Polí­ti­ca-basu­ra- Javier Ramos

Casi nos había­mos acos­tum­bra­do a pade­cer la comi­da-basu­ra, pro­duc­to a la par de un desen­fre­na­do nivel de con­su­mo y de una indus­tria ali­men­ti­cia sin escrú­pu­los, o qué decir de la cul­tu­ra-basu­ra del mun­do de la des­in­for­ma­ción por mor, pre­ci­sa­men­te, del exce­so de infor­ma­ción de ínfi­ma cali­dad, cuan­do lle­va­mos ya casi dos legis­la­tu­ras pade­cien­do una polí­ti­ca esta­tal hue­ca de con­te­ni­do polí­ti­co, medu­lar­men­te polí­ti­co, se entien­de. Una autén­ti­ca polí­ti­ca-basu­ra de la mano del señor Rodrí­guez Zapa­te­ro.

Ya nadie duda de que el señor Zapa­te­ro sim­ple­men­te no pue­de rea­li­zar nin­gu­na polí­ti­ca eco­nó­mi­ca seria, estruc­tu­ral, al mar­gen de los amos del impe­rio: la ban­ca, las mul­ti­na­cio­na­les y los orga­nis­mos a su ser­vi­cio: el FMI y el Ban­co Cen­tral Euro­peo. No tie­ne la más míni­ma capa­ci­dad de actua­ción, ni en mate­ria mone­ta­ria ni en nin­gu­na otra que real­men­te pue­da afec­tar a los fun­da­men­tos de la eco­no­mía espa­ño­la. Así pues, para apa­ren­tar que gobier­na en algo se dedi­ca a la pro­mul­ga­ción suce­si­va de leyes-basu­ra. Ahí resi­de toda su capa­ci­dad. Pero ¿qué enten­de­mos por leyes-basu­ra? Pues podría­mos decir que es toda aque­lla pro­duc­ción legis­la­ti­va acer­ca de temas meno­res ‑polí­ti­ca­men­te hablan­do, se entien­de- sin el más míni­mo estu­dio cien­tí­fi­co del pro­ble­ma a nor­ma­ti­vi­zar, con el úni­co pro­pó­si­to de salir al paso de las masas ado­ce­na­das y enar­de­ci­das por los medios de fal­si­fi­ca­ción y des­co­mu­ni­ca­ción al ser­vi­cio del Poder.

Un caso para­dig­má­ti­co es la Ley inte­gral sobre la deno­mi­na­da vio­len­cia de géne­ro. Se tra­ta de una nor­ma que mez­cla todas y cual­quie­ra de las razo­nes y cir­cuns­tan­cias por las que un ser de sexo mas­cu­lino agre­de, físi­ca o ver­bal­men­te, a otro de sexo feme­nino, para impo­ner al autor una serie de penas y medi­das real­men­te bas­tan­te incom­pa­ti­bles con los prin­ci­pios de lega­li­dad, cul­pa­bi­li­dad y pro­por­cio­na­li­dad pre­di­ca­bles en un sis­te­ma penal moderno. Poco impor­ta si el suje­to acti­vo del deli­to pade­ce una enfer­me­dad men­tal o si el moti­vo de la dispu­ta es por com­ple­to ajeno al bino­mio domi­na­ción-sumi­sión que se pre­di­ca para impo­ner la pena. Por supues­to, ni abor­da ni resuel­ve pro­ble­ma alguno. Pero eso es lo de menos. Si real­men­te se qui­sie­ra abor­dar el pro­ble­ma estruc­tu­ral de la dis­cri­mi­na­ción feme­ni­na habría que empe­zar por denun­ciar los Acuer­dos con la San­ta Sede de 1979 y la muy gene­ro­sa sub­ven­ción eco­nó­mi­ca y no menos pri­vi­le­gia­do sis­te­ma fis­cal que, a su ampa­ro legal, reci­be para impar­tir su doc­tri­na la Igle­sia espa­ño­la, la más reac­cio­na­ria de occi­den­te, quien man­tie­ne y pro­mue­ve pre­ci­sa­men­te esa ideo­lo­gía dis­cri­mi­na­to­ria alu­di­da en sus cen­tros de ense­ñan­za. Pero, cla­ro está, habla­mos de un poder fác­ti­co y, como que­da dicho, el señor Zapa­te­ro no está en el poder ‑con minús­cu­las- pre­ci­sa­men­te para afec­tar en lo más míni­mo a nin­gún Poder ‑con mayús­cu­las-.

Otro tan­to pue­de decir­se de la enési­ma refor­ma del ulti­mí­si­mo Códi­go penal de 1995 -¡cómo año­ro la segu­ri­dad jurí­di­ca del Códi­go penal fran­quis­ta!-. Un tex­to-basu­ra siem­pre dis­pues­to a endu­re­cer las penas por todo lo que ocu­rra en el ante­rior tele­dia­rio. Si es un menor quien al pare­cer ha pro­vo­ca­do una muer­te, hay que refor­mar la Ley Penal del Menor. Si es un pre­so polí­ti­co quien, por sor­pre­sa, pare­ce haber cum­pli­do menos pena de la que se espe­ra­ba, una noví­si­ma modi­fi­ca­ción legis­la­ti­va, al ampa­ro de cual­quier otro pro­yec­to de ley que se esté deba­tien­do en el Con­gre­so de los dipu­tados ‑sobre la fre­sa, por ejem­plo- dará cum­pli­da res­pues­ta a la jau­ría mediá­ti­co-repre­si­va. A sal­to de mata, como se hacen las gran­des obras legis­la­ti­vas.

Yqué decir de la ya anun­cia­da pró­xi­ma refor­ma de la Ley de Par­ti­dos. Ya no bas­ta con delin­quir. Eso era antes, cuan­do las leyes pena­les cas­ti­ga­ban actos y no pen­sa­mien­tos, como hoy. Aho­ra bas­ta con no con­de­nar, o no jura­men­tar ex post fac­to, que es, en defi­ni­ti­va, no comul­gar con las rue­das de molino de la últi­ma ocu­rren­cia espa­ño­la. Vol­ve­mos a la Edad Media y sus jui­cios ad per­so­nam en un via­je sin retorno. Tam­po­co bas­ta con con­de­nar los medios ‑se nos dice‑, sino que hemos de abju­rar de los fines mis­mos para hacer­nos creí­bles y acree­do­res a retor­nar a una socie­dad con dere­chos civi­les y polí­ti­cos. Renun­ciar a Sata­nás, a sus pom­pas y a sus obras. Has­ta ese día, ni agua, esto es, ni uno solo de los dere­chos que su pro­pia lega­li­dad cons­ti­tu­cio­nal dice garan­ti­zar a todas las per­so­nas gober­na­das bajo su ámbi­to polí­ti­co.

Que el Par­la­men­to vas­con­ga­do no repre­sen­ta la volun­tad popu­lar es un hecho. ¿Y qué impor­ta? ¿Des­de cuán­do la volun­tad popu­lar ha sido preo­cu­pa­ción de los man­da­ta­rios espa­ño­les? Ya lo decían hace dos­cien­tos años y es tan actual como enton­ces: ¡ vivan las cade­nas! Ése es su natu­ral, asil­ves­tra­do e ideo­ló­gi­ca­men­te embru­te­ci­do, con el pelo de la dehe­sa en todo su esplen­dor, al pun­to de que­rer decla­rar bien de inte­rés cul­tu­ral nada menos que el bochor­no­so espec­tácu­lo de tor­tu­rar a un ani­mal en un rue­do entre pal­mas y víto­res. Peno­so pero muy elo­cuen­te a la vez del espí­ri­tu tan ele­va­do que impreg­na a nues­tros veci­nos del sur.

El Esta­do espa­ñol dobla la media euro­pea de paro, con cifras que supe­ran ya los 4.150.000. des­em­plea­dos y una tasa del 20%. Ese sí es un pro­ble­ma estruc­tu­ral. Endé­mi­co, en el caso espa­ñol. Pero ahí el señor Zapa­te­ro no tie­ne mar­gen de manio­bra. Debe­ría enfren­tar­se a todo un obso­le­to y deci­mo­nó­ni­co sis­te­ma pro­duc­ti­vo por el que cual­quier imbé­cil con aga­llas para con­tra­tar a un des­gra­cia­do doce horas subi­do a un anda­mio a cam­bio de ocho­cien­tos euros se lla­ma así mis­mo Empre­sa­rio. La tasa de empleo pre­ca­rio tri­pli­ca la media euro­pea y cuan­do vie­nen mal dadas, bas­ta con «no reno­var» en lugar de des­pe­dir. Con total y abso­lu­ta impu­ni­dad para explo­tar. Made in Spain. Cla­ro que eso no sería posi­ble con un sin­di­ca­lis­mo com­ba­ti­vo y no perru­na­men­te sumi­so pero, qué le vamos a hacer, tam­po­co en eso los sin­di­ca­tos mayo­ri­ta­rios espa­ño­les han sido un ejem­plo para la cla­se tra­ba­ja­do­ra inter­na­cio­nal.

Así que el señor Pre­si­den­te se tie­ne que dedi­car a las «otras» cues­tio­nes: una boda gay o una dis­cre­ti­ta refor­ma del abor­to, siem­pre aten­to, cómo no, a los ladri­dos de la caver­na este­pa­ria, no sea que se enfa­den de veras y lo man­den a la opo­si­ción con un peque­ño «gol­pe 23‑f». Mien­tras tan­to la corrup­ción de los dos gran­des par­ti­dos aflo­ra en toda su pes­ti­len­cia por todos los inters­ti­cios del sis­te­ma.

Ysi quie­ren un últi­mo ejem­plo, ahí está el enco­na­do «con­flic­to vas­co». Un asun­to serio, de esta­do. Un gru­po de afa­ma­das per­so­na­li­da­des en el ámbi­to inter­na­cio­nal en la reso­lu­ción de con­flic­tos aca­ba de pro­po­ner una meto­do­lo­gía demo­crá­ti­ca para inten­tar resol­ver el con­flic­to entre los esta­dos y la nación vas­ca. Se le piden pasos a la orga­ni­za­ción arma­da ETA pero, de igual modo, una res­pues­ta ade­cua­da del Gobierno espa­ñol. La pri­me­ra ya ha deja­do cla­ro que está dis­pues­ta a dar cier­tos pasos, siem­pre, eso sí, sobre bases sóli­das y mutua­men­te veri­fi­ca­bles. ¿Creen uste­des que el señor Zapa­te­ro tie­ne la más míni­ma inten­ción de mover un sólo dedo sin per­mi­so de los pode­res fác­ti­cos del Esta­do, empe­zan­do por esa mis­ma dere­cha de ran­cio olor fran­quis­ta? Ni pen­sar­lo. Sola­men­te, tal vez, si pudie­ra uti­li­zar­lo en una pró­xi­ma cam­pa­ña elec­to­ral. Cor­to­pla­cis­mo. Evi­den­te­men­te, la estruc­tu­ra­ción inter­na de un esta­do es un pro­ble­ma de cala­do, que requie­re por ello de una dúc­til y hábil polí­ti­ca de esta­do. Algo serio, en suma. Pero, ami­gos míos, eso no es lo del señor Rodrí­guez Zapa­te­ro. Lo suyo y lo de su fiel escu­de­ro Rubal­ca­ba son sólo la repre­sen­ta­ción bufa, la pro­pa­gan­da fácil, la far­sa. La polí­ti­ca-basu­ra. En ese loda­zal se mue­ve con sol­tu­ra. No da para más. Espa­ña y sus gober­nan­tes son así. Razo­nes no fal­tan, pues, para salir­se cuan­to antes de ese ester­co­le­ro polí­ti­co. La inde­pen­den­cia es, para Eus­kal Herria, en fin, una nece­si­dad vital, el aire para res­pi­rar.

(Cuan­to ante­ce­de, es obvio, se entien­de dicho sin menos­pre­cio alguno a cuan­tos colec­ti­vos y mino­rías han lucha­do y siguen hacien­do­lo para obte­ner el reco­no­ci­mien­to legal y el res­pe­to de sus dere­chos).

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