Sec­ta­ris­mo tarú­pi­do – Edgar Per­do­mo Arzo­la

La demo­cra­ti­za­ción del socia­lis­mo vene­zo­lano, es una tarea muy pacien­te; como la pacien­cia de Job, que es la que hay que tener con los tarú­pi­dos de Anzoá­te­gui (mez­cla de tara­dos y estú­pi­dos) que aso­man su uni­ce­lu­la­ri­dad men­tal por estos lares, a los que no se le debe con­tes­tar, a no ser que el caso lo ame­ri­te, cuan­do haya razo­na­mien­tos, y no insul­tos, o con­sig­ni­tas gas­ta­das. 
Sec­ta­ris­mos hay de diver­so tipo, pero el peor y mas dañino es el que se ejer­ce des­de gru­pos de fac­cio­nes. La fal­ta de mutua vul­ne­ra­bi­li­dad, de un sis­te­ma ideo­ló­gi­co que sea real­men­te impar­cial, y no res­pon­da a lo que un peque­ño gru­po con­si­de­ra intere­ses de ellos, y de un supues­to pue­blo que los sigue (que no siem­pre son los mis­mos intere­ses), este odio vis­ce­ral con­tra el gober­na­dor Tarek, afec­ta el desa­rro­llo del Esta­do Anzoá­te­gui. 

Es par­te del Ana­cro­nis­mo que ha pade­ci­do eter­na­men­te la izquier­da, en una mues­tra de inma­du­rez polí­ti­ca, más cer­cano al dis­cur­so de barri­ca­da, y al dog­ma­tis­mo infan­til de izquier­da, Hugo Chá­vez dixit, Tea­tro Tere­sa Carre­ño 02/​10/​2010. De seguir así el bar­co de la revo­lu­ción se esco­ra y no nave­ga.

Esta nefas­ta tra­di­ción en cier­tos gru­pos de izquier­da, el tra­tar de impo­ner­se, des­acre­di­tar y excluir a otros que no con­cuer­den con las ideas que defien­den. Es el sec­ta­ris­mo: el error de siem­pre. El de creer­se con toda la razón, y negar­la com­ple­ta­men­te a quie­nes no com­par­ten sus pun­tos de vis­ta, o sim­ple­men­te tie­nen dife­ren­cias tác­ti­cas que las dis­pa­ri­da­des de expe­rien­cias alien­tan.

No ten­go por que men­cio­nar a nadie en par­ti­cu­lar. Para no entrar en una polé­mi­ca per­so­nal que la mayo­ría de las veces ter­mi­nan en esté­ri­les peleas irre­con­ci­lia­bles, aun­que se ten­gan más coin­ci­den­cias que des­acuer­dos, y que tan­to daño le está cau­san­do a la revo­lu­ción boli­va­ria­na. La bata­lla es de ideas, no de per­so­nas, ni de obras y con­tra­tos. No hay que agre­dir a nadie. Aque­llos que insis­ten en per­so­na­li­zar la crí­ti­ca no par­ten de posi­cio­nes cons­truc­ti­vas para la solu­ción de los pro­ble­mas, sino que bus­can com­pli­car­los.

Cuan­do toda­vía esta­mos en ‘gua­yu­cos’ hacia una tran­si­ción socia­lis­ta, libre y demo­crá­ti­ca con la que sue­ñan muchos revo­lu­cio­na­rios des­de hace años, nadie tie­ne dere­cho a pre­ten­der­se el ser due­ño abso­lu­to de la ver­dad, que están muy lejos de demos­trar en la prác­ti­ca, ni mucho menos aspi­rar apli­car exclu­si­vos méto­dos pro­ce­di­men­ta­les, y de dog­ma­ti­cos enfo­ques en la polí­ti­ca con­cre­ta, que no es lo mis­mo que la ideo­lo­gía. 

Se pue­den com­par­tir prin­ci­pios ideo­ló­gi­cos bási­cos y pen­sar en polí­ti­cas, accio­nes y tác­ti­cas dis­tin­tas para situa­cio­nes simi­la­res. Sobre todo si los aná­li­sis se hacen des­de la reali­dad regio­nal con cro­no­lo­gías dife­ren­tes, con otras admi­nis­tra­cio­nes disi­mi­les. Pero pre­ten­der impo­ner una posi­ción o tra­tar de igno­rar otras, de ori­gen igual­men­te revo­lu­cio­na­rio, es apli­car un odio­so sec­ta­ris­mo así de sim­ple. Los sec­ta­ris­mos pro­ve­nien­tes de dog­mas deben ser recha­za­dos de raíz.

Pre­ten­der des­truir al dis­cre­pan­te de sus opi­nio­nes, es una cla­ra inci­ta­ción al error, es una acti­vi­dad con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria encu­bier­ta en el peor de los casos.

Aún con todos los defec­tos, y erro­res del gobierno de Anzoá­te­gui, Aquí no se inten­ta impo­ner nada a nadie, es lo que per­ci­bo, menos esque­mas ima­gi­na­rios a nadie. Sino de ayu­dar a que se uti­li­ce la crí­ti­ca sana.

Esto no pue­de can­sar­nos ni lle­var­nos a un enfren­ta­mien­to. Siem­pre entre los revo­lu­cio­na­rios dis­cre­pan­tes ha exis­ti­do la recon­ci­lia­ción. Los que se deci­den por la con­fron­ta­ción abier­ta entre revo­lu­cio­na­rios se equi­vo­ca­ron de tác­ti­ca. Hay que enfren­tar la com­ple­ja reali­dad polí­ti­ca des­de sus entra­ñas, cola­bo­ran­do crí­ti­ca­men­te, corrien­do todos los ries­gos.

Lo que si me ha que­da­do demos­tra­do en mi expe­rien­cia revo­lu­cio­na­ria: es que la divi­sión, el sec­ta­ris­mo, el irres­pe­to a los demás revo­lu­cio­na­rios, la fal­ta de diá­lo­go, las accio­nes nebu­lo­sas, la no trans­pa­ren­cia en las posi­cio­nes, las inju­rias y otras afi­ni­da­des, son las bac­te­rias siem­pre pre­sen­tes que han lle­va­do al fra­ca­so a los pro­ce­sos revo­lu­cio­na­rios, y socia­lis­tas has­ta aho­ra inten­ta­dos.

No defien­do una uni­dad sin prin­ci­pios, la fal­sa una­ni­mi­dad que tra­ta de escon­der la diver­si­dad del pen­sa­mien­to revo­lu­cio­na­rio, sacra­li­zan­do un ideal úni­co. Se pue­de luchar con­vi­vien­do en un ambien­te abier­to y demo­crá­ti­co, res­pe­tan­do todas las dife­ren­tes for­mas de pen­sa­mien­to en la revo­lu­ción boli­va­ria­na.

Siem­pre en la izquier­da han exis­ti­do los extre­mis­tas, y los sec­ta­rios de diver­sos sig­nos que aspi­ran impo­ner ideas, cosa que el mar­xis­mo revo­lu­cio­na­rio recha­za por prin­ci­pio. Ese modo y esa mane­ra de hacer y enfo­car las cosas, des­ca­li­fi­can­do, y agre­dien­do otras posi­cio­nes que no coin­ci­den. Pero que pro­vie­nen de los que han demos­tra­do hones­ti­dad, expo­nien­do su pelle­jo por defen­der los intere­ses de las mayo­rías.

Aspi­ro a que sea­mos capa­ces de enta­blar un deba­te entre los que desean una socie­dad socia­lis­ta, demo­crá­ti­ca, sin exclu­sión. A los que des­de la estre­chez, actúan así jamás logra­ran una vic­to­ria para el socia­lis­mo.

El articu­lo nume­ro dos de la CRBV tie­ne entre sus obje­ti­vos a que Vene­zue­la sea: demo­crá­ti­ca y liber­ta­ria, y por­qué de la com­po­si­ción social bro­te un cri­sol de ideo­lo­gías, des­de los defen­so­res de la ideo­lo­gía bur­gue­sa en su diver­si­dad, jun­to con los anti­im­pe­ria­lis­tas, los libe­ra­les, y toda esa fau­na de izquier­da has­ta los ultro­sos. La radi­ca­li­za­ción de la revo­lu­ción boli­va­ria­na, y su decan­ta­ción por par­te de ele­men­tos sin inte­lec­tua­li­dad y cla­ri­dad ideo­ló­gi­ca, lle­va­rá a que muchas corrien­tes se apar­ten, otras deser­ten evi­tan­do ser com­ba­ti­das sec­ta­ria­men­te.

Sien­do esto un cal­do de cul­ti­vo, para des­via­cio­nes más nefas­tas que el sec­ta­ris­mo, el nepo­tis­mo, el ami­guis­mo, el clien­te­lis­mo, el arri­bis­mo, la corrup­ción entre otras cosa.

Hoy en Vene­zue­la exis­te una amplia corrien­te socia­lis­ta den­tro y fue­ra del PSUV, que aspi­ra a que sal­ga­mos del estan­ca­mien­to actual. Una sola corrien­te, por sí sola no pue­de lograr sus anhe­los. Lo revo­lu­cio­na­rio hoy en Vene­zue­la, es el tra­tar de cohe­sio­nar a toda esa gen­te, tenien­do en cuen­ta sus dife­ren­cias, a favor de un gobierno de orien­ta­ción socia­lis­ta.

Los que creen que “muer­to el perro se aca­bó la rabia”, olvi­dan que la rabia está dis­per­sa en muchos ani­ma­les, en el ambien­te, y que según esa vía de solu­ción habría que matar a muchos perros y ani­ma­les. No hay que matar los perros, hay que vacu­nar­los y curar­los. Murie­ron Marx, Sta­lin, Trotsky fue ase­si­na­do. Pero el mar­xis­mo, el esta­li­nis­mo, y el trots­kis­mo toda­vía no ha muer­to.

El sec­ta­ris­mo en la izquier­da siem­pre la ha con­du­ci­do al fra­ca­so, en los pro­ce­sos revo­lu­cio­na­rios cuan­do se uti­li­za un pen­sa­mien­to tra­tan­do de impo­ner­se anti­de­mo­crá­ti­ca­men­te, uti­li­zan­do la fuer­za, a cos­ta de otras ten­den­cias de izquier­da. A veces más intere­sa­das en la ven­gan­za, que en ayu­dar a los gober­nan­tes a encon­trar el camino de la des alie­na­ción. Hay que ir olvi­dan­do los ren­co­res. Ponien­do por delan­te los intere­ses del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio, sin renun­ciar a sus prin­ci­pios.

El dog­ma­tis­mo no es pri­va­ti­vo del esta­li­nis­mo. Los sec­ta­rios se com­por­tan como si no qui­sie­ran apren­der de sus pro­pios erro­res, repro­du­cien­do mecá­ni­ca­men­te las vie­jas con­tra­dic­cio­nes.

La acción pací­fi­ca, pacien­te, y abier­ta de las dife­ren­tes ten­den­cias, son la úni­ca vía de hacer com­pren­der a los demás la nece­si­dad del enten­di­mien­to entre los revo­lu­cio­na­rios. Si la res­pues­ta a los gol­pes bajos o san­gui­na­rios es de igual mane­ra, no habrá arre­glo y el “toma y dame” nos lle­va­ría a inter­mi­na­bles peleas a lo mon­tes­co-capu­le­to.

Sabe­mos que la fuer­za ven­ce, pero no con­ven­ce, y a la lar­ga la razón se impo­ne. Quien no con­fíe en sus razo­nes, y pre­ten­da impo­ner­se por la fuer­za a los demás revo­lu­cio­na­rios en vez de ganar en la bata­lla de ideas, más tar­de o más tem­prano, las pier­de todas.

El sec­ta­ris­mo de diver­so pela­je no solo fue cul­pa­ble, en gran par­te, de la deba­cle del ex cam­po socia­lis­ta de la Euro­pa Orien­tal, y la URSS. Fue el ingre­dien­te de la divi­sión del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio y demo­crá­ti­co en Amé­ri­ca Lati­na en la déca­da del 60 y el 80.

“Por los defec­tos de los demás el sabio corri­ge los pro­pios”
Publio Siro.

Hay que estu­diar la his­to­ria para apren­der de los erro­res; pero no para revi­vir fan­tas­mas y ren­co­res. Para un revo­lu­cio­na­rio, es más dolo­ro­so ser agre­di­do por los irres­pon­sa­bles dis­pa­ros de un creí­do ami­go, que caer en un com­ba­te fron­tal con­tra el enemi­go.

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