Cami­nan­te, sí hay camino, ¿no lo ves?- Flo­ren Aoiz

En este país las ilu­sio­nes han sido tan­tas veces frus­tra­das que quien más quien menos pro­cu­ra andar­se con tien­to ante las bue­nas noti­cias. La expe­rien­cia ofre­ce muchos con­se­jos y la gen­te sabia sue­le tener­los en cuen­ta, pero lo peor que le pode­mos hacer a este pue­blo es per­mi­tir que la pru­den­cia nos con­vier­ta en cobar­des. No es momen­to de sen­tar­se a espe­rar que un nue­vo tiem­po lle­gue con las golon­dri­nas: cuan­do de la liber­tad de un pue­blo se tra­ta, la pri­ma­ve­ra nun­ca vie­ne por su cuenta.

Una y mil veces pode­mos tro­pe­zar y dar con los hue­sos en el sue­lo. Ha ocu­rri­do y sin duda va a vol­ver a ocu­rrir. En el mun­do real la vida escue­ce y la polí­ti­ca no es un sereno jar­dín, sino una sel­va des­pia­da­da. Los pue­blos no sue­len dar­se de bru­ces con su liber­tad a la vuel­ta de una esqui­na. Nin­gu­na nación some­ti­da reci­bió jamás una decla­ra­ción de inde­pen­den­cia en un paque­te con laci­to rosa. Mien­tras escri­bo, mucha gen­te sufre, mucha gen­te llo­ra, muchas per­so­nas sien­ten cómo se les cla­va en las car­nes eso que a veces con frial­dad lla­ma­mos con­flic­to. Ésa es la reali­dad, don­de las bellas pala­bras no pren­den fácil­men­te. En la dure­za del día a día de miles de ciu­da­da­nas y ciu­da­da­nos de este país no hay dema­sia­do espa­cio para la retó­ri­ca y va a cos­tar que se pase del escep­ti­cis­mo a la ilu­sión. Pero eso es pre­ci­sa­men­te lo que hay que lograr, por­que la desa­zón y el des­áni­mo son los ins­tru­men­tos de la estra­te­gia para anu­lar nues­tra socie­dad, hip­no­ti­zar­la y con­ver­tir­la en un pue­blo zom­bi, sin alma, sin sueños.

Hay camino. Siem­pre lo encon­tra­mos, aun­que las zar­zas nos ara­ñen y nos hagan aullar. Esta vez lo han ocul­ta­do más que nun­ca, pero hemos dado con él. Y, aun­que dema­sia­das veces nos pre­gun­te­mos cuán­do per­de­re­mos la fea cos­tum­bre de tro­pe­zar en la mis­ma pie­dra, sabe­mos mucho más que hace cin­co, diez o vein­te años. Sabe­mos, por lo menos, lo sufi­cien­te para no per­mi­tir que nadie quie­ra con­ge­lar nues­tras ilusiones.

Sin espe­rar, sin per­der la espe­ran­za. Una de las cosas que hemos apren­di­do es a dejar de espe­rar. No es que haya­mos per­di­do la espe­ran­za; más bien todo lo con­tra­rio. No que­re­mos estar a la espe­ra, pese a lo mucho que espe­ra­mos de nues­tro pue­blo. Recu­pe­ran­do la ins­pi­ra­da expre­sión de Marc Legas­se, hemos logra­do pasar de con­tra­ban­do al siglo XXI a Eus­kal Herria, y esto no es poco, por­que sig­ni­fi­ca el fra­ca­so de quie­nes lle­van mucho tiem­po pre­ten­dien­do que este pue­blo sucum­ba a sus afa­nes «moder­ni­za­do­res». Pero va sien­do hora de que el reloj de nues­tra liber­tad deje de mar­car menos cuarto.

Las noti­cias se suce­den. Algu­nas son bue­nas. Otras son horro­ro­sas. Se anun­cian nue­vas anda­na­das: con medios poli­cia­les se pre­ten­de negar la polí­ti­ca. No quie­ren cam­biar de ban­da sono­ra. Entre­tan­to, sur­gen ini­cia­ti­vas popu­la­res que demues­tran la vita­li­dad de uno de los pue­blos mejor ver­te­bra­dos de Euro­pa. Aquí las héli­ces repre­si­vas-asi­mi­la­do­ras han que­da­do una y otra vez atra­pa­das en las redes de rela­cio­nes per­so­na­les for­ja­das a lo lar­go de muchos años de socie­dad no asfi­xia­da por los esta­dos. Los movi­mien­tos socia­les y el pen­sa­mien­to crí­ti­co han sobre­vi­vi­do al tsu­na­mi con­su­mis­ta-con­for­mis­ta y nos han con­ver­ti­do en uno de los pue­blos más avan­za­dos del con­ti­nen­te. Tan­to que has­ta el PNV, fun­da­dor de la demo­cra­cia cris­tia­na, ha teni­do que cam­biar sus posi­cio­nes para no que­dar al mar­gen de la reali­dad social. Y no me refie­ro sólo a nues­tros dere­chos nacio­na­les. No es casual que nues­tro pue­blo bri­lle con luz pro­pia en el mapa de la resis­ten­cia a las nue­vas agre­sio­nes neoliberales.

Nues­tra socie­dad ha cam­bia­do. Las tras­for­ma­cio­nes no son linea­les y pue­den pare­cer con­tra­dic­to­rias, pero mar­can una direc­ción: el cam­bio es posi­ble, se dan con­di­cio­nes sin pre­ce­den­tes en los últi­mos años, pero hacen fal­ta nue­vas fór­mu­las para hacer fren­te a los esta­dos allí don­de son más débi­les, esto es, en la con­fron­ta­ción política.

De Bru­se­las a Eus­kal Herria, pasan­do por Madrid y París: entre la deman­da de demo­cra­cia y la estra­te­gia del mie­do. Algu­nos medios de comu­ni­ca­ción y agen­tes polí­ti­cos espa­ño­les y fran­ce­ses han pre­fe­ri­do hacer­se los sue­cos ante la decla­ra­ción de per­so­na­li­da­des mun­dia­les acer­ca de eso que sue­le lla­mar­se el con­flic­to vas­co. Se les ha atra­gan­ta­do y han que­ri­do escu­pir­la hablan­do de la deman­da a ETA mien­tras ocul­ta­ban lo demás, pero la sig­ni­fi­ca­ción polí­ti­ca de esta decla­ra­ción no va a poder ser silen­cia­da tan fácil­men­te. Y lo saben.

El aval inter­na­cio­nal a un nue­vo pro­ce­so es de una rele­van­cia impo­si­ble de ocul­tar. Por supues­to, se diri­ge a ETA, como el tex­to seña­la explí­ci­ta­men­te, pero no sólo a ETA. No es fácil lograr que per­so­nas como las que fir­man ese tex­to se posi­cio­nen públi­ca­men­te mien­tras los gobier­nos espa­ñol y fran­cés apues­tan por la acción poli­cial y cie­rran todo espa­cio polí­ti­co de diá­lo­go. Esta es una de las razo­nes por las que la obse­si­va cerra­zón fran­co-espa­ño­la debe ver­se como sín­to­ma de debi­li­dad e inten­to de resis­tir­se a unos cam­bios que cada día están más cer­ca. Mie­do a la liber­tad, mie­do a la democracia.

Demo­cra­cia sig­ni­fi­ca algo tan sub­ver­si­vo que los enemi­gos de las liber­ta­des se lle­nan la boca con ella mien­tras la muti­lan y, si pudie­ran, no duda­rían en vol­ver a dejar­la sin vida. A fin de cuen­tas, del ADN de la demo­cra­cia orgá­ni­ca fran­quis­ta no pue­de espe­rar­se gran cosa.

Cuan­do los esta­dos se apro­pian de la demo­cra­cia para negar­la al pue­blo, cuan­do los nacio­na­lis­mos de esta­do la uti­li­zan para negar los dere­chos de las nacio­nes que man­tie­nen suje­tas por la fuer­za, rei­vin­di­car­la es pura rebeldía.

Por eso es momen­to de hablar de demo­cra­cia, de cons­truir­la, de deba­tir­la y, sobre todo, de hacer­la reali­dad. Eus­kal Herria nece­si­ta demo­cra­cia, nece­si­ta tener el poder, el poder de deci­dir, de ele­gir, de auto­or­ga­ni­zar­se, de rela­cio­nar­se con los demás pue­blos del mun­do. Eus­kal Herria nece­si­ta deci­dir en liber­tad, ele­gir entre todas las opcio­nes. Para que esto sea posi­ble, muchas cosas deben cam­biar y será la socie­dad la que lo haga posi­ble, por­que quie­nes le nie­gan esa posi­bi­li­dad no tie­nen nin­gu­na inten­ción de cam­biar de actitud.

Su inten­ción es la mis­ma, pero saben que su debi­li­dad se acen­túa con cada paso que se vive en Eus­kal Herria. Vamos hacia nue­vos esce­na­rios en los que la estra­te­gia repre­si­va, por más que ace­le­re, va a pati­nar más inclu­so que aho­ra. La con­fron­ta­ción no va a des­apa­re­cer, por­que no hay con­di­cio­nes para otro mode­lo de rela­cio­nes con unos esta­dos que ni siquie­ra reco­no­cen que exis­ti­mos. Pero esta con­fron­ta­ción está ya de hecho cam­bian­do, ten­drá otras for­mas y se basa­rá en otras estrategias.

Las bases de la izquier­da aber­tza­le han deba­ti­do sobre todo esto ante la mira­da aten­ta de la mayor par­te de la socie­dad. Otros agen­tes, algu­nos de los cua­les defen­dían hace unas déca­das el esta­do de las auto­no­mías o con­ce­bían una «Eus­ka­di» de tres pro­vin­cias han ido for­mu­lan­do nue­vos dis­cur­sos y han modi­fi­ca­do su estra­te­gia mien­tras miran hacia el hori­zon­te de la inde­pen­den­cia. Aun­que algu­nos toda­vía no se hayan dado cuen­ta, esa «Eus­ka­di» es pasa­do, mien­tras Eus­kal Herria se abre camino.

Miran­do a la inde­pen­den­cia y otro mode­lo social. Allá, pue­de que no tan lejos como podría pen­sar­se, está la inde­pen­den­cia. Para lle­gar a ella hay que lograr el reco­no­ci­mien­to como pue­blo y la liber­tad de ele­gir nues­tro futu­ro. El camino se hace miran­do a tie­rra, pero tam­bién con el obje­ti­vo como refe­ren­te. Esta sema­na que suce­día a unas gran­des movi­li­za­cio­nes uni­ta­rias en con­tra del neo­li­be­ra­lis­mo se ha abier­to con la decla­ra­ción de Bru­se­las y se cerra­rá con un Abe­rri Egu­na mul­ti­tu­di­na­rio en su con­vo­ca­to­ria y en su desa­rro­llo, que sub­ra­ya­rá el hori­zon­te de la inde­pen­den­cia fren­te a los pro­yec­tos de los nacio­na­lis­mos espa­ñol y francés.

Aho­ra habrá que ver si todos aque­llos que tie­nen res­pon­sa­bi­li­da­des con­cre­tas están a la altu­ra de las cir­cuns­tan­cias. Sue­na a tópi­co y lo es, pero tam­bién es lo que nues­tra socie­dad mayo­ri­ta­ria­men­te desea que ocu­rra y ese deseo es una de las prin­ci­pa­les palan­cas del cambio.

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