Exe­quias por un des­co­no­ci­do – Anto­nio Alva­rez Solis

Creo que no pue­de haber cosa más com­pli­ca­da que defi­nir lo que ha sido el Sr. Zapa­te­ro en polí­ti­ca. Des­de lue­go ha desem­pe­ña­do la jefa­tu­ra del Gobierno espa­ñol duran­te ocho años. Pero eso pue­de suce­der­le a cual­quie­ra. Lo que resul­ta difí­cil es saber qué ha hecho el Sr. Zapa­te­ro des­de esa ele­va­da magis­tra­tu­ra ¿Deja el Sr. Zapa­te­ro un apun­te siquie­ra que des­ve­le su idea del esta­do o un bos­que­jo, aun­que sea leve, de un pro­gra­ma polí­ti­co con cier­ta qui­lla? Sin­ce­ra­men­te, no creo que haya tes­ta­men­to alguno de que hablar en los aspec­tos cita­dos. El Sr. Zapa­te­ro lle­gó a la jefa­tu­ra del Gobierno espa­ñol impul­sa­do por un tur­bión del que se sigue sabien­do muy poco y se va tras haber roto la hucha nacio­nal, que ya era de con­te­ni­do irri­so­rio. Qui­zá el Sr. Zapa­te­ro pase a la his­to­ria en algu­na nota al pie de la pági­na que des­cri­ba la deca­den­cia y prác­ti­ca­men­te muer­te del socia­lis­mo espa­ñol. Será una pura men­ción cronológica.

En lo sus­tan­cial el Sr. Zapa­te­ro ha dedi­ca­do sus ocho años de gobierno a cap­tu­rar las pelu­sas que le han sobre­vo­la­do entorno. Pelu­sas o ideas cir­cuns­tan­cia­les sur­gi­das muy rau­da­men­te en direc­cio­nes varia­bles de la noche a la maña­na. Cap­tu­ras de ver­ba­li­da­des múl­ti­ples en una situa­ción de la que nadie quie­re hacer­se res­pon­sa­ble. De ahí sus incon­sis­ten­cias teó­ri­cas y sus per­ma­nen­tes y suce­si­vas con­tra­dic­cio­nes. Cuan­do al for­mar gobierno abrió su arma­rio de cola­bo­ra­do­res no extra­jo más que pie­zas poco sóli­das. Tuvo, eso sí, la infi­ni­ta suer­te de que en los ban­cos de la opo­si­ción no había tam­po­co mate­ria­les para cons­truir un apa­ra­to polí­ti­co con­tun­den­te. Vola­ban tam­bién de lám­pa­ra a lám­pa­ra, en un des­ba­ra­jus­te de argu­men­tos, y al fin se que­ma­ron las alas como ocu­rre a las poli­llas. Toda la polí­ti­ca espa­ño­la se pobló de voces de mer­ca­do pue­ble­rino y dominical.

En la prác­ti­ca el Sr. Zapa­te­ro ha entre­ga­do la gober­na­ción del Esta­do a sus últi­mos y tor­pes pro­pie­ta­rios neo­li­be­ra­les. Vacia­do el Esta­do de sus­tan­cia demo­crá­ti­ca los ban­que­ros y gran­des empre­sa­rios deci­die­ron fir­mar­se che­ques urgen­tes con­tra el Teso­ro nacio­nal res­pal­da­dos por el pro­pio paga­dor, que ocu­pa­ba la jefa­tu­ra del Gabi­ne­te. Fue una ope­ra­ción que tra­tó de tapo­nar, aun­que inú­til­men­te, la gran heri­da por la que la socie­dad se desan­gra­ba: la capi­tu­la­ción de la eco­no­mía real fren­te a la mani­pu­la­ción de un dine­ro espu­mo­so e incier­to. El Sr. Zapa­te­ro no sólo fra­ca­só ante el pre­sen­te sino que des­ac­ti­vó el futu­ro colec­ti­vo tras­for­mán­do­lo en lite­ra­tu­ra des­or­de­na­da y con­fu­sa, con con­cep­tos borro­sos y poli­va­len­tes. La indus­tria, el comer­cio y los ser­vi­cios fue­ron pues­tos en mer­ca­di­llo des­de el poder públi­co para extraer de su liqui­da­ción los últi­mos medios de pago. Aho­ra ya no se sabe si vivi­mos en una eco­no­mía de mer­ca­do o en un sis­te­ma de inter­ven­ción públi­ca. La eco­no­mía de las cosas se trans­for­mó en una gue­rri­lla de la que no se con­ta­ban los caí­dos sino como pro­duc­to de una fata­li­dad inelu­di­ble. Con la piel de esos muer­tos se hicie­ron las últi­mas car­te­ras minis­te­ria­les para trans­por­tar las pos­tre­ras mani­pu­la­cio­nes financieras.

Una de las mani­pu­la­cio­nes más escan­da­lo­sas con­sis­tió en usar tér­mi­nos que con la mis­ma raíz filo­ló­gi­ca tenían sig­ni­fi­ca­dos con­tra­dic­to­rios. Con ello se incre­men­ta­ba la con­fu­sión. Por ejem­plo, lo social ‑que inclu­ye una vas­ta serie de pro­pues­tas y con­te­ni­dos, muchas veces de cla­ro per­fil capi­ta­lis­ta- fue usa­do en oca­sio­nes como sinó­ni­mo de socia­lis­mo. Con ello se pasó de con­tra­ban­do por la adua­na de la razón una serie de dis­po­si­cio­nes con un cla­ro con­te­ni­do impo­pu­lar. Las deci­sio­nes, si se las cali­fi­ca­ba de socia­les, resul­ta­ban mecá­ni­ca­men­te socia­lis­tas y se las incluía en los indu­ci­dos sue­ños libe­ra­do­res de la pesa­di­lla en que se ha con­ver­ti­do la vida de los ciu­da­da­nos espa­ño­les. Tam­bién sabía el líder leo­nés que el abu­si­vo uso de la locu­ción «Esta­do del Bien­es­tar» como reali­dad teni­da por exis­ten­te retra­sa­ba en la calle la toma de con­cien­cia res­pec­to a la cri­sis en que esta­ba pro­fun­da­men­te sumi­do el pue­blo. El sacri­fi­cio del esta­men­to popu­lar fue con­su­ma­do en un altar cuyos sacer­do­tes pre­di­ca­ban con un colo­sal cinis­mo la nece­si­dad de las pos­tu­ras soli­da­rias. Como dice Ham­let, «Dos mil almas y vein­te mil duca­dos no impor­tan un comino». Las pala­bras fue­ron lan­za­das como glo­bos de colo­res. Ante ellas la gen­te limi­tó su pro­pues­ta, con el apo­yo de la des­leal­tad sin­di­cal, a una defen­sa de lo que que­da­ba de ese «Esta­do del Bien­es­tar», plan­teán­do­se al tiem­po la nece­si­dad de apo­yar al Gobierno que se pro­nun­cia­ba cada hora como pro­gre­sis­ta. Nun­ca tan­tos fue­ron enga­ña­dos por tan pocos.

Hay en la mani­fes­ta­ción públi­ca del Sr. Zapa­te­ro otro aspec­to que con­vie­ne poner de relie­ve para redon­dear su obi­tua­rio polí­ti­co. Se tra­ta de su dis­pa­ra­ta nave­ga­ción de boli­na en las aguas inter­na­cio­na­les. Fue a la vez pací­fi­co y beli­cis­ta, pro­ta­go­nis­ta e irre­le­van­te, suje­to y pre­di­ca­do, ami­go y per­se­cu­tor. Lo gra­ve es que de este com­por­ta­mien­to bipo­lar no sacó más pro­ve­cho para el país que entre­gar­lo de bara­ti­llo a los gran­des sau­rios inter­na­cio­na­les. Nun­ca se ha podi­do saber si su línea de actua­ción inter­na­cio­nal pasa­ba por Washing­ton, Lon­dres, Ber­lín o París. Cuan­do estas poten­cias des­ve­la­ron su enfren­ta­do rena­ci­mien­to colo­nia­lis­ta, el Sr. Zapa­te­ro pro­nun­ció la fra­se habi­tual de que hay que espe­rar y dar tiem­po al tiem­po: «hic et ubi­que», o lo que es igual, la volun­tad de estar en todos los sitios al mis­mo tiempo.

El Sr. Zapa­te­ro repre­sen­ta a ese tipo actual de polí­ti­cos que no tie­nen otro obje­ti­vo que seguir sien­do, aún den­tro de una abso­lu­ta vacie­dad de ideas. No hay en él la pasión por el poder crea­dor, por la futu­ra memo­ria de su acti­vi­dad. El futu­ro a que se refie­re fre­cuen­te­men­te el pre­si­den­te del Gobierno espa­ñol, como obje­ti­vo fir­me de vic­to­ria, es un futu­ro incon­cre­to y cuel­ga de la amu­ra del gober­nan­te como un inú­til bote sal­va­vi­das del que sabe que no le será jamás útil. La ciu­da­da­nía pier­de per­fil en la obser­va­ción que de ella hace el gober­nan­te y es mane­ja­da como una colec­ción de fichas que mar­can el valor de la tira­da de dados en una par­ti­da que no se pro­lon­ga­rá más allá de la cir­cuns­tan­cia. No pare­ce impor­tar­le nada y ni siquie­ra recu­rre a la fra­se «des­pués de mí, el dilu­vio» que pro­nun­cia­ra, con un ver­da­de­ro sen­ti­do his­tó­ri­co, Luis XV de Fran­cia. Ocu­pan el Gobierno con la úni­ca fina­li­dad de pro­lon­gar su aven­tu­ra, aún sin preo­cu­par­les el daño que hagan a su pro­pio par­ti­do. En este caso es prác­ti­ca­men­te segu­ro que lo que que­da de estruc­tu­ra par­ti­da­ria en el PSOE se dis­gre­gue de un modo muy perceptible.

Muchas veces me he pre­gun­ta­do si el Sr. Zapa­te­ro tie­ne una preo­cu­pa­ción ver­da­de­ra por el ser y el des­tino de Espa­ña. Yo no la per­ci­bo. Es cier­to que para los espa­ño­les su país o cons­ti­tu­ye una pura melan­co­lía de raíz muy incon­cre­ta o repre­sen­ta una fata­li­dad dra­má­ti­ca. Más que de melan­co­lía cabe hablar de lo que los por­tu­gue­ses cono­cen como sau­da­de, que es, como defi­nió esplén­di­da­men­te Blan­co Amor, «la nos­tal­gia de lo des­co­no­ci­do». El espa­ñol pre­ci­sa­ría de una Espa­ña cier­ta y sóli­da para ser espa­ñol con todas sus con­se­cuen­cias de sere­ni­dad y refle­xión. Esta fal­ta de con­vic­ción en su pro­pia patria hace que el Sr. Zapa­te­ro, un espa­ñol con el que no saben qué hacer los espa­ño­les, esté inva­li­da­do para afron­tar los nacio­na­lis­mos vas­co y cata­lán. Su fal­ta de cri­te­rio le lle­va a una varia­bi­li­dad de pro­pues­tas que se con­vier­ten en explo­si­vas, ya en Espa­ña, ya en Eus­kal Herria o Cata­lun­ya. Hay algo que me pare­ce paten­te: que tras Zapa­te­ro no cabe más que la inde­pen­den­cia de cata­la­nes y vas­cos. Zapa­te­ro es como San Judas Tadeo, patrono celes­tial de lo que se cree imposible.

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