Cher­no­bil 1986, Fuku­si­ma 2011. ¿Lemoiz…? Eske­rrik Asko Eus­kal Herria!! – EHK

Lo que está acon­te­cien­do en la Cen­tral nuclear de Fukushi­ma en Japón nos debe­ría hacer refle­xio­nar sobre una eta­pa de nues­tro pasa­do inme­dia­to pro­ta­go­ni­za­do por la irra­cio­na­li­dad huma­na dis­fra­za­da de pro­gre­so y desa­rro­llo. Pon­ga­mos que habla­mos de aquel inten­to de cons­truir cen­tra­les nuclea­res en Eus­kal Herria. Pon­ga­mos que nos refe­ri­mos a la Cen­tral nuclear de Lemó­niz.

De algún modo, los lan­za­mien­tos de las bom­bas ató­mi­cas de Nagasha­ki e Hiroshi­ma sobre ese mis­mo Japón que aho­ra inten­ta com­ba­tir la cri­sis nuclear decla­ra­da, abrie­ron una espi­ta que con el paso de los años, ha sido cada vez más difí­cil de cerrar. Des­de ese año de 1945, todo lo que con­cier­ne a la ener­gía ató­mi­ca, a la ener­gía nuclear, se ha vis­to rodea­do de una opa­ci­dad cier­ta, de un secre­tis­mo intere­sa­do por par­te de las cla­ses diri­gen­tes dadas las trá­gi­cas con­se­cuen­cias que pue­de tener su uti­li­za­ción tan­to en el cam­po civil como en el mili­tar.

Los acci­den­tes nuclea­res de Harris­burg, Cher­nó­bil y Fukushi­ma en este año de 2011, así como las últi­mas prue­bas mili­ta­res de Fran­cia en el ato­lón de Muru­roa en 1995, nos remi­ten, pre­ci­sa­men­te por esas lamen­ta­bles (e inclu­so ¿con­de­na­bles?) con­se­cuen­cias de las que habla­mos, a dos aspec­tos pro­pios de la exis­ten­cia huma­na como son: el sufri­mien­to y la nece­si­dad de cons­truir una nue­va socie­dad más jus­ta.
Acer­car estas dos cues­tio­nes a la lucha que se desa­rro­lló tiem­po atrás en nues­tro solar vas­co es el obje­ti­vo de este artícu­lo. Obser­var, ana­li­zar y diri­gir el foco del asun­to nuclear hacia el terreno de la lucha social (la lucha de cla­ses) y de las expe­rien­cias adqui­ri­das a lo lar­go de aquel pro­ce­so de acti­vi­dad fre­né­ti­ca en con­tra de la impo­si­ción y de la irra­cio­na­li­dad eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca. Un pro­ce­so de pro­ce­sos. Lec­cio­nes del pasa­do con pro­yec­ción de futu­ro.

Eus­kal Herria y el com­ba­te con­tra la Cen­tral nuclear de Lemó­niz como excu­sa. Este nues­tro País tie­ne guar­da­da en sus entra­ñas uno de los capí­tu­los más glo­rio­sos de su his­to­ria recien­te, la lucha anti­nu­clear. Una for­mi­da­ble pelea desa­rro­lla­da por el Pue­blo vas­co entre 1972 y 1984, que reapa­re­ce aho­ra en nues­tra memo­ria tras lo suce­di­do en Fukushi­ma, en todo su esplen­dor como una expe­rien­cia revo­lu­cio­na­ria, vital y fabu­lo­sa.

Por­que en el fon­do, la bata­lla con­tra la Cen­tral de Lemó­niz no sólo fue un con­fron­ta­ción con­tra un pro­yec­to absur­do y bes­tial. Habla­mos de muchas más cosas. Habla­mos de una lucha épi­ca, pro­ta­go­ni­za­da prin­ci­pal­men­te por la cla­se tra­ba­ja­do­ra y los sec­to­res popu­la­res con­tra el impe­rio espa­ñol (dis­fra­za­do de fran­quis­mo en un pri­mer momen­to y de “demo­cra­cia” en una eta­pa pos­te­rior) y sus ser­vi­do­res regio­na­lis­tas del PNV.

La lucha anti­nu­clear en Eus­kal Herria con­tra el pro­yec­to de Lemó­niz no fue una bata­lla cual­quie­ra, no fue sólo una vic­to­ria tác­ti­ca del Movi­mien­to de libe­ra­ción y otros sec­to­res con­ver­gen­tes, fue un com­ba­te con­tra la irra­cio­na­li­dad huma­na, el fal­so pro­gre­so y la ambi­ción de las cla­ses diri­gen­tes, fue y sigue sien­do en defi­ni­ti­va, una lec­ción de dig­ni­dad social, de fide­li­dad y de un radi­cal amor hacia este País. País que demos­tra­ría la capa­ci­dad de su Pue­blo tra­ba­ja­dor y los sec­to­res más des­fa­vo­re­ci­dos para cons­truir un blo­que popu­lar de con­tra­po­der social que iba, para­le­la­men­te, levan­tan­do un movi­mien­to polí­ti­co de con­tra­po­der polí­ti­co.
El pro­yec­to de cons­truc­ción de la Cen­tral nuclear de Lemó­niz sur­gió a prin­ci­pios de la déca­da de 1970, como par­te de un ambi­cio­so plan de la empre­sa eléc­tri­ca vas­ca Iber­due­ro (actual­men­te Iber­dro­la), que pro­yec­ta­ba varias cen­tra­les nuclea­res en la cos­ta vas­ca (en Lemó­niz, Ea/​Ispaster y Deba) y en la ribe­ra del Ebro, cer­ca de la loca­li­dad nava­rra de Tude­la.
Inter­na­cio­nal­men­te eran los ini­cios de la cri­sis del petró­leo y del des­man­te­la­mien­to del esta­do del bien­es­tar. En el Esta­do espa­ñol de fina­les del fran­quis­mo, el efec­to de la cri­sis ener­gé­ti­ca petro­le­ra se pre­veía bru­tal, con un fuer­te impac­to sobre todo en la eco­no­mía.
Las obras de la cen­tral de Lemó­niz comen­za­ron en 1972, con la soli­ci­tud de una licen­cia pro­vi­sio­nal de obras al ayun­ta­mien­to de Mun­gia, y con la con­ce­sión, por par­te del gobierno, de la licen­cia a Iber­due­ro para cons­truir en Lemó­niz dos gru­pos nuclea­res de 930 MW cada uno. En un prin­ci­pio esta­ba pre­vis­to que Lemó­niz I entra­ra en fun­cio­na­mien­to en 1976 y Lemó­niz II en 1978.
Des­de el ini­cio, la cons­truc­ción de la cen­tral se vio con­tes­ta­da pro­gre­si­va­men­te por un amplio movi­mien­to popu­lar, y sobre todo por los veci­nos y ayun­ta­mien­tos de la zona, que se opo­nían a la impo­si­ción de la plan­ta. A nivel polí­ti­co, se pue­de decir que la opo­si­ción más fuer­te vino de las orga­ni­za­cio­nes de la izquier­da aber­tza­le, como la extin­ta Eus­ka­di­ko Ezke­rra o Herri Bata­su­na. A favor de la cen­tral esta­ban las auto­ri­da­des, fran­quis­tas pri­me­ro, y pos­te­rior­men­te del cen­tro-dere­cha, que abar­ca­ban des­de Alian­za Popu­lar (actual PP), la extin­ta UCD y el PNV. El PSOE man­tu­vo una pos­tu­ra ambi­gua res­pec­to al asun­to, con­tra­ria en un ini­cio (ahí que­dan las decla­ra­cio­nes de Txi­ki Bene­gas) pero pos­te­rior­men­te favo­ra­ble, con posi­cio­na­mien­tos con­tun­den­tes como el del enton­ces minis­tro de Cul­tu­ra del pri­mer gobierno Gon­zá­lez, Javier Sola­na.
El blo­que popu­lar se arti­cu­ló en una pla­ta­for­ma deno­mi­na­da “Comi­sión de Defen­sa de una Cos­ta Vas­ca no Nuclear”, que logró obte­ner 150.000 fir­mas opo­nién­do­se al pro­yec­to. Tam­bién se pro­du­cen las pri­me­ras mani­fes­ta­cio­nes masi­vas con­tra la cen­tral de Lemó­niz, como la mar­cha que reúne 50.000 per­so­nas entre Plen­tzia y Gor­liz el 29 de Agos­to de 1976. Mien­tras tan­to, la empre­sa Iber­due­ro seguía tra­tan­do de obte­ner de los ayun­ta­mien­tos de Lemó­niz y Mun­gia una reca­li­fi­ca­ción de los terre­nos y una licen­cia defi­ni­ti­va de obras, que estos se nega­ban a con­ce­der.
El 14 de Julio de 1977 se pro­du­jo en Bil­bo una masi­va mani­fes­ta­ción con­tra la Cen­tral de Lemó­niz, que reu­nió cer­ca de 200.000 per­so­nas. Final­men­te, en agos­to de 1977, la Dipu­tación de Viz­ca­ya falla en favor de la empre­sa eléc­tri­ca, recha­zan­do las ale­ga­cio­nes que los ayun­ta­mien­tos y veci­nos de la zona habían pre­sen­ta­do.
Es enton­ces cuan­do la orga­ni­za­ción arma­da ETA se une a la cau­sa anti­nu­clear, la cual sus­ci­ta­ba ya gran apo­yo popu­lar, y entra en la lucha con­tra la cons­truc­ción de la cen­tral. La irrup­ción de ETA pro­du­jo una divi­sión del movi­mien­to anti­nu­clear; una par­te del acti­vis­mo se fue des­mo­vi­li­zan­do pro­gre­si­va­men­te, mien­tras otra (la mayo­ría) se radi­ca­li­zó, adop­tan­do pos­tu­ras de apo­yo a la actua­ción de ETA.
La esca­la­da de las accio­nes de ETA cul­mi­nó el 29 de Enero de 1981 con el secues­tro del inge­nie­ro jefe de la cen­tral, el bil­baíno José María Ryan. ETA con­ce­dió un pla­zo de una sema­na para que la cen­tral fue­se demo­li­da, ame­na­zan­do con eje­cu­tar al arres­ta­do. Trans­cu­rri­do el pla­zo del ulti­má­tum, ETA aca­bó con la vida de Ryan cau­san­do una fuer­te con­mo­ción social y la pri­me­ra huel­ga gene­ral con­tra ETA.
La eje­cu­ción de Ryan supu­so, sin embar­go, la para­li­za­ción de fac­to de las obras de la cen­tral. Iber­due­ro fre­nó la cons­truc­ción de la ins­ta­la­cio­nes a la espe­ra de que el Par­la­men­to de la CAV apo­ya­se explí­ci­ta­men­te la con­ti­nui­dad de las obras.
En un inten­to de des­ha­cer­se del pro­ble­ma de Lemó­niz en 1981, el Gobierno cen­tral trans­fi­rió las com­pe­ten­cias de ener­gía al Gobierno vas­co, y a fina­les de año éste relan­zó el pro­yec­to de la cen­tral, con el apo­yo del PNV, UCD y AP, crean­do una socie­dad mix­ta con capi­ta­les públi­cos y pri­va­dos para fina­li­zar las obras y ges­tio­nar la cen­tral. Bajo la ópti­ca del impe­rio, el tras­pa­so com­pe­ten­cial dis­mi­nui­ría o en el mejor de los casos anu­la­ría la opo­si­ción anti­nu­clear ya que la cons­truc­ción y su ges­tión que­da­ba en manos del auto­no­mis­mo. Regio­na­lis­mo y Unio­nis­mo, jun­tos de la mano, inten­ta­ban qui­tar el agua en don­de nada­ba el pez de la resis­ten­cia anti­nu­clear y arma­da.
Sin embar­go, ETA actuó de nue­vo, eje­cu­tan­do el 5 de mayo de 1982 al direc­tor de esta socie­dad, Ángel Pas­cual Múgi­ca Las obras esta­ban ya para­li­za­das casi total­men­te y muchos de los tra­ba­ja­do­res de la cen­tral habían sido des­pe­di­dos y dis­per­sa­dos. Tam­po­co se había vuel­to a arran­car el pro­yec­to.
Algu­nos de los obre­ros que per­ma­ne­cie­ron en la cen­tral se encar­ga­ron de dina­mi­tar la cen­tral inter­na­men­te, cor­tan­do cables, intro­du­cien­do are­na en tube­rías, y de otras muchas for­mas, de tal mane­ra que cuan­do repa­ra­ban des­per­fec­tos por un lado tenían que vol­ver a empe­zar a repa­rar por otro.
En sep­tiem­bre de 1982 el gobierno cen­tral asu­mió de nue­vo, median­te un decre­to de inter­ven­ción, la con­ti­nua­ción y la rea­li­za­ción de las obras de Lemó­niz por el Esta­do. Sin embar­go, un mes más tar­de, el PSOE ganó las elec­cio­nes gene­ra­les y no vol­vió a reanu­dar las obras. En 1984, el gobierno del PSOE decre­tó la mora­to­ria nuclear que pro­du­jo la para­li­za­ción defi­ni­ti­va de las obras de Lemó­niz I y Lemó­niz II, así como de otras tres cen­tra­les nuclea­res que se esta­ban cons­tru­yen­do en el esta­do español.La empre­sa due­ña de la cen­tral fue comer­cia­li­zan­do el equi­pa­mien­to ins­ta­la­do y des­man­te­lan­do la mis­ma. A comien­zos del siglo XXI no que­dan en el lugar más que los gran­des edi­fi­cios vacíos.

Resu­mien­do. A pesar del empe­ci­na­mien­to de las cla­ses diri­gen­tes tan­to espa­ño­las como regio­na­lis­tas y de la repre­sión des­ata­da, el blo­que popu­lar demos­tró una gran capa­ci­dad de deba­te y de orga­ni­za­ción, des­ple­gan­do una lucha de masas cuyo prin­ci­pio y pilar fun­da­men­tal se cen­tró en no resig­nar­se a ser un mero obje­to pasi­vo, recep­tor de las “incle­men­cias eco­nó­mi­cas”, de las deci­sio­nes toma­das por “otros” y de las ambi­cio­nes de las cla­ses domi­nan­tes.
Ese blo­que popu­lar comen­za­ba a per­ge­ñar­se en for­ma de suje­to acti­vo, con­se­cuen­te, cons­cien­te e impres­cin­di­ble para no cons­truir una nación, un país o un esta­do a la medi­da del impe­rio y del PNV. Este blo­que popu­lar triun­fó en una eta­pa difí­cil, una eta­pa de resis­ten­cia fren­te a la dura ofen­si­va de la Refor­ma ini­cia­da tras la muer­te de Fran­co.

Des­pués de tan­tos años, y con nue­vas con­di­cio­nes eco­nó­mi­co-socia­les y polí­ti­cas tan­to inter­na­cio­na­les como vas­cas. Eus­kal Herria con su cla­se tra­ba­ja­do­ra al fren­te una vez más, nece­si­ta re-defi­nir y re-cons­truir un nue­vo blo­que popu­lar pero des­de pará­me­tros adap­ta­dos al hoy. Cual­quier com­pa­ra­ción con el pasa­do en tér­mi­nos lite­ra­les sería un ejer­ci­cio de estu­pi­dez polí­ti­ca. La nos­tal­gia no sue­le ser una bue­na con­se­je­ra
La pre­gun­ta que sue­len rea­li­zar­se muchas per­so­nas radi­ca en el por qué de los cam­bios aho­ra y no antes. Las res­pues­tas sólo pue­den venir, inevi­ta­ble­men­te, de los aná­li­sis eco­nó­mi­cos, socia­les y polí­ti­cos e inclu­so mili­ta­res. Nada per­ma­ne­ce está­ti­co, el movi­mien­to es con­tí­nuo.

La ofen­si­va refor­mis­ta fina­li­zó hace tiem­po y con ella la fase de resis­ten­cia. La no cons­truc­ción de una nación, país o esta­do a medi­da del impe­rio y del PNV-UPN debe dejar paso a la de la cons­truc­ción nacio­nal a medi­da de ese blo­que popu­lar al que le “urge” en cier­ta medi­da, edi­fi­car una socie­dad más jus­ta en medio de una reali­dad de sufri­mien­to pro­gre­si­vo debi­do a los retro­ce­sos de dere­chos (gana­dos en el pasa­do a san­gre y fue­go) y de avan­ces de las “demo­cra­cias auto­ri­ta­rias” en el entorno geo­po­lí­ti­co vas­co.

El nue­vo blo­que popu­lar ten­drá que encau­zar el cau­dal humano gene­ra­do por años de lucha des­de posi­cio­nes de con­tra­po­der a posi­cio­nes de poder social y polí­ti­co, aspi­rar a la hege­mo­nía y pasar a la ofen­si­va. No nos pode­mos per­mi­tir seguir sien­do un obje­to pasi­vo recep­tor del sufri­mien­to y de las injus­ti­cias socia­les, debe­mos trans­for­mar­nos en suje­to acti­vo, tomar el poder y des­ple­gar nues­tras alter­na­ti­vas eco­nó­mi­co-socia­les y polí­ti­cas sin nin­gún tipo de com­ple­jo. Hay que con­ver­tir, de una vez por todas, al blo­que popu­lar en fuer­za hege­mó­ni­ca.

Al igual que con la lucha anti­nu­clear, las con­tra­dic­cio­nes y los ries­gos van a apa­re­cer inevi­ta­ble­men­te. Todo pro­ce­so de lucha los tie­ne, no hay que asus­tar­se por ello, al con­tra­rio, deben ser fuen­te de avan­ce y soli­dez. Quien bus­que cer­ti­dum­bres en todo dise­ño hacia el futu­ro se equi­vo­ca por com­ple­to. No la hay.

Con la tra­ge­dia de Fukushi­ma regre­sa­mos a tér­mi­nos de catás­tro­fe nuclear. Diría­mos que el Pue­blo tra­ba­ja­dor vas­co y los sec­to­res popu­la­res deben de negar­se ya a asu­mir el papel de los “liqui­da­do­res” que se encar­gan de “sal­var al mun­do” y de morir por cau­sa de las irra­cio­na­li­da­des y ambi­cio­nes eco­nó­mi­cas de las cla­ses diri­gen­tes.
Aca­be­mos con las cen­tra­les nuclea­res que otros en nues­tro nom­bre levan­ta­ron y tome­mos las rien­das del futu­ro del Pue­blo vas­co, pase­mos a la ofen­si­va sin per­der de vis­ta y mucho menos olvi­dar a todos aque­llos héroes, los ver­da­de­ros héroes, que caye­ron en la lucha con­tra el estra­go radiac­ti­vo, ya sean los bom­be­ros de la Unión Sovié­ti­ca, los liqui­da­do­res de Fukushi­ma o los mili­tan­tes anti­nu­clea­res de Eus­kal Herria, por­que sabe­mos con cer­te­za, la his­to­ria nos lo con­fir­ma, que los enemi­gos del géne­ro humano inten­ta­rán impe­dir, sin renun­ciar a nin­gún méto­do, los avan­ces nacio­na­les y socia­les de los pue­blos que deseen ser ver­da­de­ra­men­te libres.

EUSKAL HERRIKO KOMUNISTAK (EHK)

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