El nego­cio de los con­tra­tis­tas pri­va­dos en Afga­nis­tán – Resu­men Latinoamericano

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Mer­ce­na­rios dis­fra­za­dos de con­tra­tis­tas se encuen­tran toda­vía en Afga­nis­tán bajo la pre­mi­sa de ase­si­nar y ganar dinero

Resu­men Latinoamericano/​Prensa Lati­na – Des­de 2001, cuan­do se ini­ció la Ope­ra­ción Liber­tad Dura­de­ra en Afga­nis­tán, el gobierno esta­dou­ni­den­se des­ple­gó una tenaz polí­ti­ca para inten­si­fi­car la par­ti­ci­pa­ción de mer­ce­na­rios en esa inter­ven­ción arma­da, que es una gue­rra no declarada.

Esos sol­da­dos de for­tu­na han sido pre­sen­ta­dos con el eufe­mís­ti­co tér­mino de «con­tra­tis­tas pri­va­dos», algo muy abe­rran­te por­que los ver­da­de­ros «con­tra­tis­tas» son las empre­sas pri­va­das que con­ve­nia­ron su reclu­ta­mien­to median­te pago.

Washing­ton jus­ti­fi­ca el empleo de esos «con­tra­tis­tas pri­va­dos» con el argu­men­to de que tie­nen como obje­ti­vo garan­ti­zar la «segu­ri­dad per­so­nal» y lim­piar de «enemi­gos» a ciu­da­des y zonas rurales.

Des­pués de 10 años de ocu­pa­ción, fuen­tes del Con­gre­so esta­dou­ni­den­se admi­ten que en ese país asiá­ti­co exis­ten más de 70 mil «con­tra­tis­tas pri­va­dos», una cifra de mer­ce­na­rios nun­ca antes emplea­da en la his­to­ria estadounidense.

Resul­ta tam­bién des­ta­ca­do que ese núme­ro supera a los casi 60 mil mili­ta­res pro­fe­sio­na­les man­te­ni­dos por el Pen­tá­gono en tie­rras afganas.

Empre­sas como Black­wa­ter – seria­men­te cues­tio­na­da por sus actua­cio­nes en Iraq – o Dyn­corp, entre otras, son las que con­tra­tan a este tipo de ele­men­tos y «entre­nan» a la poli­cía del gobierno de Hamid Karzai.

Tam­bién esas fir­mas son las encar­ga­das de escol­tar cara­va­nas de com­bus­ti­ble y apro­vi­sio­na­mien­to o dar ser­vi­cios de segu­ri­dad a fun­cio­na­rios afga­nos o extran­je­ros, inclu­yen­do a los de Nacio­nes Uni­das o de cual­quier otra compañía.

Las cifras más con­ser­va­do­ras publi­ca­das en medios infor­ma­ti­vos como la Agen­cia Kali Yuga o en sitios de Inter­net de la insur­gen­cia afga­na, cal­cu­lan en más de 90 las enti­da­des finan­cie­ras que tie­nen a su ser­vi­cio «con­tra­tis­tas pri­va­dos» o mercenarios.

Según esas denun­cias ese per­so­nal se encar­ga bru­tal­men­te de la repre­sión y del des­alo­jo de pobla­do­res de las zonas rura­les, don­de habi­tan cer­ca del 90 por cien­to de los afganos.

El comen­ta­ris­ta radial y escri­tor esta­dou­ni­den­se Jim High­to­wer afir­mó que la com­pa­ñía Dyn­corp tuvo un con­tra­to des­de el 2006 por mil millo­nes de dóla­res para entre­nar a la poli­cía de Karzai.

A fines del 2010, direc­ti­vos de la empre­sa decla­ra­ron con­fi­den­cial­men­te que esos entre­na­dos poli­cías «resul­ta­ron inca­pa­ces de rea­li­zar tra­ba­jos ruti­na­rios de man­te­ni­mien­to del orden», afir­mó Hightower.

No obs­tan­te, agre­gó, Dyn­corp fir­mó otro con­tra­to por 320 millo­nes de dóla­res con simi­la­res obje­ti­vos con el gobierno de Kabul.

Otros secre­tos

El gobierno de Esta­dos Uni­dos, que gas­ta como pro­me­dio unos dos mil millo­nes de dóla­res men­sua­les en Afga­nis­tán, no ha divul­ga­do de mane­ra ofi­cial que dichos «con­tra­tis­tas pri­va­dos» inter­vie­nen en obras de infra­es­truc­tu­ras, tra­ba­jan en la segu­ri­dad de diver­sas ins­ta­la­cio­nes, entre­nan a los mili­ta­res de Kar­zai y par­ti­ci­pan inclu­so en inte­rro­ga­to­rios en cen­tros de deten­ción en Kabul y en capi­ta­les provinciales.

Videos y fotos difun­di­dos en la cono­ci­da cade­na de Inter­net You Tube mues­tran tor­tu­ras y mal­tra­tos a pri­sio­ne­ros, esce­nas bru­ta­les pro­ta­go­ni­za­das por los lla­ma­dos «con­tra­tis­tas privados».

A ese per­so­nal se le aso­cia, según múl­ti­ples denun­cias, con el ase­si­na­to de medio cen­te­nar de civi­les en varias regio­nes afga­nas entre el 2010 y el 2011.

La situa­ción ha obli­ga­do al pro­pio pre­si­den­te Kar­zai a expre­sar a las auto­ri­da­des de ocu­pa­ción esta­dou­ni­den­ses: «esto sig­ni­fi­ca que uste­des están crean­do fuer­zas para­le­las a las ins­ti­tu­cio­nes afga­nas y que no quie­ren que las empre­sas de segu­ri­dad pri­va­da se disuelvan».

El man­da­ta­rio afgano ha inten­ta­do ins­tru­men­tar medi­das para el cie­rre de esas com­pa­ñías y men­cio­nó pla­zos inde­fi­ni­dos al respecto.

Pero la posi­ción de Kar­zai, cali­fi­ca­da de muy débil por la insur­gen­cia afga­na, tie­ne enfren­te la de los fun­cio­na­rios esta­dou­ni­den­ses, los cua­les han reite­ra­do que se nece­si­tan otros miles de guar­dias pri­va­dos para la segu­ri­dad en el país.

Por otro lado, las denun­cias del movi­mien­to Tali­bán afgano y de otros medios insur­gen­tes, ubi­can a un buen núme­ro de «con­tra­tis­tas pri­va­dos» o «mer­ce­na­rios», como les cali­fi­can, en el trá­fi­co de drogas.

Esas fuen­tes opo­si­to­ras insis­ten en que la inten­si­fi­ca­ción del cul­ti­vo de ama­po­las para pro­du­cir opio se incre­men­tó en más del 40 por cien­to en los últi­mos dos años y eso ocu­rre pre­ci­sa­men­te en las loca­li­da­des urba­nas y rura­les con­tro­la­das pre­ci­sa­men­te por los «con­tra­tis­tas privados».

De acuer­do con todas las fuen­tes polí­ti­cas afga­nas, inclu­yen­do las del pro­pio gobierno, nin­gu­na opi­nión favo­re­ce a quie­nes pro­mue­ven el incre­men­to de los «con­tra­tis­tas pri­va­dos» en un país que sufre una cri­sis peor que la ira­quí y cuyo esta­tus es impo­si­ble de cla­si­fi­car en el Índi­ce de Desa­rro­llo Humano de Nacio­nes Uni­das, ante la caren­cia de datos exis­ten­tes en todos los órdenes.

(*) El autor es jefe de la Redac­ción Asia y Ocea­nía de Pren­sa Latina.

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