La OTAN, ¿pro­tec­to­ra de los pue­blos? – Jesús Valencia

Para cuan­do se publi­quen estas líneas no sé que habrá sido de Gada­fi, aun­que, a decir ver­dad, no me des­ve­lan sus des­ve­los. De aquel coro­nel anti­im­pe­ria­lis­ta de los años ochen­ta no que­da más que el nom­bre. Si un tiem­po com­pa­drea­ba con revo­lu­cio­na­rios, más tar­de aga­sa­jó a empe­ra­do­res; quien dio cober­tu­ra a los patrio­tas irlan­de­ses, tiem­po des­pués los trai­cio­nó. A base de bom­bar­deos y seduc­cio­nes, el capi­ta­lis­mo mun­dial ha hecho de él un esper­pen­to que poco se pare­ce a lo que fue. Sobre la que no abri­go la menor duda es sobre la OTAN. Mien­tras escri­bo este apun­te, el Ejér­ci­to impe­rial bara­ja múl­ti­ples opcio­nes. Según evo­lu­cio­nen los acon­te­ci­mien­tos ele­gi­rá la que más se ajus­te a su úni­co y fun­da­men­tal obje­ti­vo: domi­nar a los pue­blos del pla­ne­ta para apro­piar­se de sus recursos.

Des­de que esta­lló la con­vul­sión nor­te­afri­ca­na, los dife­ren­tes cuer­pos de la OTAN están actuan­do con pre­ci­sión mili­tar. Todos ellos se han ajus­ta­do a un guión bien per­fi­la­do y de sobra cono­ci­do. Mien­tras los hom­bres de armas toman posi­cio­nes, la avan­za­di­lla mediá­ti­ca rea­li­za su impres­cin­di­ble y demo­le­do­ra tarea: tri­tu­rar a los peo­nes caí­dos en des­gra­cia. Antes le tocó a Norie­ga el pana­me­ño, a los tali­ba­nes afga­nos, a Sadam el ira­quí. Aho­ra los dien­tes de la máqui­na han des­tro­za­do a Ben Alí el tune­cino, a Muba­rak el egip­cio y a Gada­fi el libio. Todos ellos goza­ron del favor y reco­no­ci­mien­to inter­na­cio­na­les mien­tras eran los «hijos de puta» del capi­ta­lis­mo mun­dial; de la noche a la maña­na se con­vir­tie­ron en mons­truos cuan­do no favo­re­cían los intere­ses metro­po­li­ta­nos: ver­du­gos, crue­les, sádi­cos… una hedion­da pús­tu­la a extir­par para que la huma­ni­dad ten­ga un ros­tro más atractivo.

De la tera­pia trau­má­ti­ca siem­pre se encar­ga la OTAN. Sos­tu­vo gue­rras en Las Mal­vi­nas y en Kuwait «para res­ta­ble­cer el dere­cho inter­na­cio­nal»; creó en Baso­ra y en Koso­vo zonas de exclu­sión (lo mis­mo pre­ten­de en Libia) «para pro­te­ger a las mino­rías ame­na­za­das»; arra­só Pana­má, Afga­nis­tán Irak y Ser­bia pera «garan­ti­zar la demo­cra­cia ame­na­za­da»; ocu­pó Gre­na­da «para res­ca­tar ‑tam­bién aho­ra invo­ca ese pre­tex­to- a los extran­je­ros atra­pa­dos por el con­flic­to». Cuan­do ya los bom­bar­de­ros toman pis­ta para el des­pe­gue, los embau­ca­do­res de la OTAN bau­ti­zan con fin­gi­dos cali­fi­ca­ti­vos los crí­me­nes que van a come­ter: «Plan Colom­bia» en dicho país, «Cau­sa Jus­ta» deno­mi­na­ron a la inva­sión de Pana­má, como «aldeas mode­lo» pre­sen­ta­ron los cam­pos de con­cen­tra­ción gua­te­mal­te­cos, como «Jus­ti­cia Infi­ni­ta» se cono­ció el arra­sa­mien­to de Afga­nis­tán… Plan­tea­mien­tos tram­po­sos que abo­can a la socie­dad a un dile­ma inacep­ta­ble: o aliar­se con el tirano que mata ino­cen­tes o con la OTAN, «que los protege».

En 1986 nues­tro pue­blo recha­zó mayo­ri­ta­ria­men­te la OTAN, sin­te­ti­zan­do su pos­tu­ra en un lema bre­ve y cla­ro: Eus­kal Herria, bai; OTAN, ez. Intui­ción genial que plan­tea­ba el ver­da­de­ro dile­ma: los intere­ses del capi­tal con­tra los de los pue­blos. Hace unos días, un insur­gen­te libio hacía un aná­li­sis simi­lar: «Con las mis­mas armas que com­ba­ti­mos a Gada­fi com­ba­ti­re­mos a las tro­pas ame­ri­ca­nas y a sus aliados».

Fuen­te: Gara

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