Jua­na Azur­duy – Maris­cal de la Patria Gran­de, ¡pre­sen­te!

El año de su naci­mien­to la ciu­dad de La Paz fue sitia­da por Tupaj Kata­ri y Bar­to­li­na Sisa, alza­dos en armas en apo­yo a Túpac Ama­ru. Azur­duy y su espo­so Padi­lla se suma­ron a la Revo­lu­ción de Chu­qui­sa­ca que el 25 de mayo de 1809 des­ti­tu­yó al pre­si­den­te de la Real Audien­cia de Char­cas, en la que tuvo pro­ta­go­nis­mo Juan Anto­nio Álva­rez de Are­na­les. Liga­dos con las expe­di­cio­nes envia­das des­de Bue­nos Aires, al man­do pri­me­ro de Anto­nio Gon­zá­lez Bal­car­ce y lue­go del Gene­ral Manuel Bel­grano, com­ba­tie­ron a los rea­lis­tas defen­dien­do la zona com­pren­di­da entre Chu­qui­sa­ca y las sel­vas que media­ban hacia San­ta Cruz de la Sie­rra. Vio morir a sus cua­tro hijos y com­ba­tió emba­ra­za­da de su quin­ta hija.

Tras la derro­ta del Ejér­ci­to del Nor­te en la Bata­lla de Hua­qui el 20 de junio de 1811, los rea­lis­tas al man­do de José Manuel de Goye­ne­che recu­pe­ra­ron el con­trol del Alto Perú y las pro­pie­da­des de los Padi­lla jun­to con las cose­chas y sus gana­dos fue­ron con­fis­ca­das, sien­do apre­sa­da Jua­na Azur­duy y sus hijos, pero Padi­lla logró res­ca­tar­los refu­gián­do­se en las altu­ras de Tara­bu­co.
En 1813 Padi­lla y Jua­na Azur­duy se pusie­ron a las órde­nes de Bel­grano, nue­vo jefe del Ejér­ci­to Auxi­liar del Nor­te, lle­gan­do a reclu­tar 10.000 mili­cia­nos. Duran­te la Bata­lla de Vil­ca­pu­gio, Padi­lla y sus mili­cia­nos debie­ron trans­por­tar la arti­lle­ría sin par­ti­ci­par en el com­ba­te. Jua­na Azur­duy orga­ni­zó lue­go el «Bata­llón Lea­les» que par­ti­ci­pó en la Bata­lla de Ayohu­ma el 9 de noviem­bre de 1813, que sig­ni­fi­có el reti­ro de los ejér­ci­tos argen­ti­nos del Alto Perú. A par­tir de ese momen­to Padi­lla y sus mili­cia­nos se dedi­ca­ron a rea­li­zar accio­nes gue­rri­lle­ras con­tra los rea­lis­tas.
Azur­duy lide­ró la gue­rri­lla que ata­có el cerro de Poto­sí, tomán­do­lo el 8 de mar­zo de 1816. Debi­do a su actua­ción, tras el triun­fo logra­do en el Com­ba­te del Villar reci­bió el ran­go de tenien­te coro­nel por un decre­to fir­ma­do por Juan Mar­tín de Puey­rre­dón, Direc­tor Supre­mo de las Pro­vin­cias Uni­das del Río de la Pla­ta, el 13 de agos­to de 1816. Tras ello, el gene­ral Bel­grano le hizo entre­ga sim­bó­li­ca de su sable.1
El 14 de noviem­bre de 1816 fue heri­da en la Bata­lla de La Lagu­na, su mari­do acu­dió a res­ca­tar­la y en este acto fue heri­do de muer­te.
El cam­bio de pla­nes mili­ta­res, que aban­do­nó la ruta alto­pe­rua­na para com­ba­tir a los rea­lis­tas afin­ca­dos en el Perú por vía chi­le­na, dis­mi­nu­yó el apo­yo logís­ti­co a la gue­rri­lla coman­da­da por Azur­duy, que se reple­gó hacia el sur, unién­do­se final­men­te a Mar­tín Miguel de Güe­mes. A la muer­te de Güe­mes, en 1821, se vio redu­ci­da a la pobre­za.
En 1825, el Liber­ta­dor Simón Bolí­var, lue­go de visi­tar­la y ver la con­di­ción mise­ra­ble en que vivía, aver­gon­za­do la ascen­dió al gra­do de Coro­nel y le otor­gó una pen­sión. Al salir, le comen­tó a Sucre: «Este país no debe­ría lla­mar­se Boli­via en mi home­na­je, sino Padi­lla o Azur­duy, por­que son ellos los que lo hicie­ron libre».2 En Char­cas cono­ció a otra mujer extra­or­di­na­ria de la inde­pen­den­cia ame­ri­ca­na, Manue­la Sáenz, tam­bién con el gra­do de Coro­nel, quien le escribió:3
El Liber­ta­dor Bolí­var me ha comen­ta­do la hon­da emo­ción que vivió al com­par­tir con el Gene­ral Sucre, Lan­za y el Esta­do Mayor del Ejér­ci­to Colom­biano, la visi­ta que rea­li­za­ron para reco­no­cer­le sus sacri­fi­cios por la liber­tad y la inde­pen­den­cia. El sen­ti­mien­to que reco­gí del Liber­ta­dor, y el ascen­so a Coro­nel que le ha con­fe­ri­do, el pri­me­ro que fir­ma en la patria de su nom­bre, se vie­ron acom­pa­ña­dos de comen­ta­rios del valor y la abne­ga­ción que iden­ti­fi­ca­ron a su per­so­na duran­te los años más difí­ci­les de la lucha por la inde­pen­den­cia. No estu­vo ausen­te la memo­ria de su espo­so, el Coro­nel Manuel Asen­cio Padi­lla, y de los recuer­dos que la gen­te tie­ne del Cau­di­llo y la Ama­zo­na.
Manue­la Sáenz, 8 de diciem­bre de 1825
Pos­te­rior­men­te el gene­ral Sucre le aumen­tó su pen­sión, que ape­nas le alcan­za­ba para comer, pero dejó de per­ci­bir­la en 1830 debi­do a los vai­ve­nes polí­ti­cos. En una car­ta escri­ta en ese año, cuan­do vaga­ba por las sel­vas del Cha­co argen­tino:
«A las muy hono­ra­bles jun­tas Pro­vin­cia­les: Doña Jua­na Azur­duy, coro­na­da con el gra­do de Tenien­te Coro­nel por el Supre­mo Poder Eje­cu­ti­vo Nacio­nal, emi­gra­da de las pro­vin­cias de Char­cas, me pre­sen­to y digo: Que para con­ci­tar la com­pa­sión de V. H. y lla­mar vues­tra aten­ción sobre mi deplo­ra­ble y las­ti­me­ra suer­te, juz­go inú­til reco­rrer mi his­to­ria en el cur­so de la Revolución.(…)Sólo el sagra­do amor a la patria me ha hecho sopor­ta­ble la pér­di­da de un mari­do sobre cuya tum­ba había jura­do ven­gar su muer­te y seguir su ejem­plo; mas el cie­lo que seña­la ya el tér­mino de los tira­nos, median­te la inven­ci­ble espa­da de V.E. qui­so regre­sa­se a mi casa don­de he encon­tra­do disi­pa­dos mis intere­ses y ago­ta­dos todos los medios que pudie­ran pro­por­cio­nar mi sub­sis­ten­cia; en fin rodea­da de una nume­ro­sa fami­lia y de una tier­na hija que no tie­ne más patri­mo­nio que mis lágri­mas; ellas son las que aho­ra me revis­ten de una gran con­fian­za para pre­sen­tar a V.E. la funes­ta lámi­na de mis des­gra­cias, para que tenién­do­las en con­si­de­ra­ción se dig­ne orde­nar el goce de la viu­de­dad de mi fina­do mari­do el suel­do que por mi pro­pia gra­dua­ción pue­de corres­pon­der­me».
Pasó varios años en Sal­ta soli­ci­tan­do al gobierno boli­viano, ya inde­pen­dien­te, sus bie­nes con­fis­ca­dos. La pen­sión que le habían otor­ga­do le fue qui­ta­da en 1857 bajo el gobierno de José María Lina­res. Murió indi­gen­te el día 25 de mayo de 1862 cuan­do esta­ba por cum­plir 82 años y fue ente­rra­da en una fosa común.
Su res­tos fue­ron exhu­ma­dos 100 años des­pués, para ser guar­da­dos en un mau­so­leo que se cons­tru­yó en su home­na­je en la ciu­dad de Sucre.

Boli­via

A par­tir del 25 de mayo de 2009 el gobierno de Evo Mora­les ha ins­ti­tui­do el Bono Jua­na Azur­duy de Padi­lla de Bs. 1.820 (unos 260 dóla­res ame­ri­ca­nos), una asis­ten­cia eco­nó­mi­ca que reci­ben las muje­res en esta­do de ges­ta­ción y los niños niñas meno­res de 2 años, en el inten­to de dis­mi­nuir los altos índi­ces de des­nu­tri­ción y mor­ta­li­dad infan­til y materna.11
En noviem­bre de 2009, el Sena­do la ascen­dió pós­tu­ma­men­te al gra­do de Maris­cal de la Repú­bli­ca, decla­rán­do­la “Liber­ta­do­ra de Boli­via”, en base a las accio­nes de patrio­tis­mo demos­tra­das en bien de la inde­pen­den­cia del país.12

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