Des­obe­dien­cia – Jakue Pas­cual

La ile­ga­li­za­ción de Bil­du por el Supre­mo refle­ja­ba con niti­dez el men­sa­je del esta­do. Espa­ña antes auto­ri­ta­ria que rota. Los pode­res del esta­do habían lan­za­do un órda­go en toda regla y la intui­ción del movi­mien­to sobe­ra­nis­ta de izquier­das per­ci­bió que la res­pues­ta con­si­guien­te sería des­obe­dien­te. El esta­do había cor­ta­do todos los puen­tes con la reso­lu­ción nego­cia­da del con­flic­to jus­to en el momen­to en el que el movi­mien­to sobe­ra­nis­ta adop­ta­ba una estra­te­gia de auto­de­fen­sa pací­fi­ca. Fue en ese ins­tan­te, pre­ci­sa­men­te, cuan­do aflo­ra­ron las autén­ti­cas con­tra­dic­cio­nes, las que se asien­tan en el sen­ti­do colo­nial del Impe­rio. Aque­llas que tan hábil­men­te habían sido sepa­ra­das del pro­ble­ma median­te la inter­po­si­ción de la media­ción arma­da. Pero la deter­mi­na­ción del movi­mien­to sobe­ra­nis­ta por pro­se­guir con el pro­ce­so uni­la­te­ral de paci­fi­ca­ción y de res­ti­tu­ción demo­crá­ti­ca de los dere­chos con­si­guió, en un año, dar la vuel­ta a la ini­cia­ti­va repre­si­va del esta­do calan­do en la ciu­da­da­nía vas­ca. Entrá­ba­mos en una nue­va fase.

En las sema­nas pre­vias al ante­rior alto el fue­go afir­má­ba­mos en esta mis­ma colum­na que el pro­ble­ma para el esta­do no era ETA sino el espa­cio socio­ló­gi­co de la izquier­da aber­tza­le. Y que, par­te de la pro­pa­gan­da nacio­na­lis­ta espa­ño­la se basa­ba en el infun­da­do aser­to según el cual los sobe­ra­nis­tas de izquier­das com­par­tían la tác­ti­ca arma­da. Pero lo que ha suce­di­do en este lap­so de tiem­po es que el pano­ra­ma polí­ti­co de Eus­kal Herria ha cam­bia­do radi­cal­men­te y hemos pasa­do de un esce­na­rio de a cua­tro (dere­cha e izquier­da, nacio­na­lis­tas vas­cos y espa­ño­les), a uno de a tres (esta­ta­lis­tas, auto­no­mis­tas en gra­do varia­ble e inde­pen­den­tis­tas pro­gre­sis­tas y de izquier­das) y avan­za­mos hacia el de a dos.

Por­que el tapón del auto­no­mis­mo nacio­na­lis­ta de dere­chas se halla des­pres­ti­gia­do tras trein­ta años de gobier­nos incon­se­cuen­tes e intere­sa­dos, con un refe­rén­dum Iba­rretxe cobar­de­men­te incum­pli­do y una deri­va neo­li­be­ral en apo­yo a una polí­ti­ca eco­nó­mi­ca de esta­do sal­va­je, sub­si­dia­ria de con­sor­cios finan­cie­ros y empre­sa­ria­les espe­cu­la­do­res y mili­ta­ris­tas.

Y es des­de esta per­cep­ción de comu­ni­dad repri­mi­da, pri­va­da has­ta de su pro­pia repre­sen­ta­ción legal, des­de don­de sur­gió una vez más el rebro­te anti­au­to­ri­ta­rio de los vas­cos. La explo­sión espon­tá­nea de des­obe­dien­cia que esta­lló por doquier, anti­ci­pán­do­se a las pro­pias estruc­tu­ras polí­ti­cas, y la soli­da­ri­dad que nos unió lo demues­tran. Fue la úni­ca res­pues­ta con­se­cuen­te fren­te al puche­ra­zo que se esta­ba per­pe­tran­do, la poten­cia­ción de la des­le­gi­ti­ma­ción del frau­du­len­to sis­te­ma de repre­sen­ta­cio­nes a tra­vés de la abs­ten­ción acti­va.

El jue­ves 5 de mayo nos con­cen­tra­mos a la espe­ra de la deci­sión del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal sobre la ile­ga­li­za­ción de Bil­du y para exor­ci­zar jun­tos a La Bes­tia. La cosa no era bala­dí.

La prohi­bi­ción del voto inde­pen­den­tis­ta ya no era una sim­ple cues­tión de cálcu­lo elec­to­ral con la excu­sa del anti­te­rro­ris­mo. Su nom­bre era fas­cis­mo. Y aquí segui­mos. Nos vemos el 22 de mayo.

Fuen­te: Gara

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