Ile­ga­li­da­des en el caso Atris­tain – Alva­ro Reizabal

El sie­te de abril las auto­ri­da­des fran­ce­sas entre­ga­ron a las espa­ño­las al dete­ni­do Xabier Atris­tain en el aero­puer­to de Torre­jón de Ardoz, a don­de lle­gó en vue­lo pro­ce­den­te de Tou­lou­se. La entre­ga se pro­du­jo tras la euro­or­den cur­sa­da en su momen­to. Inme­dia­ta­men­te de ser entre­ga­do se acor­dó su ingre­so en pri­sión, seña­lán­do­se para la decla­ra­ción ante el juez de la Audien­cia Nacio­nal que tra­mi­ta­ba su cau­sa el día siguien­te, ocho de abril. Fue, pues, una pues­ta a dis­po­si­ción de la auto­ri­dad judi­cial sin inco­mu­ni­ca­ción, sin pasar por depen­den­cias poli­cia­les, decla­ran­do ante el juez asis­ti­do de su letra­do de confianza.

Las impu­tacio­nes eran idén­ti­cas a las actua­les y traían su cau­sa en mani­fes­ta­cio­nes rea­li­za­das en sede poli­cial por una per­so­na dete­ni­da con ante­rio­ri­dad y nega­das ante el juez. En su decla­ra­ción negó todas las acu­sa­cio­nes, pese a lo cual se dic­tó auto acor­dan­do su ingre­so en pri­sión pro­vi­sio­nal, con­tra el que se inter­pu­so recur­so de refor­ma por enten­der que ante la debi­li­dad de las prue­bas o, mejor, ante la inexis­ten­cia de prue­ba de car­go no cabía man­te­ner­lo en la cárcel.

El recur­so fue esti­ma­do por auto de 20 de abril que acor­dó su liber­tad pro­vi­sio­nal sin más medi­das cau­te­la­res que la pre­sen­ta­ción sema­nal ante el juz­ga­do de su domi­ci­lio y la entre­ga del pasa­por­te, medi­das estas que que­da­ron sin efec­to más tar­de por otra reso­lu­ción de 23 de junio dic­ta­da por el Juz­ga­do Cen­tral nº 2 en el Sª 3502 dima­nan­te de las DP 4110.

El 29 de setiem­bre Atris­tain es dete­ni­do e inco­mu­ni­ca­do, per­ma­ne­cien­do en esas con­di­cio­nes en depen­den­cias de la Guar­dia Civil duran­te cin­co días. Lo sor­pren­den­te del asun­to es que la orden par­tió del mis­mo juz­ga­do que ins­tru­ye la cau­sa ante­rior. No es con­ce­bi­ble legal­men­te una deci­sión así. Si el juez que inves­ti­ga y a cuya dis­po­si­ción se encuen­tra quie­re tomar­le nue­va decla­ra­ción, lo pro­ce­den­te, aun­que se le deten­ga, es poner­le de inme­dia­to a su dis­po­si­ción y no inco­mu­ni­car­le duran­te cin­co días.

Para ves­tir el san­to, el juz­ga­do ha cam­bia­do el nume­ro de las dili­gen­cias y, así, las ante­rior­men­te incoa­das y por las que esta­ba en liber­tad eran las 412010 y las actua­les las 422010.

Lo denun­cia­mos ante el pro­pio Cen­tral 2, ante el de guar­dia y en Donos­tia, por enten­der que se esta­ba pro­du­cien­do una deten­ción ile­gal. Todos nues­tros inten­tos resul­ta­ron bal­díos. Pero hay que decir que este jue­go de núme­ros, lejos de ser una inge­nio­sa tre­ta para lega­li­zar lo ile­ga­li­za­ble, cons­ti­tu­ye un frau­de pro­ce­sal que debe aca­rrear la nuli­dad de todo lo instruido.

Sor­pren­de, ade­más, que todo lo que negó antes por ser fal­so, lo haya admi­ti­do aho­ra ante la Guar­dia Civil para vol­ver a negar­lo otra vez ante el juez. ¿Qué habrá ocu­rri­do duran­te la inco­mu­ni­ca­ción? ¿Qué méto­dos de con­vic­ción se habrán uti­li­za­do? Atris­tain dice que le han tor­tu­ra­do. El emba­ja­dor de Vene­zue­la intu­ye lo mis­mo. Y usted que lee, ¿qué opina?

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