Pedi­mos la paz, la pala­bra y la demo­cra­cia – Agus­tín Moran

El movi­mien­to popu­lar vas­co por la sobe­ra­nía y el socia­lis­mo colo­ca la reso­lu­ción del con­flic­to polí­ti­co con el Esta­do espa­ñol en el terreno del diá­lo­go y la nego­cia­ción, pro­cla­ma la incom­pa­ti­bi­li­dad del uso de la vio­len­cia con sus obje­ti­vos polí­ti­cos y pro­po­ne el fin de todas las coac­cio­nes, inclu­yen­do la ile­ga­li­za­ción de sus orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas y socia­les, la clau­su­ra ile­gal de empre­sas y medios de comu­ni­ca­ción, la supre­sión del dere­cho de aso­cia­ción, par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca, expre­sión y mani­fes­ta­ción para amplios sec­to­res de la pobla­ción, los mon­ta­jes poli­cia­les, la uti­li­za­ción par­ti­dis­ta del Códi­go Penal y las tor­tu­ras.

El movi­mien­to popu­lar vas­co no defien­de un nacio­na­lis­mo étni­co y exclu­yen­te, sino la auto­de­ter­mi­na­ción fren­te al esta­do capi­ta­lis­ta y monár­qui­co que Fran­co dejó ata­do y bien ata­do con el Títu­lo II de la Cons­ti­tu­ción Espa­ño­la y el Títu­lo Pre­li­mi­nar de la Cons­ti­tu­ción Espa­ño­la que prohí­be expre­sa­men­te el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción (artícu­lo 2) y con­vo­ca al Ejér­ci­to para impe­dir­lo (artícu­lo 8). Este movi­mien­to social, polí­ti­co, cul­tu­ral, obre­ro, femi­nis­ta, inter­na­cio­na­lis­ta, elec­to­ral, sobe­ra­nis­ta ‑y has­ta aho­ra con una expre­sión arma­da- mues­tra la fal­ta de liber­ta­des demo­crá­ti­cas y garan­tías jurí­di­cas para quie­nes pre­ten­den ejer­cer su dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción. En Cata­lun­ya, sin expre­sión arma­da, la mayo­ría de la pobla­ción vota un esta­tu­to de auto­no­mía en el Par­la­men­to y, tras refren­dar­lo en un refe­rén­dum popu­lar y en la calle, el Esta­do espa­ñol «se lo cepi­lla» en Madrid.

El movi­mien­to popu­lar vas­co ha toma­do una ini­cia­ti­va uni­la­te­ral de paz y dere­chos para todos y todas en un mar­co polí­ti­co anti­de­mo­crá­ti­co y repre­si­vo. La dere­cha espa­ño­la, tra­di­cio­nal o sobre­ve­ni­da, des­acre­di­ta esta pro­pues­ta de demo­cra­cia y enten­di­mien­to por su pre­ten­sión de par­ti­ci­par en las pró­xi­mas elec­cio­nes muni­ci­pa­les. Los polí­ti­cos pro­fe­sio­na­les que ven­den su alma al dia­blo por un puña­do de votos acu­san de sus pro­pias mise­rias a cen­te­na­res de miles de per­so­nas que recla­man su dere­cho de par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca.

La con­vi­ven­cia basa­da en la pre­ca­rie­dad, el aumen­to de la dife­ren­cia y la exclu­sión es vio­len­cia social en esta­do puro y sólo se sos­tie­ne por la inte­gra­ción de los bene­fi­cia­dos y bene­fi­cia­das, la pasi­vi­dad de las mayo­rías per­ju­di­ca­das y la repre­sión de quie­nes des­obe­de­cen. La ausen­cia de cau­ces para la expre­sión polí­ti­ca de las víc­ti­mas de dicha vio­len­cia per­mi­te acha­car­la no a las rela­cio­nes de explo­ta­ción y de domi­nio, sino a la natu­ra­le­za corrom­pi­da de los indi­vi­duos o a mino­rías «anti­de­mo­crá­ti­cas».

Pero todos los con­flic­tos deben lle­gar, antes o des­pués, a su pun­to final. El diá­lo­go para la supera­ción de un con­flic­to requie­re par­tir de todas las víc­ti­mas y de la memo­ria de todos los dere­chos vul­ne­ra­dos. La memo­ria con­tie­ne un enor­me poten­cial de recon­ci­lia­ción, pero no pue­de ser uni­la­te­ral. La recon­ci­lia­ción es un pro­ce­so de auto­de­ter­mi­na­ción de todas las víc­ti­mas que resig­ni­fi­can su dolor al reco­no­cer el sufri­mien­to y las razo­nes de las otras víc­ti­mas.

En la retó­ri­ca de gue­rra, arma­da o comer­cial, cada con­ten­dien­te expre­sa sus razo­nes y sus daños exclu­yen­do los del opo­nen­te. La dife­ren­cia irre­con­ci­lia­ble otor­ga al otro todos los males y jus­ti­fi­ca la vio­len­cia que cada uno se ve obli­ga­do a rea­li­zar fren­te a ese «otro», iden­ti­fi­ca­do con el mal abso­lu­to. La volun­tad de recon­ci­lia­ción tra­ta de supe­rar la lucha a muer­te como expe­rien­cia de la dife­ren­cia abso­lu­ta, pero este esfuer­zo es esté­ril si una par­te de las víc­ti­mas, cons­ti­tui­da en van­guar­dia de uno de los ban­dos, lle­ga a impo­ner a la noción de «víc­ti­ma» su pro­pia iden­ti­dad, exclu­yen­do total­men­te a las víc­ti­mas del otro ban­do.

Para la reso­lu­ción dia­lo­ga­da de un con­flic­to, la recon­ci­lia­ción de las víc­ti­mas es nece­sa­ria, pero no sufi­cien­te. Hace fal­ta el res­ta­ble­ci­mien­to de los dere­chos cuya vul­ne­ra­ción gene­ró el con­flic­to y su cade­na de vio­len­cias.

Los movi­mien­tos socia­les debe­mos apo­yar esta ini­cia­ti­va de paz basa­da en el res­pe­to a la demo­cra­cia y los dere­chos huma­nos para todos y todas. Es el momen­to de apos­tar por las ini­cia­ti­vas de diá­lo­go y no por el catá­lo­go de vio­len­cias pasa­das; por las víc­ti­mas paci­fi­ca­do­ras y no por las beli­ge­ran­tes; por el res­ta­ble­ci­mien­to de todos los dere­chos para todos y todas y para todos los pue­blos y no por el des­po­jo de los dere­chos civi­les. Es el momen­to de apos­tar por la paz, el diá­lo­go y la demo­cra­cia.

Al día siguien­te de sacar a Espa­ña de la OTAN, rom­per rela­cio­nes con el Esta­do terro­ris­ta de Israel y traer a los sol­da­dos espa­ño­les de Líbano y Afga­nis­tán, el peli­gro de aten­ta­do isla­mis­ta en terri­to­rio espa­ñol se redu­ci­ría a cero. Pero la ser­vi­dum­bre de nues­tra monar­quía par­la­men­ta­ria a los EEUU y a la Euro­pa del euro nos impi­de dar ese paso. Al día siguien­te de abrir el deba­te sobre las for­mas para el reco­no­ci­mien­to del dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción, se ter­mi­na­ba la vio­len­cia de ETA (las otras vio­len­cias no). Pero nues­tro bipar­ti­dis­mo neo­fran­quis­ta no pue­de revi­sar la Cons­ti­tu­ción apro­ba­da bajo ame­na­za de gol­pe mili­tar sin poner en cues­tión su pro­pia legi­ti­mi­dad. El úni­co pre­cio polí­ti­co que hay que pagar para la paz es la demo­cra­cia y la jus­ti­cia. Lo que para PP y PSOE es un pre­cio inso­por­ta­ble para los pue­blos de Espa­ña y los tra­ba­ja­do­res es un bien desea­ble.

El libro «La maza y la can­te­ra», pre­sen­ta­do en Madrid por su autor, el abo­ga­do Julen Arzua­ga, su edi­tor, José María Espar­za, de Txa­la­par­ta, y la Aso­cia­ción Gura­soak nos apor­ta una exten­sa y dolo­ro­sa expe­rien­cia en vul­ne­ra­ción de liber­ta­des civi­les y garan­tías jurí­di­cas y pro­ce­sa­les y nos trae la voz dolien­te y pode­ro­sa de quie­nes luchan por su dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción de un orden injus­to y repre­sor. Las per­so­nas aman­tes de la paz, el diá­lo­go y la demo­cra­cia les ten­de­mos la mano.

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