Mitos y reali­da­des de la catás­tro­fe de Cher­no­bil- Olga Sobo­levs­kaia y Mari­na Seli­na

Hace 25 años, el 26 de abril de 1986, en la cen­tral nuclear de Cher­no­bil se pro­du­jo un acci­den­te.

De acuer­do con los datos del сen­tro fede­ral de Estu­dios Bio­fí­si­cos Bur­na­zián, más de 8,4 millo­nes de per­so­nas fue­ron expues­tas a radia­ción.

¿Son los 25 años pasa­dos des­de enton­ces un lap­so de tiem­po sufi­cien­te para eva­luar las secue­las médi­cas de aque­lla tra­ge­dia? A pesar de que toda una gene­ra­ción ha cre­ci­do des­de 1986, pare­ce un perío­do dema­sia­do bre­ve para poder detec­tar todas las con­se­cuen­cias de la explo­sión, pero es a la vez, un perío­do dema­sia­do lar­go para se sigan mul­ti­pli­can­do mitos sobre Cher­no­bil.

Los médi­cos acon­se­jan no exa­ge­rar el peli­gro

En vís­pe­ras del ani­ver­sa­rio de la catás­tro­fe los médi­cos repro­cha­ban a los eco­lo­gis­tas y a los per­so­na­jes públi­cos de sem­brar inne­ce­sa­ria­men­te el páni­co en rela­ción con las secue­las de la explo­sión. Por supues­to, de un modo u otro se com­pa­ra el acci­den­te en Cher­no­bil con el de Fukushi­ma en Japón, pro­vo­ca­do por el terre­mo­to del pasa­do 11 de mar­zo.

El eco­lo­gis­ta Ale­xei Yáblo­kov en más de una oca­sión ha aler­ta­do de los efec­tos dañi­nos para la salud inclu­so de dosis peque­ñas de radia­ción. Doc­tor en Bio­lo­gía, inves­ti­ga­dor del Ins­ti­tu­to de estu­dios gené­ti­cos, Yuri Dubro­va, estu­dió los his­to­ria­les médi­cos de 127 niños de la pro­vin­cia de Mogi­lióv, afec­ta­da por la nube radio­ac­ti­va, que nacie­ron des­pués de la explo­sión.

De acuer­do con los resul­ta­dos obte­ni­dos, la fre­cuen­cia de muta­cio­nes en los niños de la zona afec­ta­da es “dos veces más alta que de los niños naci­dos de padres que no habían sufri­do los efec­tos de la radia­ción”. En el extran­je­ro tam­bién se han lle­va­do a cabo inves­ti­ga­cio­nes, por ejem­plo, la de John Goff­man titu­la­da “Cán­cer cau­sa­do por expo­si­ción a peque­ñas dosis de radia­ción. Aná­li­sis inde­pen­dien­te del pro­ble­ma” (1994).

No obs­tan­te, los médi­cos mani­fies­tan a menu­do que del tema de los efec­tos de la radia­ción deri­van dema­sia­dos mitos. Uno de estos mitos fue comen­ta­do en su entre­vis­ta a RIA Novos­ti por el Direc­tor de la Cáte­dra de Hema­to­lo­gía y Geria­tría de la Aca­de­mia de Medi­ci­na Séche­nov de Mos­cú, Pável Voro­bióv: “el físi­co Andrei Sája­rov creía que cada roent­gen de más oca­sio­na­ba otro caso de cán­cer. Es, por supues­to, una exa­ge­ra­ción”.

“Sin lugar a dudas, hay que mos­trar preo­cu­pa­ción por los efec­tos de la radia­ción para la salud, por­que pue­den pre­sen­tar cier­to peli­gro”, mani­fes­tó en su con­ver­sa­ción con RIA Novos­ti el inves­ti­ga­dor del labo­ra­to­rio de ero­sio­nes del sue­lo y de estu­dios de los cau­ces de la Facul­tad de Geo­gra­fía de la Uni­ver­si­dad Esta­tal de Mos­cú, exper­to del Orga­nis­mo Inter­na­cio­nal de Ener­gía Ató­mi­ca (OIEA), Valen­tín Gólo­sov. No obs­tan­te, no hay moti­vos para el páni­co.

Los males de Cher­no­bil

Pavel Voro­biov seña­la que des­pués del acci­den­te en la cen­tral nuclear de Cher­no­bil en Bie­lo­rru­sia y Ucra­nia, las zonas afec­ta­das por la emi­sión de yodo-131, pro­vo­ca­da por la pri­me­ra explo­sión, entre quie­nes en aquel 1986 eran niños se detec­ta­ron 200 casos adi­cio­na­les del cán­cer de tiroi­des.

Ser­guei Duda­ren­ko, del Cen­tro de medi­ci­na de emer­gen­cia y de radia­ción del Minis­te­rio de Situa­cio­nes de Emer­gen­cia de Rusia, es más pre­ci­so: “En las pro­vin­cias de Briansk, Kalu­ga, Tula y Oriol la tasa de los enfer­mos de cán­cer de tiroi­des aumen­tó des­pués del acci­den­te de Cher­no­bil en dos milé­si­mas, es decir, en 2 casos por cada 1000 per­so­nas. Para los oncó­lo­gos la nor­ma está supe­ra­da”. Sin embar­go, aña­de, el cán­cer de tiroi­des en la actua­li­dad res­pon­de bas­tan­te bien a los tra­ta­mien­tos médi­cos.

Tras el acci­den­te de Cher­no­bil, los médi­cos detec­ta­ron tam­bién “un aumen­to de casos de enfer­me­da­des somá­ti­cas, cau­sa­das por fac­to­res de carác­ter no radio­ac­ti­vo”, es decir, los psi­co­ló­gi­cos y los socia­les. El estrés, la fobia a la radia­ción, unos cam­bios brus­cos del régi­men de vida y de ali­men­ta­ción, expli­ca Ser­guei Duda­ren­ko, cau­sa­ron un aumen­to de los casos de hiper­to­nía, infar­tos de mio­car­dio, derra­mes cere­bra­les isqué­mi­cos y úlce­ras de estó­ma­go.

Entre las per­so­nas que pade­cían este mie­do irra­cio­nal e incon­tro­la­ble a la radia­ción aumen­tó el núme­ro de tras­tor­nos del sis­te­ma ner­vio­so cen­tral: entre los encar­ga­dos de liqui­dar las con­se­cuen­cias del acci­den­te se regis­tra­ron varios casos de esqui­zo­fre­nia y sui­ci­dios, aña­de Vla­di­mir Babesh­ko, Direc­tor del Cen­tro de Medi­ci­na radio­ac­ti­va ads­cri­to a la Aca­de­mia de Medi­ci­na de Ucra­nia.

El cate­drá­ti­co Loga­novs­ki, quien estu­dió tam­bién el esta­do de salud de los habi­tan­tes de la zona de Cher­no­bil, lle­gó a la con­clu­sión de que las per­so­nas que fue­ron expues­tas a altas dosis de radia­ción, se vol­vie­ron extre­ma­da­men­te sen­si­bles y deli­ca­das. Sin embar­go, pare­ce ser tan sólo una hipó­te­sis.

A los soco­rris­tas encar­ga­dos de liqui­dar las con­se­cuen­cias del acci­den­te, bau­ti­za­dos liqui­da­do­res, se les repro­cha a menu­do el alcoho­lis­mo. “Eran en su mayo­ría hom­bres jóve­nes de pro­fe­sio­nes obre­ras, ese seg­men­to siem­pre es más pro­cli­ve al abu­so del alcohol. Ade­más, fue­ron afec­ta­dos por “las supo­si­cio­nes de que que­da­rían esté­ri­les, con­trae­rían enfer­me­da­des, etc.”

A la espe­ra de avi­sos ofi­cia­les

Los exper­tos rusos, gra­cias a la expe­rien­cia de Cher­no­bil, están dan­do reco­men­da­cio­nes a sus cole­gas japo­ne­ses: el Cen­tro de medi­ci­na radio­ló­gi­ca de Obninsk faci­li­ta datos sobre la salud de los habi­tan­tes de la zona de la explo­sión de 1986.

“De momen­to no exis­te ame­na­za direc­ta deri­va­da de la explo­sión en Fukushi­ma para los habi­tan­tes de Kam­chat­ka, Saja­lín o las Islas Kuri­les”, ase­gu­ra el Direc­tor del labo­ra­to­rio de espec­tro­me­tría del Cen­tro de medi­ci­na de emer­gen­cia y de radia­ción del Minis­te­rio de Situa­cio­nes de Emer­gen­cia de Rusia, Vol­de­mar Tari­ta.- En caso de sur­gir el más míni­mo peli­gro por la emi­sión de yodo-131 a los habi­tan­tes del Lejano Orien­te ruso se les avi­sa­ría de los medi­ca­men­tos que habrían de tomar y de las dosis reco­men­da­das”.

Es impor­tan­te tener en cuen­ta, sub­ra­ya el exper­to, que por pro­pia ini­cia­ti­va tomar gran­des can­ti­da­des de yodo, sin que para ello exis­ta nece­si­dad algu­na, pue­de ser peli­gro­so: pue­den pro­du­cir­se reac­cio­nes alér­gi­cas, así como tras­tor­nos del apa­ra­to diges­ti­vo y del fun­cio­na­mien­to del esó­fa­go y tiroi­des.

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