Rei­no de Espa­ña, ¿Rei­no sin tor­tu­ra? – Xabier Urmeneta

El pasa­do 25 de mar­zo, el Comi­té para la Pre­ven­ción de la Tor­tu­ra (CPT) del Con­se­jo de Euro­pa publi­có el infor­me de su visi­ta en 2007 a Espa­ña, don­de mues­tra su preo­cu­pa­ción por las ale­ga­cio­nes de seve­ro mal­tra­to que reco­gie­ron ‑uni­das a evi­den­cias médi­cas- e insis­te en sus reco­men­da­cio­nes con­cre­tas para pre­ve­nir la tortura.

El 8 de mar­zo, el Tri­bu­nal Euro­peo de Dere­chos Huma­nos de Estras­bur­go (TEDH) con­de­nó al Rei­no de Espa­ña (caso Beris­tain Ukar con­tra Espa­ña) por no haber inves­ti­ga­do las denun­cias de tor­tu­ras rea­li­za­das por el deman­dan­te que afir­ma­ba haber sido tor­tu­ra­do en 2002. El 28 de sep­tiem­bre de 2010, el mis­mo tri­bu­nal había con­de­na­do al Rei­no de Espa­ña (caso San Argi­mi­ro Isa­sa) por el mis­mo motivo.

En ambos casos, el tri­bu­nal no cer­ti­fi­ca que hubie­ra tor­tu­ras, pero con­de­na a Espa­ña por una vio­la­ción «pro­ce­sal» del artícu­lo 3 del Con­ve­nio de Dere­chos Huma­nos. Es decir, por­que la impo­si­bi­li­dad de esta­ble­cer si hubo o no tor­tu­ra se deri­va pre­ci­sa­men­te de no haber­se inves­ti­ga­do adecuadamente.

A la vis­ta de ambas sen­ten­cias y del infor­me del CPT, tem­po­ral­men­te tan segui­das, y tenien­do en cuen­ta cuál es la fun­ción de inter­ven­ción excep­cio­nal del Tri­bu­nal Euro­peo de Dere­chos Huma­nos, el tema es de la máxi­ma gra­ve­dad y el «tirón de ore­jas» al Esta­do espa­ñol es de una inten­si­dad inusi­ta­da. No es para menos: la fal­ta de inves­ti­ga­ción no sólo es desidia. Cuan­do suce­de de for­ma reite­ra­da es un meca­nis­mo acti­vo y cons­cien­te de impunidad.

Esta polí­ti­ca cho­ca fron­tal­men­te con las obli­ga­cio­nes con­traí­das legal­men­te por Espa­ña al rati­fi­car los Tra­ta­dos Inter­na­cio­na­les de Dere­chos Huma­nos, pero tam­bién con la pro­pia Cons­ti­tu­ción espa­ño­la, como lo ha recor­da­do recien­te­men­te el pro­pio Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal en el caso Maja­re­nas (Sen­ten­cia 632010, de 18 de octu­bre). En esta sen­ten­cia insis­te: los tri­bu­na­les ordi­na­rios no inves­ti­gan y, en defi­ni­ti­va, están incum­plien­do su obligación.

Des­gra­cia­da­men­te, las sen­ten­cias no son nada nue­vo y la acti­tud de Espa­ña en rela­ción a las denun­cias de tor­tu­ra nun­ca ha sido garan­tis­ta. Como insis­ten­te­men­te denun­cia Amnis­tía Inter­na­cio­nal, las denun­cias no se inves­ti­gan y se archi­van direc­ta­men­te; cuan­do se inves­ti­gan, los pro­ce­di­mien­tos duran una media de 15 a 20 años has­ta que se pro­nun­cia la sen­ten­cia defi­ni­ti­va; si a pesar de las tra­bas de todo tipo se lle­ga a iden­ti­fi­car y con­de­nar a alguno de los per­pe­tra­do­res, las sen­ten­cias sue­len ser benig­nas, segui­das ade­más por indul­tos ‑expre­sa­men­te con­de­na­dos y recha­za­dos por la juris­pru­den­cia del TEDH- cuan­do no de con­de­co­ra­cio­nes e inclu­so ascen­sos. Las indem­ni­za­cio­nes civi­les de las víc­ti­mas se cal­cu­lan con el bare­mo uti­li­za­do para los acci­den­tes de trá­fi­co, y no como exi­gi­ría la gra­ve­dad de un deli­to, dolo­so por natu­ra­le­za, con­tra el núcleo de los dere­chos humanos.

Cuan­do se van a cum­plir más de trein­ta años de la res­pues­ta del gobierno a los 10 pun­tos para la erra­di­ca­ción de la tor­tu­ra de Amnis­tía Inter­na­cio­nal, y a la vis­ta de los suce­si­vos infor­mes publi­ca­dos des­de enton­ces, una de las excu­sas más oídas para no actuar con­sis­te en atri­buir a los denun­cian­tes de tor­tu­ra una avie­sa inten­cio­na­li­dad y pre­go­nar que siguen con­sig­nas polí­ti­cas de ETA, o que denun­cian para empa­ñar el buen nom­bre del esta­do y lograr así ser ellos mis­mos exonerados.

Mien­tras, la inves­ti­ga­ción, sal­vo hon­ro­sas excep­cio­nes, se ha vis­to atra­ve­sa­da por nume­ro­sos obs­tácu­los impro­pios de un esta­do demo­crá­ti­co. Las sen­ten­cias de Estras­bur­go no sólo seña­lan estos obs­tácu­los ‑que ya cono­ce­mos gra­cias al tra­ba­jo de los rela­to­res sobre la tor­tu­ra de Nacio­nes Uni­das, del CPT del Con­se­jo de Euro­pa y sus res­pec­ti­vos informes‑, sino que las sen­ten­cias ponen de mani­fies­to algo más: la inacción.

El pro­pio Arar­te­ko hizo públi­co recien­te­men­te, en un pro­nun­cia­mien­to ofi­cial, que enci­ma de su mesa hay tres estu­dios que mues­tran la rele­van­cia de la pro­ble­má­ti­ca de la tor­tu­ra. Uno de ellos, titu­la­do «Tor­tu­ra: una apro­xi­ma­ción cien­tí­fi­ca 2000−2008», fue rea­li­za­do por un gru­po de médi­cos foren­ses y mues­tra que exis­te una alta corre­la­ción entre las denun­cias de tor­tu­ras y tres varia­bles: el cuer­po poli­cial que ha hecho la deten­ción, la dura­ción de la inco­mu­ni­ca­ción, y la apli­ca­ción o no de los pro­to­co­los de pre­ven­ción exis­ten­tes. Nume­ro­sos dete­ni­dos que lue­go fue­ron pues­tos en liber­tad sin car­gos denun­cia­ron tor­tu­ras y malos tra­tos. Por otra par­te, los infor­mes del CPT seña­lan que la inco­mu­ni­ca­ción crea un con­tex­to don­de la posi­bi­li­dad de tor­tu­ra es mayor y más difí­cil de inves­ti­gar, aun­que, como seña­la Amnis­tía Inter­na­cio­nal, la tor­tu­ra va más allá de la deten­ción inco­mu­ni­ca­da, espe­cial­men­te en casos de deten­cio­nes de per­so­nas inmigrantes.

Has­ta la mis­ma Audien­cia Nacio­nal en el «caso Egun­ka­ria» cues­tio­na por qué no se inves­ti­ga­ron las denun­cias de tor­tu­ra. No ha habi­do una sola con­de­na de tor­tu­ras en mate­ria de terro­ris­mo, des­de que entró en vigor el nue­vo Códi­go Penal de 1995, has­ta el caso Por­tu y Sara­so­la. ¿A qué se espe­ra para abor­dar este gra­ve pro­ble­ma con la hones­ti­dad que se mere­ce? ¿Dón­de que­da la sen­si­bi­li­dad demo­crá­ti­ca y el res­pe­to hacia toda víc­ti­ma de una gra­ve vio­la­ción de dere­chos huma­nos como ésta, inde­pen­dien­te­men­te de los moti­vos de su detención?

No obs­tan­te, el gobierno actual sigue afir­man­do, como hicie­ron los ante­rio­res, que en el Rei­no de Espa­ña la tor­tu­ra no exis­te. Pero no se deci­den ni a rea­li­zar una inves­ti­ga­ción seria e inde­pen­dien­te ni a seguir las reco­men­da­cio­nes de los orga­nis­mos inter­na­cio­na­les, y menos a esta­ble­cer un meca­nis­mo inde­pen­dien­te de inves­ti­ga­ción como han hecho otros paí­ses de nues­tro entorno cer­cano. ¿Por qué?

Los gobier­nos espa­ñol y vas­co tie­nen que mos­trar una volun­tad real de erra­di­car e inves­ti­gar la tor­tu­ra. De no ser así, van a seguir pro­du­cién­do­se con­de­nas por no inves­ti­gar las denun­cias e infor­mes inter­na­cio­na­les cues­tio­nan­do al Esta­do español.

Escon­der la cabe­za deba­jo del ala no es la mane­ra de abor­dar el pro­ble­ma. Enfren­tar, reco­no­cer y poner­le coto a la tor­tu­ra ‑un pro­ble­ma acu­mu­la­do y enquis­ta­do duran­te años, cuya exis­ten­cia cada vez afec­ta más al cuer­po de la demo­cra­cia- exi­ge valen­tía. Para ello, el pri­mer paso es sacar­la a la luz: inves­ti­gar. Una inves­ti­ga­ción inde­pen­dien­te, que ayu­de a tomar deci­sio­nes sobre los casos denun­cia­dos, el dere­cho de las víc­ti­mas y la pre­ven­ción. Y que nos dé una ima­gen real de su exten­sión. Es posi­ble, Chi­le lo hizo con la «Comi­sión Valech». ¿Cuán­tos años ten­dre­mos que seguir espe­ran­do aquí?

Xabier Urme­ne­ta, Beni­to Moren­tin y Nerea Goi­koetxea Aso­cia­ción Pro Dere­chos Huma­nos Argituz.

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