De recuen­tos y rec­ti­fi­ca­cio­nes- Iña­ki Ega­ña

Ati­nan­do vie­jos des­ati­nos, me gus­ta­ría acer­car­me a la ver­dad sobre las vic­ti­mas, y no a su inter­pre­ta­ción. Habrá tiem­po para ello. Por fin el Minis­te­rio espa­ñol del Inte­rior ha edi­ta­do la lis­ta ofi­cial de víc­ti­mas mor­ta­les que impu­ta a ETA. Para ello no ha uti­li­za­do los comu­ni­ca­dos de la orga­ni­za­ción vas­ca en los que se atri­bu­ye la auto­ría de sus accio­nes, sino sus pro­pios datos obte­ni­dos a par­tir de la “Sub­di­rec­ción Gene­ral de Aten­ción al ciu­da­dano y de asis­ten­cia a las víc­ti­mas del terro­ris­mo”.

Según esta lis­ta ofi­cial, ETA, habría mata­do a 829 per­so­nas, de las que 486 eran poli­cías o mili­ta­res. Lla­ma sobre mane­ra la aten­ción el comien­zo del recuen­to, año de 1968, con dos aten­ta­dos mor­ta­les atri­bui­dos a ETA, el del guar­dia civil José Par­di­nes y el del ins­pec­tor Meli­tón Man­za­nas. El últi­mo sería el gen­dar­me fran­cés. Ser­ge Nerin, en mar­zo de 2010.

Y lla­ma la aten­ción por­que el recuen­to del Minis­te­rio del Inte­rior espa­ñol pone fin a la expan­sión de una de las men­ti­ras más escan­da­lo­sas de los últi­mos años: la impli­ca­ción de ETA en la muer­te de la niña Bego­ña Urroz, en Donos­tia en 1960, en aten­ta­do rei­vin­di­ca­do por el DRIL. El minis­te­rio espa­ñol del Inte­rior no inclu­ye en la lis­ta impu­tada a ETA la muer­te de la niña. Dice el refrán que “rec­ti­fi­car es de sabios”. Era dema­sia­do bur­do. Espe­re­mos que sea una ten­den­cia y no una excep­ción.

En cuan­to a las dos otras lis­tas que cir­cu­lan por ahí habría que mati­zar­las por su ten­den­cio­si­dad. La Aso­cia­ción de Vic­ti­mas del Terro­ris­mo (AVT) tie­ne ela­bo­ra­da una lis­ta muy sui géne­ris en la que apa­re­cen muer­tos espa­ño­les en Iraq, Afga­nis­tán y Yemen, mez­clan­do turis­tas, mili­ta­res en gue­rra e inclu­so per­so­nal admi­nis­tra­ti­vo. La AVT atri­bu­ye a una inexis­ten­te orga­ni­za­ción terro­ris­ta lla­ma­da “11M” los 192 muer­tos en Madrid en 2004 con el obje­ti­vo, supon­go, de man­te­ner la tesis de que ETA está impli­ca­da en el suce­so.

La AVT des­co­no­ce del todo los aten­ta­dos del BVE o del GAL, aun­que inclu­ye en su lis­ta a los abo­ga­dos comu­nis­tas ase­si­na­dos en su des­pa­cho de la calle de Ato­cha de Madrid, en 1977. Tam­bién inclu­ye a los muer­tos en el res­tau­ran­te El Des­can­so, en las cer­ca­nías de Madrid, atri­bui­dos, según la AVT a la “Yihad Islá­mi­ca”, en 1985. Para con­cluir con su ses­ga­da infor­ma­ción, atri­bu­ye a ETA los falle­ci­dos en el incen­dio del Hotel Coro­na de Ara­gón en Zara­go­za en julio de 1979, entre 76 y 80 per­so­nas. Tam­bién inclu­ye a Bego­ña Urroz.

Covi­te (Colec­ti­vo de Víc­ti­mas del Terro­ris­mo en el País Vas­co), por su par­te, engran­da una lis­ta atri­bu­yen­do a ETA muer­tos por la Guar­dia Civil (Emi­lia Larrea, de Arra­sa­te) y, como la AVT, los falle­ci­dos en el incen­dio del Hotel Coro­na de Ara­gón. Recor­da­rán que duran­te años, los into­xi­ca­do­res con menos escrú­pu­los atri­bu­ye­ron a ETA el acci­den­te del avión de Ibe­ria en el mon­te Oiz, en febre­ro de 1985, con 148 muer­tos e inclu­so la explo­sión de las cal­de­ras de pro­pano de una escue­la de Ortue­lla en la que murie­ron 49 niños y 3 adul­tos.

En su lis­ta, Covi­te inclu­ye a los muer­tos por aten­ta­dos del GAL o BVE, pero algu­nos de ellos, como el rea­li­za­do con­tra la guar­de­ría Itu­rria­ga de Bil­bao, que cau­só tres muer­tos, lo atri­bu­ye fal­sa­men­te a ETA. Inclu­ye tam­bién a Bego­ña Urroz. Los dos ertzai­nas muer­tos en Itsa­son­do en diciem­bre de 1995, tras una dis­cu­sión en un case­río con su inqui­lino que les dis­pa­ró con una esco­pe­ta, tie­nen en la lis­ta de Covi­te un aná­li­sis asom­bro­so: fue un aten­ta­do atri­bui­do a Jarrai.

Mikel Bue­sa, ex pre­si­den­te del Foro de Ermua y diri­gen­te de UPyD, afir­ma­ba en 2008 que ETA había mata­do a 817 per­so­nas. Actua­li­za­do nos lle­va­ría a 825 víc­ti­mas mor­ta­les. El juez Bal­ta­sar Gar­zón, en un auto de agos­to de 2002, cita­ba a 846 los muer­tos por ETA, lo que actua­li­za­do nos lle­va­ría a 867. El socia­lis­ta Txi­ki Bene­gas, por cier­to titu­lar en su tiem­po de Inte­rior del Con­se­jo Gene­ral Vas­co, nos decía, en 2004, que ETA había mata­do a 934 per­so­nas, lo que nos lle­va­ría al día de hoy a 946. La Fun­da­ción Víc­ti­mas del Terro­ris­mo acha­ca a ETA la muer­te de 857 ciu­da­da­nos.

Es evi­den­te que para con­fec­cio­nar una lis­ta tan sen­ci­lla, el cri­te­rio ideo­ló­gi­co pri­ma sobre el res­to. Nin­guno de ellos se atre­ve a nume­rar los muer­tos por el Esta­do en esta épo­ca, es decir des­de el naci­mien­to de ETA has­ta nues­tros días. Un recien­te tra­ba­jo de la Fun­da­ción Eus­kal Memo­ria impu­ta al Esta­do espa­ñol la muer­te, en ese perío­do, de 474 per­so­nas. La mayo­ría de ellas no tenían nin­gún tipo de mili­tan­cia polí­ti­ca, otras fue­ron muer­tas por gru­pos para­po­li­cia­les.

Toman­do las cifras del Minis­te­rio espa­ñol del Inte­rior, y la de Eus­kal Memo­ria, ambas sin duda sus­cep­ti­bles de modi­fi­ca­cio­nes, nos encon­tra­ría­mos con un núme­ro de víc­ti­mas mor­ta­les que, en abso­lu­to, se pare­ce al que una y otra vez nos pre­sen­tan muchos medios y orga­nis­mos como la par­te más dra­má­ti­ca del lla­ma­do “con­flic­to vas­co”. Según esta esti­ma­ción, entre mar­zo de 1961 (pri­me­ros muer­tos por la repre­sión del Esta­do en su acti­vi­dad con­tra ETA y 2010 (últi­mo muer­to por ETA), se habrían pro­du­ci­do 1.303 víc­ti­mas mor­ta­les. Que es la cifra que se debe­ría des­ta­car en un recuen­to no tan intere­sa­do como los de las aso­cia­cio­nes cita­das.

Sien­do una cifra resul­tan­te de la suma de dos aná­li­sis pre­vios, no creo, sin embar­go, que se acer­que a dar una suma defi­ni­ti­va. Las dis­tor­sio­nes a este núme­ro ofre­ci­do serían varias. El Esta­do, como es sabi­do, ha impues­to una legis­la­ción espe­cial, pro­pia de gue­rra o de sis­te­ma tota­li­ta­rio, pero tam­bién ha gene­ra­do diver­sas ini­cia­ti­vas pro­pias del mis­mo sis­te­ma. En todas las oca­sio­nes con el mis­mo obje­ti­vo de ter­mi­nar con su disi­den­cia.

Pon­go un par de ejem­plos al hilo de la idea ante­rior. Die­go Figue­ra, un médi­co acu­sa­do de cen­te­na­res de muer­tes por sus expe­ri­men­tos en vál­vu­las para el cora­zón, tra­ba­jó para el CESID en un tra­ba­jo de encar­go con el obje­ti­vo de encon­trar una fór­mu­la para poder secues­trar eta­rras. Para los expe­ri­men­tos, según diver­sas infor­ma­cio­nes perio­dís­ti­cas, fue­ron uti­li­za­dos como coba­yas varios men­di­gos de Madrid, que falle­cie­ron en las prue­bas. ¿Sus nom­bres?

Un tema más com­ple­jo es el de la dro­ga, en espe­cial la heroí­na, y sus deri­va­cio­nes (SIDA). En la déca­da de los 80, Eus­kal Herria se puso a la cabe­za del con­su­mo de heroí­na de Euro­pa. La heroí­na era la más bara­ta del entorno, la de mayor pure­za y cir­cu­ló pro­fu­sa­men­te en luga­res tra­di­cio­nal­men­te com­ba­ti­vos como Ore­re­ta, Elgoi­bar, Her­na­ni o Bermeo.

Varias aso­cia­cio­nes pusie­ron el dedo en la lla­ga y rela­ta­ron un inte­rés polí­ti­co en la dis­tri­bu­ción de la heroí­na: la des­ac­ti­va­ción de la juven­tud vas­ca. En pocos años, los jóve­nes muer­tos a con­se­cuen­cia de la heroí­na pasa­ron de dos milla­res. Las que­re­llas, infor­ma­cio­nes perio­dís­ti­cas, etc. de aque­lla épo­ca liga­ban estre­cha­men­te a Rodrí­guez Galin­do y varios de sus subor­di­na­dos en el nar­co­trá­fi­co. GAL y nar­co­trá­fi­co estu­vie­ron ínti­ma­men­te uni­dos. Qui­zás sea dema­sia­do atre­vi­do decir­lo, pero en muchas oca­sio­nes pare­cie­ron dis­tin­tas patas de una mis­ma mesa.

¿No fue­ron aque­llas víc­ti­mas fru­to de un dise­ño deter­mi­na­do que que­ría des­ac­ti­var, en diver­sos fren­tes, el com­pro­mi­so de la juven­tud vas­ca? Una par­te, sin duda, fue estruc­tu­ral. La otra, des­de mi pun­to de vis­ta, indu­ci­da. Y si fue­ra así, como pare­ce suge­rir el deta­lle de la inter­ven­ción del Esta­do en la lla­ma­da cues­tión vas­ca, ¿no habría que ampliar el lis­ta­do de víc­ti­mas? ¿O son, por el con­tra­rio, efec­tos dema­sia­do cola­te­ra­les?

Podrían abrir­se otras refle­xio­nes, podría defi­nir­se con mayor pre­ci­sión el con­cep­to de víc­ti­ma. Podría, sin duda, ampliar­se a un esce­na­rio más dila­ta­do que no sea úni­ca­men­te el de las vic­ti­mas mor­ta­les. En fin, creo que, de mane­ra sose­ga­da, nece­si­ta­mos un deba­te en pro­fun­di­dad sobre estos últi­mos 50 años de nues­tra his­to­ria en los que la nega­ción de unos dere­chos colec­ti­vos ha gene­ra­do un con­flic­to en la que una de las par­tes aún con­ti­nua into­xi­can­do sobre su res­pon­sa­bi­li­dad. Ya lo han leí­do hace pocos días. Ser­gio Calo­re, neo­fas­cis­ta ita­liano y prin­ci­pal tes­ti­go cono­ci­do sobre la muer­te de Per­tur, ha apa­re­ci­do dego­lla­do. La ver­dad sigue sien­do revo­lu­cio­na­ria.

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