Esta­do, domi­na­ción y pasi­vi­dad- Iña­ki Gil de San Vicen­te

Tex­to escri­to para la Char­la deba­te en el C.S.O La Tra­ba.
  1. TRES TESIS REFORMISTAS SOBRE EL ESTADO
  2. “TENEMOS QUE TOMAR EL PODER PARA QUE NOS DEJEN DE JODER”
  3. EL ESTADO, CENTRALIZADOR ESTRATÉGICO DE LAS DOMINACIONES
  4. CENTRALIZACIÓN ESTATAL Y DOMINACIÓN POR EL FETICHISMO
  5. EL ESTADO ESPAÑOL COMO EJEMPLO

NOTA: Esta ponen­cia fue escri­ta en la pri­me­ra sema­na de enero de 2011 para some­ter­la a deba­te en una asam­blea, a cuyos miem­bros se les había entre­ga­do con ante­rio­ri­dad. La ponen­cia se ofre­ce aho­ra tal cual fue escri­ta en su ori­gen, sin cam­bio ni aña­di­do alguno. Sin embar­go, en tan sólo un mes, han acae­ci­do muchas cosas que demues­tran lo acer­ta­do del gru­po orga­ni­za­dor al plan­tear el deba­te sobre el Esta­do en la actua­li­dad, por lo que pien­so que es con­ve­nien­te recor­dar al menos tres de esos acon­te­ci­mien­tos para asen­tar el deba­te sobre bases reales y no sobre elu­cu­bra­cio­nes. En reali­dad, como vere­mos, los tres asun­tos que vamos a enu­me­rar son expre­sio­nes actua­les de lar­gos pro­ce­sos sub­te­rrá­neos que lle­van tiem­po actuan­do. Todos res­pon­den a pro­fun­das con­tra­dic­cio­nes que van agu­di­zán­do­se y que plan­tean cada vez con más fuer­za la clá­si­ca pre­gun­ta de W. Reich rea­li­za­da a comien­zos de los ’30 del siglo XX: no se tra­ta de saber por qué hace huel­ga un obre­ro y por qué roba un ham­brien­to, sino que se tra­ta de saber por qué un ham­brien­to no roba, y por qué un obre­ro no hace huel­ga. Pues bien, para expli­car esta pasi­vi­dad debe­mos recu­rrir, entre otras, a la teo­ría mar­xis­ta del Esta­do.

La pri­me­ra es la des­mo­ra­li­za­da pasi­vi­dad de gran par­te de la cla­se tra­ba­ja­do­ra espa­ño­la ante los terri­bles gol­pes que está sufrien­do. Des­de hace años pero ace­le­ra­da­men­te en los últi­mos meses, la bur­gue­sía espa­ño­la está des­man­te­lan­do de arri­ba aba­jo el mal lla­ma­do “Esta­do del Bien­es­tar” con el apo­yo de la indus­tria polí­ti­co-mediá­ti­ca, de buro­cra­cias polí­ti­co-sin­di­ca­les refor­mis­tas y de la repre­sión. Los cálcu­los más opti­mis­tas indi­can que las cla­ses tra­ba­ja­do­ras per­de­rán apro­xi­ma­da­men­te el 20% de su pen­sión de jubi­la­ción, y que las muje­res y la juven­tud serán los sec­to­res socia­les más gol­pea­dos por esta medi­da. A pesar de pro­tes­tas y mani­fes­ta­cio­nes pun­tua­les, domi­na la pasi­vi­dad social excep­to en las nacio­nes opri­mi­das. La acep­ta­ción de la ideo­lo­gía indi­vi­dua­lis­ta bur­gue­sa, en su for­ma más egoís­ta, es muy fuer­te en el Esta­do espa­ñol, como lo indi­ca el hecho de que sólo el 18% de la pobla­ción esta­tal par­ti­ci­pe en algu­na for­ma de volun­ta­ria­do social y popu­lar, cul­tu­ral, etc., mien­tras que la media de la UE es del 34%. La alta indi­fe­ren­cia indi­vi­dua­lis­ta se plas­ma tam­bién en la muy redu­ci­da afi­lia­ción sin­di­cal, y en la des­preo­cu­pa­ción ante abru­ma­do­ra depen­den­cia eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca del sin­di­ca­lis­mo ofi­cial, que viven de las sub­ven­cio­nes esta­ta­les, patro­na­les y finan­cie­ras. La vis­ta gor­da, y has­ta la envi­dia, ante la den­sa y pega­jo­sa corrup­ción que mina la vida polí­ti­ca, eco­nó­mi­ca y mediá­ti­ca, es otro ejem­plo.

¿Qué papel jue­ga el Esta­do en el man­te­ni­mien­to de estas y otras buro­cra­cias y prác­ti­cas socia­les, que alie­nan y enca­de­nan a bue­na par­te de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras? Tene­mos el ejem­plo de la eco­no­mía sumer­gi­da, que apor­ta el 23% del PIB. Recien­te­men­te, téc­ni­cos de Hacien­da han reco­no­ci­do que esta enor­me eco­no­mía sumer­gi­da impi­de un esta­lli­do social por­que de algún modo ali­via el empo­bre­ci­mien­to cre­cien­te. Pero a la vez, enca­de­na y sobre­ex­plo­ta a los tra­ba­ja­do­res, ate­mo­ri­zán­do­los y obli­gán­do­les a la obe­dien­cia sumi­sa. Otro ejem­plo es el de la altí­si­ma pre­ca­ri­za­ción del tra­ba­jo, alre­de­dor del 33%, sobre todo en la juven­tud, el sec­tor social poten­cial­men­te más com­ba­ti­vo y rebel­de, aco­go­ta­do por el mie­do al des­pi­do ful­mi­nan­te si rei­vin­di­ca sus dere­chos. El Esta­do espa­ñol podría, si qui­sie­ra, redu­cir mucho la eco­no­mía sumer­gi­da y avan­zar en los dere­chos labo­ra­les, pero no lo hace. Incues­tio­na­ble­men­te, hay más razo­nes que expli­can el por qué de esa man­se­dum­bre social. Todas estas razo­nes nos per­mi­ten com­pren­der el por qué del “pac­to social” entre CCOO-UGT y la cla­se explo­ta­do­ra; el por qué de las pocas movi­li­za­cio­nes el pasa­do 27 de enero mien­tras que las nacio­nes opri­mi­das sí iban a la huel­ga gene­ral, etc.

La segun­da es la clau­di­ca­ción del Esta­do espa­ñol a las exi­gen­cias del impe­ria­lis­mo, clau­di­ca­ción que mues­tra, por un lado, cómo la bur­gue­sía espa­ño­la mide su patrio­tis­mo según los alti­ba­jos de su tasa de bene­fi­cio; y por lado, cómo los Esta­dos son ins­tru­men­tos malea­bles que se adap­tan a las exi­gen­cias de la acu­mu­la­ción del capi­tal, siem­pre bajo las pre­sio­nes de las luchas de cla­ses inter­nas y/​o de las exi­gen­cias exter­nas. La pren­sa espe­cia­li­za­da advier­te de que aumen­ta­rán las exi­gen­cias exter­nas de más medi­das anti­po­pu­la­res, reduc­cio­nes sala­ria­les y de gas­tos socia­les y públi­cos, de aumen­tos de los impues­tos indi­rec­tos, etc., y todo indi­ca que el Esta­do espa­ñol obe­de­ce­rá y cum­pli­rá los man­da­tos impe­ria­lis­tas. El orgu­llo­so nacio­na­lis­mo espa­ñol, se come su his­to­ria ofi­cial y acep­ta que otras poten­cias entren has­ta la coci­na de sus nego­cios ins­pec­cio­nan­do y des­cu­brien­do todas sus mise­rias. Mien­tras que den­tro de sus fron­te­ras endu­re­ce el nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta y ata­ca los dere­chos labo­ra­les y socia­les, demos­tran­do qué es un Esta­do y por qué y para qué inter­vie­ne en la lucha de cla­ses, mien­tras esto hace en su inte­rior, en el exte­rior se humi­lla ante otros Esta­dos más pode­ro­sos, ante el impe­ria­lis­mo. La reac­ti­va­ción del nacio­na­lis­mo espa­ñol bus­ca, entre otras cosas, pre­pa­rar las con­di­cio­nes para un recor­te del “Esta­do de las Auto­no­mías”, es decir, para aumen­tar el saqueo de los pue­blos opri­mi­dos en bene­fi­cio de la bur­gue­sía espa­ño­la.

La ter­ce­ra y últi­ma es la olea­da de pro­tes­tas en el Nor­te de Áfri­ca, espe­cial­men­te en Túnez y Egip­to, y las lec­cio­nes teó­ri­cas que debe­mos extraer en lo rela­cio­na­do a la efec­ti­vi­dad del Esta­do en el man­te­ni­mien­to de la domi­na­ción. Las bur­gue­sías que logra­ron la vic­to­ria polí­ti­ca sobre el feu­da­lis­mo y el desa­rro­llo de un sis­te­ma socio­eco­nó­mi­co auto­le­gi­ti­ma­do por la ideo­lo­gía bur­gue­sa domi­nan­te, sobre todo por el feti­chis­mo de la mer­can­cía y la tram­pa del “ciu­da­dano”, tie­nen más recur­sos de con­trol social, coop­ta­ción e inte­gra­ción del males­tar colec­ti­vo inclu­so cuan­do éste pasa de su fase difu­sa e inver­te­bra­da a con­te­ni­dos socio­po­lí­ti­cos más con­cre­tos y radi­ca­les. La dia­léc­ti­ca entre la zanaho­ria y el palo, la alie­na­ción y la repre­sión –“con­sen­so y coac­ción”, dicho en los meli­fluos tér­mi­nos de la derro­ta­da “izquier­da” de los ’70 – , es más ágil y efi­caz para la cla­se domi­nan­te en estos Esta­dos “demo­crá­ti­cos” que en los que no han desa­rro­lla­do las com­ple­jas media­cio­nes entre la explo­ta­ción asa­la­ria­da y la pasi­vi­dad del explo­ta­do, casi invi­si­bles al aná­li­sis super­fi­cial. Las bur­gue­sías que no ven­cie­ron polí­ti­ca­men­te al feu­da­lis­mo o al sis­te­ma pre­ca­pi­ta­lis­ta exis­ten­te en su país, y que no pudie­ron desa­rro­llar una auto­le­gi­ti­ma­ción social no basa­da direc­ta­men­te en el terror físi­co y en el terror sim­bó­li­co, en la reli­gión, han crea­do Esta­dos basa­dos más en el palo, la repre­sión y la coac­ción que en la zanaho­ria, la alie­na­ción feti­chis­ta y el “con­sen­so ciu­da­dano”.

Natu­ral­men­te, entre estos dos extre­mos se inter­ca­lan nive­les dife­ren­tes que refle­jan las suce­si­vas fases del ascen­so de la bur­gue­sía al poder esta­tal, sea median­te vio­len­tí­si­mas revo­lu­cio­nes demo­crá­ti­co-bur­gue­sas que cor­ta­ron cue­llos reales y baña­ron en san­gre paí­ses ente­ros, reali­dad his­tó­ri­ca obje­ti­va ocul­ta­da bajo la pala­bre­ría de la Ilus­tra­ción, has­ta derro­tas no menos vio­len­tas de bur­gue­sías débi­les a manos de pode­ro­sas fuer­zas reac­cio­na­rias, pasan­do por pac­tos entre cla­ses explo­ta­do­ras para des­tro­zar a los pue­blos, o “revo­lu­cio­nes des­de arri­ba” que crea­ban Esta­dos con esca­sa legi­ti­mi­dad y mucha repre­sión. La expe­rien­cia de Túnez y Egip­to, dicho muy rápi­da­men­te, per­te­ne­ce a estas últi­mas fases, lo que expli­ca que la debi­li­dad de las sis­te­mas de media­ción, absor­ción y cana­li­za­ción del males­tar colec­ti­vo aun­que hayan per­vi­vi­do un ter­cio de siglo. De cual­quier modo, estas y otras luchas de masas que se que­dan a las puer­tas del sal­to cua­li­ta­ti­vo que supo­ne la revo­lu­ción socia­lis­ta, con­fir­man una vez más un com­po­nen­te deci­si­vo de la teo­ría mar­xis­ta del Esta­do: los gobier­nos pasan y la poli­cía per­ma­ne­ce, se cam­bian los polí­ti­cos pero la patro­nal se refuer­za.

Pro­po­ne­mos que el tex­to que sigue sea leí­do y cri­ti­ca­do a la luz de estos y otros acon­te­ci­mien­tos de masas, socia­les, que movi­li­zan a millo­nes de per­so­nas per­te­ne­cien­tes a cla­ses anta­gó­ni­cas y a nacio­nes opri­mi­das y opre­so­ras, así como a sexo-géne­ros explo­ta­dos y explo­ta­do­res. La izquier­da revo­lu­cio­na­ria debe prio­ri­zar los deba­tes e inves­ti­ga­cio­nes con­cre­tas sobre las gran­des luchas y movi­mien­tos, preo­cu­pa­ción que per­dió en bue­na medi­da hace muchos años, cuan­do por razo­nes que supe­ran esta Nota se impu­so la diva­ga­ción aca­de­mi­cis­ta.

1.- TRES TESIS REFORMISTAS SOBRE EL ESTADO:

El deba­te sobre las rela­cio­nes entre el Esta­do y la domi­na­ción es vital y esen­cial­men­te prác­ti­co, y no pue­de ni debe dejar de ser­lo. Cier­to es que tie­ne un con­te­ni­do teó­ri­co impres­cin­di­ble, pero sobre todo pri­ma la nece­si­dad de una prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria con­tra ambos com­po­nen­tes de una uni­dad supe­rior: la explo­ta­ción de la fuer­za de tra­ba­jo huma­na por una mino­ría pro­pie­ta­ria de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. Has­ta hace poco tiem­po, se han man­te­ni­do arti­fi­cial­men­te y en con­tra de toda evi­den­cia tres gran­des tesis que rom­pían de cua­jo la dia­léc­ti­ca entre domi­na­ción y Esta­do: Una, que éste últi­mo, el Esta­do, ya había deja­do de ser nece­sa­rio para la bur­gue­sía y para el pro­le­ta­ria­do por­que, se decía, la famo­sa “glo­ba­li­za­ción” y el no menos famo­so “Impe­rio” así lo habían con­fir­ma­do. En cier­ta for­ma, esta idea tenía una par­te de razón por­que refle­ja­ba dos diná­mi­cas cier­tas: una, que los Esta­dos cam­bian y se ade­cuan a las nue­vas nece­si­da­des del capi­tal, y lo hacen con len­ti­tud en los perío­dos de “nor­ma­li­dad” y con rapi­dez en los momen­tos de cri­sis. Todas las bur­gue­sías pode­ro­sas vigi­lan con cier­ta aten­ción que sus Esta­dos no se reza­guen, pero otras bur­gue­sías no pue­den o no quie­ren hacer­lo, y dege­ne­ran a la mis­ma velo­ci­dad de la atro­fia de sus Esta­dos, algu­nos de los cua­les se con­vier­ten en los deno­mi­na­dos “Esta­dos falli­dos”. Y la otra diná­mi­ca, es que esta adap­ta­ción len­ta o rápi­da ha coin­ci­di­do con una inter­na­cio­na­li­za­ción del capi­tal finan­cie­ro, con una serie de alian­zas eco­nó­mi­cas, polí­ti­cas y mili­ta­res entre Esta­dos, con la mun­dia­li­za­ción de la ley del valor, con la mun­dia­li­za­ción de los medios de comu­ni­ca­ción, etc., de modo que, en esta vorá­gi­ne, algu­nos inte­lec­tua­les han inver­ti­do los nive­les de la reali­dad cre­yen­do que los efec­tos son las cau­sas y vice­ver­sa.

Dos, a la vez, habían sur­gi­do un sin núme­ro de “micro­po­de­res” que “ope­ran­do des­cen­tra­li­za­da­men­te” y “en red”, no nece­si­ta­ban ya la inter­ven­ción del Esta­do como cen­tra­li­za­dor estra­té­gi­co para ase­gu­rar la con­ti­nui­dad de la domi­na­ción, con­cep­to éste que no era con­si­de­ra­do como par­te de la reali­dad capi­ta­lis­ta sino sólo como una espe­cie de mate­ria­li­za­ción inde­fi­ni­ble de los micro­po­de­res; más recien­te­men­te, una rama de esta tesis de los micro­po­de­res ha toma­do la for­ma de “bio­po­der”, en la que, sin embar­go, se apre­cia tenue­men­te la som­bra leja­na del Esta­do. Una vez más, estas tesis tie­nen par­te de razón por­que refle­jan la com­ple­ji­dad de los meca­nis­mos de explo­ta­ción, de las for­mas de domi­na­ción que tras­cien­den a la mera explo­ta­ción asa­la­ria­da y que se expan­den cada vez más el inte­rior de la socie­dad bur­gue­sa. Esto es cier­to, y los micro­po­de­res refle­jan la mul­ti­pli­ca­ción de explo­ta­cio­nes e injus­ti­cias peque­ñas, “capi­la­res e invi­si­bles” que fun­cio­nan con mucha auto­no­mía prác­ti­ca con res­pec­to al poder cen­tra­li­za­dor del Esta­do. Ade­más, la nece­si­dad de garan­ti­zar la acu­mu­la­ción amplia­da y de abrir nue­vos mer­ca­dos, exi­ge al capi­ta­lis­mo indus­tria­li­zar no ya sólo la natu­ra­le­za sino la vida mis­ma, la físi­ca y la psí­qui­ca, la afec­ti­va, sexual y amo­ro­sa. El “bio­po­der” expre­sa esta ten­den­cia cie­ga del capi­tal. Aho­ra bien, sien­do esto cier­to, lo fun­da­men­tal es que el Esta­do no sólo no des­apa­re­ce sino que se adap­ta a estas nove­da­des, asu­me su tele­di­rec­ción y guía a dis­tan­cia, o inclu­so su con­trol cer­cano.

Y tres, para rema­tar y cerrar des­de una pers­pec­ti­va refor­mis­ta esta serie de tesis, se sos­tu­vo que la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra podía y debía hacer la revo­lu­ción y avan­zar al socia­lis­mo pero sin tomar el poder, sin repro­du­cir los “vicios y erro­res” del esta­tis­mo de las corrien­tes revo­lu­cio­na­rias ante­rio­res. Según esta tesis, el poder es siem­pre un freno, un obs­tácu­lo para la eman­ci­pa­ción ver­da­de­ra por­que rápi­da­men­te dege­ne­ra en buro­cra­cia, y ésta sus­ti­tu­ye al pue­blo, lo suplan­ta y pron­to lo domi­na y opri­me. Una vez más, tie­ne par­te de razón si ana­li­za­mos cómo la buro­cra­cia sur­ge de la diná­mi­ca capi­ta­lis­ta y tam­bién, aun­que de for­ma dife­ren­te, en la lucha revo­lu­cio­na­ria, con­vir­tién­do­se en un las­tre. Pero el error de fon­do con­sis­te en defi­nir el poder de for­ma abs­trac­ta, abso­lu­ta. A par­tir de aquí, da igual que sea el “poder” finan­cie­ro o poli­cial, o el “con­tra­po­der” de una asam­blea de obre­ros en huel­ga, el “poder” de un Esta­do ocu­pan­te o el “poder de auto­de­fen­sa” del pue­blo ocu­pa­do. Esta tesis tam­bién tie­ne razón en que hay que mul­ti­pli­car las luchas coti­dia­nas, las movi­li­za­cio­nes de todo tipo, la demo­cra­cia direc­ta y la libe­ra­ción de espa­cios socia­les, pero yerra y retro­ce­de al refor­mis­mo cuan­do se nie­ga a res­pon­der a la pre­gun­ta deci­si­va: ¿hay que pre­pa­rar­se para el momen­to en el que inter­ven­ga vio­len­ta­men­te el poder opre­sor, y cómo hacer­lo?

Toma­das en ais­la­do y en luchas par­cia­les, de cor­ta dura­ción y que no cues­tio­nen direc­ta­men­te la pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, estas tesis refle­jan un refor­mis­mo duro, demo­cra­ti­cis­ta e inclu­so pro­gre­sis­ta duran­te un cor­to perío­do de resis­ten­cia muy loca­li­za­da. Pero vis­tas en su uni­dad y en pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca, ana­li­za­das des­de las con­tra­dic­cio­nes irre­con­ci­lia­bles del capi­ta­lis­mo y des­de la teo­ría mar­xis­ta de la explo­ta­ción y del Esta­do de cla­se, ya en este nivel de deba­te, el que siem­pre tene­mos que tener en men­te y desa­rro­llar en la prác­ti­ca, estas tesis y sus varian­tes son refor­mis­tas, lle­van a las luchas a un calle­jón sin sali­da, no refuer­zan la crí­ti­ca teó­ri­ca y polí­ti­ca del capi­ta­lis­mo y abren las puer­tas de par en par a la ideo­lo­gía paci­fis­ta e inter­cla­sis­ta. Pero el capi­ta­lis­mo se carac­te­ri­za por fun­cio­nar en base a sus pro­pias con­tra­dic­cio­nes inter­nas, y no según las ideas de algu­nos cuan­tos inte­lec­tua­les. Duran­te los años de auge y expan­sión del sis­te­ma, cuan­do en apa­rien­cia han des­apa­re­ci­do dichas con­tra­dic­cio­nes, cual­quie­ra pue­de par­lo­tear sobre las cosas más increí­bles y pere­gri­nas por­que todo pare­ce fac­ti­ble, inclu­so que el impe­ria­lis­mo se ha trans­for­ma­do en otra cosa. Sin embar­go, tar­de o tem­prano la reali­dad se impo­ne y el Esta­do bur­gués, al que muchos habían ente­rra­do de for­ma har­to irre­fle­xi­va, rena­ce con espan­to­sa fuer­za.

2.- “TENEMOS QUE TOMAR EL PODER PARA QUE NOS DEJEN DE JODER”

Antes de cen­trar­nos en el Esta­do espa­ñol, vea­mos rápi­da­men­te la expe­rien­cia de las Amé­ri­cas. Sabe­mos aho­ra que los EEUU se encuen­tran en una cri­sis nun­ca antes cono­ci­da, y no sólo por su retro­ce­so eco­nó­mi­co y el empo­bre­ci­mien­to ace­le­ra­do de sus cla­ses tra­ba­ja­do­ras, sino por­que ade­más, habien­do sido jun­to a Gran Bre­ta­ña, la cuna del neo­li­be­ra­lis­mo y de la supues­ta “des­apa­ri­ción del Esta­do” bajo el auge de las gigan­tes­cas cor­po­ra­cio­nes finan­cie­ro-espe­cu­la­ti­vas, corrup­tas has­ta la médu­la, des­de la lle­ga­da de la Admi­nis­tra­ción Oba­ma se están dan­do pasos muy reve­la­do­res sobre las tareas del Esta­do bur­gués en momen­tos de cri­sis.

Una es la gigan­tes­ca trans­fe­ren­cia de dine­ro públi­co a la ban­ca pri­va­da, al capi­tal finan­cie­ro en quie­bra, y lue­go al capi­tal indus­trial clá­si­co, como la indus­tria auto­mo­vi­lís­ti­ca, etc., recor­dan­do los vie­jos esque­mas key­ne­sia­nos pero apli­ca­dos exclu­si­va­men­te a la cla­se domi­nan­te. Dos, un rear­me masi­vo, que está superan­do todas las cotas alcan­za­das en el pasa­do y que hace del com­ple­jo indus­trial-mili­tar y de alta tec­no­lo­gía uno de los tres pila­res del impe­ria­lis­mo yan­qui, sien­do los otros dos el capi­tal finan­cie­ro y las trans­na­cio­na­les de la ener­gía y de los recur­sos estra­té­gi­cos. Tres, un retro­ce­so sos­te­ni­do en las con­di­cio­nes de vida de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras, dis­fra­za­do con algu­nas ridí­cu­las con­ce­sio­nes pro­pa­gan­dís­ti­cas y un fra­ca­sa­do pro­yec­to de sani­dad públi­ca, boi­co­tea­do por la indus­tria sani­ta­ria. Cua­tro, un esfuer­zo por rele­gi­ti­mar a nivel mun­dial la ima­gen exter­na del impe­ria­lis­mo yan­qui, lle­gan­do al bochor­no­so e inmo­ral espec­tácu­lo de la con­ce­sión del Pre­mio Nóbel de la Paz al Oba­ma. Y cin­co, un relan­za­mien­to de la recon­quis­ta impe­ria­lis­ta yan­qui en las regio­nes del pla­ne­ta que pue­den ase­gu­rar la inde­pen­den­cia ener­gé­ti­ca de los EEUU en el futu­ro, con un endu­re­ci­mien­to cri­mi­nal de sus agre­sio­nes a los pue­blos de las Amé­ri­cas. Envol­vien­do esta recom­po­si­ción y recu­pe­ra­ción del papel del Esta­do de cla­se, la socie­dad bur­gue­sa yan­qui invo­lu­cio­na rápi­da­men­te hacia el neo­fas­cis­mo encu­bier­to o públi­co, endu­re­ce su fun­da­men­ta­lis­mo cris­tiano y su recha­zo fron­tal a los dere­chos huma­nos en el pla­ne­ta.

La recu­pe­ra­ción des­ca­ra­da y ful­gu­ran­te –en reali­dad nun­ca las había aban­do­nan­do– de las fun­cio­nes clá­si­cas del Esta­do bur­gués yan­qui, en sus tareas inter­nas y exter­nas, es la razón que expli­ca en últi­ma ins­tan­cia las muy recien­tes decla­ra­cio­nes clá­si­ca­men­te mar­xis­tas de un diri­gen­te cam­pe­sino hon­du­re­ño, Rafael Ale­gría, dicien­do que “Tene­mos que tomar el poder para que nos dejen de joder”. Como sabe­mos, Hon­du­ras sufrió un gol­pe mili­tar que está aplas­tan­do las liber­ta­des demo­crá­ti­cas y que está entre­gan­do el país a la vora­ci­dad nor­te­ame­ri­ca­na. El gol­pe de Esta­do se reali­zó bajo el con­trol de los EEUU y, por tan­to, de la Admi­nis­tra­ción Oba­ma. El gol­pe de Esta­do con­tra el pue­blo hon­du­re­ño es par­te de la recu­pe­ra­ción públi­ca del papel del Esta­do como cen­tra­li­za­dor estra­té­gi­co del poder del capi­tal, por enci­ma de las ten­sio­nes entre las dife­ren­tes frac­cio­nes bur­gue­sas, como apa­ra­to que cui­da de los intere­ses gene­ra­les del capi­ta­lis­mo dis­po­nien­do de una auto­no­mía sufi­cien­te como para nego­ciar con todas sus frac­cio­nes pero siem­pre esco­rán­do­se algo o mucho en bene­fi­cio de la más pode­ro­sa.

En este sen­ti­do ele­men­tal y deci­so­rio en todos los aspec­tos, por­que es el que siem­pre se man­tie­ne ope­ra­ti­vo aun­que en deter­mi­na­das fases tran­si­to­rias lo haga casi en secre­to, u ocul­to deba­jo de una impre­sio­nan­te pro­pa­gan­da sobre el “debi­li­ta­mien­to” o la “des­apa­ri­ción del Esta­do”, el gol­pe de Hon­du­ras expre­sa lo que nadie pue­de negar: que cuan­do fallan todos los ante­rio­res méto­dos de domi­na­ción, no tan bru­ta­les e inclu­so demo­crá­ti­co-bur­gue­ses, cuan­do a la alian­za entre la bur­gue­sía autóc­to­na y el impe­ria­lis­mo no le que­dan ya otros medios de domi­na­ción que el terror por­que todos los ante­rio­res van sien­do supe­ra­dos por el avan­ce del pue­blo, cuan­do así suce­de, la civi­li­za­ción bur­gue­sa repre­sen­ta­da por esa alian­za no duda en recu­rrir al gol­pe de Esta­do, a la suble­va­ción mili­tar, a la gue­rra sucia inter­na apo­ya­da por las agre­sio­nes exter­nas, o a lo que haga fal­ta.

El pue­blo hon­du­re­ño nece­si­ta recu­pe­rar el poder del Esta­do cuan­to antes para, en pri­mer lugar, aca­bar con la vio­len­cia terro­ris­ta que aho­ra pade­ce, aca­bar con las tor­tu­ras, con las des­apa­ri­cio­nes, con los ase­si­na­tos; para dete­ner los ata­ques socia­les de la bur­gue­sía con­tra las cla­ses tra­ba­ja­do­ras; para parar las expro­pia­cio­nes de peque­ñas fin­cas de cam­pe­sino empo­bre­ci­dos que pasan a manos de gran­des terra­te­nien­tes y trans­na­cio­na­les yan­quis; para reins­tau­rar la demo­cra­cia ele­men­tal, los dere­chos aplas­ta­dos, las liber­ta­des, etc. O sea, y dicho en el direc­to y explí­ci­to len­gua­je popu­lar: “para que nos dejen de joder”. El poder de cla­se sir­ve para eso, que lo es todo. El pue­blo hon­du­re­ño, como cual­quier otro pue­blo some­ti­do a la dic­ta­du­ra, no pue­de per­mi­tir­se el lujo de diva­gar sobre si nece­si­ta o no tomar el poder, sobre si nece­si­ta o no de un Esta­do pro­pio, en vez del Esta­do cri­mi­nal y dic­ta­to­rial que le aplas­ta. Dis­qui­si­cio­nes de este tipo y en estas con­di­cio­nes sólo bene­fi­cian al tor­tu­ra­dor, al finan­cie­ro, al obis­po y al mili­tar.

3.- EL ESTADO, CENTRALIZADOR ESTRATÉGICO DE LAS DOMINACIONES

Los sec­to­res más reac­cio­na­rios de la bur­gue­sía hon­du­re­ña, para seguir con este ejem­plo, esta­ban per­dien­do poco a poco su con­trol del Esta­do y, lo que es peor, sabían que se acer­ca­ba una nue­va fase en la que la polí­ti­ca exte­rior e inte­rior del país se podía incli­nar hacia el lado pro­gre­sis­ta en las Amé­ri­cas, hacia el Alba, hacia un boli­va­ria­nis­mo cier­ta­men­te tibio pero inacep­ta­ble para esa bur­gue­sa espe­cial­men­te reac­cio­na­ria y sal­va­je, y para una Igle­sia cató­li­ca año­ran­te del pasa­do inqui­si­to­rial espa­ñol. Sobre todo, los EEUU no podían per­mi­tir que nue­vos paí­ses se acer­ca­ran a la corrien­te libe­ra­do­ra que, mal que bien, pre­ten­de eman­ci­par­se de la domi­na­ción yan­qui exter­na y de la bur­gue­sía inter­na. Para estas fuer­zas, el Esta­do iba per­dien­do efec­ti­vi­dad por­que, len­ta­men­te, las masas iban ganan­do poder y dere­chos socia­les, len­ta­men­te pero lo hacían. El Esta­do, como ins­tru­men­to que garan­ti­za la repro­duc­ción del capi­tal, no fun­cio­na­ba al máxi­mo de su poten­cia­li­dad y estas fuer­zas reac­cio­na­rias no esta­ban dis­pues­tas a seguir ganan­do menos de lo que podrían ganar si se recu­pe­ra­ban ple­na­men­te el con­trol del Esta­do. Aquí radi­ca el secre­to.

Si hemos cita­do a la Igle­sia hon­du­re­ña, y hare­mos lo mis­mo con la espa­ño­la, es por­que no se pue­de enten­der la teo­ría mar­xis­ta del Esta­do sin tener en cuen­ta a las buro­cra­cias reac­cio­na­rias para­es­ta­ta­les que actúan como fuer­zas de domi­na­ción y alie­na­ción de masas, y que man­tie­nen víncu­los direc­tos más o menos ocul­tos con los apa­ra­tos de poder esta­tal. Lo mis­mo hay que decir de las aso­cia­cio­nes pri­va­das de la bur­gue­sía, de sus clu­bes y fun­da­cio­nes que actúan fue­ra de los par­ti­dos polí­ti­cos ofi­cia­les. Las aso­cia­cio­nes empre­sa­ria­les, por ejem­plo la CEOE en el Esta­do espa­ñol, son de este tipo y tie­nen más influen­cia real que cual­quier par­ti­do polí­ti­co. En Hon­du­ras, como en el Esta­do espa­ñol o en el nor­te­ame­ri­cano, estas aso­cia­cio­nes pri­va­das, ofi­cial­men­te “apo­lí­ti­cas” son la encar­na­ción de la polí­ti­ca bur­gue­sa, su esen­cia, por­que actúan fue­ra de cual­quier con­trol par­la­men­ta­rio, y des­de lue­go total­men­te al mar­gen de los resul­ta­dos elec­to­ra­les que se pro­du­cen cada cua­tro o cin­co años. El poder efec­ti­vo de estas y otras aso­cia­cio­nes se ejer­ci­ta día a día, y muy fre­cuen­te­men­te en cues­tión de minu­tos, cuan­do las gran­des osci­la­cio­nes bur­sá­ti­les, finan­cie­ras y espe­cu­la­do­ras obli­gan a los gobier­nos a obe­de­cer los “con­se­jos” de estas minús­cu­las orga­ni­za­cio­nes “apo­lí­ti­cas”.

Es muy cono­ci­da la expre­sión según la cual los “ciu­da­da­nos” votan cada cua­tro años, pero la ban­ca lo hace cada minu­to. Las osci­la­cio­nes en la bol­sa, en las finan­zas inter­na­cio­na­les, etc., deter­mi­nan con mayor o menor rapi­dez que los Esta­dos débi­les tomen medi­das que siem­pre redun­dan sobre las con­di­cio­nes de vida y de tra­ba­jo de las cla­ses explo­ta­das. No es que la demo­cra­cia for­mal sea “len­ta” –cua­tri o quin­que­nal– para reac­cio­nar a estas osci­la­cio­nes, sino que estruc­tu­ral­men­te está idea­da para que no pue­da reac­cio­nar nun­ca a tiem­po. La com­ple­ji­dad cre­cien­te de la eco­no­mía, las difi­cul­ta­des en aumen­to para la rea­li­za­ción del bene­fi­cio, la mun­dia­li­za­ción de la com­pe­ten­cia, estos y otros fac­to­res inhe­ren­tes a la ten­den­cia a la ace­le­ra­ción del ciclo pro­duc­ti­vo ente­ro, exi­gen que los Esta­dos vayan con­cen­tran­do poder eje­cu­ti­vo arran­ca­do del Par­la­men­to, de la demo­cra­cia for­mal, en una espe­cie de trans­fu­sión del poder real del Par­la­men­to al Esta­do bur­gués y a otras ins­ti­tu­cio­nes para­es­ta­ta­les y extra­es­ta­ta­les.

La demo­cra­cia bur­gue­sa for­mal sigue repre­sen­ta­da ofi­cial­men­te en el Par­la­men­to pero la demo­cra­cia prác­ti­ca, la empre­sa­rial, vive y actúa fue­ra de este edi­fi­cio vacia­do de con­te­ni­do. Las deci­sio­nes estra­té­gi­cas y bue­na par­te de las tác­ti­cas se toman siem­pre fue­ra de los cir­cos par­la­men­ta­rios. Una demos­tra­ción muy recien­te, de fina­les de noviem­bre de 2010, sobre cómo fun­cio­na la demo­cra­cia empre­sa­rial la tene­mos en la reu­nión del pre­si­den­te Zapa­te­ro con un selec­to gru­po de 37 miem­bros de la alta bur­gue­sía espa­ño­la para lle­gar a acuer­dos sobre las líneas maes­tras para des­car­gar sobre las cla­ses tra­ba­ja­do­ras y las nacio­nes opri­mi­das los cos­tos de la cri­sis. Pero tam­po­co tene­mos que olvi­dar­nos de la otra par­te de la noti­cia: la pro­tes­ta de otros empre­sa­rios igual­men­te pode­ro­sos al no ser lla­ma­dos a la reu­nión. Casi al mis­mo tiem­po, median­te una nota de pren­sa, la patro­nal en su con­jun­to y hablan­do en nom­bre de la cla­se bur­gue­sa en cuan­to tal, ani­ma­ba y exi­gía a Zapa­te­ro para que “no le tem­bla­se el pul­so” a la hora de apli­car duras medi­das con­tra la cri­sis.

Ade­más de esto, para enten­der cómo fun­cio­na la ver­da­de­ra polí­ti­ca, y el papel del Esta­do en ella, debe­mos com­pren­der que las domi­na­cio­nes sur­gen en todas las áreas socia­les por­que en todas ellas se explo­ta con diver­sas inten­si­da­des y for­mas al pue­blo tra­ba­ja­dor. Aquí debe­mos recu­rrir a lo que de ver­dad y posi­ti­vo tie­ne la tesis sobre los micro­po­de­res, sobre la bio­po­lí­ti­ca, sobre la mul­ti­pli­ca­ción de las for­mas de domi­na­ción, pero sin olvi­dar el papel del Esta­do. Hay que tener en cuen­ta que el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta ha inte­gra­do en su fun­cio­na­mien­to, ha sub­su­mi­do, otras opre­sio­nes pre­ca­pi­ta­lis­tas, feu­da­les, escla­vis­tas, patriar­ca­les, etc., pero den­tro de su estruc­tu­ra explo­ta­do­ra. Por ejem­plo, la explo­ta­ción de la mujer es muy ante­rior al capi­ta­lis­mo, pero éste la ha inte­gra­do en su repro­duc­ción y el tra­ba­jo sexo-eco­nó­mi­co de la mujer en sus dos for­mas, no retri­bui­do y asa­la­ria­do, en bási­co para la tasa de ganan­cia; y es por esto que el Esta­do impo­ne medi­das para hacer que esa explo­ta­ción dure en el tiem­po, no se ago­te en poco tiem­po. Otro tan­to tene­mos que decir sobre for­mas ser­vi­les de tra­ba­jo, sobre el poder de la Igle­sia, etc., que vie­nen del feu­da­lis­mo pero han sido inte­gra­das en el capi­ta­lis­mo; y tam­po­co olvi­de­mos la reapa­ri­ción de for­mas de escla­vis­mo puro y duro, etc.

Una mira­da super­fi­cial a esta den­sa red de explo­ta­cio­nes dife­ren­tes corre el rie­go de no ver lo que inter­na­men­te une a todas ellas, las conec­ta y las hace fun­cio­na­les a la dic­ta­du­ra del capi­tal. Vis­tas des­de la dis­tan­cia refor­mis­ta, estas domi­na­cio­nes y sus micro­po­de­res res­pec­ti­vos pare­cen estar total­men­te al mar­gen de la “polí­ti­ca” enten­di­da en su sen­ti­do ofi­cial y par­la­men­ta­rio. Sin embar­go, en la reali­dad coti­dia­na, a pie de calle, en los domi­ci­lios, fábri­cas y talle­res, escue­las y uni­ver­si­da­des, igle­sias y tem­plos, pros­tí­bu­los, esta­dios depor­ti­vos e hiper­mer­ca­dos, etc., estos micro­po­de­res refuer­zan la ver­da­de­ra polí­ti­ca bur­gue­sa, la diver­si­fi­can, la adap­tan a los suti­les espa­cios de explo­ta­ción y sufri­mien­to humano. Una de las ayu­das más efec­ti­vas al “gran poder” es la de crear “micro­ex­plo­ta­do­res”, peque­ños tira­nos y dic­ta­do­res que actúan en lo más ínti­mo de la vida per­so­nal, en lo afec­ti­vo y en lo coti­diano, en lo “pri­va­do”. Muchas per­so­nas, hom­bres gene­ral­men­te, son micro­ex­plo­ta­do­res y asu­men cons­cien­te­men­te los bene­fi­cios que obtie­nen con ello, iden­ti­fi­cán­do­se en mayor o menor gra­do con el poder bur­gués en gene­ral, con el poder patriar­co-bur­gués, con el poder racis­ta, con el poder reli­gio­so, con el cul­tu­ral y en espe­cial con el nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta de su Esta­do, sobre todo cuan­do se pre­sen­ta dis­fra­za­do de vic­to­rias depor­ti­vas.

Pero la den­sa y diver­si­fi­ca­da malla de micro­ex­plo­ta­cio­nes se suje­ta en últi­ma ins­tan­cia en la efec­ti­vi­dad cen­tra­li­za­do­ra del Esta­do bur­gués. La auto­no­mía real de los micro­po­de­res, de las domi­na­cio­nes coti­dia­nas, algu­nas de las cua­les que pue­den inclu­so actuar al mar­gen de la ley o con­tra ella, esta auto­no­mía no nie­ga la supe­rio­ri­dad últi­ma del Esta­do. Por ejem­plo el terro­ris­mo machis­ta en cual­quie­ra de sus for­mas, o el terro­ris­mo empre­sa­rial que no cum­ple con las leyes de segu­ri­dad en el tra­ba­jo, o la explo­ta­ción racis­ta que se exce­de de las laxas y tole­ran­tes leyes que regu­lan la explo­ta­ción labo­ral de la fuer­za de tra­ba­jo emi­gran­te, o el incum­pli­mien­to deli­be­ra­do de las nor­mas sobre sani­dad ali­men­ta­ria, de segu­ri­dad en el trans­por­te, etc., estas y otras prác­ti­cas ejer­ci­das al mar­gen de la ley esta­tal o con­tra ella, rea­li­za­das por empre­sa­rios, padres y novios, ten­de­ros, pue­de ser y a veces es obje­to de mul­ta, pero casi siem­pre refuer­za la sen­sa­ción de impu­ni­dad y omni­po­ten­cia de esas per­so­nas, y las iden­ti­fi­ca y une aún más con el poder mate­rial y sim­bó­li­ca de la bur­gue­sía, con su ideal.

Aun­que estas per­so­nas pue­dan sufrir algún cas­ti­go, en reali­dad se mue­ven den­tro de los lími­tes mar­ca­dos por el poder. La deli­mi­ta­ción de lo tole­ra­do se rea­li­za for­mal­men­te median­te la ley y la jus­ti­cia domi­nan­tes, pero en la prác­ti­ca vie­ne defi­ni­do por las gran­des deci­sio­nes estra­té­gi­cas que toma la bur­gue­sía y que el Esta­do asu­me y con­cre­ta en sus pro­su­pues­tos gene­ra­les, en sus gas­tos e inver­sio­nes a lar­go pla­zo, en su polí­ti­ca fis­cal y recau­da­to­ria, en su polí­ti­ca de endeu­da­mien­to públi­co, de prés­ta­mos exte­rio­res y a enti­da­des pri­va­das, en su polí­ti­ca de infra­es­truc­tu­ras y de poten­cia­ción de regio­nes eco­nó­mi­cas en detri­men­to de otras, en su polí­ti­ca demo­grá­fi­ca y de aban­dono o ayu­da a las fami­lias y a la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo, en su polí­ti­ca edu­ca­ti­va, sani­ta­ria, de gas­to social y públi­co o de pri­va­ti­za­cio­nes y ayu­das al sec­tor pri­va­do, y un lar­go etcé­te­ra. Esta y no esta es la ver­da­de­ra polí­ti­ca bur­gue­sa, la que se apli­ca, se adap­ta y se readap­ta duran­te lar­gos perío­dos, y que por ello deter­mi­na la vida de las cla­ses explo­ta­das duran­te lus­tros o dece­nios aun­que, en su decur­so, se decre­ten peque­ñas refor­mas para paliar tal o cual abu­so mani­fies­to, o al con­tra­rio, cuan­do vien­do la pasi­vi­dad obre­ra y popu­lar, el Esta­do anu­le o reduz­ca dere­chos con­quis­ta­dos.

4.- CENTRALIZACIÓN ESTATAL Y DOMINACION POR EL FETICHISMO:

La cen­tra­li­za­ción estra­té­gi­ca de las domi­na­cio­nes que rea­li­za el Esta­do lle­ga a su máxi­ma ope­ra­ti­vi­dad para el capi­tal en cua­tro gran­des áreas vita­les, que inter­ac­túan entre sí pero que cuan­do fun­cio­nan con mucha des­coor­di­na­ción mues­tran las debi­li­da­des his­tó­ri­cas de ese Esta­do: Una, los meca­nis­mos inter­nos al poder bur­gués e incon­tro­la­bles por el par­la­men­ta­ris­mo que resuel­ven “en pri­va­do”, “en fami­lia”, las ten­sio­nes y dispu­tas inter­bur­gue­sas, las dife­ren­cias entre sus frac­cio­nes, entre las que ascien­den y las que des­cien­den, etc., de modo que el Esta­do, sien­do un ins­tru­men­to de toda la cla­se en su con­jun­to, tien­de a favo­re­cer los intere­ses de la frac­ción bur­gue­sa más pode­ro­sa, aun­que sin olvi­dar del todo el inte­rés esen­cial de esta cla­se, la con­ti­nui­dad de la pro­pie­dad pri­va­da. Inclu­so lle­ga a ocu­rrir que Cuan­do es la pro­pie­dad pri­va­da la que está en peli­gro, cuan­do es la ame­na­za comu­nis­ta la que avan­za, enton­ces el Esta­do bur­gués actúa abier­ta­men­te, sin care­tas ni envol­to­rios pro­pa­gan­dís­ti­cos sobre el supues­to “bien común”, y lo hace aho­gan­do en san­gre a la cla­se tra­ba­ja­do­ra si fue­ra nece­sa­rio.

Dos, la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca cen­tra­da no sólo en garan­ti­zar el máxi­mo bene­fi­cio a cor­to pla­zo de una frac­ción de la bur­gue­sía, la domi­nan­te, sino tam­bién en ase­gu­rar la con­ti­nua­ción del poder social del blo­que de cla­ses domi­nan­te. El Esta­do tie­ne su pro­pia auto­no­mía, y la buro­cra­cia esta­tal pue­de cho­car en momen­tos pre­ci­sos con el gru­po bur­gués más pode­ro­so por­que bus­car, en ese pro­ble­ma con­cre­to, sal­va­guar­dar los intere­ses comu­nes de toda la cla­se, o de su mayo­ría. Depen­de de la lucha inter­na a la bur­gue­sía, de la lucha de cla­ses con el pro­le­ta­ria­do y del con­tex­to inter­na­cio­nal, que la auto­no­mía del Esta­do sea más o menos amplia. Según estas cir­cuns­tan­cias, no es raro que en momen­tos de cri­sis sur­jan, por un lado, bur­gue­sías refor­mis­tas que se enfren­ten a las más reac­cio­na­rias para desa­rro­llar estra­te­gias de sali­da que tam­bién inte­gren con algu­nas con­ce­sio­nes a sec­to­res amplios de las cla­ses explo­ta­das; o bien, por el lado opues­to, que se impon­gan regí­me­nes dic­ta­to­ria­les, cau­di­llis­tas, bona­par­tis­tas, pre­si­den­cia­lis­mos fuer­tes y fas­cis­mos y mili­ta­ris­mos, o inclu­so monar­quías, que asu­men pode­res polí­ti­cos extra­or­di­na­rios ante la inca­pa­ci­dad de la bur­gue­sía para encon­trar uni­dad inter­na, para con­tro­lar la lucha de cla­ses y para res­pon­der a las pre­sio­nes exter­nas. La ten­den­cia de los Esta­dos capi­ta­lis­tas actua­les va en direc­ción a pode­res buro­cra­ti­za­dos fuer­tes, cada vez más sepa­ra­dos de la vida par­la­men­ta­ria for­mal, con estre­chas cone­xio­nes inter­nas con las orga­ni­za­cio­nes bur­gue­sas pri­va­das, y cre­cien­te­men­te coor­di­na­dos con y/​o supe­di­ta­dos a otros Esta­dos más pode­ro­sos y a los gran­des gigan­tes finan­cie­ros trans­na­cio­na­les, que tam­bién están uni­dos a cor­po­ra­cio­nes indus­tria­les.

Tres, la polí­ti­ca cul­tu­ral amplia y estra­té­gi­ca­men­te pla­ni­fi­ca­da, diri­gi­da a la repro­duc­ción del nacio­na­lis­mo bur­gués cohe­sio­na­dor interno del Esta­do y del inter­cla­sis­mo, y, cuan­do exis­te, de su com­po­nen­te impe­ria­lis­ta de opre­sión nacio­nal de otros pue­blos y/​o de explo­ta­ción eco­nó­mi­ca median­te el saqueo impe­ria­lis­ta o subim­pe­ria­lis­ta. Este ter­cer com­po­nen­te ha sido cla­ve en la for­ma­ción de los Esta­do-nación bur­gue­ses, y va adqui­rien­do cada vez más impor­tan­cia con­for­me la mun­dia­li­za­ción de la ley del valor obli­ga a los Esta­dos a ceder par­te de sus pode­res eco­nó­mi­cos ya supe­ra­dos, y a ceder cotas de “inde­pen­den­cia nacio­nal” a otros Esta­dos más pode­ro­sos o a alian­zas inter­es­ta­ta­les como la UE, etc. Si el ascen­so de la lucha de cla­ses inter­na empie­za a plas­mar­se en un mode­lo nacio­nal no bur­gués, pro­le­ta­rio, opues­to al domi­nan­te, y si las luchas de libe­ra­ción de los pue­blos opri­mi­dos, minan el nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta, enton­ces el Esta­do ace­le­ra la repro­duc­ción de su nacio­na­lis­mo con los com­po­nen­tes más auto­ri­ta­rios y reac­cio­na­rios posi­bles. Según el con­tex­to inter­na­cio­nal, estos cam­bios tam­bién se dan en otros Esta­dos de modo que apa­re­cen gran­des blo­ques reac­cio­na­rios y revo­lu­cio­na­rios supra, trans e intra­es­ta­ta­les en los que la lucha cul­tu­ral, teó­ri­ca, filo­só­fi­ca y éti­ca entre el capi­tal y el tra­ba­jo, entre la opre­sión nacio­nal y la libe­ra­ción de los pue­blos, etc., es inse­pa­ra­ble de la agu­di­za­ción de la cri­sis a esca­la mun­dial.

Y cua­tro, la estra­te­gia polí­ti­co mili­tar, que no sólo “defen­si­va”, des­ti­na­da his­tó­ri­ca­men­te a pro­te­ger el espa­cio mate­rial y sim­bó­li­co de acu­mu­la­ción pro­pia de esa bur­gue­sía, el espa­cio en el que se mate­ria­li­za y se guar­da toda­vía la mayor par­te de su capi­tal acu­mu­la­do. Este espa­cio tam­bién es deno­mi­na­do “patria”, “nación bur­gue­sa” o “mer­ca­do nacio­nal”. En las fases ante­rio­res del capi­ta­lis­mo, la “defen­sa nacio­nal” podía hacer­se con­tra otras bur­gue­sías ata­can­tes, pero sin olvi­dar el com­po­nen­te esen­cial de “defen­sa de la pro­pie­dad pri­va­da”, que jus­ti­fi­ca­ba gran­des cesio­nes de las bur­gue­sías más débi­les antes las más fuer­tes, acep­tan­do inclu­soi la ocu­pa­ción mili­tar de la “nación bur­gue­sa” para aplas­tar la revo­lu­ción socia­lis­ta inter­na. Actual­men­te, la “defen­sa nacio­nal” de muchos Esta­dos inte­gra­dos en alian­zas regio­na­les impe­ria­lis­tas y subim­pe­ria­lis­tas, se ha espe­cia­li­za­do en la doble tarea de repri­mir la lucha revo­lu­cio­na­ria inter­na y las luchas de libe­ra­ción de los pue­blos ocu­pa­dos den­tro de las fron­te­ras, y en con­quis­tar y domi­nar pue­blos con recur­sos estra­té­gi­cos vita­les para el impe­ria­lis­mo.

Pues bien, la inter­ac­ción de esta cuá­dru­ple tarea cen­tra­li­za­do­ra del Esta­do faci­li­ta que en todo momen­to se recree y se adap­te a las nue­vas exi­gen­cias del sis­te­ma en su con­jun­to el pro­ce­so de alie­na­ción social gene­ra­li­za­da, y más en con­cre­to, la feti­chi­za­ción de la exis­ten­cia, el feti­chis­mo de la mer­can­cía. Aquí radi­ca una de las dife­ren­cias cua­li­ta­ti­vas que sepa­ran y defi­nen al Esta­do bur­gués de cual­quie­ra otra for­ma-Esta­do pre­ca­pi­ta­lis­ta y, sobre todo, del Esta­do obre­ro en una socie­dad en tran­si­ción al socia­lis­mo. El poder de la bur­gue­sía no des­can­sa exclu­si­va­men­te en la vio­len­cia físi­ca y moral, san­cio­na­da por el terror sim­bó­li­co de las reli­gio­nes, como ocu­rría en las cla­ses domi­nan­tes pre­ca­pi­ta­lis­tas; tam­po­co des­can­sa en la pro­pie­dad colec­ti­va, públi­ca y/​o esta­tal de las fuer­zas pro­duc­ti­vas y en la demo­cra­cia socia­lis­ta ase­gu­ra­da por el pue­blo en armas, como en el Esta­do obre­ro en tran­si­ción al socia­lis­mo. En el capi­ta­lis­mo, el poder bur­gués des­can­sa sobre la pre­do­mi­nan­cia de la alie­na­ción inter­cla­sis­ta pro­du­ci­da por el feti­chis­mo de la mer­can­cía, y, des­pués, en las vio­len­cias cen­tra­li­za­das por el Esta­do, que actúan pro­gre­si­va­men­te cuan­do empie­za a fallar el poder alie­nan­te e inte­gra­dor del feti­chis­mo social gene­ra­li­za­do.

La pre­do­mi­nan­cia estruc­tu­ral del feti­chis­mo no anu­la la efec­ti­vi­dad pun­tual pero siem­pre depen­dien­te y rela­ti­va, de otras for­mas de domi­na­ción pre­ca­pi­ta­lis­tas sub­su­mi­das en la com­ple­ja, mul­ti­fa­cé­ti­ca y ágil diná­mi­ca del orden del capi­tal. Las for­mas más duras de la vio­len­cia bur­gue­sa, como el terro­ris­mo apli­ca­do masi­va y pla­ni­fi­ca­da­men­te median­te dic­ta­du­ras y gol­pes mili­ta­res, tam­po­co anu­lan la con­ti­nui­dad de feti­chis­mo como sos­tén esen­cial del orden de explo­ta­ción, sino que pre­ten­den recom­po­ner median­te la bru­ta­li­dad las con­di­cio­nes de explo­ta­ción para que, de nue­vo, se reini­cie la “nor­ma­li­dad social” de la explo­ta­ción. El feti­chis­mo de la mer­can­cía hace que la cla­se obre­ra ado­re a la mer­can­cía que ella mis­ma pro­du­ce como una fuer­za huma­na inde­pen­dien­te y omni­po­ten­te, que no sur­ge de su tra­ba­jo explo­ta­do sino que está siem­pre ahí, domi­nán­do­lo todo. A la vez e inver­sa­men­te, el pro­ce­so de explo­ta­ción de cla­se des­apa­re­ce y las cla­ses socia­les se esfu­man, para que­dar sólo los indi­vi­duos fren­te al y den­tro del mer­ca­do, el lugar don­de rei­na la nor­ma­li­dad, la mer­can­cía. El indi­vi­dua­lis­mo bur­gués tie­ne aquí su argu­men­to: todos somos igua­les ante la mer­can­cía y den­tro del mer­ca­do, en don­de no exis­ten explo­ta­ción, opre­sión ni domi­na­ción, sino mala suer­te, inca­pa­ci­dad, vagan­cia, fra­ca­so, etc. ¿Para qué mani­fes­tar­se, sin­di­ca­li­zar­se e ir a la huel­ga por un sala­rio mejor si sólo el indi­vi­dua­lis­mo egoís­ta extre­mo pue­de intro­du­cir­nos en el club de los rica­cho­nes?

5.- EL ESTADO ESPAÑOL COMO EJEMPLO

La monar­quía impues­ta por el dic­ta­dor Fran­co, acep­ta­da en su tiem­po has­ta por el Par­ti­do Comu­nis­ta de Espa­ña, es el pun­to de bóve­da que neu­tra­li­za las dife­ren­cias inter­bur­gue­sas, las con­tra­dic­cio­nes cla­sis­tas y las luchas de libe­ra­ción nacio­nal que arras­tra el Esta­do espa­ñol des­de su for­ma­ción his­tó­ri­ca. Las dis­tin­tas for­mas de explo­ra­ción y domi­nio, de opre­sión, que rea­li­za la bur­gue­sía espa­ño­la tie­nen su legi­ti­mi­dad for­mal últi­ma, en la monar­quía. Por esto, las fuer­zas eco­nó­mi­cas y polí­ti­cas de orden menos estú­pi­das defien­den la monar­quía, saben que una III Repú­bli­ca sig­ni­fi­ca­ría bien un pre­si­den­cia­lis­mo dic­ta­to­rial desea­do por los sec­to­res neo­na­zis que a la lar­ga empeo­ra­ría todos los pro­ble­mas, o bien la rápi­da agu­di­za­ción de los con­flic­tos has­ta su esta­lli­do social por la debi­li­dad con­gé­ni­ta la raquí­ti­ca bur­gue­sía demo­crá­ti­ca espa­ño­la. Ante este pano­ra­ma, la mayo­ría de las “fuer­zas vivas” optan por un cla­ro endu­re­ci­mien­to auto­ri­ta­rio que, por aho­ra, tie­ne cua­tro expre­sio­nes direc­tas: una, la masi­va repre­sión prac­ti­ca­da con­tra Eus­kal Herria; dos, el “Esta­do de alar­ma” lega­li­za­do en todo el terri­to­rio; tres, el bru­tal ata­que a los dere­chos y liber­ta­des socia­les, a la cali­dad de vida y de tra­ba­jo, endu­re­ci­do en los últi­mos tiem­pos pero espe­cial­men­te en 2010; y cua­tro, la cobar­de pasi­vi­dad ins­ti­tu­cio­nal ante el enva­len­to­na­mien­to reac­cio­na­rio del fun­da­men­ta­lis­mo nacio­nal-cató­li­co espa­ño­lis­ta, tri­den­tino e inqui­si­to­rial.

Por deba­jo del pun­to de bóve­da monár­qui­co, y ya más en rela­ción con la prác­ti­ca coti­dia­na de las domi­na­cio­nes, otras estruc­tu­ras ins­ti­tu­cio­na­les, eco­nó­mi­cas, polí­ti­cas, cul­tu­ra­les, etc., cum­plen sus tareas de defen­sa del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, pero siem­pre bajo el con­trol pró­xi­mo o dis­tan­te del Esta­do. Dejan­do por obvia la fun­ción de las fuer­zas repre­si­vas, de los apa­ra­tos judi­cia­les y pena­les, aho­ra vamos a cen­trar­nos muy bre­ve­men­te en cin­co estruc­tu­ras o reali­da­des socia­les que refuer­zan la efec­ti­vi­dad de lo que defi­ne super­fi­cial­men­te como sis­te­ma de con­sen­so y coer­ción, y que en reali­dad nos remi­te a los efec­tos para­li­zan­tes del feti­chis­mo y al mie­do a la repre­sión.

Uno es el sis­te­ma de par­ti­dos polí­ti­cos tal cual que­dó defi­ni­do tras la trai­ción de los Pac­tos de la Mon­cloa, de la capi­tu­la­ción sin con­di­cio­nes ante la monar­quía y de la acep­ta­ción de la uni­dad nacio­nal-bur­gue­sa espa­ño­la. El sis­te­ma de par­ti­dos, des­de el PP al PCE, pasan­do por la social­de­mo­cra­cia, es un sos­tén bási­co del orden mate­rial y sim­bó­li­co del capi­tal. Aun­que el PCE haga muy recien­te­men­te algu­na crí­ti­ca a la monar­quía y una defen­sa tibia y timo­ra­ta de una III Repú­bli­ca des­ca­fei­na­da, en reali­dad no ata­ca radi­cal­men­te el orden esta­ble­ci­do, y menos aún IU. Duran­te un ter­cio de siglo, la “izquier­da” ha des­tro­za­do su mili­tan­cia crí­ti­ca, ha des­trui­do las agru­pa­cio­nes que podrían des­obe­de­cer a la buro­cra­cia, ha pur­ga­do los movi­mien­tos sin­di­ca­les y de masas una y otra vez, ha deser­ti­za­do orgá­ni­ca­men­te el Esta­do. A la vez, ha des­pres­ti­gia­do la acción polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria, y ha vivi­do del arri­bis­mo, el nepo­tis­mo y la corrup­ción muni­ci­pal e ins­ti­tu­cio­nal. La tarea del PCE ha sido espe­cial­men­te reac­cio­na­ria en tres áreas deci­si­vas para la lucha revo­lu­cio­na­ria orga­ni­za­da: impi­dió la recu­pe­ra­ción de la memo­ria his­tó­ri­ca a la vez que legi­ti­mó la repre­sión con la tesis sobre “los tra­ba­ja­do­res del orden”, sobre todo con­tra el Pue­blo Vas­co. Aplas­tó tan­to a la izquier­da com­ba­ti­va en CCOO que al final su buro­cra­cia refor­mis­ta aban­do­nó por la dere­cha has­ta el pro­pio PCE; y des­vir­tuó el mar­xis­mo has­ta redu­cir­lo a un ver­bo­rrea infa­me que jus­ti­fi­ca todas las clau­di­ca­cio­nes.

Otro es el sis­te­ma de pren­sa y pro­pa­gan­da, la indus­tria polí­ti­co-mediá­ti­ca abru­ma­do­ra­men­te en manos de la dere­cha más cerril, y que jue­ga un papel deci­si­vo en la mani­pu­la­ción de masas, y en la crea­ción de mie­dos y temo­res para­li­zan­tes. La pren­sa de cen­tro-dere­cha, mino­ri­ta­ria, no se carac­te­ri­za por la defen­sa de las liber­ta­des sino por el ata­que per­ma­nen­te a cual­quier cosa que pue­da sig­ni­fi­car lucha obre­ra y popu­lar y teo­ría revo­lu­cio­na­ria. Una idea cla­ra del fra­ca­so estra­té­gi­co irre­cu­pe­ra­ble de la “izquier­da” esta­tal, es su inca­pa­ci­dad y su des­dén para crear un perió­di­co refor­mis­ta alter­na­ti­vo. Las muy hon­ro­sas excep­cio­nes de medios escri­tos y radio­fó­ni­cos libes que se man­tie­nen gra­cias a la dig­na mili­tan­cia de las peque­ñas izquier­das revo­lu­cio­na­rias son gotas per­di­das en un desier­to de men­ti­ra y cen­su­ra, y eso sin hablar de las tele­vi­sio­nes.

El sin­di­ca­lis­mo inte­gra­do en el sis­te­ma ofi­cial de com­pra-ven­ta de la fuer­za de tra­ba­jo es un apa­ra­to buro­cra­ti­za­do y escle­ro­ti­za­do que vive de las sub­ven­cio­nes del capi­tal. De la mis­ma for­ma en que, para las izquier­das, toda deu­da eco­nó­mi­ca con un ban­co es a la vez una deu­da polí­ti­ca con el sis­te­ma del capi­tal, para el sin­di­ca­lis­mo toda sub­ven­ción es una depen­den­cia eco­nó­mi­ca y una deu­da polí­ti­ca con la patro­nal. Miles de buró­cra­tas sin­di­ca­les sien­ten pavor a la lucha obre­ra por­que, a su edad, depen­den vital­men­te de las con­ce­sio­nes patro­na­les y de las clau­di­ca­cio­nes obre­ras. Miles de buró­cra­tas sin­di­ca­les lle­van años sin pisar su pues­to de tra­ba­jo y vivien­do por enci­ma de las con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas de sus ex com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo. Son cons­cien­tes de sus pri­vi­le­gios, y de su ori­gen, y, al igual que suce­de con la buro­cra­cia de la “izquier­da” usan sus influen­cias para obte­ner pues­tos de tra­ba­jo para sus fami­lia­res y ami­gos, clien­te­lis­mo que garan­ti­za algu­nos votos de estó­ma­gos agra­de­ci­dos. Pero este sin­di­ca­lis­mo de su majes­tad, cor­po­ra­ti­vo, ama­ri­llo, espa­ño­lis­ta y racis­ta sufre las moles­tas pre­sio­nes de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras y de los muy con­ta­dos sin­di­ca­lis­tas revo­lu­cio­na­rios que resis­ten estoi­ca­men­te en su inte­rior, no tenien­do más reme­dio que apo­yar algu­nas luchas y, de muy mala gana, algu­na huel­ga gene­ral.

Ade­más del sis­te­ma de par­ti­dos, de la pren­sa y del sin­di­ca­lis­mo, las domi­na­cio­nes y la efec­ti­vi­dad del Esta­do se refuer­zan gra­cias a ese mun­do coti­diano reac­cio­na­rio y con­ser­va­dor has­ta la médu­la crea­do duran­te la dic­ta­du­ra, no com­ba­ti­do sino acep­ta­do por la “izquier­da” des­de la “tran­si­ción” y que se movi­li­za al son de las lla­ma­das a la recon­quis­ta de la Igle­sia espa­ño­la y de otras fuer­zas extra­es­ta­ta­les, algu­nas de ellas secre­tas. A la dece­na de millo­nes de fie­les y faná­ti­cos votos del PP, hay que sumar­le bue­na par­te de los votos social, cul­tu­ral y polí­ti­ca­men­te atro­fia­dos del PSOE y de UPyD, así como de las dere­chas regio­na­lis­tas y auto­no­mis­tas, que tam­bién defien­den el sis­te­ma capi­ta­lis­ta en lo bási­co. Este amplio blo­que social es feroz­men­te misó­gino y patriar­cal, racis­ta e impe­ria­lis­ta espa­ñol, y en su seno viven fuer­zas neo­na­zis que toda­vía no son diri­gi­das a la acción calle­je­ra masi­va y orga­ni­za­da por­que el PP ya cum­ple ese come­ti­do, y por­que aún va muy len­ta la auto­gé­ne­sis del nue­vo movi­mien­to obre­ro, revo­lu­cio­na­rio e inter­na­cio­na­lis­ta que tar­de o tem­prano sur­gi­rá de las ceni­zas del anti­guo, derro­ta­do estra­té­gi­ca­men­te entre fina­les de los ’70 y todos los ’80 del siglo XX.

Por últi­mo, el Esta­do espa­ñol per­mi­te que una alta par­te de la eco­no­mía real esca­pe del con­trol de Hacien­da, sea eco­no­mía sumer­gi­da. Según datos de ins­ti­tu­cio­nes pri­va­das en 2009 la eco­no­mía sumer­gi­da repre­sen­ta­ba el 20% del PIB, pero otros datos sugie­ren que ron­dó el 23%, lle­gan­do en verano de 2009 al 30%. Lo que nos intere­sa de estos por­cen­ta­jes es su efec­to para­li­zan­te sobre la con­cien­cia y la lucha obre­ra por­que en esta eco­no­mía no hay ape­nas dere­chos sin­di­ca­les ni labo­ra­les, domi­nan­do el empre­sa­rio. Los suel­dos en negro, pre­ca­rios e incier­tos, mejo­ran en algo las duras con­di­cio­nes de vida pero anu­lan casi toda capa­ci­dad de lucha. A estos sis­te­mas de domi­nio sub­te­rrá­neo debe­mos unir otras dos for­mas de suje­ción: una, que el alto com­po­nen­te de peque­ñas y media­nas empre­sas es un freno para la uni­dad de lucha de la cla­ses obre­ra; y otra, que una par­te con­si­de­ra­ble de la obten­ción de un pues­to de tra­ba­jo asa­la­ria­do se rea­li­za median­te con­tac­tos fami­lia­res, per­so­nas cono­ci­das, con lo que se crean lazos de depen­den­cia, favo­res que hay que devol­ver so pena de enfren­tar­se a ame­na­zas y chan­ta­jes.

A estas cin­co for­mas de domi­na­ción debe­mos aña­dir una lar­ga lis­ta de medi­das tác­ti­cas y coyun­tu­ra­les pero que tie­nen efec­tos para­li­zan­tes de lar­go reco­rri­do. De entre ellas des­ta­ca­mos tres: una, común a todo el capi­ta­lis­mo que es la del impul­so a las deno­mi­na­das “cla­ses medias” que sir­van de col­chón amor­ti­gua­dor de los con­flic­tos, y que en el Esta­do espa­ñol fue emplea­da por el fran­quis­mo entre fina­les de los ’60 y media­dos de los ’70, y lue­go por el PP. Otra, la polí­ti­ca de bajo pre­cio del dine­ro para faci­li­tar el endeu­da­mien­to masi­vo de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras y de las “cla­ses medias”, atán­do­las con las “cade­nas de oro” del con­su­mis­mo y que, al final, endeu­dan a una fami­lia por dece­nas de años obli­gán­do­le a la más sumi­sa pasi­vi­dad. Por últi­mo, la tole­ran­cia del Esta­do hacia el terro­ris­mo empre­sa­rial, el terro­ris­mo machis­ta, el masi­vo con­su­mo de dro­gas ile­ga­les y lega­les, la cir­cu­la­ción de “dine­ro cri­mi­nal” que pudre con­cien­cias y sojuz­ga por el egoís­mo y el mie­do, etc., prác­ti­cas estas muy fre­cuen­tes, estruc­tu­ra­les, en el capi­ta­lis­mo espa­ñol.

Con­clu­yen­do, el Esta­do espa­ñol cen­tra­li­za y diri­ge de for­ma fle­xi­ble las domi­na­cio­nes hacia los con­flic­tos pre­sen­tes y pre­vi­si­bles en el futu­ro, según una esca­la de prio­ri­da­des revi­sa­da cada deter­mi­na­do tiem­po por los apa­ra­tos buro­crá­ti­cos espe­cia­li­za­dos. Esta es una de las razo­nes que expli­can las enor­mes difi­cul­ta­des que encuen­tra el movi­mien­to obre­ro y revo­lu­cio­na­rio para impul­sar las luchas y coor­di­nar­las, superan­do a la vez las fuer­zas refor­mis­tas y reac­cio­na­rias que, en últi­ma ins­tan­cia, siem­pre miran al Esta­do para saber cómo enfren­tar­se a las cla­ses y nacio­nes opri­mi­das. La izquier­da revo­lu­cio­na­ria nue­va que des­pun­ta en el Esta­do espa­ñol ha de estu­diar a fon­do el terri­ble poder del Esta­do y de las domi­na­cio­nes que dife­ren­tes que éste cen­tra­li­za; y a la vez, debe estu­diar el supe­rior poder alie­nan­te que sur­ge de la lógi­ca del feti­chis­mo capi­ta­lis­ta. Pero su futu­ro se deci­di­rá no úni­ca­men­te en el estu­dio teo­ri­cis­ta de estas domi­na­cio­nes sino, sobre todo, en la lucha prác­ti­ca con­tra ellas, en la pra­xis revo­lu­cio­na­ria.

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

EUSKAL HERRIA 7‑I-2011

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