Pri­me­ro Vene­zue­la y la Revo­lu­ción- Manuel Taibo

Men­sa­je a los “revo­lu­cio­na­rios tras­no­cha­dos” que tra­tan de impo­ner los intere­ses del sue­co-colom­biano Pérez Bece­rra ante los intere­se de nues­tra Patria. Des­pués de ento­nar nues­tros “revo­lu­cio­na­rios”, como cua­les­quie­ra neó­fi­tos en polí­ti­ca, un himno ripio­so muy IV repu­bli­cano, himno que podía leer­se en cual­quier manua­le­jo de los tiem­pos pun­to­fi­jis­tas, pasan a dis­tin­guir autar­quía de demo­cra­cia, dicién­do­nos que aque­lla es “la orde­na­ción pro­pia que bajo la sobe­ra­nía corres­pon­de a los izquier­dis­tas tras­no­cha­dos de boti­quín, en vir­tud de la habi­tual pose­sión y uso de todas las razo­na­bles liber­ta­des”. ¿Entien­den, cama­ra­das, lo que van dicien­do? Pues yo sólo entien­do que para esta “izquier­da”, medi­do­ra de pala­bras, las liber­ta­des razo­na­bles no son pro­pie­dad, sino pose­sión y uso. Lo de pro­pie­dad, es decir, el dere­cho abso­lu­to de usar y abu­sar, lo reser­van sin duda, para el señor Bece­rra. ¡Y aún no se cree­rán abso­lu­tis­tas estos camaritas¡

Lue­go nos dicen que no hay que con­fun­dir “la liber­tad civil, dere­cho nati­vo de todos, y la liber­tad polí­ti­ca, dere­cho adven­ti­cio de los capa­ces, con el impe­rio sobe­rano, deber y dere­cho de aque­llas impe­rio­si­da­des com­ple­jas y emi­nen­tí­si­mas, que no se dis­cier­nen, ni se eli­gen, sino que se pre­su­men razo­na­ble­men­te, y se acep­tan de la his­to­ria que las engen­dra y cría, y con la tra­di­ción las per­fec­cio­na, edu­ca y arrai­ga, etc.”.

Aquí te quie­ro, esco­pe­ta, digo seño­res de la izquier­da trasnochada.

Dígan­nos uste­des quien posee la medi­da de capa­ci­dad para aqui­la­tar quie­nes han de gozar ese dere­cho adven­ti­cio, y sobre todo dígan­nos si el pue­blo orga­ni­za­do en con­jun­to, no es una supe­rio­ri­dad, la más com­ple­ja y emi­nen­te que pue­de ser, pues­to que abar­ca y supo­ne a las demás en su seno, y si el pue­blo no ha engen­dra­do y cria­do la Sobe­ra­nía Nacional.

Pues qué, ¿el pue­blo no tie­ne dere­cho a su autar­quía como cada quisque?

Tie­nen los seño­res de esa “izquier­da” una idea de Vene­zue­la muy sui gene­ris, quie­ro decir muy inte­gris­ta. Es his­to­ria la his­to­ria del pun­to­fi­jis­mo, es tra­di­ción la tra­di­ción de aque­llos tiem­pos y, ¿no lo es aca­so la his­to­ria y vida de la Revolución?

Las cosas cam­bian según la his­to­ria, y la his­to­ria mis­ma según la cual cam­bian está suje­ta a evo­lu­ción. Bien se ve, que uste­des son los que lla­man eru­di­tos y pro­fun­dos a los pun­to­fi­jis­tas y pla­gia­rio y super­fi­cial a quien defien­de los intere­ses de Vene­zue­la y su pueblo.

Crean esos seño­res que si el pue­blo, ese pue­blo odia­do, ese pue­blo de que con tan­to des­pre­cio han habla­do todos los inte­lec­tua­lis­tas y pesi­mis­tas, des­de Uslar acá, si ese pue­blo ha con­quis­ta­do el poder, es por­que se ha con­fun­di­do con el no pue­blo, y por­que hoy vale tan­to o más como los res­tos del pun­to­fi­jis­mo y esa rara izquier­da, res­tos que no son más que pen­de­jos de la socie­dad y órga­nos atrofiados.

Tales defen­sas de un pun­to­fi­jis­mo ideal, que en el fon­do lo es hecha a ima­gen y seme­jan­za de quie­nes lo patro­ci­nan, han sido siem­pre acha­que de todos los espí­ri­tus espe­cu­la­ti­vos o hura­ños que viven fue­ra del aire fres­co y rudo de la reali­dad ¿Qué dere­chos polí­ti­cos pue­den salir de unas cabe­zas así, onto­ló­gi­ca? Puro roman­ti­cis­mo sin con­sis­ten­cia, idea­lis­mo nato, reto­ri­ca y pasa­tiem­po de sofis­tas, y forra­je para el discípulo.

No cabe más cien­cia del dere­cho polí­ti­co que una cien­cia his­tó­ri­ca, la que resul­ta del estu­dio de la evo­lu­ción polí­ti­ca en la his­to­ria; no es posi­ble más Vene­zue­la que la que nos han deja­do estos detri­tus ridícu­los que se pagan de motes, jero­glí­fi­cos y alcor­no­ques genea­ló­gi­cos, o de perros de mues­tra y caba­llos de carrera.

La reali­dad recom­pen­sa a quien humil­de y sin per­jui­cios se acer­ca a ella y cas­ti­ga con mano dura a quie­nes pre­ten­dan o des­fi­gu­rar­la o impo­ner­la ley, y la pide arro­gan­te­men­te adorno para idea­lis­mos y digre­sio­nes para tesis abs­trac­tas. La his­to­ria es la tesis, seño­res “izquier­dis­tas”, y la tesis de uste­des es una dis­gre­sion­ci­lla even­tual y pasajera.

Se han ido uste­des a digre­sio­nar por la his­to­ria con una tesis polí­ti­ca, for­ma­da en su molle­ra por con­den­sa­ción de abs­trac­cio­nes y enti­da­des de razón, y la his­to­ria les ha resul­ta­do rebel­de. Estos seño­res han teni­do la con­cien­cia cien­tí­fi­ca rec­ta y no han que­ri­do des­fi­gu­rar la his­to­ria, bue­na obra que les dará fruto.

¡Ah!, seño­res de la “izquier­da”; a prio­ri no pue­den hacer­se más que hipó­te­sis, las tesis las da la his­to­ria y lo que uste­des hacen de tomar su pro­pia crea­ción por tesis y la reali­dad por hipó­te­sis pasa­je­ra, o es exce­so de cegue­ra, o exce­so de sober­bia y con­fian­za en la pro­pia razón. ¡Ah, la razón, seño­res tras­no­cha­dos, la razón! ¡El enemi­go Chá­vez, la madre de la tesis, la enemi­ga de la his­to­ria, la que se rebe­la con­tra toda cen­su­ra! ¡Son uste­des unos racionalistas!

Para estu­diar polí­ti­ca no es el mejor camino ence­rrar­se con Kant y Rous­seau en “nues­tra oscu­ra y retraí­da exis­ten­cia” sino que hay que bañar­se en corrien­tes de vida, ane­gar­se en his­to­ria y cobrar, fuer­zas en el con­tac­to con el pue­blo, que es lo más vul­gar y plebeyo.

Así es el cas­ti­go. Mien­tras esos seño­res aca­ban con tris­te­za en que no vere­mos el día de liber­tad por­que las cosas no van por don­de ellos creen que debie­ran ir, yo excla­mo: ¡sur­sum cor­da!, por­que que­rien­do yo que vayan por don­de van, van por don­de yo quie­ro que vayan. Hay que tener, ade­más de resig­na­ción, fe en el Coman­dan­te Chávez.

¡Grin­gos Go Home!

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