Las dos Espa­ñas- Sonia Gon­za­lez

Hablan en los medios de nue­vo de las dos Espa­ñas. No sé si algu­na vez exis­tie­ron o es un lati­gui­llo que así como la «gue­rra fra­ti­ci­da» se saca a orear de vez en cuan­do. Lo que sí sé es que hubo un país avan­za­do social­men­te en el que las y los tra­ba­ja­do­res per­se­guían la uto­pía, por­que era lo úni­co que se les mos­tra­ba con­cre­to y desea­ble para sus vidas.

Sin embar­go, aho­ra sí veo dos Espa­ñas: el fas­cis­mo más reac­cio­na­rio y la supues­ta izquier­da más car­ca y humi­llan­te. La pri­me­ra por lo menos es con­se­cuen­te, se man­tie­ne en sus tre­ce y sigue por el mis­mo camino que tri­lla­ba en el 36. Cuan­do pien­so en la otra, me sien­to agra­de­ci­da de que nin­gún ante­pa­sa­do pue­da levan­tar la cabe­za. Miro al año 31, veo la efer­ves­cen­cia, las ganas, la ilu­sión que debió traer ese momen­to, ima­gi­naos a la gen­te cele­bran­do en las calles que logra­ron des­tro­nar a un Bor­bón… para que aho­ra esta gen­tu­ci­lla jalee y aplau­da con las ore­jas a su suce­sor.

Les diría, sien­do yo del país vecino, que me da pena por inter­na­cio­na­lis­mo pro­le­ta­rio, pero cla­ro, como esta «izquier­da» no ha oli­do un tex­to de Lenin ni a 100 kiló­me­tros, ten­dré que decir­les que me da pena en lo per­so­nal, por tener mis raí­ces en su país. Por eso les dedi­co estas letras en su idio­ma, que tam­bién es mío. Me da pena que se haya con­ver­ti­do en un zoo­ló­gi­co cas­po­so y ras­tre­ro, me da pena no tener nada a lo que aga­rrar­me para poder sen­tir un míni­mo de cari­ño.

Defien­den aho­ra a Gar­zón, un señor tris­te­men­te dema­sia­do cono­ci­do en nues­tro pue­blo, la sola men­ción de cuyo nom­bre cau­sa esca­lo­fríos. Menos mal que Jimé­nez Villa­re­jo salió en su ayu­da en el acto enca­be­za­do por UGT y CCOO y, por lo menos, dijo lo que otra gen­te no pue­de decir: que hay jue­ces cóm­pli­ces de tor­tu­ras. No Gar­zón, por supues­to. Gar­zón es todo un defen­sor de los dere­chos huma­nos. ¿Quién me iba a decir que el ada­lid, el sal­va­dor, que me nos iba a resar­cir de los crí­me­nes del fran­quis­mo iba a ser Gar­zón? ¿Quién me iba a decir que esta nue­va gar­zo­na­da, bien orques­ta­da para seguir aupán­do­le en su altar de supers­tar, me iba a tocar de cer­ca, como afec­ta­da direc­ta que soy?

Apa­re­cer ante el mun­do como el súm­mum de la demo­cra­cia es real­men­te sen­ci­llo cuan­do se ima­gi­nan cár­ce­les de exter­mi­nio, tor­tu­ras, crue­les ven­gan­zas polí­ti­cas del siglo pasa­do. ¿Hom­bres arma­dos irrum­pien­do en casas a altas horas de la madru­ga­da, caras abo­tar­ga­das des­pués de pasar días inter­mi­na­bles en comi­sa­ría, miles de vidas dese­chas en el siglo XXI? Ten­dre­mos que espe­rar 70 años para que por lo menos sea reco­no­ci­do por quie­nes han calla­do, callan y otor­gan.

Cree la pseu­do-pro­gre­sía que expía su legi­ti­ma­ción táci­ta o explí­ci­ta del pre­sen­te con sus pro­tes­tas por el pasa­do, un pasa­do que, tam­bién sea dicho, no les intere­sa recor­dar. Pues bien, les recor­da­ré a los que se auto­pro­cla­man socia­lis­tas que la Segun­da Inter­na­cio­nal, ade­más de ins­ti­tuir el Pri­me­ro de Mayo ‑que siguen cele­bran­do- y el himno «La Inter­na­cio­nal» ‑que siguen cantando‑, en su Con­gre­so de Lon­dres decla­ró que «está a favor del dere­cho com­ple­to a la auto­de­ter­mi­na­ción de todas las nacio­nes». Qué des­gra­cia para noso­tros que estos socio­lis­tos hayan olvi­da­do este últi­mo pun­to.

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