­tros inte­lec­tua­les y artis­tas se han vis­to por com­ple­to des­bor­da­dos por lo que ha ocu­rri­do tras el 15 de mayo. Y su situa­ción es incó­mo­da, antes que nada, por algo que sal­ta a la vis­ta: nada han teni­do que ver con la ges­ta­ción de un movi­mien­to que, por razo­nes fáci­les de intuir, no com­pren­den, inmer­so como está en la vorá­gi­ne de la asam­blea y de la auto­ges­tión, lejos de divos y de famo­seos. En lugar de acer­car­se humil­de­men­te a lo que empe­za­ba a mani­fes­tar­se, se han entre­ga­do con pun­do­nor a la tarea de reba­jar la radi­ca­li­dad de la pro­pues­ta que veía la luz en las pla­zas, pro­cu­ran­do adap­tar­la a una leta­nía repen­ti­na­men­te supe­ra­da por la reac­ción aira­da de los jóve­nes. Para ello han dis­pues­to, como siem­pre, de los resor­tes pre­cep­ti­vos que ofre­cen los medios pro­gre­sis­tas: El País y la SER, Públi­co y Radio Nacio­nal.

Sin nor­te, nues­tros ami­gos pro­cu­ran en estas horas, con esca­so éxi­to, recu­pe­rar el pro­ta­go­nis­mo que tan­to les gus­ta. Bueno sería que toma­sen nota, sin embar­go, de algo que pare­ce evi­den­te: los indig­na­dos no sólo lo están con los ban­que­ros y con los gober­nan­tes que les sir­ven. No sien­ten nin­gún cari­ño, tam­po­co, por quie­nes han reí­do las gra­cias dema­sia­das veces a los unos y a los otros. Para cer­ti­fi­car­lo bas­ta con echar una ojea­da a los foros de muchos de esos medios de comu­ni­ca­ción pro­gre­sis­tas que aca­bo de nom­brar.

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *