[Fotos] Piden tres años de pri­sión para dos guar­dias civi­les por torturas

Las tor­tu­ras a Igor Port­tu y Mat­tin Sara­so­la eran evi­den­tes y die­ron con Igor en el hos­pi­tal con neu­mo­to­rax y otras serias con­tu­sio­nes

La Fis­ca­lía de Gipuz­koa pide tres años de pri­sión para dos guar­dias civi­les, un sar­gen­to y un cabo, acu­sa­dos de tor­tu­rar a Igor Por­tu y Mat­tin Sarasola.

Ade­más, para otros dos agen­tes, un cabo y un guar­dia, la peti­ción fis­cal es de dos años, mien­tras que para otros seis miem­bros del cuer­po poli­cial se soli­ci­ta diez días de loca­li­za­ción per­ma­nen­te, ade­más de diver­sas com­pen­sa­cio­nes económicas.

Estos diez agen­tes de la Bene­mé­ri­ta, ade­más de otros cin­co con­tra los que no se apre­cia indi­cios de deli­to, par­ti­ci­pa­ron en la deten­ción de los dos veci­nos de Lesa­ka el 6 de enero de 2008.

Según el escri­to de la Fis­ca­lía, los hechos por los que están impu­tados los diez agen­tes ocu­rrie­ron sobre las 10.15 horas, cuan­do los nava­rros fue­ron dete­ni­dos en Arra­sa­te. El tex­to expli­ca que Igor Por­tu fue intro­du­ci­do en un auto­mó­vil ofi­cial y pre­sun­ta­men­te fue gol­pea­do por uno o por los dos agen­tes que le cus­to­dia­ban, quie­nes tam­bién le habrían ame­na­za­do de muer­te, ade­más de recri­mi­nar­le por sus supues­tos víncu­los con la orga­ni­za­ción armada.

El docu­men­to pre­ci­sa que el vehícu­lo poli­cial se detu­vo en un lugar no deter­mi­na­do, don­de Por­tu fue obli­ga­do a des­cen­der a «puñe­ta­zos y pata­das». En este pun­to los guar­dias civi­les, con inten­ción de «cas­ti­gar» a Por­tu por su supues­ta per­te­nen­cia a ETA, le habrían obli­ga­do a «colo­car­se de rodi­llas y, humi­llán­do­le» le tira­ron del pelo, sos­tie­ne la Fiscalía.

Pos­te­rior­men­te, según se seña­la en el tex­to del fis­cal, lo vol­vie­ron a intro­du­cir en el coche «entre pata­das y puñe­ta­zos», le pusie­ron un pasa­mon­ta­ñas, le obli­ga­ron a situar la cabe­za entre las pier­nas y le gol­pea­ron de nue­vo has­ta lle­gar al cuar­tel de Intxaurrondo.

Tras­la­do al hos­pi­tal des­de el cuar­tel gikuz­koa­rra, Igor Por­tu fue con­du­ci­do en auto­mó­vil por tres nue­vos agen­tes a su domi­ci­lio en Lesa­ka, que fue regis­tra­do. Segui­da­men­te, fue lle­va­do, en medio de gol­pes, a la clí­ni­ca foren­se y lue­go ingre­só en la UCI del Hos­pi­tal Donos­tia, don­de per­ma­ne­ció tres días «debi­do a la gra­ve­dad de sus lesio­nes». Entre ellas, des­ta­can un trau­ma­tis­mo torá­ci­co con frac­tu­ras en dos cos­ti­llas, un neu­mo­tó­rax, un «neu­mo­me­dias­tino impor­tan­te», un «enfi­se­ma sub­cu­tá­neo» y una peque­ña con­tu­sión pul­mo­nar, que pusie­ron su vida en «una situa­ción de ries­go», seña­la el fiscal.

Por su par­te, Mat­tin Sara­so­la pade­ció una situa­ción simi­lar a la de su com­pa­ñe­ro duran­te su tras­la­do al mis­mo lugar inde­ter­mi­na­do, don­de supues­ta­men­te fue arro­ja­do «cues­ta aba­jo por una lade­ra» y otros dos de los acu­sa­dos le habrían colo­ca­do «una pis­to­la en la sien», acla­ra el escri­to de la acu­sa­ción. El docu­men­to seña­la que estos guar­dias habrían ame­na­za­do a Sara­so­la con arro­jar­le al Bida­soa, al tiem­po que le decían que se acor­da­se de lo que le había ocu­rri­do a Mikel Zabal­za, quien apa­re­ció aho­ga­do en este río. Sara­so­la fue tras­la­da­do a Madrid en un vehícu­lo por otros tres agen­tes, quie­nes, en el via­je, le habrían pro­pi­na­do «puñe­ta­zos y tor­ta­zos», ade­más de ame­na­zar­le de muerte.

Por su par­te, la acu­sa­ción par­ti­cu­lar, que repre­sen­ta a los dos veci­nos de Lesa­ka actual­men­te pre­sos, impu­ta a los quin­ce guar­dias un deli­to de tor­tu­ra en su moda­li­dad agra­va­da, por lo que soli­ci­ta penas que van de los seis a los die­ci­sie­te años de reclu­sión, ade­más de otras penas e indemnizaciones.

El minis­tro de Inte­rior espa­ñol, Alfre­do Pérez Rubal­ca­ba, min­tió en esos dias y lo hizo para sub­ra­yar que el ins­ti­tu­to arma­do había cum­pli­do «escru­pu­lo­sa­men­te» la ley.

En su decla­ra­ción, atri­bu­yó las lesio­nes al momen­to del arres­to, como sue­le ser nor­ma habi­tual en estos casos, y dijo que aun­que Igor Por­tu y Mat­tin Sara­so­la no mos­tra­ron resis­ten­cia a la hora de iden­ti­fi­car­se, empren­die­ron la hui­da cuan­do los agen­tes inten­ta­ron regis­trar las mochi­las que por­ta­ban. De este modo, el minis­tro apun­tó que fue enton­ces cuan­do cua­tro guar­dias civi­les se aba­lan­za­ron sobre ellos pro­du­cien­do la frac­tu­ra de la cos­ti­lla de Portu.

Esta ver­sión ya cho­có enton­ces con el hecho de que el día del arres­to nin­gu­na fuen­te poli­cial seña­la­ra que se hubie­ra pro­du­ci­do algún tipo de per­se­cu­ción y cap­tu­ra, sino más bien al con­tra­rio. Aho­ra, la ver­sión ofi­cial del Gobierno espa­ñol es con­tra­di­cha total­men­te por la Fis­ca­lía, que apun­ta que Por­tu fue gol­pea­do des­pués de ser intro­du­ci­do en el auto­mó­vil ofi­cial y pre­ci­sa, asi­mis­mo, que el vehícu­lo poli­cial se detu­vo en un sitio apar­ta­do, don­de Por­tu fue obli­ga­do a des­cen­der a «puñe­ta­zos y patadas».

No sólo Rubal­ca­ba se impli­có en la defen­sa de los guar­dias civi­les aho­ra acu­sa­dos por tor­tu­ras. Mien­tras que el joven lesa­ka­rra con­ti­nua­ba ingre­sa­do en el hos­pi­tal, el pre­si­den­te del Gobierno espa­ñol, José Luis Rodrí­guez Zapa­te­ro, expre­só su «con­fian­za ple­na» en la Guar­dia Civil, cali­fi­can­do ade­más de «seria y creí­ble» la ver­sión difun­di­da por boca de Rubalcaba.

El secre­ta­rio de Orga­ni­za­ción del PSOE, José Blan­co, arro­pó tam­bién a Rubal­ca­ba y acha­có las lesio­nes a «la ava­lan­cha por el inten­to de fuga».

En la Espa­ña impe­rial, la tor­tu­ra y la men­ti­ra, que no cesa.

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