¡Socia­lis­mo sí, Capi­ta­lis­mo de Esta­do no!- Giu­lio San­to­suos­so

Uno de los más nefas­tos erro­res del siglo XX, que lamen­ta­ble­men­te pare­ce que se sigue repi­tien­do, es con­fun­dir socia­lis­mo con capi­ta­lis­mo de esta­do. ¡Error come­ti­do por mucha gen­te que has­ta escri­be libros sobre el tema!!

Por ejem­plo, tome­mos la CVG. Si no hubie­ra explo­ta­ción del tra­ba­jo, ¿exis­ti­rían los sin­di­ca­tos? ¿Se ima­gi­nan que en mi casa yo (que tra­ba­jo por mi cuen­ta, y que no ten­go “jefe”) cree un sin­di­ca­to para luchar con­mi­go mis­mo? ¿O que en una coope­ra­ti­va (de ver­dad) los coope­ra­ti­vis­tas se unan en un sin­di­ca­to, para pedir­se a ellos mis­mos mejo­res con­di­cio­nes de vida?

Ade­más, la exis­ten­cia del sin­di­ca­to no es el úni­co argu­men­to. Voy a demos­trar mate­má­ti­ca­men­te que los tra­ba­ja­do­res de la CVG son explo­ta­dos. ¿Por quié­nes? Por noso­tros, los ciu­da­da­nos de Vene­zue­la. En efec­to, supon­ga­mos que, por ejem­plo, se ven­da Alca­sa a 100 billo­nes de dóla­res (sólo para hacer el aná­li­sis. Sé muy bien que nadie com­pra­ría ni Alca­sa ni cual­quier otra empre­sa de la CVG, que lo úni­co que hacen es dar pér­di­das). El Esta­do ten­dría más dine­ro, y cada uno de noso­tros, los ciu­da­da­nos vene­zo­la­nos, sal­dría­mos bene­fi­cia­dos, por­que se tapa­rían los hue­cos en la calle, y se resol­ve­rían tan­tos peque­ños pro­ble­mas de nues­tra vida coti­dia­na. Los tra­ba­ja­do­res de Alca­sa, que son los que hubie­ran gene­ra­do la rique­za que se ven­dió, sal­drían bene­fi­cia­dos como noso­tros, en su con­di­ción de ciu­da­da­nos, pero no ten­drían nin­gún bene­fi­cio espe­cial por haber sido los gene­ra­do­res de la rique­za que se ven­dió. Y, por lo tan­to, todos noso­tros, los ciu­da­da­nos vene­zo­la­nos, nos esta­ría­mos apro­pian­do de la plus­va­lía gene­ra­da por ellos. Y la apro­pia­ción de la plus­va­lía es exac­ta­men­te lo que defi­ne el capi­ta­lis­mo.

Por lo tan­to, cuan­do el Esta­do es pro­pie­ta­rio de una empre­sa, esto no es socia­lis­mo, sino capi­ta­lis­mo de esta­do.

El con­trol obre­ro de las fábri­cas que se está implan­tan­do en varias empre­sas del esta­do es sola­men­te un pri­me­ro, tími­do paso. Los tra­ba­ja­do­res deben con­ver­tir­se en due­ños, en empre­sa­rios, y tene­mos que dejar en el pasa­do la super­fi­cia­li­dad que iden­ti­fi­ca “empre­sa­rio” con “mala gen­te”. Creo que éste es uno de los más nefas­tos erro­res con­cep­tua­les del pen­sa­mien­to de izquier­da. La super­fi­cial dico­to­mía que til­da al empre­sa­rio de mala gen­te y al tra­ba­ja­dor de bue­na gen­te. Lo obvio es que hay empre­sa­rios mala gen­te y empre­sa­rios bue­na gen­te, y que hay tra­ba­ja­do­res bue­na gen­te y tra­ba­ja­do­res mala gen­te.

Por suer­te, quien resol­ve­rá la con­fu­sión serán los mis­mos tra­ba­ja­do­res: lo que se ve, miran­do las esta­dís­ti­cas en el ámbi­to mun­dial, es que el tra­ba­jo depen­dien­te va cons­tan­te­men­te dis­mi­nu­yen­do. A medi­da que la eco­no­mía se mue­ve hacia una eco­no­mía de ser­vi­cios y de cono­ci­mien­to, es mucho más fácil hacer­se empren­de­dor.

La pala­bra cla­ve para que esto suce­da es “auto­es­ti­ma”: a medi­da que el ser humano toma con­cien­cia de sí mis­mo, se da cuen­ta de que es mucho más que “fuer­za de tra­ba­jo”; y que, por lo tan­to, no nece­si­ta “jefe”. Esta es la razón por la cual cuan­do, hace más de vein­te años, creé la Edi­to­rial Galac, creé en ella una colec­ción sobre el desa­rro­llo humano: para ayu­dar al ser humano en vol­ver­se socia­lis­ta, inde­pen­dien­te, subien­do su nivel de auto­es­ti­ma.

Para cami­nar hacia el socia­lis­mo, hay que lan­zar la Misión Desa­rro­llo Humano. Es muy difí­cil que haya socia­lis­mo sin desa­rro­llo humano.

Un caso bien intere­san­te, para ana­li­zar, es el caso de los buho­ne­ros. Recuer­do una encues­ta hecha por la Uni­ver­si­dad de Gua­ya­na en el 1996 entre los buho­ne­ros de San Félix. A la pre­gun­ta “Si usted con­si­guie­ra un empleo que le garan­ti­za­ra el mis­mo nivel de ingre­so que tie­ne como buho­ne­ro, ¿lo acep­ta­ría?”, el 65% con­tes­tó que “no”. Es decir, los buho­ne­ros de San Félix tenían más auto­es­ti­ma que los obre­ros de la CVG. Sería bien intere­san­te que la Alcal­día man­da­ra a hacer una encues­ta entre los buho­ne­ros de Cara­cas, para ver cuán­tos de ellos son des­em­plea­dos y cuán­tos son tra­ba­ja­do­res inde­pen­dien­tes, que no quie­ren ser escla­vos de nadie.

Y recuer­do una con­ver­sa­ción que tuve hace algu­nos meses con un arte­sano, de esos que ven­den cer­ca de la Pla­za de los Museos. Él me expli­ci­tó una pala­bra cla­ve en esa refle­xión: por un lado (empleo) ten­go segu­ri­dad (las cua­tros lochas del 15 y últi­mos son segu­ras), por el otro ten­go liber­tad. Ven­go aquí a ven­der mis pro­duc­tos sola­men­te cuan­do quie­ro, y no por­que debo.

Y lo obvio es que para esco­ger la liber­tad entre segu­ri­dad y liber­tad, lo que hace fal­ta es auto­es­ti­ma.

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