Ins­ta­la­dos en la medio­cri­dad- Mar­cos Roit­man

Hoy se pue­de hablar de todo sin saber de nada. O mejor dicho, ver­ter opi­nio­nes como si se tra­ta­ra de cien­cia. Se pon­ti­fi­ca en nom­bre de una nue­va ver­dad ema­na­da de los mer­ca­dos don­de la máxi­ma se refie­re a los cri­te­rios de com­pe­ti­ti­vi­dad y el indi­vi­dua­lis­mo ava­la­da por el éxi­to. Así, las res­pon­sa­bi­li­da­des se dilu­yen en el mer­ca­do. Se tra­ta de ganar a toda cos­ta. Es el retorno de los sofis­tas. La doxa se abre paso ava­sa­llan­do el cono­ci­mien­to. Un par­lo­teo vano y el decir lo mis­mo de modos dife­ren­tes, pro­du­cien­do cir­cun­lo­quios abu­rri­dos, se adue­ña del habla. Lo des­ta­ca­ble es que el inter­lo­cu­tor se cree lo que dice y acep­ta el jue­go. En otras pala­bras, se lo tra­ga sin mas­ti­car y lue­go, cuan­do encuen­tra la oca­sión, lo regur­gi­ta opor­tu­na­men­te. Da lo mis­mo. Sea sobre jus­ti­cia, depor­te, salud, gue­rra o demo­cra­cia, se impo­ne un con­sen­so sobre los lími­tes del dis­cur­so. Exis­te una fron­te­ra entre lo que se con­si­de­ra líci­to y aque­llo adje­ti­va­do fue­ra de lugar.

Ins­ta­la­dos en la medio­cri­dad, es cues­tión de emi­tir rui­do y con­fi­gu­rar fra­ses sin saber su sig­ni­fi­ca­do. Una téc­ni­ca apro­pia­da para suge­rir la muta­ción del suje­to en un lori­to repe­ti­dor. El resul­ta­do lo pode­mos obser­var en las ter­tu­lias, los deba­tes y las rela­cio­nes inter­per­so­na­les. Cuan­to más y mejor se repi­tan los códi­gos ema­na­dos del mer­ca­do, se obten­drán mejo­res pre­mios. Será bien vis­to, ascen­de­rá en la esca­la social, y cual pavo real podrá des­ple­gar sus plu­mas cuan­do la oca­sión lo ame­ri­te.

No impor­ta cuál sea el pro­ble­ma, háble­se de lo que se hable, vio­len­cia, pobre­za, des­igual­dad, explo­ta­ción, siem­pre, el lori­to repe­ti­dor está en con­di­cio­nes de emi­tir un jui­cio y apor­tar una la solu­ción. Ya no hacen fal­ta médi­cos para emi­tir diag­nós­ti­cos sobre las enfer­me­da­des y rece­tar medi­ca­men­tos, con acu­dir a Inter­net y ver las rece­tas case­ras para la gas­tri­tis, la her­nia de hia­to, el asma o la pre­sión baja, ya tene­mos la solu­ción al pro­ble­ma. Lo dicho se pue­de extra­po­lar a cual­quier dis­ci­pli­na, des­de el dere­cho, pasan­do en la mate­má­ti­ca y cul­mi­nan­do en la antro­po­lo­gía. De lo con­tra­rio no podría­mos enten­der para que exis­te Wiki­pe­dia. Igual­men­te se acu­de a char­la­ta­nes para solu­cio­nar cual­quier tipo de situa­ción. Astró­lo­gos, viden­tes, etcé­te­ra.

Ser lego no es obs­tácu­lo para pose­sio­nar­se en mate­rias des­co­no­ci­das. La cosa es tener una «opi­nión común» ava­la­da por la medio­cri­dad. Quie­nes así actúan par­ti­ci­pan de la socie­dad con­si­de­ra­da un flu­jo de infor­ma­ción, don­de unos emi­ten men­sa­jes y otros, la mayo­ría, los ponen en cir­cu­la­ción. Es el lla­ma­do nue­vo «mer­ca­do de ideas», don­de cir­cu­lan libres, pudien­do ser uti­li­za­das por quien quie­ra y don­de quie­ra, sin ata­du­ra algu­na. Bien lo expre­sa el sub­co­man­dan­te Mar­cos en su segun­da car­ta a Luis Villo­ro: «La teo­ría cha­ta­rra, como la comi­da ídem, no nutre, sola­men­te entre­tie­ne. Y de eso pare­ce tra­tar­se si nos ate­ne­mos a lo que apa­re­ce en la gran mayo­ría de los dia­rios y revis­tas, así como en los pane­les de los “espe­cia­lis­tas” de los medios elec­tró­ni­cos…».

Hoy, los gran­des medios de comu­ni­ca­ción social bus­can per­sua­dir y gene­rar un pen­sa­mien­to tan amor­fo como laxo para ador­me­cer la con­cien­cia y favo­re­cer la sumi­sión al poder. El resul­ta­do es gro­tes­co, fra­ses inco­ne­xas sin ton ni son, des­con­tex­tua­li­za­das capa­ces de crear una reali­dad vir­tual a la cual se afe­rran, como un cla­vo ardien­do, unos y otros, les per­mi­te salir del ato­lla­de­ro en cual­quier situa­ción y cir­cuns­tan­cias. La igno­ran­cia tie­ne recom­pen­sa. Sir­van dos ejem­plos para ava­lar la hipó­te­sis. La bea­ti­fi­ca­ción de Juan Pablo II y la mal lla­ma­da muer­te de Osa­ma Bin Laden.

En rela­ción con el pri­mer caso, en Espa­ña, den­tro de un pro­gra­ma de humor social y polí­ti­co, una cade­na de tele­vi­sión envió a sus repor­te­ros a pre­gun­tar a la pobla­ción juve­nil qué opi­na­ban del par­ti­cu­lar. Eso sí, intro­du­jo una pre­gun­ta tram­pa, con el fin de indu­cir la res­pues­ta. El enun­cia­do era el siguien­te: ¿Cree usted que la fami­lia de Juan Pablo II, espo­sa e hijos, aprue­ban su bea­ti­fi­ca­ción? Sólo uno de los entre­vis­ta­dos alu­dió a la con­di­ción del celi­ba­to y recha­zó la pre­gun­ta en tan­to con­te­nía una pre­mi­sa fal­sa. El res­to, con des­par­pa­jo, la dio por bue­na, seña­lan­do que segu­ra­men­te esta­rían con­ten­tos y orgu­llo­sos de que bea­ti­fi­ca­ran a su padre. En el segun­do caso, las cade­nas de tele­vi­sión per­te­ne­cien­tes al gru­po de Ber­lus­co­ni die­ron la noti­cia, anun­cian­do la muer­te de Barack Oba­ma. Y no una sino varias veces. Ade­más, en todo el mun­do, sal­vo excep­cio­nes, se ava­la la ver­sión ema­na­da de la Casa Blan­ca, modi­fi­ca­da según pasan los días. En otros tér­mi­nos, la pala­bra ele­gi­da para cali­fi­car la acción que cos­tó la vida a Osa­ma Bin Laden es muer­te. Las noti­cias comien­zan con «la muer­te de Bin Laden». Pero lo cier­to es que fue ase­si­na­do, tér­mino más pre­ci­so para refe­rir­se al acon­te­ci­mien­to, más allá del per­so­na­je en cues­tión. La situa­ción lle­ga a lími­tes insos­pe­cha­dos. En la sesión de pre­gun­tas al pre­si­den­te de gobierno Rodrí­guez Zapa­te­ro, el dipu­tado de Izquier­da Uni­da Gas­par Lla­ma­za­res pre­gun­tó: «Señor pre­si­den­te, ¿man­tie­ne su feli­ci­ta­ción a Esta­dos Uni­dos por el ase­si­na­to extra­ju­di­cial del terro­ris­ta Bin Laden?». La res­pues­ta no tie­ne des­per­di­cio: «Es muy pro­ba­ble que su des­tino haya sido bus­ca­do por el mis­mo des­pués de tan san­gui­na­ria tra­yec­to­ria». Y, refi­rién­do­se al cali­fi­ca­ti­vo de ase­si­na­to extra­ju­di­cial uti­li­za­do por Lla­ma­za­res, agre­gó: «No com­par­to su opi­nión a tenor de lo que ha sido y está sien­do en estos días el deba­te en la comu­ni­dad inter­na­cio­nal, en todos los paí­ses prác­ti­ca­men­te, entien­do que su posi­ción es bas­tan­te mino­ri­ta­ria». En con­clu­sión, coma mier­da, mil millo­nes de mos­cas no pue­den estar equi­vo­ca­das, son una mayo­ría aplas­tan­te, la mier­da es bue­na.

Ins­ta­la­dos en estos argu­men­tos de la can­ti­dad se escu­da una situa­ción de con­trol polí­ti­co, des­ca­li­fi­ca­ción y sobre todo de sumi­sión al poder. La fal­ta de rigor se expan­de y cubre todo el espa­cio de lo públi­co. Es nece­sa­rio rom­per este círcu­lo vicio­so. Hay que atre­ver­se a pen­sar, recu­pe­rar la con­cien­cia crí­ti­ca y gene­rar alter­na­ti­vas al pen­sa­mien­to sumi­so. Es el mejor antí­do­to con­tra la medio­cri­dad.

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