Lo que jamás podrá olvi­dar­se…- Fidel Cas­tro

El pasa­do mar­tes, 21 de sep­tiem­bre, me reu­ní a las 9 a.m. con más de 600 pasa­je­ros del Cru­ce­ro por la Paz (Pea­ce Boat), casi todos de nacio­na­li­dad japo­ne­sa, entre ellos una sobre­vi­vien­te del ase­si­na­to masi­vo en la ciu­dad de Hiroshi­ma, que tenía dos años cuan­do ocu­rrió el hecho.

La tele­vi­sión nacio­nal de Cuba trans­mi­tió el encuen­tro, pero la tra­duc­ción en la sala del Pala­cio de las Con­ven­cio­nes no era simul­tá­nea y las voces de las com­pa­ñe­ras que rea­li­za­ron esa difí­cil tarea se super­po­nían a mis pala­bras. Deci­dí, por ello, escri­bir una Refle­xión sobre el tema.

Apro­ve­ché la opor­tu­ni­dad para redu­cir la exten­sión de lo que expre­sé, y orde­nar mejor las ideas tras­mi­ti­das con abso­lu­ta fide­li­dad al con­te­ni­do de las mis­mas.

Las pala­bras de las demás per­so­nas que par­ti­ci­pa­ron, las tras­la­dé ínte­gra­men­te.

A pesar de mis esfuer­zos, la Refle­xión resul­tó exten­sa, ya que el encuen­tro duró dos horas y media, por lo que deci­dí divi­dir­la en tres par­tes, que serán publi­ca­das en días suce­si­vos.

El encuen­tro comen­zó con las pala­bras de Kenia Serrano, Pre­si­den­ta del Ins­ti­tu­to Cubano de Amis­tad con los Pue­blos:

Bue­nos días.

El pasa­do 3 de sep­tiem­bre el señor direc­tor de la Orga­ni­za­ción no Guber­na­men­tal Cru­ce­ros por la Paz, el señor Yoshio­ka Tatsu­ya, envió a nues­tro Coman­dan­te en Jefe una car­ta soli­ci­tán­do­le que reci­bie­se a los direc­ti­vos del cru­ce­ro y a la sobre­vi­vien­te de Hiroshi­ma y Naga­sa­ki que vie­ne en él; el Coman­dan­te acep­tó, y tam­bién, con pla­cer, invi­tó a otra amplia repre­sen­ta­ción de los pasa­je­ros a este encuen­tro.

Esta­mos asis­tien­do a ese encuen­tro hoy, 21 de sep­tiem­bre, decla­ra­do por las Nacio­nes Uni­das Día Mun­dial de la Paz, por supues­to que con la pre­sen­cia, para noso­tros memo­ra­ble, de nues­tro que­ri­do Coman­dan­te en Jefe Fidel Cas­tro Ruz (Aplau­sos).

Se encuen­tran en la pre­si­den­cia de nues­tro encuen­tro el señor Nao Inoue, direc­tor de esta tra­ve­sía del Cru­ce­ro por la Paz (Aplau­sos); la seño­ra Matsu­mi Matsu­mu­ra, tam­bién del staff de Cru­ce­ros por la Paz, quien nos ayu­da­rá a tra­du­cir al espa­ñol este encuen­tro (Aplau­sos); la seño­ra Jun­ko Wata­na­be, miem­bro del Movi­mien­to Hiba­kusha, sobre­vi­vien­te de Hiroshi­ma y Naga­sa­ki, y la pro­fe­so­ra Susa­na Gar­cía, de la Uni­ver­si­dad de La Haba­na, quien tam­bién faci­li­ta este diá­lo­go al japo­nés, como uste­des pue­den ver (Aplau­sos).

Coman­dan­te…

Cmd­te.- ¿Qué me toca a mí, un dis­cur­so?

Kenia Serrano.- Salu­dar, por­que todos esta­mos desean­do eso.

Cmd­te.- No, yo vine a res­pon­der, es la ver­dad. Le pre­gun­té qué me corres­pon­día hacer y no me dije­ron nada.

Real­men­te quie­ro, en pri­mer lugar, dar­les las gra­cias por el honor que sig­ni­fi­ca este encuen­tro.

Yo esta­ba un poco ausen­te, como uste­des cono­cen, leía perió­di­cos; pero me he per­di­do de muchos de los encuen­tros de uste­des, por que des­pués supe toda la his­to­ria en deta­lle. Ya he apren­di­do bas­tan­te de uste­des: las veces que estu­vie­ron en Cuba, comen­za­ron en 1990, vol­vie­ron en 1995, 1997 y 1998; en 2000, 2001 y 2002, dos veces; des­pués 2005, 2007 y 2009, y hoy, que ten­go enten­di­do suman 14 via­jes.

Bueno, la his­to­ria es que cuan­do reci­bo la invi­ta­ción, me ale­gró poder inter­cam­biar con uste­des por la impor­tan­cia del momen­to en que esta­mos vivien­do, que no es un momen­to cual­quie­ra; ade­más, por un sen­ti­mien­to de gra­ti­tud, ya que conoz­co la soli­da­ri­dad de uste­des a lo lar­go de todos estos años, las difi­cul­ta­des, las luchas con­tra los blo­queos, la iden­ti­dad y nacio­na­li­dad del mis­mo bar­co, los puer­tos don­de podían ir o no podían ir, si les sumi­nis­tra­ban o no com­bus­ti­ble y otras idio­te­ces pare­ci­das de nues­tro prin­ci­pal adver­sa­rio con cuyos méto­dos no se podrá lograr jamás un mun­do de enten­di­mien­to y de paz en nues­tro pla­ne­ta.

Recor­dan­do la con­sig­na de uste­des, que tie­ne, a mi jui­cio, un espe­cia­lí­si­mo valor: “Apren­de de las gue­rras pasa­das para cons­truir un futu­ro de paz”, sin duda que esta es una fra­se que ten­dría sig­ni­fi­ca­do siem­pre, pero en este momen­to lo tie­ne más que nun­ca; me atre­ve­ría a decir, sin temor a equi­vo­car­me, que nun­ca en la his­to­ria de la huma­ni­dad hubo un momen­to tan peli­gro­so como este. Así que no se tra­ta de un sen­ci­llo via­je, se tra­ta de una lucha real, seria, y esto que digo se pue­de demos­trar, espe­ro que en los inter­cam­bios nos ilus­tre­mos acer­ca de lo que se pien­sa o qué fór­mu­las podían ser posi­bles; solu­cio­nes rea­lis­tas y no sim­ple expre­sión de nobles deseos.

El encuen­tro para mí tie­ne una impor­tan­cia muy gran­de, pre­ci­sa­men­te, por la expe­rien­cia que uste­des han acu­mu­la­do sobre el tema.

En estos días se cum­plió un ani­ver­sa­rio más de aquel bru­tal e insó­li­to hecho en que por pri­me­ra vez se emplea­ron las armas nuclea­res sobre ciu­da­des pací­fi­cas.

Real­men­te se ha recor­da­do mucho en todo el mun­do lo que ocu­rrió en Hiroshi­ma el 6 de agos­to de 1945. Yo había fina­li­za­do el bachi­lle­ra­to, lo recuer­do, era el verano, esta­ba de visi­ta en San­tia­go de Cuba cuan­do lle­gó la noti­cia, y nadie tenía ni la menor idea de la exis­ten­cia de un arma de esa natu­ra­le­za, creo que tres días des­pués, lan­za­ron la segun­da bom­ba ató­mi­ca.

Sobre eso pue­do hablar más des­pués, qué sen­ti­mien­to expe­ri­men­té y qué con­cep­to tuve toda mi vida de aquel hecho; pero es un ejem­plo de las cosas que ayu­dan a ganar con­cien­cia, por­que la exhi­bi­ción de todo lo que ocu­rrió allí y el daño humano que oca­sio­nó, a pesar del tiem­po trans­cu­rri­do, vol­vía a con­mo­ver a la opi­nión públi­ca inter­na­cio­nal. No creo que haya ocu­rri­do algo más expre­si­vo de lo que es la gue­rra.

Bien, creo que les he roba­do bas­tan­te tiem­po para estas pri­me­ras pala­bras, qui­sié­ra­mos escu­char­los a uste­des. Yo estoy en dis­po­si­ción de res­pon­der cual­quier pre­gun­ta que deseen hacer­me, en cual­quier sen­ti­do. No ten­go secre­tos de nin­gu­na cla­se, cual­quier tema pue­de ser abor­da­do.

Me gus­ta­ría pre­gun­tar­le a nues­tra tra­duc­to­ra cómo le ha ido. A ti, a ti (Risas y aplau­sos).

Intér­pre­te.- Bien, pare­ce que bien, Coman­dan­te.

Cmd­te.- Muy bien.

Kenia Serrano.- Gra­cias, Coman­dan­te.

El señor Nao Inoue, por favor.

Nao Inoue.- ¡Bue­nos días! (excla­ma­cio­nes de: “¡Bue­nos días!”)

Ante todo, me gus­ta­ría mos­trar nues­tro pro­fun­do agra­de­ci­mien­to por el hecho de que usted nos reci­bie­ra en esta oca­sión.

Mi nom­bre es Nao Inoue, direc­tor del cru­ce­ro Edi­ción 70. Yo quie­ro decir­les unas pala­bras en nom­bre de todos los miem­bros de Pea­ce Boat.

Pare­ce que ya apren­di­mos que usted ha apren­di­do mucho sobre nues­tra orga­ni­za­ción. Fun­da­mos esta orga­ni­za­ción en 1983, lle­va­mos más de 27 años. Has­ta aho­ra hemos rea­li­za­do 70 cru­ce­ros mun­dia­les lle­van­do más de 40 000 japo­ne­ses.

Como usted sabe, ya hemos cum­pli­do 14 via­jes hacia Cuba y tam­bién este año es muy impor­tan­te para noso­tros, por­que es el 20 ani­ver­sa­rio, por eso tie­ne mucha impor­tan­cia cono­cer­lo a usted direc­ta­men­te, Coman­dan­te.

Duran­te estos 20 años, noso­tros hemos pues­to todo nues­tro esfuer­zo en ser puen­te entre el pue­blo cubano y el pue­blo japo­nés, y tam­bién hemos esta­do siem­pre en con­tra del injus­to blo­queo, pero de ver­dad injus­to.

Noso­tros con­si­de­ra­mos que es muy rele­van­te seguir hacien­do el puen­te, no sola­men­te entre el pue­blo cubano y el japo­nés, los dos, sino inclu­yen­do tam­bién los paí­ses lati­no­ame­ri­ca­nos y los paí­ses asiá­ti­cos. La razón por la que que­re­mos tra­ba­jar en esto fuer­te es pro­mo­ver un mun­do de paz, sos­te­ni­ble, enca­be­za­do por Cuba, y esta­mos empe­zan­do a pro­fun­di­zar los lazos de amis­tad y fra­ter­ni­dad con Vene­zue­la, Ecua­dor y Nica­ra­gua. De esos paí­ses, el país que noso­tros hemos visi­ta­do en más oca­sio­nes es Cuba. Tam­bién vamos a tener la opor­tu­ni­dad de cono­cer al pre­si­den­te de Nica­ra­gua, el señor Daniel Orte­ga.

Con moti­vo de pro­fun­di­zar los lazos de amis­tad y fra­ter­ni­dad entre los paí­ses del ALBA y Japón, esta­mos empe­zan­do el pro­yec­to que se lla­ma Cru­ce­ro Juve­nil de ALBA, en el que invi­ta­mos a los jóve­nes de los paí­ses ALBA a bor­do, rea­li­za­mos inter­cam­bios, foros y con­fe­ren­cias de estu­dio, y tam­bién nos gus­ta­ría pedir­le a usted, Coman­dan­te, que nos apo­ye en este pro­yec­to.

Y como usted men­cio­nó que noso­tros somos el úni­co país que reci­bi­mos la bom­ba ató­mi­ca, enton­ces pen­sa­mos que tene­mos la obli­ga­ción y tam­bién la misión de tras­mi­tir men­sa­jes para un mun­do libre de armas nuclea­res. Para erra­di­car las armas nuclea­res tam­bién nos gus­ta­ría cola­bo­rar con uste­des.

Tam­bién que­ría­mos aquí men­cio­nar que el Japón, el país que tene­mos Cons­ti­tu­ción paci­fis­ta, que renun­cia a nin­gu­na gue­rra y tam­bién armas nuclea­res de des­truc­ción masi­va (SIC).

Tam­bién noso­tros apren­de­mos en los paí­ses lati­no­ame­ri­ca­nos que uste­des tie­nen Cons­ti­tu­ción paci­fis­ta tam­bién y tam­bién prohí­ben la exis­ten­cia de bases mili­ta­res extran­je­ras. Y pen­sa­mos pro­po­ner ante la ONU, en la ins­truc­ción de la ONU, que pro­mue­va que todos los paí­ses del mun­do vayan a tener esta her­mo­sa Cons­ti­tu­ción paci­fis­ta.

No que­re­mos la gue­rra jamás, no pode­mos per­mi­tir el uso del arma nuclear jamás. Como siem­pre dicen los sobre­vi­vien­tes de Hiroshi­ma y Naga­sa­ki: “No que­re­mos repe­tir este tipo de tra­ge­dia bru­tal.” Que­re­mos esta­ble­cer un mun­do y la socie­dad en que la gen­te quie­re vivir tam­bién, no quie­re vivir con la pobre­za y estas cosas. Por eso noso­tros con­si­de­ra­mos que es muy nece­sa­rio que todos los paí­ses ten­gan este tipo de Cons­ti­tu­ción. Noso­tros nos pro­me­ti­mos que vamos a crear el mun­do sin pobre­za, sin ham­bre, con mucha feli­ci­dad y sos­te­ni­ble.

Por últi­mo, Coman­dan­te, soy gran fan de usted (Risas y aplau­sos). Pare­ce que todos somos fan de usted.

Noso­tros sabe­mos que usted está muy ocu­pa­do, pero que­re­mos invi­tar­lo a usted a bor­do para nave­gar has­ta Nica­ra­gua. ¿Qué le pare­ce? (Aplau­sos.) ¿Qué pien­sa? (Aplau­sos.)

Cmd­te.- ¡Mara­vi­llo­so! (Aplau­sos.)

Nao Inoue.- Voy a con­cluir mis pala­bras con la invi­ta­ción. Muchí­si­mas gra­cias (Aplau­sos).

Cmd­te.- No será en épo­ca de ciclo­nes, ¿ver­dad? (Risas.)

Me con­ta­ron que uste­des lle­ga­ban ayer, pero había unos ciclo­nes por el Atlán­ti­co. Por fin, ¿a qué hora lle­ga­ron?

Nao Inoue.- Lle­ga­mos a las 5:00 de la maña­na.

Cmd­te.- ¿Y se pue­de saber la velo­ci­dad de Pea­ce Boat? (Risas.)

Nao Inoue.- Más o menos como una bici­cle­ta rápi­da (Risas).

Cmd­te.- Bueno, depen­de, la cam­peo­na creo que alcan­za más de 60 kiló­me­tros por hora (Risas).

Pien­so que en estos tiem­pos el Pea­ce Boat debe mar­char más rápi­do, es más urgen­te reco­rrer el mun­do (Aplau­sos).

Yo debía pedir­les, ade­más, una excu­sa. Tuve noti­cias ayer mis­mo, por la maña­na, y enton­ces me que­dé pen­san­do cómo podía reu­nir­me, pues me con­ta­ron que habían soli­ci­ta­do hacer­lo con algu­nos, y dije: “Bueno, si es posi­ble tra­ta­ré de salu­dar­los a todos”, no sabía, sin embar­go, a qué hora lle­ga­rían; tenían, ade­más, un pro­gra­ma orga­ni­za­do para todo el día. Bueno, ¿qué hacer para no entor­pe­cer a los demás ni a otro pro­gra­ma? Y por eso inven­ta­mos esta reu­nión tan tem­prano. Todos hemos teni­do que levan­tar­nos tem­prano. Me ima­gino que uste­des esta­rían…, no sé dón­de esta­rían, si esta­rían en la bor­da del bar­co vien­do la entra­da de La Haba­na o esta­rían dur­mien­do. Les rue­go me excu­sen, por­que soy el cul­pa­ble de que uste­des hayan teni­do que incre­men­tar el pro­gra­ma (Aplau­sos). Enton­ces orga­ni­za­mos, o más bien impro­vi­sa­mos, la reu­nión para esta hora, a fin de que uste­des pudie­ran cum­plir con las demás acti­vi­da­des y no echar a per­der mis rela­cio­nes con las demás ins­ti­tu­cio­nes que los van a aten­der.

Creo que nos die­ron hora y media. Yo res­pon­dí: al fin y al cabo ellos iban a venir hoy y van a lle­gar maña­na, lue­go, hay fle­xi­bi­li­dad. Creo que a las 5:00 de la tar­de de hoy iba a salir el bar­co.

Kenia Serrano.- Empe­zar a abor­dar a las 5:00 y salir a las 7:00.

Cmd­te.- ¿Iba a salir a las 7:00?

Kenia Serrano.- Ajá.

Cmd­te.- Sí, ter­mi­na­ban las acti­vi­da­des a las 5:00.

Bueno, si un ciclón obli­gó a retra­sar el bar­co, si salen a las 9:00, o si salen a las 10:00, pues están un rato más en La Haba­na, no es una tra­ge­dia. Afor­tu­na­da­men­te, la visi­ta ha sido sin gue­rra. Fue duran­te la paz.

Yo les pedí excu­sas por eso.

¿Tú tie­nes idea de cómo se va a des­en­vol­ver?

Kenia Serrano.- Coman­dan­te, ha sido emo­cio­nan­te, siem­pre que el cru­ce­ro vie­ne —el año pasa­do y aho­ra— ha traí­do sobre­vi­vien­tes de Hiroshi­ma, y tene­mos a la seño­ra Jun­ko Wata­na­be. Pro­pon­go escu­char su tes­ti­mo­nio.

Jun­ko Wata­na­be.- Ante todo, Coman­dan­te Fidel Cas­tro, es un gran honor y tam­bién pla­cer cono­cer­lo, y me gus­ta­ría mos­trar­le mi pro­fun­do agra­de­ci­mien­to por reci­bir­nos con tan­to cari­ño.

Tam­bién me gus­ta­ría mos­trar mi agra­de­ci­mien­to por el gran inte­rés y cono­ci­mien­to que el pue­blo cubano tie­ne sobre Hiroshi­ma y Naga­sa­ki. Ade­más, ayer el Movi­mien­to por la paz en Cuba reali­zó un encuen­tro de tes­ti­mo­nio para mí, y tam­bién un acto por el Día inter­na­cio­nal por la paz, y rea­li­za­mos un encuen­tro muy boni­to en la Casa de la Amis­tad.

Yo nací en Hiroshi­ma y des­pués me casé con un japo­nés y me mudé a Bra­sil para vivir. Fui a Bra­sil a la edad de 25 y des­pués vol­ví a Japón a la edad de 38, pero en aquel momen­to, por pri­me­ra vez, yo reco­no­cí que fui sobre­vi­vien­te de Hiroshi­ma y Naga­sa­ki.

Yo nací en el cen­tro de Hiroshi­ma, pero cuan­do está­ba­mos en la Segun­da Gue­rra Mun­dial nues­tra fami­lia nos había­mos eva­cua­do fue­ra de Hiroshi­ma, y como yo sola­men­te tenía dos añi­tos, enton­ces no ten­go memo­ria; pero cuan­do reci­bí la noti­cia de que yo era sobre­vi­vien­te, por par­te de mis padres, sufrí un impac­to muy fuer­te.

El día 6 de agos­to de 1945, a las 8:15 mi mamá esta­ba en casa con mi her­mano menor. Mi her­mano mayor y yo está­ba­mos jugan­do en un patio de un tem­plo que esta­ba cer­ca de mi casa. Enton­ces mi mamá sin­tió el vien­to fuer­te, espan­to­so, y tam­bién vio los pape­les que­ma­dos que esta­ban cayen­do en el fren­te de su casa. Mi mamá se sor­pren­dió y lue­go vino a bus­car­nos al tem­plo, fue en aquel momen­to que reci­bi­mos la llu­via negra. La llu­via esta­ba negra y pega­jo­sa.

Antes de la bom­ba, ese día 6 de agos­to, hacía buen tiem­po por la maña­na y dicen que esa bom­ba ató­mi­ca explo­tó 580 metros enci­ma de la tie­rra.

Cmd­te.- ¿Cuán­tos metros?

Jun­ko Wata­na­be.- Qui­nien­tos ochen­ta metros enci­ma de la tie­rra.

Cmd­te.- Fue nuclear.

Jun­ko Wata­na­be.- Bom­ba nuclear.

Cmd­te.- Esa ener­gía es de ura­nio, no fue plu­to­nio. La de plu­to­nio fue en la otra ciu­dad.

Jun­ko Wata­na­be.- Sí, en Naga­sa­ki.

Enton­ces, como explo­ta más arri­ba, afec­ta mucho con los rayos calien­tes y con el vien­to calien­te has­ta que la gen­te se que­ma. Y des­pués de la bom­ba subió todos los pol­vos y pape­les para arri­ba, y lue­go cayó la llu­via negra con la radia­ción.

Des­pués de reci­bir la llu­via negra la con­di­ción de mi cuer­po esta­ba de la for­ma siguien­te.

Cmd­te.- ¿Cómo es, repi­te?

Jun­ko Wata­na­be.- Mi cuer­po fue daña­do, yo le voy a expli­car aho­ra cómo esta­ba.

Todos los días sufría por las dia­rreas. Podía comer, pero des­pués nin­gún nutrien­te que­da­ba en mi cuer­po, salía todo lo que comía. Mis padres pen­sa­ban que su hija iba a morir.

En ver­dad yo tenía dos añi­tos y no ten­go nin­gu­na memo­ria de esce­nas desas­tro­sas.

Cuan­do yo cum­plí 60 años empe­cé a par­ti­ci­par en una aso­cia­ción en Bra­sil. Aho­ra viven en Bra­sil 132 sobre­vi­vien­tes de Hiroshi­ma y Naga­sa­ki.

Cmd­te.- ¿En dón­de, en Bra­sil?

Jun­ko Wata­na­be.- En Bra­sil.

Cmd­te.- ¿Eran niños cuan­do fue­ron?

Jun­ko Wata­na­be.- De dife­ren­tes eda­des.

Cmd­te.- ¿Los padres fue­ron con ellos, o no?

Jun­ko Wata­na­be.- La mayo­ría se casa­ron y fue­ron sin sus padres ya adul­tos.

Aho­ra el pro­me­dio de edad de los sobre­vi­vien­tes es de 75 años, ya están enve­je­cien­do. Por eso el Pre­si­den­te de la Aso­cia­ción en Bra­sil le pidió a ella que ayu­de a la aso­cia­ción, por­que ella es una sobre­vi­vien­te joven.

Aun­que soy sobre­vi­vien­te, como no tenía mucha memo­ria, antes de par­ti­ci­par en esta aso­cia­ción no cono­cía nada de la bom­ba ató­mi­ca.

Lue­go tuve la opor­tu­ni­dad de leer todos los docu­men­tos que hicie­ron 200 sobre­vi­vien­tes de Hiroshi­ma y Naga­sa­ki que vivían en Bra­sil y en los que esta­ba escri­ta la reali­dad de lo que ocu­rrió en Hiroshi­ma y Naga­sa­ki. Ese fue el pri­mer momen­to en que yo cono­cí sobre la reali­dad de la bom­ba ató­mi­ca en Hiroshi­ma. Ellos des­cri­bie­ron la esce­na muy bru­tal.

Por la tris­te­za y el ren­cor me sen­tí muy tris­te, y sen­tía que esta­ba tem­blan­do.

Tam­bién encon­tré un docu­men­tal de imá­ge­nes, fil­ma­do por un perio­dis­ta japo­nés. Sin embar­go, des­pués de la bom­ba ató­mi­ca los aca­dé­mi­cos esta­dou­ni­den­ses se roba­ron esta infor­ma­ción y lo lle­va­ron a su país y nun­ca nos iban a mos­trar este video que encon­tré en la ofi­ci­na.

Ha sido un poco difí­cil ver­lo por­que es una cin­ta muy anti­gua. Enton­ces pedí a un ami­go que lo con­vier­ta a DVD.

Noso­tros vimos con 10 ami­gos sobre­vi­vien­tes el fil­me.

Las esce­nas que salie­ron en este docu­men­tal fue­ron dema­sia­do bru­ta­les y yo lo vi con mucha tris­te­za, y la ciu­dad de Hiroshi­ma esta­ba des­apa­re­cien­do.

Yo lo vi en el docu­men­tal, noso­tros lo vimos, y los edi­fi­cios que­ma­dos total­men­te, la ciu­dad esta­ba total­men­te negra. Tam­bién apa­re­cía la gen­te que anda­ba, pero sin con­cien­cia, des­de sus bra­zos les col­ga­ba la piel, por­que esta­ba dete­rio­ra­da, los ojos se les salían de su lugar. La gen­te esta­ba andan­do, pero sin con­cien­cia.

Cuan­do lo vi en el docu­men­tal, aun­que no recor­da­ba esta esce­na, reco­no­cí que yo esta­ba allá en ese momen­to y tam­bién reco­no­cí que eso lo hicie­ron los huma­nos, enton­ces sen­tí un fuer­te ren­cor y tris­te­za.

Así yo empe­cé a pen­sar: Tene­mos que tras­mi­tir esos tes­ti­mo­nios para las otras gene­ra­cio­nes, y hace dos años, en el 2008, par­ti­ci­pé en el Pro­yec­to de Hiba­kusha que reali­zó la Orga­ni­za­ción Pea­ce Boat, al que invi­ta­ron a 100 sobre­vi­vien­tes a bor­do, y via­ja­mos dan­do tes­ti­mo­nio en cada puer­to, y tam­bién cono­cí a otros Hiba­kusha en el mun­do.

En Viet Nam noso­tros cono­ci­mos a las víc­ti­mas del agen­te Naran­ja, gene­ra­das en la gue­rra de Viet Nam, y lo que ellos y sus padres sufrie­ron. El efec­to que ellos tuvie­ron se tras­mi­te por las gene­ra­cio­nes.

Mi her­mano mayor con quien juga­ba en el tem­plo murió hace dos años a la edad de 67 años.

Des­pués de reci­bir la llu­via negra, como yo la reci­bí tam­bién, él siem­pre tenía defi­cien­cia en sus hue­sos y vivía muy débil­men­te. Él murió a la edad de 67 por el cán­cer de híga­do.

Vien­do que los sobre­vi­vien­tes están murien­do, estoy vivien­do con mucha preo­cu­pa­ción por mi salud.

Tam­bién me gus­ta­ría pre­sen­tar una his­to­ria de ori­ga­mi, que son gru­llas que se hacen de papel y es un sím­bo­lo de paz para noso­tros, tam­bién aho­ra mun­dial­men­te, y siem­pre acom­pa­ña la his­to­ria de una niña que se lla­ma Sada­ko Sasa­ki que murió por la leu­ce­mia a la edad de 12 años.

Este año, cuan­do par­ti­ci­pé en la Con­fe­ren­cia de no pro­li­fe­ra­ción de armas nuclea­res, en Nue­va York, en mayo, tuve opor­tu­ni­dad de cono­cer al her­mano de Sada­ko Sasa­ki.

Déjen­me expli­car un poqui­to la his­to­ria de Sada­ko Sasa­ki. Ella reci­bió la llu­via negra, igual que yo, y cre­ció sana­men­te has­ta la edad de 10 años, des­pués, como se encon­tra­ba mal, se hos­pi­ta­li­zó y se que­dó en el hos­pi­tal.

Ella tenía la creen­cia de que si hacía 1 000 gru­llas de papel iba a mejo­rar, y, según el cuen­to de su her­mano, ella seguía doblan­do gru­llas has­ta que… Bueno, en esa épo­ca no tenía­mos nin­gún papel, enton­ces usó pape­les con los que se empa­ca­ban medi­ci­nas y tam­bién dobla­ba las gru­llas con agu­jas. Ella siem­pre decía, has­ta que iba a morir: “Quie­ro vivir más, quie­ro vivir más.”

Esta­mos en la mis­ma situa­ción que Sada­ko Sasa­ki, que reci­bi­mos la llu­via negra a la edad de dos añi­tos, y ella murió y yo estoy sobre­vi­vien­do. Por eso sien­to gran res­pon­sa­bi­li­dad de tras­mi­tir qué es la bom­ba ató­mi­ca, qué son los sobre­vi­vien­tes. Los sobre­vi­vien­tes tie­nen que vivir con muchos pro­ble­mas físi­cos y tam­bién men­tal­men­te con muchas preo­cu­pa­cio­nes has­ta que mue­ran, y eso tene­mos que tras­mi­tir­lo a las otras gene­ra­cio­nes.

Aho­ra, noso­tros mun­dial­men­te apren­di­mos que en el mun­do hay varios tipos de Hiba­kusha, en varios luga­res, por ejem­plo, la gen­te indí­ge­na cuan­do saca ura­nio en las minas se afec­ta mucho por la radia­ción, tam­bién la gen­te que vive cer­ca de las plan­tas nuclea­res, y esas cosas tene­mos que apren­der­las, tam­bién edu­car a la gen­te.

Cuan­do par­ti­ci­pé en el Pro­yec­to Hiba­kusha, hace dos años, había un chi­co japo­nés, el direc­tor de la pelí­cu­la docu­men­tal, quien cubrió mi esta­día a bor­do, tam­bién des­pués entre­vis­tó a mi padre, que tie­ne 98 años. Lo que habló mi padre fue lo que yo no sabía has­ta enton­ces. Mi papá decía así. El direc­tor le pre­gun­tó a mi papá: “¿Por qué tú no le dijis­te la reali­dad a Jun­ko?”

Des­de la bom­ba has­ta aho­ra, las chi­cas que reci­bie­ron la influen­cia de la bom­ba ató­mi­ca, aun­que son sobre­vi­vien­tes, han sido dis­cri­mi­na­das y tuvie­ron mucha difi­cul­tad para casar­se. Enton­ces, reco­no­ci­mos que yo, sobre­vi­vien­te, afor­tu­na­da­men­te no he teni­do nin­gún pro­ble­ma físi­co, pero hay muchos médi­cos que dicen que la influen­cia de la radia­ción tam­bién apa­re­ce en otra gene­ra­ción.

Pro­si­gue maña­na…

Fidel Cas­tro Ruz

Sep­tiem­bre 24 de 2010

3 y 38 p.m.

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