País Vas­co: La indi­fe­ren­cia ante la tor­tu­ra ofen­de a la dig­ni­dad huma­na – Car­los Azna­rez

Elec­tro­dos en el cuer­po, en los geni­ta­les, en las encías. Las car­nes arran­ca­das de tan­to dolor, con­vul­sio­nes que te levan­tan en el aire y un vol­ver a caer sobre los hie­rros con­ver­ti­dos en cruz, don­de el cuer­po, ama­rra­do, pare­ce enlo­que­cer­se por las des­car­gas.

La bañe­ra y la bol­sa para asfi­xiar o direc­ta­men­te para matar. Cuer­pos col­ga­dos de cade­nas, gol­pes con todo tipo de ins­tru­men­to con­tun­den­te. Y la humi­lla­ción de las vio­la­cio­nes, en las que seres mons­truo­sos (que segu­ra­men­te tie­nen espo­sas e hijos, que van a misa y se con­fie­san, y que como muchos, los lunes hablan de fút­bol), te mano­sean soez­men­te, te insul­tan y por últi­mo, agre­den tu cuer­po de niña o de cha­bal ate­rro­ri­za­do por tan­ta mal­dad.

Esto es el día a día de la Espa­ña «demo­crá­ti­ca», don­de para col­mo, dicen que gobier­nan los «socia­lis­tas».

No, no es una exa­ge­ra­ción ni un dis­cur­so pla­nea­do por los «terro­ris­tas», como sue­le decir el ex juez Gar­zón y aho­ra mas­ti­ca con rabia, su con­ti­nua­dor Gran­de Mar­las­ca. Se tra­ta de TORTURA sin nin­gún tipo de rodeos. TORTURA, escri­to con mayús­cu­las para que nadie pue­da hacer­se el des­en­ten­di­do y decir que no alcan­za a leer­lo. TORTURA para inten­tar des­truir al rebel­de, al dife­ren­te, al que no se tra­ga esos dis­cur­sos men­ti­ro­sos con que Rodrí­guez Zapa­te­ro y el afie­bra­do Rubal­ca­ba, su par­te­nai­re, bom­bar­dean a la pobla­ción como si de una mana­da de imbé­ci­les se tra­ta­ra. TORTURA, eso es lo que hay en la Espa­ña «gran­de, libre y una» (sobre todo «una) que pasó de las manos man­cha­das en san­gre de Fran­co a las idem del Bor­bón, para con­ti­nuar mal­tra­tan­do a muchos ciu­da­da­nos y ciu­da­da­nas vas­cas.

Habla­mos de TORTURA, que se ini­cia en el mis­mo momen­to en que uni­for­ma­dos enca­pu­cha­dos vue­lan con explo­si­vos la puer­ta de quien van a dete­ner y entran en la vivien­da gri­tan­do, gol­pean­do, insul­tan­do a todos los que, inmo­vi­li­za­dos por el terror, espe­ran lo peor. TORTURA, mien­tras el vehícu­lo poli­cial se va acer­can­do a Madrid, y los Guar­dias Civi­les o Poli­cías espa­ño­les que tras­la­dan al dete­ni­do o dete­ni­da, dis­fru­tan con el sufri­mien­to de quien sabe que aún le que­dan cin­co días de inco­mu­ni­ca­ción. Se dice fácil, pero hay que estar 120 horas en manos de una jau­ría de huma­nos bes­tia­li­za­dos , dis­pues­tos a des­pe­lle­jar a la víc­ti­ma. Más TORTURAS, cuan­do como si fue­ra una bol­sa de papas, la pri­sio­ne­ra o el pri­sio­ne­ro es arro­ja­do a un sucio cala­bo­zo de una más sucia depen­den­cia poli­cial, para que en los cin­co minu­tos que les dejan de «des­can­so» pue­da oír los gri­tos y llan­tos de alguno de sus ami­gos, cama­ra­das, com­pa­ñe­ros, her­ma­nos, fami­lia­res, que en otro tugu­rio pró­xi­mo tam­bién es des­tro­za­do a pala­zos, a gol­pes de pica­na, inten­tan­do arran­car un nom­bre, un dato, una direc­ción. Y cuan­do, horro­ri­za­da, ella se quie­re tapar los oídos para no seguir escu­chan­do tan­to y tan­to sufri­mien­to, otra vez «le toca el turno», bus­can­do que tam­bién arro­je una pis­ta para seguir dete­nien­do a otros que se subirán muy pron­to en este carrou­sell de la muer­te en vida.

Se lla­ma TORTURA (¿o aca­so se les ocu­rre otro nom­bre des­pués de leer los tes­ti­mo­nios lace­ran­tes de quie­nes pasan por esa «expe­rien­cia»?) la rece­ta ins­ti­tu­cio­na­li­za­da por el rei­no de Espa­ña para los lucha­do­res y lucha­do­ras vas­cas que no están dis­pues­tos a bajar la cabe­za y poner­se de rodi­llas. Se lla­ma TORTURA la herra­mien­ta que uti­li­zan poli­cías al ser­vi­cio de encor­ba­ta­dos polí­ti­cos con cara de nada, que se corrom­pen, que trai­cio­nan a sus votan­tes, que hipó­cri­ta­men­te mien­ten a sabien­das de que siem­pre el sis­te­ma los per­do­na­rá por­que son par­te del mis­mo, y que defien­den sus pri­vi­le­gios ape­lan­do al terro­ris­mo esta­tal.

Sólo a cau­sa de la TORTURA, un pri­sio­ne­ro pre­fie­re auto-lesio­nar­se para que no le sigan mar­ti­ri­zan­do. Es pre­ci­sa­men­te a cau­sa de las TORTURAS, que con gran «natu­ra­li­dad», los voce­ros del gobierno espa­ñol infor­man que tal o cual dete­ni­do debió ser tras­la­da­do de urgen­cia a un hos­pi­tal (mien­tras sigue inco­mu­ni­ca­do) por­que «sufrió un repen­tino males­tar». Ni qué decir de los foren­ses (la mayo­ría de ellos tan ver­du­gos como los tor­tu­ra­do­res) que fren­te a un joven des­qui­cia­do por el dolor, hace caso omi­so a sus súpli­cas para que no le sigan apli­can­do elec­tri­ci­dad en cada rin­cón de sus cuer­pos.

TORTURA extra, si cabe el tér­mino frí­vo­lo fren­te a la gra­ve­dad de lo rela­ta­do, es la que pro­po­nen los jue­ces espa­ño­les y fran­ce­ses, los fis­ca­les, los abo­ga­dos del Esta­do, que cuan­do final­men­te el dete­ni­do lle­ga ante su pre­sen­cia, y en un esta­do físi­co lamen­ta­ble, expo­ne que lo han tor­tu­ra­do, éstos sin­gu­la­res repre­sen­tan­tes de la «jus­ti­cia», se limi­tan a expre­sar «esto es lo que te dije­ron tus jefes que cuen­tes, pues no te hagas ilu­sio­nes, a voso­tros nadie os cree» (sic), y decre­tan su entra­da en pri­sión por dece­nas de años.

Es TORTURA, dimi­nu­tos hom­bre­ci­tos y mujer­ci­tas de la izquier­da espa­ño­la (la legal, cla­ro, la par­la­men­ta­ria, por supues­to) que nun­ca encuen­tran tiem­po ni razo­nes para con­de­nar lo que ocu­rre fren­te a sus pro­pias nari­ces, y siem­pre les sobra labia para ento­nar dis­cur­sos en los que pon­ti­fi­can sobre la «paz», los «dere­chos huma­nos», la «jus­ti­cia social», en algún lejano con­fín del mapa, cosa que no les vaya a traer algún con­tra­tiem­po o con­tra­dic­ción a la pla­ci­dez en que habi­tual­men­te viven. Así es, esti­ma­dos pro­gres al uso, izquier­dis­tas de paco­ti­lla, dis­pues­tos a salir de gira, con sus bol­si­llos reple­tos de euros a fin de gas­tar­los en foros y encuen­tros inter­na­cio­na­les en los que lan­zan parra­fa­das hipó­cri­tas y en don­de lo más impor­tan­te son las comi­lo­nas y sali­das noc­tur­nas, allí pre­ci­sa­men­te, uste­des berrean que «lo que ocu­rre en el País Vas­co, es cul­pa de unos cuan­tos vio­len­tos que no se amol­dan a vivir con nor­ma­li­dad”. Lo dicen sin inmu­tar­se ni pen­sar que en ese mis­mo momen­to, en algu­na oscu­ra maz­mo­rra poli­cial, están molien­do a gol­pes a una chi­ca que tie­ne la mis­ma edad de algu­na de sus hijas o hijos. Jamás se va a escu­char salir de vues­tras bocas una pala­bra que con­de­ne las abe­rra­cio­nes repre­si­vas, no sea que eso les ene­mis­te con el Poder de turno.

TORTURA lega­li­za­da, como en el Esta­do Terro­ris­ta de Israel, esa es la reali­dad lace­ran­te con la que hay que enfren­tar­se cuan­do se habla de la «demo­cra­cia espa­ño­la».

Que lo sepa el mun­do, sus gen­tes, par­ti­dos, orga­ni­za­cio­nes socia­les, sin­di­ca­les, estu­dian­ti­les, inte­lec­tua­les: en Espa­ña se TORTURA como en Guan­tá­na­mo y Abu Graib. O como ayer en la ESMA argen­ti­na o actual­men­te en las cár­ce­les colom­bia­nas. Dos son las carac­te­rís­ti­cas más funes­tas de esta atro­ci­dad: la impu­ni­dad con que se mue­ven los tor­tu­ra­do­res y el silen­cio asfi­xian­te con que la socie­dad espa­ño­la (no) reac­cio­na ante seme­jan­te agre­sión a la dig­ni­dad huma­na.

Gober­nan­tes, polí­ti­cos, perio­dis­tas, mili­ta­res, poli­cías, y has­ta la Igle­sia, todos ellos son cul­pa­bles o cóm­pli­ces de estos com­por­ta­mien­tos cri­mi­na­les. A aque­llos que se des­vi­ven con­vo­can­do al famo­so Tri­bu­nal Penal Inter­na­cio­nal para arre­me­ter con­tra algu­nos líde­res popu­la­res (y jamás piden cas­ti­go con­tra los Neta­niahu, Bush, Clin­ton, Oba­ma y demás), tie­nen un muy buen mate­rial arran­ca­do de los cuar­te­les de la Guar­dia Civil espa­ño­la, para que los Zapa­te­ro, Rubal­ca­ba o Aznar, se inclu­yan en sus lis­tas. Sin embar­go, se sabe que sus tro­pe­lías están blin­da­das y pro­te­gi­das, por­que son las mis­mas que reco­mien­da Washing­ton para apli­car en cada uno de los paí­ses con pro­ble­mas de disi­den­cia inter­na.

¿Qué hacer enton­ces fren­te a la TORTURA espa­ño­la con­tra los inde­pen­den­tis­tas vas­cos, que jus­ta­men­te están plan­tean­do poder expre­sar sus rei­vin­di­ca­cio­nes por una vía polí­ti­ca? Cual­quier cosa menos per­ma­ne­cer en silen­cio. Eso es lo que desean pre­ci­sa­men­te quie­nes mue­ven esta maqui­na­ria del terror. A la soli­da­ri­dad inter­na­cio­nal les (nos) cabe gri­tar bien alto lo que está suce­dien­do. Decir con todas las letras que paren de tor­tu­rar a los dete­ni­dos, que no se siga encu­brien­do la cruel­dad con perío­do de inco­mu­ni­ca­ción que duran cin­co días (como dis­po­nen los jue­ces de la Audien­cia Nacio­nal), por­que en ese pla­zo los cuer­vos carro­ñe­ros están dis­pues­tos a des­tro­zar los cuer­pos exáni­mes de quie­nes caen en sus garras.

Es un deber para toda per­so­na sen­si­ble, com­pro­me­ti­da con los dere­chos huma­nos, sea de la nacio­na­li­dad que sea, y en espe­cial los cien­tos de miles de ciu­da­da­nos de ori­gen vas­co que viven en la diás­po­ra, reac­cio­nar fren­te a esta lacra de la TORTURA.

Por últi­mo, aque­llos que habi­tan en terri­to­rio espa­ñol, a esca­sos kiló­me­tros de Eus­kal Herria, quie­nes has­ta aho­ra han pre­fe­ri­do cerrar ojos y oídos fren­te a los gri­tos deses­pe­ra­dos de los pri­sio­ne­ros y pri­sio­ne­ras, tie­nen la obli­ga­ción de rom­per con sus pro­pios mie­dos, indi­vi­dua­lis­mos o indi­fe­ren­cias y tam­bién sumar su repu­dio a estos com­por­ta­mien­tos abe­rran­tes que ame­na­zan con des­truir al géne­ro humano.

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