El caso Cuba­de­ba­te: Nue­vo flan­co cen­sor en la gue­rra glo­bal

googlevscubadebate1Mar­cos Ávi­la

La níti­da y pode­ro­sa radio­gra­fía que mues­tran los cables fil­tra­dos por Wiki­leaks – el sis­te­má­ti­co accio­nar ile­gal de diplo­má­ti­cos esta­dou­ni­den­ses, la gue­rra de some­ti­mien­to que enta­bla EEUU con prác­ti­ca­men­te todo el res­to del mun­do -, hizo pen­sar a Julian Assan­ge, tal vez inge­nua­men­te, que la trans­pa­ren­cia recién ins­tau­ra­da iba a ase­gu­rar la demo­cra­ti­za­ción inme­dia­ta de la polí­ti­ca mun­dial.

En ape­nas poco más de un mes, dada la visi­bi­li­dad de Wiki­leaks, que ha sufri­do toda cla­se de ata­ques coor­di­na­dos, se ha pues­to en evi­den­cia más bien un avan­ce sin pre­ce­den­tes, me pare­ce, en el con­trol cen­tra­li­za­do a los ciu­da­da­nos dís­co­los por par­te de un gru­po muy redu­ci­do, cohe­sio­na­do y com­pac­to de repre­sen­tan­tes de los gran­des intere­ses eco­nó­mi­cos situa­dos en el cora­zón de las eco­no­mías avan­za­das capi­ta­lis­tas. Aun­que los cables siguen publi­cán­do­se, ya no se pue­den leer como antes. ¿A dón­de sino está yen­do a parar el rema­nen­te de 250 mil cables, de los que se han publi­ca­do ape­nas unos 3.000 y que ya no se encuen­tran ni en El País, ni en The Guar­dian?

Los pocos cables que publi­có por su par­te Cuba­de­ba­te se refie­ren solo a Cuba. Van has­ta el día 28 de diciem­bre, hace dos sema­nas. Extra­ña la fal­ta de sor­pre­sa gene­ra­li­za­da. Extra­ña mucho que los perio­dis­tas no se hayan preo­cu­pa­do por ave­ri­guar cuá­les fue­ron los tér­mi­nos reales del acuer­do de Wiki­leaks con los medios. Extra­ña que mien­tras Assan­ge dice que se siguen publi­can­do los cables nadie se preo­cu­pe, fue­ra de esos pocos y valo­ra­bles aña­di­dos cuba­nos.

Los cuba­nos sal­van así su inde­pen­den­cia y la exis­ten­cia, de su par­te, de un míni­mo de curio­si­dad en lo que se refie­re a lo que una super­po­ten­cia deci­de o tra­ta de deci­dir sobre su nación. Las exten­sas, absur­das y sul­fu­ro­sas defi­ni­cio­nes de la nue­va gue­rra terro­ris­ta anti­te­rro­ris­ta con la que ame­na­zan a la UE si no aca­ta el ais­la­mien­to decre­ta­do por el impe­rio, podrían ser base para un pro­ce­so jurí­di­co inter­na­cio­nal públi­co, como el que algu­na vez se hizo, con Ber­trand Rusell a la cabe­za, con­tra la gue­rra de Viet­nam.

Si hay más cables refe­ri­dos a Espa­ña o a Euro­pa, ¿no debié­ra­mos estar un poco más intere­sa­dos? ¿No fue aca­so muy rele­van­te que se haya mos­tra­do, blan­co sobre negro, cómo actúan tan­to la emba­ja­da de EU en Madrid, como el pro­pio gobierno de Espa­ña para obs­ta­cu­li­zar la jus­ti­cia cuan­do va con­tra el sucio secre­tis­mo de EU? ¿Dón­de que­dó la secue­la del cable que mos­tra­ba la inter­ven­ción del gobierno espa­ñol, uti­li­za­do como pun­ta de lan­za de un gobierno extran­je­ro, el gobierno de EU, para des­com­pri­mir o anu­lar las prohi­bi­cio­nes de cul­ti­vos trans­gé­ni­cos en el ámbi­to de la UE? ¿Dón­de está la inves­ti­ga­ción sobre el his­to­rial del accio­nar del gobierno espa­ñol (con el gobierno de EEUU espo­lean­do detrás) en el caso de Mon­san­to? ¿Y sobre el res­to del mun­do?

Sería tal vez labo­rio­so, pero nada difí­cil ima­gi­nar, un tra­ba­jo que en esto de las fil­tra­cio­nes solo ate cabos suel­tos, cru­zar cables con noti­cias de los medios, con decla­ra­cio­nes de los esta­dos en la épo­ca res­pec­ti­va, para evi­den­ciar el carác­ter sis­te­má­ti­co y sin­cro­ni­za­do de estas accio­nes de con­ti­nua­ción y exten­sión de la gue­rra a otros paí­ses y a tra­vés de otros medios. Nun­ca ter­mi­na­rá de ser dema­sia­do evi­den­te la con­tra­in­for­ma­ción en un con­tex­to don­de la comu­ni­ca­ción es cada vez más neu­tra, en su apa­rien­cia impar­cial, a la vez que más opa­li­na, hos­til y cen­su­ra­da.

Con res­pec­to a las nue­vas medi­das dis­ci­pli­na­rias y de silen­cia­mien­to que han impues­to a sus cuen­tas, for­mas de pago, pági­nas de las redes socia­les el mis­mo Assan­ge ya seña­ló su carác­ter orwe­lliano. La socie­dad tota­li­ta­ria anti­ci­pa­da por Geor­ge Orwell en su nove­la 1984, se ha plas­ma­do en una dimen­sión glo­bal sin pre­ce­den­tes. Y su carác­ter ultra­ca­pi­ta­lis­ta es lo úni­co que no pare­cía pre­vi­si­ble en el libro. Los intere­ses eco­nó­mi­cos, que no apa­re­cían en la nove­la como los pade­ce­mos actual­men­te, se han con­cen­tra­do y ejer­cen su man­da­to des­de las som­bras con toda cla­se de armas de la más nue­va y la más anti­gua tec­no­lo­gía, como la difa­ma­ción, es escar­nio y el lin­cha­mien­to públi­cos.

Nece­si­ta­ría­mos una visión narra­ti­va muy com­pe­ten­te para des­cri­bir cómo se arti­cu­lan las deci­sio­nes que mue­ven a estos fan­tas­mas que se deno­mi­nan “mer­ca­dos”, que des­ta­pa­ran opi­nio­nes y con­ver­sa­cio­nes secre­tas de los altos fun­cio­na­rios de las empre­sas tras­na­cio­na­les con poder de veto, y de tor­cer el bra­zo a los gobier­nos, que son los úni­cos que con­si­guen man­te­ner invi­si­bles sus accio­nes deci­si­vas, sus con­ver­sa­cio­nes cru­cia­les en este mun­do en que se entre­gan impu­ne­men­te los datos de pri­va­ci­dad del res­to de los ciu­da­da­nos al mejor pos­tor, o al poder más con­tun­den­te.

Este gru­po de invi­si­bles, into­ca­bles, ocul­tan­do su mano detrás de sus geren­cia­do­res polí­ti­cos, ejer­cen su poder a tra­vés del ava­sa­lla­mien­to de las débi­les y casi extin­tas ins­ti­tu­cio­nes inter­na­cio­na­les, y se han auto­ad­ju­di­ca­do un man­da­to de inter­ven­ción y ocu­pa­ción mili­tar de cre­cien­tes zonas del pla­ne­ta (rápi­da­men­te exten­si­bles, por medio de cual­quier cla­se de acuer­dos espu­rios, a todo el mun­do). Esta apa­ri­ción des­ca­ra­da de la mano sucia e impu­ne del Gran Her­mano Fas­cis­ta se ampli­fi­có rápi­da­men­te pri­me­ro, a la per­se­cu­ción a todos los que se han atre­vi­do a tener con­tac­tos con Wiki­leaks, cuyos datos per­so­na­les han sido reca­ba­dos por un juez igno­to, en una pro­vin­cia esta­dou­ni­den­se, y han sido entre­ga­dos por estas redes como Face­book o Twit­ter que, recor­de­mos, par­tie­ron prio­ri­zan­do su polí­ti­ca de defen­sa de la pri­va­ci­dad de sus usua­rios. Ni siquie­ra han vaci­la­do en soli­ci­tar los datos de una dipu­tada de un país extran­je­ro.

La impre­sión tota­li­ta­ria de un accio­nar tan explí­ci­to y coor­di­na­do de ban­cos y mega empre­sa­ria­les redes socia­les y medios de comu­ni­ca­ción, en sin­to­nía con el Depar­ta­men­to de Esta­do, (en reali­dad, con los sec­to­res más con­ser­va­do­res y gue­rris­tas de EEUU) no ha aca­ba­do de des­apa­re­cer en nues­tras pupi­las cuan­do otro acto de cen­su­ra coor­di­na­da deja su pro­fun­da seña de iden­ti­dad fas­cis­ta con el ata­que a Cuba­de­ba­te. El ape­la­ti­vo de terro­ris­tas, o poten­cial­men­te terro­ris­tas que habi­li­ta a este con­jun­to de ins­ti­tu­cio­nes cen­so­ras a actuar clan­des­ti­na­men­te, se extien­de pau­la­ti­na­men­te a nue­vas capas, ale­da­ñas o no, como lo prue­ba el aten­ta­do a la con­gre­sis­ta demó­cra­ta en EEUU. El poten­cial de exten­sión de este inten­to de cen­su­ra solo pue­de anti­ci­par­se en los dis­cur­sos demen­cia­les de toda cla­se de faná­ti­cos, fogo­nea­dos des­de atrás por los úni­cos que pue­den sacar par­ti­do de las gue­rras que nos pro­me­ten, los autén­ti­ca­men­te invi­si­bles. ¡Es la eco­no­mía idio­ta! con­tes­tó algu­na vez el cíni­co caso Clin­ton.

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